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Banco Bibliográfico > The Youth Charter > Capitulo 2 : Windsor, 1998-1999

La necesidad

CAPITULO 2. Windsor, 1998-1999

Al comenzar el siguiente curso, el profesor Castor se ha ido dando cuenta, a lo largo del verano, de que hay otras personas en la ciudad que se sienten como él. Han ido hablando sobre el fracaso que ven en la educación de los jóvenes, y han decidido reunirse un empresario, una médico, el profesor, unos padres, el director del colegio, en un pequeño grupo, de manera totalmente informal, para discutir sobre cómo mejorar la educación a los jóvenes en esa comunidad. Los objetivos que han puesto por escrito en una primera reunión son: llamar a una reunión de la ciudad en el que todo el mundo que tiene relación con los jovenes y puede influirles de manera positiva pueda asistir, intentar en la reunión llegar a acuerdos sobre lo que se debería hacer (expectativas que deben tenerse respecto de los jóvenes, cómo hacerles llegar esas normas), que la reunión sea pública y abierta a todos – sin esconder nada y con los medios como parte del proceso-, y que suponga el comienzo de un proceso de transformación de la ciudad, en el que sus propios habitantes puedan trabajar juntos para resolver sus problemas. El autor narra, ya desde su perspectiva, siguiendo el caso de ficción de la ciudad de Windsor, cómo se producen esas primeras reuniones, en las que el profesor Castor se encarga de tomar nota de todo lo que se discute. Aunque todos se sienten ante una serie de fracasos educativos, el ambiente es positivo, discuten con inteligencia y con buenas intenciones, y comienzan por pensar con seriedad sobre qué valores comunes tienen que encontrar para educar bien a los jóvenes. Forman un grupo que expone y recoge las ideas de todos, y surgen preocupaciones, como por ejemplo qué sucede si este grupo se convierte en una especie de “gran hermano”, que vigila la comunidad, o cual ha sido el papel del colegio en esos fracasos, pero consiguen sortear esos problemas y se consolida ese grupo de trabajo. Eligen al periodista local para seguir ese proceso cívico que inician, y logran establecer siete puntos que son metas de trabajo:
1. Definir expectativas compartidas y normas para el comportamiento de los jóvenes
2. Discutir cómo los adultos pueden comunicarlos y cómo pueden participar en el proceso los jóvenes
3. Crear formas de que los adultos puedan apoyar los esfuerzos de los demás, abriendo líneas de comunicación más fuertes entre ellos y los jóvenes, para saber cómo se pueden prevenir que caigan en los problemas
4. Identificar organizaciones e instituciones que puedan ayudar: colegios, bibliotecas, clubs de deporte, iglesias, agentes sociales (policía, servicios sociales), medios de comunicación.
5. Descubrir por qué no se está educando bien: ¿Cuáles son los obstáculos? ¿Qué se ha ido perdiendo en los últimos años? ¿Qué ha ido mal y cómo podemos corregirlo para vuelva a ir bien?
6. Para lograr esas metas específicas, crear los grupos de trabajo y los planes de acción necesarios, que se centren en los problemas.
7. Para evitar darle vueltas a las cosas, tener desacuerdos, llegar a callejones sin salida, o tomar direcciones equivocadas, hay que dejar fuera de la mesa los debates políticos, las controversias calientes, las doctrinas ideológicas y lo que forme parte de la privacidad o confidencialidad de cada uno.
Acuerdan algo también importante: considerarse todos como personas que intentan educar a sus hijos de la mejor manera posible, para lo cual tienen que superar las divisiones pasadas, dejando aparte cualquier diferencia entre ellos. Se forman pequeños grupos de discusión para tratar temas concretos. Las preocupaciones que van identificando y sobre las que trabajan, son las siguientes: copiar en clase, uso de drogas o alcohol, conducta sexual, música rap, resultados escolares, actitudes hacia el trabajo y el servicio a la comunidad, horas de irse a dormir y de no estar por la calle, códigos de vestimenta, estilos de peinado y tatuajes, fumar, violencia en la escuela y alrededor, deportes, dinero, coches, amigos. Enseguida se encontró, sobre cada tema de discusión, unas normas comunes: algunos principios básicos se fueron concretando en una lista de “normas y expectativas”, junto con posibles soluciones.
Trataron en esa reunión dos temas, copiar en la escuela y pintar graffitis en las calles, y sobre los dos elaboraron unas notas en las que se valoraban las consecuencias de esos dos problemas, para enfocar el problema y tomar una postura común. Al terminar esta reunión, el periodista elaboró una historia para su periódico: “Ciudadanos se reúnen para trabajar sobre las normas y expectativas para los jóvenes”. Al finalizar el curso, estas reuniones cívicas habían dado lugar a sucesivas discusiones de seguimiento de los problemas, a trabajos en comités, a planificar actividades. Se reunieron en las escuelas y los jóvenes empezaron a participar en esos encuentros, también en la biblioteca, en el centro comunitario, en iglesias de la ciudad, o en un club local de jóvenes. Al dispersar los centros de actividad y de debate, querían alcanzar a cuanta más gente fuese posible, con una gran participación por parte de algunos profesores, que tenían mucho que decir sobre las dimensiones sociales y académicas del desarrollo de los jóvenes. Aunque los problemas en la escuela seguían presentes, el profesor Castor sentía que al menos estaban haciendo algo. Estaban ya trabajando con vigor, como una comunidad, pero la decadencia de los valores educativos todavía amenazaba con desbordarles a todos. La gran diferencia es que Castor, y otros educadores, ya se sentían capaces de responder a las situaciones conflictivas, y también otros agentes sociales y padres, acudían a este grupo para encontrar respuestas a los problemas, se movilizaban, sorteaban las reacciones enfrentadas y afrontaban lo que antes quedaba sin resolverse: como el mal comportamiento de los jóvenes en las calles, los malos resultados escolares, etc… Como demostración de que estaban realmente empezando a cambiar las cosas, al final de su segundo curso como profesor, Castor consiguió que se limpiasen las pintadas de la escuela, lo que al principio le había parecido que solo le molestaba a él, había terminado siendo un asunto de todos, resuelto por la comunidad.

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