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Comprendiendo el desarrollo

CAPITULO 3. Inicios

El estudio comienza con una recolección de datos muy extensa, durante las primeras etapas de la vida de los niños. Enfermeras y médicos hacían una observación en la primera semana, se hacían observaciones con sus madres a los 3 y 6 meses, y se evaluaba su desarrollo motriz y cognitivo a los 9 y 12 meses, y observaciones sobre el apego en la situación extraña a los 12 y 18 meses. En el primer año, habían hecho 11 evaluaciones a 200 niños, también se había entrevistado varias veces a las madres, mediante cuestionarios intensivos, tanto antes como después del parto. Se analizaron cuales eran sus expectativas, respecto de sus hijos, y la forma de verles, sus puntos de vista, también su personalidad, el modo como se relacionaban con sus hijos y las circunstancias en que estaban educando a sus hijos. Por ejemplo, estudiaron situaciones en las que los niños, en los primeros meses, experimentaban ya una situación de abandono, de pocos cuidados, en familias caóticas, con madre en situación permanente de dificultad, con problemas psicológicos. Es importante anotar que encontraron tres grupos de madres, con respecto a la manera como se enfrentaban a la maternidad, uno de los cuales tenía como rasgos destacados un nivel mayor de inseguridad, rechazo hacia el bebé, ansiedad sobre el embarazo, expectativas de que el bebé les provocaría mayores dificultades, mientras que en los otros grupos las madres mostraban más sensibilidad y conciencia psicológica de las complejidades del bebé. La línea de estudio fueron los sentimientos positivos o negativos de las madres, las percepciones sobre sus bebés, las expectativas sobre la maternidad, y los rasgos de personalidad de las madres (aquellos que iban a afectar a su cuidado del niño). Las madres con una personalidad muy dependiente, desconfiada, que se sentían impotentes ante sus propias vidas, sentían estos impulsos negativos hacia sus hijos con miedo, y no eran capaces de expresarlos. Mantenían unos sentimientos en conflicto, además de afrontar problemas sin resolver en sus propias vidas y tendían a ver a su hijo como “alguien que mejorará las cosas porque me querrá”. Pensaban que el bebé iba a satisfacer necesidades suyas, sin comprender del todo que el niño es autónomo y necesita determinados cuidados. Esta percepción parecía ser una huella de posteriores problemas en la maternidad, sobre todo si el contexto no ofrecía suficiente protección y apoyo.

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