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Banco Bibliográfico > The Youth Charter > Capitulo 1 : Windsor, 1997-1998

La necesidad

CAPITULO 1. Windsor, 1997-1998

El autor relata, en forma de diario de un profesor, que pasa posteriormente a ser director del colegio, la situación de una comunidad típica de los suburbios en Estados Unidos. Es una escuela en la que el profesor, en sus primeros dos años, encuentra todo tipo de problemas, en una comunidad donde la gente vive aislada unos de otros, sin confianza mutua y con mucho cinismo. Es la exposición en forma de ficción de los problemas de una comunidad, basándose en la escuela, que el autor ha ido encontrando en sus investigaciones, pero también la que todos hemos observado de un modo u otro. En los siguientes capítulos el autor explica cómo este barrio se convierte en una comunidad unida que trabaja para crear un entorno de desarrollo para los jóvenes, y cómo van encontrando la manera compartida de educar bien a sus hijos. Empieza el profesor Castor relatando su llegada al colegio: la escuela está llena de grafitis, las relaciones entre los profesores y su trabajo están marcados por contratos legales, que les imponen muchas limitaciones y causan frustración en algunos de ellos (enseñar ya no parece un asunto de vocación), algunos chicos fuman en los lavabos y están intentando poner un guardián (el profesor Castor se supone que tiene que encontrar la solución, pero no se le ocurre nada), algunos alumnos son tan rebeldes como para decir a los profesores: “de qué estáis hablando, si la escuela es nuestra, no vuestra”. Sigue relatando los problemas, y explica que han decidido poner un policía a patrullar por la escuela, y aunque la comunidad es próspera y tranquila, algunos alumnos consiguen engañarle y mantienen su mal comportamiento. Un alumno ha sido cogido robando el dinero de la comida a otros, su madre está indignada porque le están “enseñando a robar”, y la escuela tiene una política que “impide dar a los alumnos un feedback negativo, porque eso dañaría su autoconcepto”. Se limitan a decir al chico que su comportamiento no es cooperativo y que no será bien aceptado por los demás alumnos, el chico dice que sus profesores no tienen problema con eso que ha hecho, que por qué el profesor Castor se preocupa.
Según va relatando estos problemas, cuenta también experiencias positivas, como una clase en la que han estudiado con mucha energía las desigualdades sociales mientras hablaban sobre lo que les hacía sentirse orgullosos de sus padres, o bien un grupo de alumnos que está aprendiendo a cantar gospel – pero el distrito escolar ha reducido las actividades extraescolares y las clases de música son muy escasas-. Tienen un problema de racismo, con un estudiante asiático, y los profesores tratan de poner freno al problema, sin darle la trascendencia que tiene. Algunos alumnos escriben una carta de protesta al periódico local, dirigidos por el profesor al que retiraron el presupuesto de música, quejándose de la “insensibilidad” del colegio ante sus peticiones (aunque estas eran absurdas y llenas de cinismo, como pedir que el la celebración de Acción de Gracias se pudiese ir al colegio porque eran vegetarianos y estaban en contra de comer pavo, de lo cual pasaron a quejarse las celebraciones de Navidad, por motivos de creencias religiosas). Por su parte, muchos padres van al colegio a hablar con los profesores como si fuesen abogados o agentes de sus hijos, cuando fracasan en algo, en lugar de intentar que el alumno lo intente con más fuerza la siguiente vez. Son capaces de “señalar” a un profesor y lograr que le despidan, o de conseguir que un profesor les suba las notas a sus hijos.
En la reunión del distrito escolar los expertos y responsables les confirman que sus aproximaciones didácticas son correctas, pero aunque las ideas parecen buenas, no funcionan y nadie parece dispuesto a tratar el problema. El profesor relata su experiencia de manera algo cínica o desencantada, pero tiene claro cual es el problema: los alumnos no se esfuerzan, y muchos de ellos ni siquiera quieren estar en clase. Considera que la dificultad es cómo enseñar a los chicos que no están interesados en la escuela: cada año menos alumnos van a la escuela dispuestos a aprender – deseando aprender-, cerrados por completo a la idea del aprendizaje escolar. En su entorno, todas las influencias desprestigian el colegio, o lo hacen parecer aburrido – que no es “guay”-, incluidos padres y amigos. “No importa lo que hagamos dentro del colegio, no importa lo personalizada que sean las experiencias de aprendizaje o los laboratorios de ordenadores que creemos, estos chicos todavía están desconectados de la escuela. Todo lo que hay fuera de la escuela les ha preparado para despreciarla. Los reformadores escolares parecen ignorar este hecho poco agradable, quizás porque siempre han amado ellos la escuela y están cegados por su pasión y el orgullo por su trabajo. Sin embargo, nuestro equipo no ha perdido el sentido de la realidad. Nadie se tomó en serio ese taller. Me temo que todo este esfuerzo no está sirviendo para nada” (p. 11).
Otros problemas que el profesor va relatando: alumnos que copian en clase, problemas de los jóvenes en países europeos – violencia alrededor del deporte-, falta de entusiasmo de alumnos y padres en las actividades de convivencia (como ir a una excursión en fin de semana), un alumno que le tira un libro a un profesor y le rompe las gafas, y éste acusa al alumno de asalto aunque es muy joven. Castor escribe: “Asalto. La palabra se utiliza mucho cuando hablamos de los chicos. Cuando son muy jóvenes, nos preocupamos de que estén en el extremo en el que sufren el asalto. Antes de darnos cuenta, el asaltado se convierte en el asaltante. ¿O hemos creado un clima en el que todo el mundo está o bien siendo asaltado o se siente de esa manera?” (p. 16). Un nuevo problema, que tampoco los alumnos interpretan como algo serio, sino que casi lo viven con orgullo: seis embarazos adolescentes en lo que llevan de curso. La prevención de la educación sexual parece no tener resultados, las chicas, cuando se quedan embarazadas, reciben orientación, forman “clubs de bebés” y la aproximación oficial al problema es apoyarlas en su maternidad y no criticarla. Los profesores tienen que aconsejarles qué hacer, pero no saben cómo, se sienten “out of touch”, desconectados del problema. El narrador se da una vuelta con dos alumnos por su comunidad: parecen poco activos, los adolescentes, muchos fuman, están “por ahí” (hanging out), los campos de deporte están vacíos y hay pocos niños en los sitios de juego al aire libre, porque están viendo la televisión – entre 3 y 4 horas al día entre semana, y unas 7 horas los fines de semana-.
En una zona apartada los chicos están participando en todo tipo de comportamientos de riesgo, como beber, apostar dinero, en un sitio rodeado de basura: el profesor decide informar de esto a la Policía. Pero los oficiales le responden, irritados, que no se puede arrestar a un adolescente sin una buena razón. Los Servicios Sociales tampoco responden, no pueden hacer nada y no tienen autorización para abordar el problema. Estos chicos, con estos hábitos, suelen molestar a los que van bien en el colegio y no se comportan de esta manera. Los buenos alumnos suelen reaccionar de una manera no agresiva, mantienen la relación con estos alumnos con malas costumbres, y han aprendido a endurecerse, a mantener para sí mismos sus pensamientos, intereses y ambiciones, y a no “mostrárselos a la cara”. Otros alumnos son más vulnerables y se toman más en serio ese mal ambiente, necesitan apoyo pero no suelen recibirlo, ni de sus padres ni de sus profesores, que les dicen que se relajen, que las cosas son así. Son chicos que se suelen sentir muy solos, que se mantienen un poco al margen, observando a otros que lideran las cosas, pero que no tienen buenos hábitos. Aunque el profesor intenta hacer de consejero escolar, el alumno acude sin regularidad, posiblemente porque les averguenza, y son chicos que se sienten intimidados constantemente, aunque muchas veces están claramente en lo correcto. A final de curso, en una fiesta, los dos alumnos que estaban más cerca del profesor Castor, una chica y un chico, los que toma de ejemplo de quienes podrían destacar pero están anulados por el ambiente escolar, tienen un accidente de coche por conducir bebidos y la chica muere. El relato del curso escolar termina de esta manera terrible: la confusión, el enfado y el aislamiento caracterizan la forma como la comunidad responde al problema. Investigan quienes son los posibles responsables, de forma legal, se producen muchas discusiones, pero no encuentran una manera constructiva de afrontar la tragedia: “La ciudad responde a cada uno como una familia que se está disolviendo, disfuncional. Cuando la ciudad puede escurrir el bulto, intentará ignorar cualquier crisis, pretendiendo que es solo una anomalía. Pero cuando el desastre es demasiado horrible como para ignorarlo, encontrarmos una manera de convertirlo en una desgracia que se va extendiendo, en lugar de intentar resolverlo o aprender de ello” (p. 23).

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