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Banco Bibliográfico > MENTES DIFERENTES, APRENDIZAJES DIFERENTES > Capitulo 1 : Mentes diferentes, aprendizajes diferentes. Introducción

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CAPITULO 1. Mentes diferentes, aprendizajes diferentes. Introducción

Cada mente es diferente de las demás. No interpretar bien el tipo de mente de un niño puede tener resultados trágicos. Esto ocurre con frecuencia. Durante la infancia se evalúa a los niños en todas las áreas, a menudo sin piedad. Muchos niños “saborean” el fracaso desde muy pequeños, con gran sufrimiento. Hay en nuestra sociedad una verdadera obsesión por las pruebas. La identidad intelectual de un niño queda reducida a una lista de puntuaciones que van a determinar su destino, que no dan una idea coherente de sus virtudes y defectos, ni de sus necesidades educativas. El autor afirma que: “Nadie debería crecer sintiéndose y viéndose de esta manera” (p. 17). Los niños pueden mejorar, pero siempre y cuando los adultos les comprendan mejor y les ayuden. Todos tienen capacidades excepcionales, sólo necesitan ayuda. Hay que identificar los recursos mentales de los que dispone y los obstáculos que le impiden tener éxito en el aprendizaje. La ayuda consiste en abordar sus defectos y fortalecer sus cualidades. El libro es también una guía de observación para los padres, para ayudarles a comprender cómo se despliegan las funciones mentales que van a tener más importancia en su rendimiento escolar y en su profesión posterior. El autor considera que la sociedad debe comprender que la mente de cada niño es diferente, que tiene unas necesidades de aprendizaje y unas cualidades, y que es necesario atenderlas. Lo que está en juego son sus esperanzas para el futuro. El autor cita tres ejemplos de niños con problemas de aprendizaje y cómo les ayudó a resolverlos. En un caso se trata de un problema con los elementos verbales del aprendizaje, en otro, un problema con el uso de la memoria y la capacidad de almacenamiento, y en el tercero, un problema de atención. Explica cómo enseñó a estos niños que tenían un problema muy concreto, que podían aprender a resolverlo. Los tres superaron sus dificultades y llegaron a ser adultos capaces y con éxito profesional. Los padres y profesores suelen atribuir el fracaso escolar de estos niños a faltas morales, cuando en realidad es que les resulta imposible aprender. Al ver de este modo el problema, empiezan a darle apoyo, la ayuda resulta efectiva y el niño va logrando superarse. Esto a su vez cambia el ambiente emocional de la familia, pasando del pesimismo a un optimismo realista: “Todos nos enfrentamos a la constante amenaza del fracaso inminente de no poder satisfacer las expectativas que nos imponemos nosotros mismos o que nos imponen los demás” (p. 27). Cuando intentamos aprender algo para lo que nuestra mente no está “bien cableada” podemos sentirnos con facilidad humillados, o en ridículo. Muchas veces esto no es grave, pero cuando “la disparidad entre la mente y una serie de tareas importantes se convierte en algo cotidiano y cuando esa disparidad no se comprende”, los resultados pueden ser trágicos para la persona. El autor se dedica a la pediatría evolutiva-conductual: rama de la pediatría que se ocupa del desarrollo infantil y de cuestiones relacionadas con la conducta y el aprendizaje. Considera, como base de su trabajo, que existen enormes diferencias en el aprendizaje y que cada mente es única e irrepetible.

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