nombre
 
contraseña Entrar
Registrarse | Olvidó su contraseña
Banco Bibliográfico > The Youth Charter > Capitulo 4 : Orientación en el ámbito de la familia

Escenarios para la orientación y el crecimiento

CAPITULO 4. Orientación en el ámbito de la familia

Muchos padres sienten que las principales fuerzas que orientan a sus hijos, en sus creencias y comportamientos, se les han ido de las manos. No suelen confiar en los consejos que pueden leer sobre cómo educar a sus hijos, en otros casos no se fían de otros adultos con funciones educativas. Los padres se sienten aislados, educando en un mundo de valores muy cuestionables y de personas que no les dan confianza, con las que sienten que no pueden contar. Sus ideas serias sobre lo que es bueno para sus hijos están siendo minadas de manera constante por la sociedad. Muchos padres han llegado a un sentimiento de impotencia, de que no tienen la capacidad de dar forma a las influencias que recibe su hijo en su desarrollo. Para recuperar ese poder de educar los padres tienen que formar parte de esfuerzos colectivos por enseñar estándares intelectuales y morales elevados a toda la nueva generación. En ese proyecto los padres se van a encontrar con muchos aliados, personas y organizaciones de la comunidad, y un propósito de las cartas de jóvenes (entendidas como proceso) es ayudar a los padres a abrir líneas de comunicación y lograr muchas fuentes de apoyo. ¿Cómo pueden prever los padres las situaciones de riesgo, como la bebida entre los adolescentes? ¿Cómo evitar llegar a situaciones desgraciadas? No es sencillo encontrar la solución educativa a estos problemas en la práctica, pero sí es posible lograr un aucerdo básico, sobre el que seguir trabajando, en estos temas sensibles: las discusiones de la carta de jóvenes permiten a las familias identificar en qué áreas están de acuerdo, y qué cursos de acción pueden tomar ante problemas críticos, como la bebida entre los jóvenes: ¿qué es mejor hacer colectivamente? Cuando acuerdan comunicar unos estándares de comportamiento a los jóvenes (a sus hijos) y también a los padres de otros chicos, que a lo mejor no están participando en ese proceso, y acuerdan cómo hacer cumplir esos criterios, aunque queden otras decisiones a tomar por cada familia, por ejemplo: acuerdan qué hacer ante el problema de la bebida en la calle, pero respecto de beber en casa, cada padre decide lo que le parece mejor. Pueden también comunicar de manera pública que esperan de escuelas y otras organizaciones que sigan los mismos estándares, y se esfuercen por responder de la misma manera a los problemas. Cuando se alcanza un criterio común, se dejan de lado los desacuerdos y se logra una legitimidad mayor, más credibilidad cuanto más gente se apunta, y los padres sienten que tienen un control mayor sobre la vida de sus hijos, que se puede volver más segura y ellos están más confiados – aunque solo signifique un pequeño progreso, permite salir de esa incapacidad para educar-.
El autor trata a continuación temas de importancia en la educación familiar, sobre los que trabajar en el proceso de una carta de jóvenes: la importancia de los hábitos saludables para la formación del carácter de los hijos, los años de formación de hábitos, tareas y responsabilidades, disciplina y normas familiares, qué hacer cuando las cosas van mal (conflictos, separación o pérdidas). Empezando por los hábitos saludables – en el sentido de positivos-, se ha comprobado que “los jóvenes con talento – niños y adolescentes cuyos logros en las artes y las ciencias destacan sobre los de sus iguales- invariablemente han adquirido un fuerte sentido de la disciplina y el hábito. El desarrollo de los talentos es más fácil, escriben los autores expertos en el estudio de esta área, es más fácil para los adolescentes que han aprendido hábitos que conducen y cultivan el talento” (p. 65). – el autor meciona un libro de Csikszentmihalyi, Rathunde, Whalen “Talented teenagers: The roots of success and failure” (New York, Cambridge University Press, 1993)-. Son adolescentes capaces de trabajar más en sus tareas, son más persistentes. Estos hábitos se forman en la familia, desde la primera infancia. Y su capacidad de trabajar duro no bloquea su expresión creativa, sino que la aumenta. Hay dos obstáculos que pueden impedir a los padres educar los hábitos que construyen el carácter y la competencia de los chicos: la educación centrada en el niño, egocéntrica, que les impide ver las cosas desde otras perspectivas (sobre todo si es así desde pequeños), y la incertidumbre social sobre los criterios de comportamiento, la debilidad de la comunidad en cuanto carta para los jóvenes. Pero los padres tienen dos aliados para educar a los hijos en la competencia y el carácter: los niños nacen con un repertorio de disposiciones morales muy rico (que les inclina a llevarse bien con los demás, con un potencial prosocial), y su segundo aliado es el potencial de apoyo que se puede encontrar en una comunidad, porque aunque vivimos en una sociedad fragmentada, el aislamiento no es tan definitivo y hay mucha gente con un fuerte sentido de la comunidad. Las cartas de jóvenes pueden crear este sentido de comunidad para los padres, y les puede ayudar a evitar la educación equivocada, que pone el énfasis en exceso en las necesidades de los niños y no en sus talentos y capacidades morales. El niño está inicialmente centrado en sí mismo, y necesita una orientación de sus cuidadores para desarrollar su disposición moral natural.
Sobre esta primera consideración – creación de buenos hábitos, o recursos en nuestro modelo-, el autor estudia cuales son los principios con los que los padres pueden educar a sus hijos, considerando que son principios de sentido común, muy necesarios y que se pueden estar perdiendo. La carta de jóvenes tiene un componente de “homefront”, la batalla en casa, contra esa educación que impide el buen desarrollo de los jóvenes. Unos principios educativos claros, junto con el proceso de creación de una carta de jóvenes, marcará la diferencia en una comunidad, en cuanto contexto de desarrollo.
Dos principios básicos del desarrollo del niño, durante los primeros años, en los que se están formando sus hábitos: los niños aprenden con una capacidad asombrosa de los mensajes que reciben en casi cualquier situación en la que se encuentran, y las funciones físicas de un niño y sus tareas más básicas, así como las interacciones más sencillas con los demás, conllevan muchos mensajes para los niños. Por tanto, hay que educar con dos ideas demostradas: los niños aprenden rápido y están muy motivados para aprender, y los niños son observadores agudos de su entorno real. Sobre estos dos principios educativos se pueden comprender las tareas que van afrontando los niños y cómo logran dominarlas con la ayuda adecuada. Por ejemplo, respecto de la alimentación sana (un hábito saludable a fomentar), no lo aprenderán si les enseñamos que los alimentos pueden ser recompensas o gratificaciones, en vez de nutrición, ni tampoco si sostenemos modelos de delgadez contradictorios con el tipo de alimentación que llevamos. Los jóvenes, al vivir en un entorno que les educa mal en este hábito, se encuentran con facilidad ante una encrucijada que les confunde. En su lugar, necesitan un entorno predecible y orientación para adquirir los hábitos iniciales de autocontrol. Las funciones primarias de regulación, como en el sueño y la alimentación, tienen que seguir unas normas de enseñanza:
- Rutinas regulares que sean predecibles y orden sus funciones básicas vitales
- Encontrar un equilibrio entre los deseos del niño y las rutinas básicas de la familia
- Enseñarles a desarrollar esas funciones básicas de manera que tengan un respeto creciente por la sociedad y sus normas generales
- Enseñar hábitos que ayuden a los niños a afrontar demandas posteriores
Respecto de las tareas y responsabilidades, el principio educativo es que la responsabilidad personal es necesaria para el desarrollo de un carácter serio, además de que conlleva un sentido del servicio hacia otras personas, de cuidado: crecer supone saber equilibrar las propias necesidades con las de los demás. Se adquiere de manera más fuerte en los primeros años, en los que ayudar es una manera de demostrar su competencia y adquirir habilidades esenciales para la convivencia. Las orientaciones, o normas para enseñarles estos hábitos, son:
- Los niños de todas las edades deberían tener obligaciones en la casa, en las que se hagan responsables de algunas cosas
- Las tareas de casa encargadas a los niños deberían ser pequeñas, de acuerdo a su edad y regulares
- Los niños no deben esperar recibir dinero a cambio de realizar estas tareas
La disciplina y las normas familiares es uno de los temás alrededor del cual giran muchos de los conflictos y ansiedades en la educación en casa. Muchos padres pasan del control excesivo a la permisividad: hablar-persuadir-enfadarse-discutir-pegar, como si se formase un síndrome en el que los padres terminan sufriendo ellos mismos pataletas, por no ser capaces de fijar y hacer cumplir unas normas en casa. La mejor forma es la educación responsable (authoritative parenting), que combina la firmeza en la aplicación de las normas con explicaciones racionales de cuales son los propósitos de esas normas. El niño sabe qué se espera que haga y por qué, se siente respetado realmente, se le escucha, pero también tiene que escuchar a los padres y seguir su autoridad: su juicio no se asume como igual al del padre, que es al final quien establece las normas. La palabra disciplina se ha cargado de significados negativos, cuando es el último instumento con el que los padres cuentan para comunicar a sus hijos (enseñarles) normas de comportamiento. Es un modo esencial de implementar principios en una carta de jóvenes, ya que le enseña al niño que los adultos van en serio en esos principios. En una carta de jóvenes los padres de la comunidad encuentran un lugar en el que discutir cuales son las mejores formas de disciplina, y les puede confirmar si sus prácticas de disciplina son razonables y si benefician a largo plazo al niño. Las orientaciones para las normas familiares y la disciplina de los padres son las siguientes:
- Empezar por comunicar las normas de la familia a los niños desde la primera infancia
- Ser consistentes es esencial
- Cuando son capaces, los niños deben ser ayudados a comprender el propósito de las normas que se espera que puedan seguir
- Las sanciones por romper las reglas deben equilibrarse con la edad del niño, tanto como con la frecuencia o la gravedad de su mal comportamiento
Cuales son las recomendaciones para cuando las cosas van en la familia, cuando hay conflictos, separaciones o pérdidas:
- Decir a los niños la verdad, toda la verdad, solamente les interesa y les ayuda saber la verdad ante las adversidades familiares
- Cuando hay una adversidad, la familia tiene que mantener la continuidad en la vida del niño, en sus relaciones clave y mantener una red o construirla, de apoyo comunitario y de orientación para el niño

Capitulo AnteriorVolver al Indice Capitulo Siguiente


acerca de | nota legal | condiciones de uso | contacto | Optimizada para Internet Explorer 800x600
© Empresas Filosóficas S.L. | joseantoniomarina.net | | Diseño web