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CAPITULO 6. Sin título

Es muy probable que las características individuales influyan en el desarrollo de los tipos de conducta antisocial descritas en el Capítulo 5 como de inicio temprano y persistentes en el transcurso de la vida, en vez de en las formas, más habituales, de conducta limitada a la adolescencia. Por lo general parecen actuar no sobre la conducta antisocial en su totalidad, sino sobre aspectos concretos. Los factores individuales que tienen un papel establecido en el desarrollo de la conducta antisocial son:

- la hiperactividad, que manifiesta la asociación más firme con la conducta antisocial de todos los factores individuales, una asociación que tiende a darse con un funcionamiento social deficiente en vez de con la delincuencia en sí.

- una deficiencia cognitiva, especialmente de las capacidades verbales y planificadoras;

- los rasgos temperamentales, sobre todo la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la falta de control y la agresividad;

- un estilo distorsionado de procesamientos de la información social, que incluye una tendencia a percibir equivocadamente intenciones negativas en la conducta de los demás, a malinterpretar las interacciones sociales y a fijarse en la conducta agresiva de los demás.

Es probable que estos rasgos individuales muy investigados, tengan sustratos biológicos que actúan de una manera probabilista como parte de una causalidad multifactorial. Los testimonios de la investigación revelan cada vez con mayor claridad que los genes -probablemente varios o muchos- constituyen una serie de influencias que establecen una proclividad a desarrollar una conducta antisocial en la infancia a través de dimensiones como la impulsividad y la hiperactividad, dada la presencia de otros factores de riesgo ambientales.

Los cálculos del componente genético de la hiperactividad llegan al 60%-70% de la varianza. Puede que los genes actúen también incrementando la vulnerabilidad a experiencias y tensiones de la vida o por vías muy indirectas como influir en conductas que a su vez llevan a cambios en el entorno del individuo e inician un ciclo en espiral de factores de riesgo. La complejidad de estos procesos no debe ser subestimada. (235).

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