nombre
 
contraseña Entrar
Registrarse | Olvidó su contraseña
Banco Bibliográfico > Padres permisivos, hijos tiranos > Capitulo 2 : Todo empezó un día

sin partes

CAPITULO 2. Todo empezó un día

Hace solamente treinta y cinco mil años apareció el Homo Sapiens Sapiens por una mutación del Homo Sapiens. Toda la evolución anterior y posterior ha obedecido a cuestiones de adaptación. Aquellos individuos que se adaptaban al medio sobrevivían y transmitían a sus hijos esas características.

El hecho de andar a dos patas en vez de cuatro, la posición vertical permitió que el hombre ampliara su campo de visión y mejorar sus condiciones para sobrevivir. Pero no sólo la posición cambio, cambió el craneo que creció para contener a un cada vez mayor cerebro, cambió la posición de la laringe facilitando el habla etc. La liberación de las manos también fue crucial; gracias a ello surgió el llamado Homo Habilis Habilis, capaz de usarlas para construir toda clase de instrumentos.

Con el homo Sapiens Sapiens llegó la capacidad de reflexión en torno a lo que le aguardaba como sujeto, a cuál era su razón de ser y a qué lugar ocupaba en este mundo. Pero ya hay pruebas de que el Homo Erectus, y quizá mucho antes había una reflexión acerca de las diferencias que se percibían entre unos y otros. Y no sólo entre unos y otros. La observación de las diferencias entre día y noche, luna y sol, frío y calor también estaban presentes en la vida de estos sujetos. Y entre todas estas diferencias la más importante, la que implica las diferencias entre hombres y mujeres que conduce a la sexualidad y al intento de dominar a esta.

La cuestión del tabú del incesto se erige como la ley de la especie más importante pero no tenemos datos acerca de cuándo comenzó esta ley. De lo que sí hay datos es de las primera sepulturas, hace entre ochenta mil y ciento cincuenta mil años. Naouri afirma que este dato le llamó mucho la atención ya que en sus cuarenta años de profesión ha encontrado un tema común a todos sus pacientes y padres y madres que les angustiaba fuera cual fuera su religión, procedencia, sexo… la muerte. Esta angustia de muerte no tiene nada que ver con las pulsiones autoconservativas que nos alejan de ella, o con las pulsiones de muerte que nos arrastran a la autodestrucción o a la destrucción de los otros. La angustia de muerte se refiere a la reflexión del ser humano como ser mortal.

El Homo Erectus y el Homo Hábiles percibían las diferencias entre vivo y muerto pero no les angustiaba la muerte. Al humano le empezó a angustiar la muerte en el mismo momento en que comenzó a enterrar a sus semejantes. Los primeros enterramientos nacieron de un acto defensivo. El humano vio el cadáver de otro y sintió miedo, miedo a lo desconocido, a que ese difunto se levantase y quisiera hacerle daño. Y ese miedo inconsciente le hizo meterlo bajo tierra y poner piedras y todo lo que encontró encima de él para sepultarlo y con él a su miedo.

Hasta este momento, el miedo se despertaba hacia aquello que estaba en movimiento. Un terremoto, un cambio en unos arbustos despertaba una respuesta instintiva de huida. Pero llegados a este punto comenzó a despertar miedo lo inerte. Sin duda ese cadáver despertó en el humano el miedo a ser mortal, al paso del tiempo y a perder su existencia. La animalidad queda superada por la aparición de las emociones complejas.

A partir de ese momento la angustia acompaña al hombre y se hace patente en la vida misma del bebe. Éste a partir del tercer trimestre de vida comienza a sentir la angustia de percibirse separado de su madre, y esta angustia continúa hasta que se habla de la “angustia del noveno mes”.

Pero por qué ese primer cadáver suscitó tanto miedo, por qué el temor a que levantara. Naouri expone su teoría de que pudiera tratarse de un asesinato premeditado por los miembros masculinos de la manada para acabar con el macho dominante y así como el poder que ejercía sobre las demás hembras. La angustia que se apodera de ellos es la angustia de las represalias que les hace poner piedras sobre lo que acaban de hacer. Pero también en este momento surgiría la angustia a si lo que acababan de hacer era efectivo, si podían esperar buenos resultados y tal vez probaran el mismo procedimiento con otros cadáveres. Esa pudo ser la forma en que se entró en la espiral de los enterramientos.

Sin duda este planteamiento recuerda al que dio Freud en Tótem y Tabu acerca de la instauración de la ley del incesto. Una horda de machos frustrados habrían acabado con el macho dominante y habrían disfrutado de su cuerpo en un festín caníbal. Pero atormentados por los remordimientos, se habrían autocastigado privándose de mantener relaciones con las “hembras” de su padre.

Sin embargo el autor señala que hay diferencias importantes entre los dos planteamientos. Freud planteaba un festín caníbal y él un enterramiento y Freud proponía remordimientos donde Naouri ve el surgimiento de la angustia de muerte. Si existió primero la ley del incesto y posteriormente la primera sepultura tenemos que darle la razón a Freud pero si es al revés no. Sin embargo, un vuelco tan grande en las tendencias naturales del hombre como propone Freud resulta difícil de imaginar. Cuesta imaginar que esta horda que asesinó al macho dominante se parara frente a las hembras disponibles y resulta más factible que se “adueñaran” de ellas quedándose los más fuertes las más atractivas.

Las hembras sin duda pudieron ver en estos momentos el instinto de muerte de los machos, sin embargo, mucho antes que ellos, ya se habían hecho cargo de él cuando veían morir a sus vástagos. Hoy en día sabemos que las hembras de los primates superiores portan el cadáver de su hijo cuando éste muere y sólo cuando empieza a desprender olor lo abandonan pero se vuelven incesantemente hacia atrás mientras se alejan y experimentan una profunda pena. Por lo tanto no es difícil imaginar la que sentirían estas hembras cuando sus hijos morían.

Llegados a este punto se plantea qué hicieron entonces. Probablemente seguirían matando, esta vez a los machos de otros grupos para quedarse con sus hembras. Y así la angustia de muerte seguía perpetuándose hasta que puede que decidieran meterse de lleno en lo que podemos llamar la pertenencia a un grupo y con ello disminuir esta angustia.

Pero hay otra cuestión importante y es la de qué paró a los machos a mantener relaciones con sus hijas cuando llegaban a la pubertad sexual, y qué paró a los machos a copular con sus hermanas o sus madres. Tuvo que surgir en este momento algún tipo de ley, que marcara los límites, que categorizara a las “madres”, “padres”, “hijos” y que prohibiera relaciones entre ellos.

La antropología también se ha propuesto dar una explicación a esto afirmando que el intercambio de mujeres responde a una solución práctica y que así la dan todas las culturas primitivas. El autor afirma “Cuando el investigador le pregunta al primitivo por qué ha tomado una mujer fuera de su grupo en lugar de casarse con su hermana, el primitivo le contesta riendo que si se hubiera casado con su hermana no habría tenido cuñado con el que salir a cazar”

En el caso de los animales, las hembras tienen periodos de celo en los cuales aceptan a los machos dominantes. Sin embargo, el caso de los humanos las hembras no tienen periodos de celo, están siempre disponibles para el macho. En los animales el macho se pavonea delante de la hembra esperando que ésta elija el mejor de ellos para procreación de su especie. En el caso de los hombres encontramos veces en que el macho paga al padre de su futura mujer para casarse con ella y veces en que es el padre el que paga el dinero a su futuro yerno si cree que con ese matrimonio ascenderá socialmente.

En cualquier caso podemos observar que el papel de la madre ha cambiado poco en todo este tiempo y sin embargo el del padre ha sufrido grandes modificaciones. Ha pasado de ser el que cumplía su función exclusivamente sexual, a ser el otro miembro de la pareja que cuidaba de la prole hasta el papel de “padre” tal y como lo entendemos actualmente.

Capitulo AnteriorVolver al Indice Capitulo Siguiente


acerca de | nota legal | condiciones de uso | contacto | Optimizada para Internet Explorer 800x600
© Empresas Filosóficas S.L. | joseantoniomarina.net | | Diseño web