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CAPITULO 9. Sin título

Los hombre jóvenes cometen una mayor proporción de los actos delictivos protagonizados por menores que las mujeres jóvenes. En el Reino Unido, en 1995, los jóvenes de menos de 21 años representaron el 80% de los delitos registrados resueltos y atribuidos a este grupo de edad. Los datos de los autoinformes reflejan una proporción menor, pero los delitos de los que informan los jóvenes siguen superando en número a aquellos de los que informan las jóvenes.

La proporción por sexos está descendiendo: las chicas representan crecientes proporciones de los delitos registrados oficialmente. Aunque la tasa es siempre más elevada para los varones, la proporción es ahora solo un tercio de la observada hace 40 años.

Hay diferencias de tipo en cuanto a implicación y carrera delictiva, así como en los índices de participación. El predominio masculino es mayor en la edad adulta temprana y es más marcado en lo que se refiere a delitos violentos que al robo y a los delitos contra la propiedad; los varones tienen más probabilidades de ser reincidentes; y las delincuentes desarrollan carreras delictivas más cortas cuya culminación tiene lugar a una edad más temprana.

En cuanto a los factores individuales asociados con la conducta antisocial, los índices de casi todos los demás trastornos evolutivos de inicio temprano (como el trastorno de conducta, la hiperactividad, el retraso específico en la lectura) son también más habituales en los niños varones. Cuando dichos trastornos tienen un papel que desempeñar, tiende a ser solamente en la conducta persistente en el transcurso de la vida. Las hormonas tienen quizá también un pequeño papel en las diferencias de género en la agresividad y el dominio, pero es improbable que esto sea una parte fundamental de la explicación.

No se sabe lo suficiente de si los factores psicosociales, como los aspectos importantes de la crianza, son diferentes según el sexo del niño. Hay algunos limitados testimonios de que las niñas son objeto de una supervisión más eficaz, por ejemplo. La posibilidad de que haya una diferencia de género por lo que se refiere a vulnerabilidad psicológica no ha sido adecuadamente comprobada. Es probable que las niñas reaccionen de manera diferente a las tensiones familiares. Los ciclos coercitivos tienen quizá más probabilidad de desarrollarse entre los progenitores y los hijos varones, pero todavía no hay datos adecuados disponibles.

Hay algunos testimonios de que las influencias contextuales sociales tales como los grupos sociales atienden a ser distintas en los dos sexos. Además, a causa de la tasa base, más elevada, de conducta antisocial en los niños varones, estos tienen más probabilidades de verse expuestos a más influencias de tipo antisocial del grupo de coetáneos. Por otra parte, la conducta antisocial en las niñas puede conducir a mayores vínculos domésticos a través de la maternidad adolescente, mientras que la misma conducta en los chicos acaba fuera de la familia. En la actualidad solo se puede conceder a estas afirmaciones el rango de teorías necesitadas de una rigurosa comprobación.

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