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CAPITULO 1. Sin título

Los profesionales hablan de trastorno hostil/desafiante, trastorno de conducta y trastorno de personalidad antisocial antes que de delito como tal. Lo estudia hasta los 20 años, pero cree que hay que prolongarlo hasta los 25. Repiten un estudio hecho en 1983. "Desde entonces ha habido un considerable aumento del conocimiento empírico relativo a la naturaleza de la delincuencia, sus causas, factores que influyen en su perpetuación en la vida adulta, su prevención y tratamiento. Las teorías del delito basadas en una serie unificadora de factores causales han caído en descrédito y cada vez se ha prestado mayor atención a los orígenes de las diferencias individuales en cuanto a responsabilidad por la conducta antisocial.

Importancia de la investigación longitudinal. La investigación reciente ha sugerido maneras en las que se podían diferenciar variedades de delincuencia, por ejemplo, las asociadas con la hiperactividad de aparición temprana o las que aparecen en edad temprana en vez de en la adolescencia. Se sabe mas sobre las relaciones entre delito y abuso de sustancias, entre delito y dificultades de lectura, entre delito y suicidio y entre trastornos de la conducta y depresión.

Los cambios más evidentes en los modelos familiares incluyen un espectacular aumento de los divorcios: entre 1977 y 1992, tanto el número de divorcios como el número de hijos de menos de 16 años de parejas divorciadas se incrementaron de una manera drástica en el Reino Unido. En EEUU los niños que viven con dos progenitores descendió al 73%. Acceso fácil a drogas. Continuo ascenso de los índices de delincuencia. Importancia de la pertenencia a un grupo étnico. Aumento general de los trastornos psicosociales en jóvenes. Los índices de delincuencia en varones son varias veces más elevados que los de las mujeres. A pesar de ello, ha habido escasas investigaciones sobre las diferencias varón-mujer en la conducta antisocial.

Hallazgos:
1.- Cuando son muy jóvenes, las personas que posteriormente desarrollan repetidas actividades antisociales tienden a ser superactivas, de conducta indisciplinada, hostiles y tienen dificultades para llevarse bien con los demás niños.
2.- También cuando son jóvenes tienden a ser impulsivos y a estar deseosos de buscar experiencias nuevas y excitantes.
3.- Además de estas características, en la niñez , media y en la adolescencia tienen más inclinación que los demás a mostrar sentimientos de infelicidad, a tener dificultades de lectura y a consumir drogas ilegales.
4.- Cuando estos rasgos persisten en el final de la adolescencia y en la edad adulta temprana, adoptan a menudo la forma de excesos en la bebida, un historial laboral irregular, dificultades en las relaciones con la familia y los amigos, tendencia a contraer deudas y a jugar y tendencia a responder a la frustración y a otras dificultades mediante el uso de la violencia.

Biología y conducta. En épocas pasadas ha habido una tendencia a suponer que si algún rasgo o anormalidad biológica puede ser identificado y asociado con una conducta determinada, el rasgo biológico tiene que haber causado la conducta. Ahora esta claro que esta suposición es injustificada porque hay una compleja interacción de doble dirección entre psiquis y soma. Los procesos del pensamiento y las emociones y las tendencias de la conducta no aparecen fuera del cuerpo. Por el contrario, hay y tiene que haber, acompañamientos biológicos, al menos inmediatamente. Esto equivale a decir que cuando alguien se siente preocupado y asustado, eso irá acompañado de un aumento de las pulsaciones, la sudoración y la segregación de determinadas hormonas. También a largo plazo los efectos duraderos de las experiencias supondrán algún cambio en el organismo. Así los experimentos con animales han mostrado que los procesos de aprendizaje van acompañados de cambios en el cerebro y que los efectos del estrés van acompañados de cambios estructurales y funcionales en el sistema neuroendocrinologico. Los estudios tanto animales como humanos indican de manera similar la interacción de doble dirección entre hormonas y conducta. Si se elevan artificialmente las hormonas sexuales masculinas, esto tendrá efectos mensurables en ciertas conductas como el dominio. Igualmente, sin embargo, la superación de situaciones sociales alterará los niveles hormonales. Así, por ejemplo, el ganador de un partido de tenis o una partida de ajedrez muy reñidos tiende a mostrar un aumento de hormonas sexuales mientras que los perdedores tienden a mostrar un descenso. Los trastornos funcionales del cerebro tienden a desaparecer cuando se alivian los síntomas mediante tratamiento.

Causalidad. La simple comprobación de un factor que esté estadísticamente asociado con una conducta no significa que haya desempeñado ningún papel causal Una cosa son los indicadores de riesgo y otra los mecanismos de riesgo. El divorcio acarrea más riesgo de conducta antisocial que la muerte de uno de los padres, pero "no constituye el principal mecanismo causal del delito. La discordia tiene una mayor capacidad predictiva.

La pobreza y las presiones económicas parecen tener solamente una relacion debil y desigual con la conducta antisocial, y por lo tanto es improbable que desempeñen un papel importante en los procesos cercanos que tienen que ver con la génesis de la conducta antisocial. Por otra parte, la pobreza y las tensiones económicas parecen desempeñar un papel al hacer más difícil mantener la armonía familiar y los patrones adaptativos de crianza de los hijos.

Existe la posibilidad de que la flecha causal vuele en dirección contraria, que la conducta antisocial haya causado el supuesto factor de riesgo. Hay muchos testimonios de que la conducta problemática o antisocial de los niños provoca reacciones negativas de otras personas. La critica y la hostilidad de los padres se asocian con la conducta antisocial de los hijos. es necesario preguntar si la conducta de los hijos ha provocado reacciones negativas en los padres o esta actuando un proceso circular bidireccional.

Otra posibilidad es que la asociación refleje una mediación genética en vez de un proceso de riesgo ambiental. Por ejemplo es evidente que los padres no solo transmiten genes a sus hijos, sino que también ayudan a configurar y seleccionar sus experiencias. Así por ejemplo, hay pruebas de que los factores genéticos cumplen un papel en la causa de la discordia familiar y de que este esfuerzo está condicionado en parte por las características de la personalidad de los padres.

La tercera posibilidad es que la causalidad guarde relacion no con la conducta antisocial como tal, sino con algún otro rasgo con el cual da la casualidad de que está asociada. Un hogar deshecho mostró una correlación del 0.09 con la delincuencia grave.

Edad y responsabilidad penal. Variaciones nacionales en la Edad de Responsabilidad Penal (1995):

A los 7 años: EE.UU., Irlanda, Liechtenstein, Singapur, Suiza
A los 8 años: Escocia, Irlanda del Norte.
A los 9 años: Jordania, Malta.
A los 10 años: Gales, Inglaterra.
A los 12 años: Canadá, Grecia, Países Bajos, San Marino, Turquía
A los 13 años: Francia
A los 14 años: Alemania, Austria, Bulgaria, China, Eslovenia,
Federación Rusa, Hungría, Italia, Japón, Letonia,Lituania.
A los 15 años: Dinamarca, Eslovaquia, Estonia, Finlandia, Islandia, Noruega, República Checa, Suecia.
A los 16 años: Andorra, Chile, España, Polonia, Portugal.
A los 17 años: Costa Rica, Fidji
A los 18 años: Bélgica, Luxemburgo, Perú, Rumania, Siria

En un estudio longitudinal sueco los delitos de robo eran habituales a todas las edades, pero los delitos violentos se iniciaban al parecer a los 15 años.

En un análisis del Ministerio del Interior británico, un tercio de los adultos varones han sido condenados por una infracción antes de los 30 años. El 26% de delitos cometidos por jóvenes entre 10 y 17 años. EL 17% por adultos jóvenes entre 18 y 20.

Hasta hace poco se ha prestado escasa atención a la cuestión de los vínculos entre la delincuencia y los jóvenes como víctimas. En el Reino Unido los índices registrados de víctimas en cuanto a violencia contra las personas muestran que, para ambos sexos, los del grupo en edad de 16 a 24 años son los que están en mayor riesgo. Los índices más bajos corresponden entre 0 a 9 años y los de 60 en adelante. En EEUU mas de un tercio de las victimas de asesinato son jóvenes de menos de 25 años; entre 1980 y 1994 el 46 % de las victimas muertas por delincuentes juveniles tenían entre 15 años y 24 años.

Tendencias recientes en la justicia de menores. La ética rehabilitadora decayó en los 70. Fue sustituida por la del justo merecido y la aplicación de los derechos humanos. Hay un aumento de la conciencia punitiva. Creencias básicas: (1).- Aumentar los castigos reducirá la delincuencia mediante general disuasión y /o incapacitación. (2).- La creencia segun la cual puede ayudar a reforzar un consenso moral en la sociedad en contra de determinados tipos de delincuencia, (3).- la creencia segun la cual este enfoque satisfará a unos votantes determinados.

Hess: "Si las actuales tendencias en Europa continúan, cada vez más niños y adolescentes en el futuro pueden esperar: crecer como hijo único o con muy pocos hermanos; experimentar el empleo materno; divorcio y/o nuevo matrimonio del progenitor; retrasar irse de casa; vivir solos una parte mayor de su vida; cohabitar como transición al matrimonio; tener varias cohabitaciones que se rompen; retrasar el matrimonio o negarse a casarse y a tener hijos; y elegir la maternidad o paternidad planificada fuera del matrimonio"(130)

Hay cada vez mas pruebas de que en las naciones occidentales la sociedad se está volviendo cada más desigual.

El cambio social: una instantánea de las experiencias de los jóvenes de EE.UU. a comienzos de la década de 1990:

- Hay más. La población menor (por debajo de los 18 años) disminuyó a finales de la década de 1980 y principios de la del 1990, pero lleva creciendo desde 1984. En 1994 estaba en 69 millones y se piensa que crecerá hasta los 74 millones en 2010. Ahora constituye el 26% de la población total.

- Algunos se están empobreciendo. En 1992, 14,6 millones de menores vivían por debajo de la línea de la pobreza, el 42% más que en 1976. El aumento mayor se dió entre menores blancos, pero este grupo incluía a los jóvenes hispanos, cuya población creció enormemente durante esta época.

- Una proporción creciente ha nacido de madres no casadas: nacieron de madres no casadas uno de cada veinte en 1960 y una de cada cuatro hasta 1990. El divorcio se triplicó en este periodo. La proporción de los que viven en familias con dos progenitores disminuyó del 85% en 1970 al 73% en 1990. Las familias afroamericanas representaban la mayor disminución de esta cifra. La mitad de la totalidad de los niños pasarán algún tiempo en un hogar monoparental.


- Los índices de los que abandonan la escuela antes de terminar (que dejan pronto la escuela superior) descendieron entre 1978 y 1992, variando según el nivel de ingresos familiares pero no según el tipo de comunidad. En 1992 el 11% no consiguió terminar la escuela superior; entre los hispanos, esta tasa era la más alta.
Fuente: basado en estadísticas presentadas en Snyder y Sickmund (1995).

Posibles razones del aumento de la delincuencia y los trastornos psicosociales de los jóvenes.

1.- Factores de riesgo individual. Influencias genéticas, un coeficiente intelectual bajo. Logros educativos escasos.
2.- Cambios en las condiciones de vida y los factores socioeconómicos. Lo mismo puede atribuirse a empobrecimiento que a prosperidad.
3.- La principal causa se basa en factores de familia y socialización, entre ellos la influencia de los medios de comunicación de masas. Parece que influye más las disputas que el divorcio, y que el papel de los medios de comunicación no es causal.
4.- Cambio del papel de los adolescentes en la sociedad. Se ha descrito un nuevo tipo de perpetua adolescencia, causada por una falta de dirección y seguridad motivada por la situación económica y las cambiantes pautas de las transiciones de la adolescencia.. Consumo de drogas ilegales y aumento del consumo de alcohol.

Se han encontrado muchos factores de riesgos psicosociales: hogares deshechos, familias monoparentales, progenitores adolescentes, discordia o desatención, crianza coercitiva, falta de supervisión, delincuencia familiar, pobreza, gran tamaño de la familia, grupos de coetaneos delincuentes, deficiente escolarización y el vivir en una zona socialmente desorganizada.

La delincuencia de los padres mostraba la asociación más poderosa con la delincuencia del hijo. La mediación genética se ha vuelto más probable.

Hay además pruebas de que los niños causan efectos sobre sus padres y era posible que algunas de las supuestas influencias paternas fueran en realidad consecuencias de la crianza de hijos perturbadores y difíciles.

Si las influencias familiares tienen impacto causal y ambientalmente mediado, es esencial preguntarse por los mecanismos a través de los cuales actúan los riesgos, atendiendo a si influyen por igual en todos los hijos. Hay algunos aspectos nuevos. Antes toda la atención se dirigía a la influencia ambiental en la familia. Ahora se sabe que las experiencias de la vida adulta desempeñan también un importante papel en el hecho de si la conducta antisocial continua. Otro asunto es estudiar las influencias del nivel general de delincuencia y no solo las individuales. Hasta los años 70 las relaciones estadísticas entre circunstancias psicosociales, como privación materna y malos tratos, se interpretaban casi siempre como un efecto causal del entorno de estos. Actualmente puede significar, al menos en parte, que los niños que se comportaban de maneras difíciles, perturbadoras o socialmente desaprobadas podían motivar que otras personas sintiesen un rechazo hacia ellos. (240).

Los niños antisociales tienen una probabilidad mucho más elevada de ruptura de relaciones, acontecimientos vitales estresantes, graves adversidades psicosociales y desempleo. El aislamiento social tiene también gran influencia. Las experiencias que las personas producen por su propio comportamiento pueden tener importantes consecuencias para ellas. Un creciente conjunto de testimonios ha puesto de manifiesto que las mediciones que describen rasgos ambientales suponen también un componente genético. Las asociaciones entre los factores de riesgo ambientales y la conducta antisocial pueden reflejar mediación genética además de ambiental. Es importante diferenciar las dos. Hay tres puntos a destacar: En primer lugar, como ya hemos observado, la mayoría de los muestreos de gemelos e hijos adoptivos incluyen solamente una pequeña proporción de familias de alto riesgo ambiental; en consecuencia, es probable que la importancia de la mediación ambiental del riesgo haya sido subestimada. En segundo lugar, los análisis genéticos multivariados (es decir, los que se ocupan de diversas variables simultáneamente) suponen equivocadamente que los orígenes de un factor de riesgo y su modo de mediación del riesgo son sinónimos; esto significa que los efectos que implican correlaciones o interacciones genes-entorno se atribuyen en su totalidad a la genética, a pesar del hecho de que tiene que haber un grado de mediación ambiental implicado. En tercer lugar, todas las conclusiones se refieren a diferencias individuales y no al nivel general de conducta antisocial. Esto es una diferencia crucial porque, como ya hemos observado, ha habido un enorme aumento en la delincuencia en los últimos cincuenta años y esta elevación tiene que ser atribuida en buena medida a influencias ambientales de uno u otro tipo. (246).

El incremento rápido en medio siglo no se puede explicar genéticamente. Los estudios con gemelos muestran que los efectos ambientales tienen aproximadamente la misma fuerza que los genéticos. Con frecuencia la conducta antisocial es compartida por varios hermanos. El criarse en una familia con más de cuatro hijos es un factor de riesgo, cuyo mecanismo se desconoce. Los hogares deshechos también se describen como un factor de riesgo de conducta antisocial. Una vez más la cuestión es lo que significa esa asociación, que es demasiado tosca. Es necesario tratar de desglosar los hogares deshechos en las diversas situaciones familiares que difieren de la familia tradicional, estable, con dos progenitores biológicos. Hay pruebas de que la adopción tiene unas condiciones de crianza excepcionalmente buenas, y que los hijos adoptivos tienen una asociación muy débil con conductas antisociales.

Los riesgos de hijos ilegítimos que permanecen con madres solteras alcanzan aproximadamente el doble de los niños criados en familias normales, pero estos niños están socialmente desfavorecidos en innumerables aspectos y sería imprudente suponer que la falta de un padre es la única causa de este problema.

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