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Banco Bibliográfico > CITIZENSHIP AND EDUCATION IN LIBERAL DEMOCRATIC SOCIETIES. > Capitulo 8 : Ciudadanía como identidad, ciudadanía como destino compartido y las funciones de la educación multicultural

Liberalismo y educación tradicionalista

CAPITULO 8. Ciudadanía como identidad, ciudadanía como destino compartido y las funciones de la educación multicultural

En este capítulo la autora analiza la posibilidad de que la premisa implícita de las democracias liberales de que la ciudadanía y el orden constitucional estable deben fundamentarse en una identidad compartida entre los ciudadanos no sea correcta. Más específicamente, pone en duda la idea de que debiéramos entender la ciudadanía en términos de una adhesión a ciertos compromisos morales y que la función de la educación democrática sea la inculcación de esos compromisos. Las ideas de ciudadanía como lealtad, adhesión, patriotismo y compromiso tienen sus raíces en ritos y concepciones mucho más antiguas sobre el valor de la confianza. Cualquier noción de la ciudadanía como identidad – como profundamente constitutiva del sentido individual del yo- llevaría a estándares implícitos o explícitos de lealtad como el prerrequisito para la completa pertenencia. Y siempre que la lealtad se convierte en el estándar, hay una tendencia natural a sospechar de aquellos cuyas formas externas y hábitos mentales internos son diferentes de los comúnmente reconocidos como el paradigma de la ciudadanía. El concepto de ciudadanía como identidad está interconectado con la emergencia del Estado-nación moderno. Es un tópico actual que el Estado-nación moderno, y la concepción de soberanía nacional que lo acompaña, están bajo creciente presión desde el desarrollo del fenómeno que denominamos “globalización”. Esta transformación que está teniendo lugar sobre los fundamentos del orden político nos ofrece la oportunidad de reconsiderar el significado de la ciudadanía, particularmente a la luz del hecho de que los contextos y los objetivos del compromiso político están cambiando rápidamente, como demuestran las manifestaciones trasnacionales de los trabajadores, las de los grupos ecologistas y de derechos humanos en contra de la Organización Mundial del Comercio en Seattle y Génova y en contra del Fondo Monetario Internacional en Praga. La línea básica de argumentación de la autora es que la mayor parte de los conceptos actuales sobre la ciudadanía se basan en la convergencia histórica de las fronteras de la ciudadanía, esto es, el territorio, la cultura, la nación y la lengua, las instituciones y la moral. La autora considera que esta nueva realidad puede ser enseñada en la educación de la ciudadanía, partiendo de la hipótesis de que la capacidad para desarrollar un “pensamiento extendido” (“enlarged thinking”) y la capacidad de verse a uno mismo en relación con personas diferentes requiere encuentros con la diversidad real e inmediata. Idealmente los alumnos obtendrían de esa educación un conocimiento compartido y unas capacidades efectivas que les permitirían actuar en colaboración como ciudadanos.

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