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Banco Bibliográfico > HANDBOOK OF CHILD PSYCHOLOGY 5th edition (varios capítulos) > Capitulo 15 : LA PSICOLOGÍA CULTURAL DEL DESARROLLO: UNA MENTE, MUCHAS MENTALIDADES.

Sin partes (capítulos 10, 11, 12, 15 y 17)

CAPITULO 15. LA PSICOLOGÍA CULTURAL DEL DESARROLLO: UNA MENTE, MUCHAS MENTALIDADES.

La psicología cultural documenta la diversidad histórica y a través de las culturas en los procesos y las producciones de la mente humana. Estudia los esquemas que se activan y el aprendizaje social que se asocian con el hecho de formar parte de un grupo. En este capítulo se analizan cuatro áreas: la organización cultural de la experiencia temprana, el lenguaje y la socialización, el desarrollo del yo y el desarrollo cognitivo. La psicología cultural se fundamenta en la idea de que la mayor parte de los elementos de la psicología del individuo son transformados o alterados mediante la participación cultural: la mayoría del funcionamiento psicológico humano consiste en propiedades emergentes que resultan de experiencias mediadas por símbolos de las formas de comportamientos y de las ideas de una comunidad cultural. El término “psicoloía cultural” denomina la investigación de los fundamentos psicológicos de las comunidades culturales y de las bases culturales de la mente.

Define la cultura como una herencia simbólica y de comportamientos que aporta un marco para el aprendizaje y para el razonamiento colectivo sobre lo que es verdad, lo que es bello, lo que es bueno y lo que es normal. Una comunidad cultural consiste en ideas sobre las personas, la sociedad, la naturaleza y la divinidad, además de en una vida familiar y una prácticas sociales cotidianas e institucionalizadas.

La psicología cultural hace énfasis en que los contextos y los significados compartidos en una comunidad deben representarse en la teoría como parte de un sistema psicológico y no como simples condiciones externas al sistema psicológico.

El concepto de “estados mentales” se refiere a lo que una persona sabe, piensa, quiere o valora, consciente o inconscientemente. Los estados mentales tienen una función causal sobre el comportamiento de la persona. Una capacidad humana consiste en la habilidad para transformar un proceso deliberativo consciente en un proceso habitual, rutinario y automático. De esta manera del estado mental surge una “mentalidad”, que se muestra implícita en el comportamiento cotidiano y que como tal forma parte de la intimidad del individuo.

Con respecto al desarrollo en la infancia, el mundo local o cercano del niño está conformado en gran parte por mentalidades específicas de una cultura y por las prácticas de crianza. La forma en que la experiencia del niño es organizada por sus cuidadores y sus educadores es específica de cada cultura, y se fundamenta en un conjunto de ideas y de significados culturales. Una diferencia importante con respecto al desarrollo se puede observar entre las mundos culturales en los que el trabajo y la familia están mezclados y aquellos en los que están separados (cultura occidental), ya que el desarrollo del niño es muy diferente en función de esta característica. En el primer caso la familia suele funcionar según una jerarquía de autoridad, en la que los niños están en la base, y es más posible que los niños observen una variedad de actividades adultas y que participen en ellas desde edades tempranas. En muchos casos, en estas familias se requiere el trabajo del niño junto con los adultos, y el juego y la educación del niño debe acomodarse a los lugares donde se trabaja y a las rutinas de la casa.

El comportamiento de los padres es además el reflejo de una mentalidad cultural sobre lo que la paternidad y el desarrollo infantil son y deben ser. La mentalidad cultural da significado a lo que hacen los padres e identifica los comportamientos de los niños que los padres deben promover y los que deben evitar. Una mentalidad cultural sobre la crianza de los niños se compone de: dirección moral, pragmática (forma de hacer las cosas) y guiones para la interacción.

La función del lenguaje es importante desde la perspectiva de la psicología cultural, ya que es el medio por el que las personas pueden integrar diferentes puntos de vista y construir realidades culturales compartidas. De esta manera las propiedades comunes de la mente se transforman en “mentalidades” concretas, propias de cada comunidad cultural. A medida que los niños aprenden el lenguaje entran en un sistema de significados y adquieren la capacidad de transformar esos sistemas simbólicamente. En la adquisición del lenguaje destacan dos aspectos: los mensajes implícitos que una cultura transmite mediante el habla que dirige a los niños y las narraciones, que organizan la experiencia y ayudan a interpretarla y concederle un valor. Las narraciones incluyen las tradiciones orales de cada cultura (cuentos para niños) y también la forma en que cada persona cuenta historias o experiencias propias, y en ambos tipos de narración se transmiten ideas sobre el yo, las emociones y la moralidad. Para los niños, las narraciones de sus propias experiencias tienen también una gran importancia, como forma de utilizar creativamente el lenguaje dentro de un contexto cultural.

Con respecto al desarrollo del yo, se considera desde la perspectiva de la psicología cultural como el “locus” primario en el que se produce la interacción entre la cultura y la psique. El yo realiza la transformación de la entidad biológica individual en una entidad con significados, en una persona que participa en mundos sociales (Miller, 1994). El desarrollo en el niño del sentido del yo como una entidad con continuidad, y como un agente con capacidades intencionales puede seguramente surge de un conjunto de experiencias muy particulares, las cuales se producen en las sociedades europeas y norteamericanas. La idea de la individualidad y la diferencia es propia de estas sociedades. A partir de la idea occidental de que la mente es la fuente de la experiencia humana, y de la equiparación del yo con la mente, es lógico que se haga un énfasis en la forma en que los niños piensan y se representan a sí mismos. El yo se convierte en cierta medida en un objeto de conocimiento y el yo, tal como es representado (auto-concepto) es el aspecto más significativo de la experiencia individual. Los estudios basados en el modelo de Piaget del desarrollo cognitivo muestran cómo a medida que el niño avanza desde el pensamiento preoperacional hacia las operaciones formales, el núcleo de la definición de uno mismo para de lo concreto, de los objetivo, y de las características visibles a lo abstracto y privado, lo característico del interior psicológico. En las sociedades europeas y norteamericanas existe este tipo de auto-concepto y tiene un valor no sólo interno al sujeto, sino también funcional, ya que organiza el comportamiento en todos los campos de la experiencia cotidiana.

La perspectiva de la psicología cultural no define el desarrollo en términos de criterios abstractos y universales. En muchos grupos culturales no se da esta definición del yo o de los otros en términos de atributos internos, descontextualizados, o de cualidades. La naturaleza del yo no se refiere a un “yo” interior, sino a un contexto social particular, de manera que caracterizar el yo fuera de ese contexto no tiene sentido. Según Goodnow (1990a, 1990b), el desarrollo cognitivo implica aprender la definición de la comunidad de lo que es ser inteligente y el desarrollo del yo implica incorporar la consideración que la comunidad hace sobre lo que es o debe ser un individuo.

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