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Banco Bibliográfico > CITIZENSHIP AND EDUCATION IN LIBERAL DEMOCRATIC SOCIETIES. > Capitulo 9 : Amistad civil y educación democrática

Liberalismo y educación tradicionalista

CAPITULO 9. Amistad civil y educación democrática

El autor considera que la democracia debe basarse en unas bases morales más profundas de lo que por sí misma como sistema puede proporcionar. Siguiendo las teorías políticas liberales de John Rawls, considera que la democracia se fundamenta en dos sistemas de valores que se generan en un ámbito anterior al político, como son los valores morales y los valores religiosos. Por lo tanto, el mismo concepto de ciudadano es una realidad social que tiene unas garantías legales, pero es también un compromiso individual de cada persona con los derechos y las obligaciones que conlleva ser un ciudadano. El autor propone el término “amistad civil”, para indicar la importancia de que cada persona aporte el verdadero contenido al concepto de ciudadanía, haciendo de ello algo más que un modo de comportamiento social aceptado o acatado. Desde la perspectiva educativa, la “amistad civil” sería un imperativo que se dirige a dos metas: asegurar un cierto nivel de profundidad espiritual y/o moral y/o estética en los compromisos políticos individuales de los ciudadanos y cultivar en los ciudadanos una habilidad para observar y tolerar los diversos grados de profundidad (dentro de un grado razonable) de sus conciudadanos. La “amistad civil” por lo tanto requiere un tipo más profundo de tolerancia que emana de la propia profundidad de los compromisos por sí mismos. Hay muchas formas razonables de ser respetuoso con las normas democráticas. Lo que no es razonable es esperar que esas normas no necesiten apoyo fuera de sí mismas ni que todas las personas deban siempre apoyar las normas democráticas de la misma manera. Según el autor, la preocupación principal que subyace en el concepto de ciudadanía es la estabilidad y ya que el liberalismo democrático se ocupa de las políticas democráticas, también debe ocuparse de lo que es necesario para preservarlas y perpetuarlas. La complacencia en este punto es un riesgo excesivo porque como enseña la historia, las normas políticas que no tienen apoyo porque no se cree en ellas tienen una gran probabilidad de colapsarse. Y no hay razón para pensar que esto es menos cierto para las democracias que para otros sistemas políticos.

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