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Banco Bibliográfico > MORAL, CHARACTER AND CIVIC EDUCATION in the elementary school. > Capitulo 2 : Hacer justicia a la moralidad en la educación contemporánea de los valores.

Introducción

CAPITULO 2. Hacer justicia a la moralidad en la educación contemporánea de los valores.

La cuestión fundamental para el autor es si se puede definir un conjunto de valores que sirvan de base para la educación en las sociedades plurales. Considera que es necesario distinguir la moralidad de las convenciones sociales: las convenciones son arbitrarias (no hay nada inherentemente malo ni bueno en lo que prescriben), su función es coordinar las interacciones entre los individuos de una sociedad, proporcionando criterios sobre el comportamiento adecuado en cada situación. La moral se refiere a los conceptos de justicia, bienestar y otros derechos. Las normas morales no son arbitrarias, derivan de “factores intrínsecos a las acciones” (p.e. la norma moral de no ser violento deriva de que la violencia produce un daño en otras personas, de las consecuencias de la acción). Las normas morales están determinadas por factores comunes a las relaciones sociales en cualquier sociedad o situación; son parte de la organización social, pero tienen una base universal a todas las culturas. Aunque Piaget y Kohlberg consideraron que sólo en las etapas más avanzadas del desarrollo moral se puede distinguir entre convención y juicio moral (y rechazar las convenciones sociales como base de los juicios morales), hay estudios que han demostrado que la moralidad y la convención se diferencian desde edades muy tempranas (Turiel, Pillen, Helwig, 1987). Desde los cuatro años los niños pueden ver los criterios convencionales como modificables y las normas morales como universales e inalterables. En estos estudios se considera que las convenciones sociales y la moralidad son dominios de desarrollo y sistemas conceptuales diferentes.

Otra cuestión que el autor considera importante en la educación es si se puede diferenciar moralidad de religión. El estudio del autor (Nucci, 1985) con niños de 10 a 17 años de comunidades cristianas Amish y Mennonitas, en Indiana, indica que: 1) los sujetos diferenciaban entre prescripciones religiosas referentes a cuestiones morales y aquellas que no se refieren a temas morales (aunque estas últimas las consideraban igualmente importantes, al conceder toda la autoridad moral sobre su comportamiento a los textos bíblicos), 2) los sujetos consideraban poco importante que personas de otras religiones o sin religión transgrediesen preceptos de su religión de tipo no moral (como que las mujeres lleven la cabeza cubierta), y consideraban incorrecto universalmente que transgrediesen normas morales (como agredir o robar), debido al resultado de esas transgresiones de la norma moral: daño o injusticia sobre otras personas. 3) el 85% de los sujetos consideraba que si no hubiese una norma moral de origen sagrado, seguirían siendo incorrectas acciones como robar o agredir, mientras que sólo el 1% consideraba que seguiría siendo incorrecto que las mujeres no llevaran cubierta la cabeza, por ejemplo, aunque no existiese esa norma de origen religioso. En conclusión, la mayoría de los niños entrevistados consideraron universalmente inaceptables actos como el robo o la violencia física, con independencia de que exista una prohibición o no de origen religioso, lo que indica que para este grupo, la moralidad es independiente de las prescipciones religiosas. Un estudio similar con niños Judíos ortodoxos de Chicago ofrecía los mismos resultados en cuanto a la distinción entre normas morales universales y prescripciones religiosas. Posteriormente (Nucci, 1985; Nucci & Turiel, 1989) a este mismo grupo de niños judíos y a un grupo de niños calvinistas protestantes les preguntaron cómo sabían que dios les ordena es lo correcto y si una orden de dios puede hacer moralmente correcto un acto que los niños consideran una trasgresión moral, como robar o agredir. La mayoría de los niños de todas las edades de los dos grupos religiosos rechazaron la idea de que una orden de dios justificaría que una persona robase (65% de los niños entre 10 y 13 años, 85% de los niños entre 15 y 17 años). El autor considera que estos estudios muestran que las concepciones de la moralidad que tienen los niños no pueden explicarse sólo como una simple adherencia a preceptos religiosos o sagrados. Los niños tratan de integrar su noción de dios con lo que saben que es moralmente correcto. La comprensión moral de los niños es independiente de reglas religiosas y la moralidad es conceptualmente distinta de los conceptos religiosos. La moralidad, tanto para un niño religioso como para un niño secular, se centra en las cuestiones de la justicia y la compasión en las relaciones entre las personas. Esto implica que en los colegios públicos puede haber una educación moral compatible con la doctrina religiosa y al mismo tiempo independiente de la misma, centrada en desarrollar las concepciones de los niños sobre la justicia, la equidad y la preocupación por el bienestar de otros.

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