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Banco Bibliográfico > HANDBOOK OF CHILD PSYCHOLOGY 5th edition (varios capítulos) > Capitulo 12 : TEORÍAS DE LA INTERACCIÓN PERSONA-CONTEXTO.

Sin partes (capítulos 10, 11, 12, 15 y 17)

CAPITULO 12. TEORÍAS DE LA INTERACCIÓN PERSONA-CONTEXTO.

Las teorías que expone Magnusson en este capítulo estudian el sistema dinámico formado por el individuo y su entorno. Se denomina a estas teorías como “perspectiva holística” (holistic approach). Estas teorías hacen énfasis en la fuerte dependencia entre el desarrollo del individuo y las características del entorno (sociedad, cultura, entornos físicos). Los procesos dinámicos complejos (como se consideran los que forman parte del desarrollo humano) están sujetos a leyes, pero no son predecibles, según estas teorías. Cita a Crick (What Mad Pursuit, 1988) para indicar este hecho: “Las leyes de la física, según se cree, son las mismas en todo el universo. Esto es improbable que sea así en biología… Lo que se encuentra en biología son mecanismos, …compuestos de componentes químicos y … frecuentemente modificados por otros mecanismos posteriores, añadidos a los primeros”. La complejidad de las interrelaciones entre subsistemas mentales, biológicos y de comportamiento en el individuo, y de las interrelaciones entre el individuo y un entorno determinado, que tienen lugar en forma de probabilidades, muchas veces de manera impredecible e incierta, hace que sea poco realista pretender predecir el funcionamiento individual en los diferentes contextos ambientales durante el ciclo de la vida. En lugar de tratar de predecir y controlar el comportamiento, se trata de comprender y explicar las leyes que organizan el comportamiento de los individuos en la vida real. Otros modelos explicativos del comportamiento (mentalista, biológico o ambiental) asumen una causalidad unidireccional: los factores mentales son los causantes principales del comportamiento, o los factores biológicos o los ambientales. Estos modelos han tenido y tienen todavía un impacto importante en la psicología. Las teorías de la interacción persona-contexto pueden aplicar tres perspectivas posibles: a) sincrónica, b) diacrónica y c) evolutiva. El autor se centra en la perspectiva sincrónica. Esta perspectiva trata los procesos de pensamiento, sentimiento, acción y reacción dentro un marco existente de estructuras mentales, biológicas y de comportamiento. La perspectiva diacrónica se centra en el desarrollo a lo largo del ciclo de la vida, con especial atención al cambio y al tiempo. En la perspectiva sincrónica que expone el autor en este capítulo se argumenta que el desarrollo individual es un problema que consiste en cómo la maduración y las experiencias llevan a nuevas estructuras y patrones, y en cómo emergen nuevos procesos en estas nuevas estructuras. El modelo que explica la función del contexto ambiental en el desarrollo del individuo es el de “interaccionismo holista”. Según este modelo los sucesos psicológicos reflejan aspectos de dos tipos de procesos de interacción: a) los procesos que tienen lugar de forma continua entre la persona y su entorno (bidireccionales) y b) los procesos continuos de interacción recíproca entre factores mentales, biológicos y de comportamiento dentro del individuo. Se basa en cuatro proposiciones:

1- El individuo funciona y se desarrolla como un organismo total e integrado.
2- El funcionamiento individual dentro de las estructuras mentales, biológicas y de comportamiento se compone de procesos complejos y dinámicos.
3- El funcionamiento y el desarrollo individual está guiado por procesos continuos de interacción recíproca entre aspectos mentales, de comportamiento y biológicos del individuo y aspectos sociales, culturales y físicos del entorno.
4- El entorno, incluyendo al individuo, funciona y cambia como un proceso continuo de interacción recíproca entre factores sociales, económicos y culturales.

El autor expone las críticas a este modelo: los efectos no pueden determinarse porque “todo interactúa con todo” (Plomin, 1986); y la aplicación de estos modelos a la investigación de la vida real hace la tarea del investigador excesivamente compleja, debido a la cantidad de factores que hay que considerar y a la complejidad de sus interrelaciones (Cronbach, 1975, Gergen, 1973). El autor explica que la inteligencia, la dependencia o la indefensión (por ejemplo) no existen en sí mismas, sino que son características del funcionamiento psicológico de los individuos, que existen sólo dentro de una globalidad.

Un concepto clave en esta teoría es el de “contexto”: el sistema total, integrado y organizado del que el individuo forma parte, consistente en un sistema jerárquico de elementos, desde el nivel micro al macro. Los sistemas que forman un contexto – en diferentes niveles- son interdependientes entre sí. Del contexto surge la “situación psicológica”, la situación tal y como el individuo la interpreta y le da significado. El entorno “como es” y el entorno “como es percibido” y se representa en la mente del individuo no son la misma cosa. Sin embargo, las percepciones individuales y las interpretaciones del mundo exterior se forman y funcionan con referencia a la organización y el funcionamiento del entorno “como es”, del entorno real. El entorno social afecta el funcionamiento individual y el desarrollo en todos los niveles, incluyendo las costumbres, los hábitos, las normas y las reglas. Las investigaciones en las últimas décadas se han extendido a aspectos más específicos del entorno: el vínculo madre-hijo (Ainsworth, 1983), la situación de cada niño en el conjunto de la familia (Dunn & Plomin, 1990), la familia como entorno (Maccoby & Jacklin, 1983), el entorno en las prácticas de crianza (Radke-Yarrow & Kucynski, 1983). El entorno se considera una fuente de información, desde estas perspectivas, en lugar de una fuente de estimulación (como se considera en las teorías clásicas de la psicología). Las teorías modernas del aprendizaje consideran el entorno como una fuente de información (Bolles, 1972; Seligman, 1975). El autor indica que el entorno será una fuente de estimulación y de información óptima para el desarrollo en la medida en que sus patrones sean percibidos e interpretados de forma que se les pueda dar significados (patrones consistentes). Además, el entorno será óptimo para el desarrollo cuando pueda ser influido por la acción del individuo de forma predecible; el individuo debe ser capaz de ejercer un control activo sobre su entorno. En la infancia, los patrones del entorno social son los creados por los padres o por otros cuidadores del niño, la consistencia del comportamientos de los cuidadores determina si el entorno social permite que el niño le asigne significados y que haga predicciones válidas sobre lo que puede esperarse de cada situación, tanto en el entorno primario como en otros entornos más amplios. Durante el desarrollo el entorno proporciona experiencias, que pueden ser formativas o desencadenantes. Las experiencias formativas influyen en la predisposición a ciertos tipos de comportamiento, incluyendo los comportamientos antisociales y la vulnerabilidad a los desórdenes psicológicos. Afectan al desarrollo aumentando o disminuyendo la probabilidad de comportamientos o desórdenes posteriores. Las experiencias desencadenantes pueden directamente dar lugar a un tipo de comportamiento. Las experiencias formativas influyen en la capacidad de los individuos de afrontar distintas situaciones. Las relaciones sociales cercanas, las que incluyen a los padres, a los profesores y a los amigos son esenciales durante la infancia para la formación y para el funcionamiento de las representaciones perceptivas y cognitivas del individuo, así como para sus concepciones del mundo. Las características del entorno sociocultural son muy importantes en el desarrollo, así como las relaciones que se establecen entre el individuo en su proceso de socialización y su entorno. Estas relaciones se empiezan a considerar bidireccionales (por ejemplo las relaciones padres-hijos) y en esta perspectiva resultan importantes cuestiones como la cooperación, la coordinación y la regulación mutua a lo largo del tiempo. Por ejemplo, se ha demostrado que cuando los padres animan a los hijos y participan con ellos en actividades escolares y tienen altas expectativas en su aprendizaje, aumentan las probabilidades de éxito académico de los hijos.

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