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Banco Bibliográfico > Padres permisivos, hijos tiranos > Capitulo 3 : El don del padre

sin partes

CAPITULO 3. El don del padre

¿Qué sabemos de la muerte? Sabemos que nos afecta (cada vez menos debido al bombardeo de los medios de comunicación con el tema), nos entristece cuando es la de alguien querido. Pero nada sabemos de nuestra propia muerte, sólo podemos esperarla y no es una casualidad que el inconsciente la ignore.

La memoria es la otra gran cuestión que se empieza a abordar. Una memoria que nos permite saber que estamos en el tiempo, que nos permite volver al pasado pero sin modificarlo y pensar en el futuro pero sin llegar a él para saber si se cumplirán nuestros deseos. Y en ese tiempo que transcurre se pasa también de ver a los demás como meros individuos a los que temer o en el mejor de los casos sacar provecho de ellos a empezar a considerar el grupo como una estructura que permite adaptarse. Los grupos que permanecían unidos y no peleaban constantemente comenzaron a ver los beneficios de este nuevo sistema de estructura.

Esos grupos comenzaron a sedentarizarse, aunque todavía se mantuvo durante mucho tiempo el estilo de vida nómada. En el caso de la colonización de Estados Unidos, los indios no opusieron resistencia porque tenían un estilo de vida nómada, en el cual se movían de un lado a otro buscando caza, y sólo se sublevaron cuando vieron que el terreno que les habían dejado los colonizadores era minúsculo y que no podían moverse de allí.

En cualquier caso el hecho de que los grupos empezaran a ser sedentarios les libraba de tener que estar siempre velando por su supervivencia y permitirse investir libidinalmente el terreno, establecer lazos afectivos con él y hacerlo suyo.

Las preguntas sobre la muerte surgieron y con ellas las distintas religiones. El tipo de vida (nómada o sedentario) dieron respuestas diferentes a estas preguntas y por lo tanto crearon distintas religiones. El autor establece una relación muy estrecha “entre un entorno favorable, una madre abnegada y la idolatría” Efectivamente, aquellos que vivían en un entorno sedentario pensaban que se lo merecían todo, que tenían derecho a todo, y que había que dar gracias a las proveedoras, las madres, por ello. La madre aparecía como eterna proveedora de cuidados, y la creación de ídolos (lo que actualmente serían los ositos de peluche u objetos transicionales de Winnicott).

Incluso religiones más estructuradas como la Egipcia tenían multitud de ídolos que ayudaban a los sujetos y con una imagen de la madre como capaz de subvertir incluso la muerte. Efectivamente lo novedoso de este planteamiento fue el de una vida después de la muerte que ofrecía toda clase de comodidades. La religión griega también contaba con un Hades, el mundo subterráneo que permitía que la muerte no fuera el final de todo y con un panteón de dioses que eran idénticos a los humanos salvo por el hecho de que eran inmortales (una religión construida sobre la angustia de muerte nuevamente).

Sin embargo el nómada no ha podido investir afectivamente el terreno, se ha visto obligado a moverse de un lado a otro y todo lo que ha vivido y sufrido le hace desmentir las promesas del discurso materno y a tomar distancia de él. Este grupo construye algo totalmente distinto de las culturas sedentarias, construye una religión monoteísta. Y además la figura materna se aleja, se le quita importancia a favor de los grandes patriarcas.

La relación privilegiada con la tierra recuerda a la relación privilegiada con la madre. Y de hecho, el cristianismo no tuvo ningún impedimento en establecer la figura de maría en poblaciones sedentarias pero sí lo tuvo en establecerla en poblaciones nómadas. Sin embargo esta explicación puede ser algo esquemática y debemos tener más factores en cuenta.

El cristianismo tuvo mucho éxito y aceptación precisamente porque apeló a la idea de angustia de muerte. El más allá, el paraíso, el infierno… incluso el limbo creado en el siglo IX son ejemplos de esta construcción. En el Islam esta idea del Mas alla es todavía más fuerte con imágenes más vividas de la otra vida.

Las religiones orientales como el hinduismo o el budismo han optado sin embargo por preocuparse de otro tipo de cuestiones como la relación entre el alma y el cuerpo viendo a este como receptor de la primera que se reencarna sin cesar hasta alcanzar la perfección.

Todas estas religiones nos recuerdan a las piedras que se pusieron sobre aquel primer cadáver enterrado, sobre el miedo a la muerte que despertó en los que lo metieron bajo tierra. Las religiones son intentos de sepultar ese miedo, intentos de dominarlo. Y volviendo a estas costumbres primigenias ¿por qué no fue necesario establecer una ley para no tocar el fuego y sí lo fue para prohibir el incesto? nos recuerda el antopólogo Frazer. Naouri esboza una respuesta: fue necesaria una ley para prohibir el incesto porque nada atraía más al hombre que el incesto. El hijo desea incesantemente volver a la madre. Cuando nace un hermano adopta comportamientos regresivos como querer tomar el pecho y dormir con la madre. Quiere volver a la madre y evitar crecer y acercarse al término de la vida y a su vez la madre debe imponerle la ley porque si no, las consecuencias psicológicas son terribles.

Naouri nos narra la historia de un niño de 7 años con encopresis que decía constantemente que quería casarse con su madre. Todos los razonamientos lógicos que Naouri le proponía no eran suficientes, seguía en su empeño. Hizo falta que la madre se posicionara y que le dijera que ya tenía marido, que él era su hijo y lo quería pero que no iba a dejar a papá por él. El síntoma del niño desapareció en ese momento. Si no se hubiera hecho de este modo la encopresis habría desaparecido y el deseo de casarse con su madre también. Sin embargo esa huella que seguía ahí habría aprovechado la mínima ocasión para manifestarse de nuevo.

Naouri relata otra historia: la de dos padres muy preocupados porque su hija ha tenido una diarrea después de que naouri la examinara y dijera que no tenía nada. El padre en un estado de nervios va a pedirle cuentas al autor diciéndole que está muy nervioso por su hija y en gritos afirma que la adora y que se casará con ella cuando crezca. Naouri piensa que en la próxima sesión no se le olvidará a este padre preguntarle por su madre. Es muy frecuente este tipo de conductas. Muchas veces se justifican como los padres que se bañan desnudos con sus hijas alegando que tienen que conocer el cuerpo del sexo contrario, que es normal, que es para protegerlas de la mojigatería…

En los casos de incesto, en los que los padres rompen la ley, ha habido siempre una pulsión perversa de la madre hacia el hijo, y así mismo una pulsión del hijo a la madre a la que no le han puesto frenos como el primer caso antes citado. El incesto es una transgresión de la ley, una ruptura de las generaciones, y en el fondo, esa ruptura de las generaciones es un intento de congelación en el tiempo.

Los sistemas de parentesco son en última instancia los que nos informan de qué alianzas matrimoniales están permitidas y cuales no. También permite denominar a los parientes con los que se establecen los vínculos de afecto. Hay seis sistemas de parentesco. Nosotros pertenecemos al esquimal en el cual se nombra a todos los primos y tíos por igual independientemente de si son carnales, maternos… Pero por ejemplo en el sistema hawaiano a todos los tíos y tías se les llama madres y padres y a los primos hermanos. Este sistema impone una prohibición tajante a contraer matrimonio con los primos ya que son “hermanos”. El sistema iroqués establece diferencias según sea la rama paterna o materna en las demoninaciones. El sistema crow es muy complejo pero en última instancia también establece prohibiciones claras a unirse con personas de la misma familia. El sistema Omaha también tiene prohibiciones establecidas.

Mención especial recibe el último de los sistemas, el sudanés. En este sistema se recomiendan los matrimonios entre colaterales. Es el único sistema familiar que recomienda uniones dentro de la misma familia. Muchas veces este sistema familiar, propio por ejemplo de los magrebíes ha sido duramente atacado por otros sistemas como el nuestro (el esquimal) y puesto como punto de mira de pueblos a los que hay que “civilizar”.

Mirar hacia otras culturas copiando sus modos de crianza ha causado granes equívocos. Por ejemplo se pensó que dejar que el niño succionara el pecho cuando quisiera prevenía la succión del pulgar cuando esto no es así o tratar con ese grado de dedicación a los hijos (como hacen las madres africanas) tiene sentido en ese ambiente en el que la escasez de recursos no es la de las madres occidentales.

El resumen que se desprende de todo esto es que desde el principio de los tiempos los hombres han perseguido su satisfacción sexual apareándose con las hembras que eran las que podían darles una descendencia. En un momento dado cometieron un crimen que les facilitó acercarse a estas hembras pero a costa de orinar en ellos una angustia de muerte acompañada de una concepción del tiempo en el que vivían. Las mujeres sin embargo ya conocían esta angustia, la llevaban experimentando toda su historia con la pérdida de sus hijos.

Posteriormente se vieron obligados a crear la ley (del incesto) y para ello sellarla con construcciones familiares (las leyes de parentesco), religosas, linguísticas… Además los hombres comenzaron a establecer relación con esos hijos que habían nacido, inventaron condiciones para asegurar su estatus y su reconocimiento. De este modo el padre se hace guardián de la ley a la que él mismo se haya sometido.

A continuación Naouri nos cuenta un caso. Se trata de una mujer que tiene una aventura esporádica con un hombre estando casada de la que nace una niña. Algún tiempo después la mujer se casa con su jardinero, más joven que ella, y de esa relación nacen dos niños. Pero el primer marido aparece en escena reclamando a la hija que según él nació mientras su mujer seguía casada con él. La justicia establece que si la chica se niega a ver a su padre pasará a una institución y sólo podrá ver a la madre dos horas por la tarde. En este caso Naouri nos muestra como conviven tres figuras: un padre biológico, un padre social (el que la ley dicta como padre) y un tercero (el jardinero) al que la niña considera como su padre.

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