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Banco Bibliográfico > CITIZENSHIP AND EDUCATION IN LIBERAL DEMOCRATIC SOCIETIES. > Capitulo 6 : ¿Deberíamos enseñar historia patriótica?

Primera Parte: Cosmopolitanismo, liberalismo y educación común

CAPITULO 6. ¿Deberíamos enseñar historia patriótica?

La teoría política liberal democrática no otorga al Estado la facultad de desarrollar a través de la educación pública una formación en los niños de los vínculos particulares/culturales que aprenden en sus familias y comunidades, sino que propone que el papel de la educación pública debe ser expandir los horizontes de los alumnos, enseñarles que son parte de una comunidad moral más amplia que aquella en la que crecen, y que sus opciones vitales no deberían limitarse a aquellas proporcionadas por sus padres y sus comunidades. Sin embargo, esta teoría asume en muchos casos que este proyecto justifica el favorecimiento de la identificación patriótica con el Estado liberal y democrático. La razón de este proyecto es que los valores de un Estado liberal y democrático son universales y no van a ir en contra de otros valores particulares. Autores como Arthur Schlesinger, en su obra “La desunión de América” (Norton, Nueva York, 1992), critican el multiculturalismo que pretende utilizar “la historia como un arma” para sostener o incluso crear identidades étnicas separadas en América, dice en esa obra (p. 72) que “La historia como arma es un abuso de la historia. El alto propósito de la historia no es la presentación del yo ni la reivindicación de la identidad, sino el reconocimiento de la complejidad y la búsqueda del conocimiento”. Por ello, el autor de este capítulo considera que no es adecuado enseñar desde una perspectiva patriótica la historia, que no se debe pretender educar una identidad nacional histórica, sino que más bien se deben proporcionar elementos de juicio para comprender la historia. Además, el autor considera que la educación patriótica es moralmente inadecuada, ya que propone un respeto y una valoración mayor de las personas que pertenecen al propio país que de las personas de otros países. Según el autor: “Los niños son especialmente vulnerables y capaces de desarrollar visiones completas por sí mismos sobre qué es vivir bien. Si sus propias visiones de lo que es vivir bien y del lugar que ocupa en ese “vivir bien” la lealtad a su país van a ser verdaderamente suyas, y no simplemente explicables por la actividad inculcadora del Estado, es importante que sean animados a reflexionar de manera crítica sobre el carácter de su identidad nacional”. La complejidad de esta cuestión, según el autor, está en que los niños deberían ser quienes comprendiesen, a través de su proceso educativo y de su desarrollo personal, los derechos y obligaciones que un Estado liberal y democrático asegura. Debido a la importancia que la comprensión de la historia de un país tiene para la comprensión del valor de los derechos de los ciudadanos, es según el autor “especialmente inapropiado” tratar de inculcar el patriotismo en la enseñanza de la historia, porque esta debe ser un instrumento de conocimiento libre y dar lugar al pensamiento.

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