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Banco Bibliográfico > Los padres no se divorcian de sus hijos > Capitulo 4 : Sus respuestas, según edad y sexo

CAPITULO 4. Sus respuestas, según edad y sexo

¿Cómo responden? Las reacciones de los niños a la separación de los padres depende de muchos factores como la edad que tengan, cómo estaban emocionalmente antes de la separación… Un dato interesante es que los niños mayores cuando han estado enterados de la situación negativa entre sus padres antes de la separación “aprueban” la misma, cosa que no se da en los niños más pequeños. Las estadísticas nos dicen que los efectos más negativos de la separación de los padres son vividos por los niños en los primeros años después de la ruptura y van disminuyendo (aprox. dos años después de la misma han desparecido por completo).

Menores de 3 años. Aquí hay que diferenciar entre aquellos niños que han presenciado una situación conflictiva anterior a la separación de aquellos niños que no han vivido esta situación (en tal caso no tiene por qué afectarles la separación). Lo que sí viven los niños es la separación del vínculo, el apego se va debilitando cuando uno de los padres está ausente y antes estaba presente.

De 3 a 5 años. Los niños están rodeados de casos de separación en el colegio, conocen lo que es una separación por medio de sus compañeros o por comentarios de sus profesores. Esta es la época de la ansiedad de separación y los niños experimentan mucho miedo a que sus padres se vayan, a cualquier cosa que signifique separarse de ellos. Uno de los miedos es que si se ha ido uno de los progenitores el otro también se vaya.

Se hacen más pequeños. Cuando los niños sienten mucha ansiedad pueden experimentar una regresión (consciente o inconsciente) a otra etapa de su desarrollo en la que se sentían seguros. En algunas ocasiones cuando los padres se separan el niño se comporta como si fuera más pequeño en un intento de volver a un estadío evolutivo en el que su padre y su madre le cuidaban.

Siguen fantaseando. Algunos niños experimentan fantasías de “negación de la separación” en la que inventan historias para negar la realidad que están viviendo. También es frecuente que como medio de “llenar” el espacio que ha dejado el padre ausente muchos niños quieren tener más trato con abuelos o tios. Aparecen fantasías agresivas y juegos agresivos e irritabilidad (cuidado con una posible depresión enmascarada detrás de estos síntomas)

Niños de 6 a 8 años. Algunos autores afirman que los niños son capaces de comprender de manera razonada la separación de sus padres a partir de los 7 años. El aceptar y reconocer esta situación les permite también elaborar un proceso de duelo. Las fantasías de reunificación son muy normales a esta edad así como inventar estrategias para que los padres vuelvan a estar juntos. Otras manifestaciones frecuentes en este momento son los conflictos de lealtad por uno de los padres; algunas reacciones de tipo depresivo; sentimientos de lástima por el padre que se ha ido; e inhibición de la agresividad y la crítica hacia el padre que se ha ido.

Difícil identificación con los padres. Una de las secuelas más importantes de la separación de los padres es que se resiente el proceso natural de identificación con uno de los padres. Es importante que los niños encuentren un modelo en el que identificarse, un “padre suplente”. El niño necesita un modelo de masculinidad que a veces encuentra en la figura del abuelo pero es fundamental que el hijo varón tenga una presencia masculina y que la niña tenga una presencia femenina. Si el niño no tiene un modelo de su mismo sexo para identificarse se produce en él una “hemiplejia simbólica”.

Mayores de 9 a 12 años. En esta edad los niños comprenden mucho mejor la realidad, la ven con más claridad. El niño a esta edad es mucho más capaz de enfadarse con sus padres que en la etapa anterior. El niño puede hacer alianza con uno de los progenitores contra el otro y son frecuentes las manifestaciones psicosomáticas (dolores de cabeza, de estómago…) Los niños de esta edad con padres separados parecen más independientes y más maduros pero no por ello están realmente más capacitados para ello.

Jóvenes de 13 a 18 años. Lo más característico en el adolescente cuando se separan sus padres es la aparición de un sentimiento de pérdida. Es normal que los adolescentes rechacen a sus padres y busquen identificarse con sus iguales, pero en los chicos de padres separados este rechazo se hace mucho más patente. El autor advierte que las tendencias depresivas de un adolescente unidas a la separación de los padres pueden provocar un intento de suicidio y que hay que estar muy atentos a ello. Otros adolescentes cuando sus padres se separan parece como si aplazaran la entrada en la adolescencia, quedándose en comportamientos muy infantiles.

Las niñas se afectan menos que los niños. Los estudios demuestran que la ausencia del progenitor del mismo sexo repercute negativamente en el desarrollo del niño tanto a nivel cognitivo como emocional. El autor de nuevo insiste mucho en que los niños deben contar con un progenitor del mismo sexo para poder identificarse con él. Como los niños suelen quedar bajo la tutela de la madre, las niñas se resienten menos de la separación que los niños. Está completamente demostrado (según el autor) que los niños presentan problemas de ajuste mientras que las niñas no. En el caso de que sea el padre el que tiene la custodia la niña se resiente más que el niño. A esto hay que sumar que los niños exteriorizan mucho más sus emociones frente a la separación que las niñas.

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