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Banco Bibliográfico > The Youth Charter > Capitulo 3 : Cartas de Jóvenes

La necesidad

CAPITULO 3. Cartas de Jóvenes

“Una carta de jóvenes es un conjunto de normas y de expectativas coherente para el comportamiento de los jóvenes, compartido por todas las personas importantes en la vida de un joven. La carta puede incluir normas morales como la honestidad, la compasión, la decencia, la justicia, el respeto y la responsabilidad. Puede incluir criterios relacionados con el trabajo como la excelencia en los estudios o las actividades vocacionales. Puede incluir normas para la seguridad física y la salud, como evitar el abuso de las drogas, aprender buenos hábitos de salud y de higiene, o adquirir el dominio de un deporte. Puede incluir expectativas de servicio a la familia, a los amigos, a la comunidad. Puede incluir metas espirituales como la búsqueda de propósitos trascendentes por encima y más allá de uno mismo” (p. 43).
Es un acuerdo básico sobre cómo orientar el desarrollo de los jóvenes. Suele ser informal y no escrita, con muchos puntos abiertos, y se manifiesta en las relaciones cotidianas con los jóvenes, participando todas las personas de una comunidad que tienen sobre ellos una influencia educativa. Las normas y expectativas se expresan en respuesta a cualquiera de los desafíos que se van encontrando en su desarrollo los jóvenes, y si se hace de manera consistente, por todos los adultos que están educando a un joven, estas normas y expectativas se comprenden y reciben el apoyo de las personas en desarrollo. Es necesario un sentido de la comunidad fuerte, y una conciencia clara de las creencias compartidas. Muchas comunidades se han visto en peligro por unas fuerzas culturales desintegradoras, que han hecho de una ciudad un “agregado de gente”, en lugar de una comunidad de personas. Pero una comunidad que quiere educar bien a sus jóvenes puede dar pasos para construir estas cartas de jóvenes – que son prácticas, formas de resolver los problemas y no declaraciones-. Cómo se realiza este proceso, que el autor ha ejemplificado en el capítulo anterior.
Comienza por reunir a adultos en posiciones de influencia sobre el desarrollo de los jóvenes. Se discuten en una primera reunión normas y expectativas. Pueden referirse al modo de afrontar problemas o al modo de aprovechar oportunidades para el desarrollo sano de los jóvenes. “Las discusiones tienen como objetivo determinar la manera como la comunidad puede ayudar a los jóvenes a adquirir las habilidades, el carácter, y el sentido del propósito que necesitan para una vida con éxito y satisfactoria” (p. 45). Tras las reuniones iniciales hay otros encuentros para trabajar sobre lo concreto y que participen los jóvenes de la comunidad, y se forman grupos de trabajo para tratar problemas o descubrir oportunidades. Esto abre nuevas vías de comunicación entre los adultos y los jóvenes. Las discusiones tienen que identificar normas esenciales que proporcionen las bases para una respuesta constructiva a los problemas urgentes o las crisis. La ambivalencia sobre el significado moral de los problemas de los jóvenes impiden mucho la prevención o la sanción de los comportamientos indeseados: al discutir la carta de los jóvenes, una comunidad puede definir y aplicar unas normas esenciales. Es la discusión la que logra una comprensión compartida de por qué son necesarias esas normas y de dónde proviene su validez.
El autor proporciona ejemplos reales de los principios comunes, las resoluciones, los planes de acción y los grupos de trabajo con los que van a afrontar problemas, como el que los alumnos hagan trampas en la escuela, o que tomen drogas o beban alcohol. Construyen redes y ponen en práctica planes de acción. Por ejemplo, con respecto al tiempo que los adolescentes tienen libre después de la escuela, una comunidad estableció los siguientes objetivos: a) crear más espacios seguros y con interés, para los jóvenes, b) promover los beneficios del deporte entre los jóvenes y reducir su coste, c) prevenir el consumo de drogas y alcohol entre los jóvenes, d) promover una conciencia espiritual y el servicio comunitario entre los jóvenes. Estas cartas reflejan virtudes fundamentales al ser humano, incorporando normas y expectativas, y a diferencia de la educación del carácter (o en valores) no enseñan sobre estos conceptos, sino que les proporcionan directamente a los jóvenes unos criterios de comportamiento en sus contextos cotidianos, al mismo tiempo que diseñan un procedimiento realista para coordinar esas expectativas, hacerlas posible, lo cual requiere mejorar los contextos reales y comunicarse con los jóvenes.
Algunos requisitos comunes a las cartas para jóvenes son los siguientes:
- Trata cuestiones esenciales del carácter y la competencia (moralidad y logro), necesarias para ser un ciudadano responsable
- Proporciona altas expectativas para el logro y el servicio de los jóvenes
- Proporciona límites, prohibiciones y sanciones para el comportamiento que viola las normas de la comunidad
- No se limita a una serie de prohibiciones, sino que proporciona a los jóvenes un sentido de propósito coherente y positivo
- Se centra en áreas de acuerdo común, más que en las diferencias de ideología, en dogmatismos, o en polarizar los temas controvertidos
- Incluye mecanismos para identificar las normas compartidas y negociar entre partes que tienen intereses y opiniones en conflicto
- Incluye mecanismos para comunicar las normas y expectativas acordadas a los jóvenes
Estas cartas deben ser instrumentos de comunicación muy potentes, que ayuden a los jóvenes a saber qué reacción pueden esperar de los demás ante sus comportamientos. Pueden crear buenos lazos entre padres e hijos, y entre los jóvenes y su comunidad. Es un contrato voluntario entre las personas que forman una misma comunidad y su misión es ayudar el desarrollo sano de los jóvenes (de todos ellos). No es un documento formal, aunque puede escribirse: es un proceso, una estrategia, son propuestas, metas, declaraciones de intenciones de lo que se quiere hacer, un conjunto de procedimientos. “Se puede denominar una declaración moral, ya sea escrita o verbal. Pero no tiene ninguna fuerza para obligar más el sentido de obligación personal que cada uno haya elegido” (p. 48). Cuando tiene éxito, esta carta de los jóvenes impregna toda la vida de una comunidad, como instrumento educativo, transformando todos los sitios en donde se pone en marcha, desde un centro de deportes hasta una biblioteca, mejorando mucho la efectividad de cualquier institución que realiza algún servicio para los jóvenes. La comunidad acepta sus obligaciones de educar, con lo que las familias o la escuela no se encuentran ya tan solos en esa tarea. Es una estrategia educativa que era lo normal en las comunidades de siglos pasados, en donde el mundo social del niño estaba compuesto de un conjunto de normas y expectativas, y no se dudaba de que fuesen necesarias para proporcionar orientación a los hijos – es decir, que existían esas cartas de jóvenes y todo el mundo las conocía y las aplicaba-. Existen en muchas comunidades, unas veces de forma implícita, otras explícitamente, más frecuentemente en pequeñas ciudades o pueblos. “No es sorprendente que los jóvenes que crecen en comunidades con cartas de jóvenes van mejor en casi todos los aspectos de su desarrollo, que los jóvenes que crecen en sitios sin ellas” (p. 49). Francis Ianni ha descubierto que las expectativas coherentes entre la gente y las instituciones, son para la vida de un joven el elemento más decisivo para tener éxito en su adaptación a la vida. Es la armonía entre lo que las instituciones dicen y los adolescentes, la que forma el “concierto” de sus experiencias.
Este conjunto de expectativas y normas creíbles forman una estructura predecible para los jóvenes, que guía su movimiento entre el estatus de niño y el de adulto, estableciendo unas metas creíbles y alcanzables: a esto lo denominó Ianni “carta de jóvenes”. Sin embargo son la excepción las comunidades donde están en marcha, más que la regla en nuestra sociedad. Escuelas, familias, grupos de amigos, instituciones locales, medios de comunicación, el mercado de trabajo, están enviando mensajes sin coherencia, o directamente destructivos, a los jóvenes. Esto es lo que crea contextos fragmentados y confusos para el desarrollo de los jóvenes, haciendo que la relación entre la familia, el trabajo y la escuela sea discordante, en demasiadas ocasiones, y por esto muchos jóvenes no logran responder a las altas expectativas. Al estar ausentes muchos de los antiguos modelos de comportamiento, la guía que proporcionan unas generaciones a otras es menos frecuente y aumenta el aislamiento: se ha diluido el sentido de comunidad y las instituciones se culpan entre ellas por los problemas de los jóvenes, es una fragmentación que perjudica mucho al desarrollo de los jóvenes. No se puede olvidar que los entornos educativos se conectan entre ellos a través del contacto con los jóvenes (familias, escuelas, equipos deportivos, lugares de trabajo, agencias para la juventud, instituciones religiosas). “La formación de la identidad de una persona joven, enraízada inicialmente en la familia, está por tanto conformada por un sentido de la pertenencia a la comunidad, mediante la participación en equipos de deportes, clubs de tiempo libre, instituciones religiosas y trabajos. En tales comunidades hay una concordancia entre las normas de la cultura de los iguales y las de los adultos” (p. 51).
Para crear buenas estructuras que orienten a los jóvenes se tienen que cumplir algunas condiciones:
- Familias, escuelas, comunidades, tienen que proporcionar un sentido coherente de la orientación
- Las relaciones deben dar apoyo, siendo ejemplo y comunicando estándares de comportamiento altos
- Las actividades tienen que implicar a los jóvenes en busca de metas que encuentren desafiantes e inspiradoras
- Tiene que haber trayectorias seguras y fiables que permitan a los jóvenes desarrollar sus habilidades en su máximo potencial, encontrar el propósito, el sentido, la esperanza, la aspiración que va a fortalecer sus vidas tanto en los buenos momentos como en los malos

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