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Banco Bibliográfico > Las fuerzas del cambio > Capitulo 5 : La organización que aprende y su entorno

CAPITULO 5. La organización que aprende y su entorno

Las organizaciones que aprenden respetan su entorno porque allí están las ideas, las políticas y, en última instancia, todos nosotros. No se desentienden del entorno ni intentan someterlo, sino que coexisten e interactúan. Las organizaciones que aprenden forman parte de una complejidad mayor que requiere una visión global para su supervivencia y su evolución.
El problema no es la innovación, que está en todas partes, sino aprender de ella. Existe un gran número de estudios que demuestran que la mayoría de escuelas no buscan ni procesan ideas del exterior. Uno de ellos se fija en escuelas que sí lo hacen. Sus profesores aprendían unos de otros y también del exterior, creían que la enseñanza es una actividad intrínsecamente difícil, por lo que no dejaban de aprender a enseñar. No les importaba pedir ayuda y realizaban un esfuerzo común por mejorar continuamente. En las escuelas eficaces, la colaboración está relacionada con oportunidades para mejorar y aprender permanentemente a lo largo del ejercicio de la profesión. Una educación de calidad es una empresa colectiva y no individual, por lo que los profesores tienen que valorar, legitimar y aceptar la necesidad de compartir las experiencias, buscar consejo y ofrecer ayuda dentro y fuera de la escuela.
Fullan repasa distintos estudios sobre escuelas que consiguieron reformas significativas. Una de las características es que fueron eficaces para conseguir nuevos recursos y para adaptar los que ya tenían. Para las organizaciones que aprenden, buscar ayuda es señal de inteligencia, no de debilidad. Las organizaciones que se consideran autosuficientes no van a ninguna parte. De manera que una de las principales recomendaciones a los educadores es que se esfuercen por vincularse a un entorno más amplio.
No podemos esperar un mundo exterior que se organice para satisfacer nuestras necesidades. Sin embargo, las políticas y los “socios potenciales” están en todos los niveles: desde la política estatal hasta los padres y comunidades, empresas, asociaciones… Todo está conectado, todo afecta a todo lo demás. Una organización que aprende sabe que el mundo es caótico, complejo e imprevisible, y está preparada para afrontar esta confusión. Trabaja en un sentido de propósito como medio de protección, se da cuenta de que el entorno no va a hacerle ningún favor y tiene un insaciable espíritu investigador y de aprendizaje continuo, porque sabe que es la única forma de prosperar en entornos complejos. Sus integrantes no son optimistas ingenuos; están preparados para la frustración. En entornos dinámicamente complejos, las fuerzas de cambio se presentan por sorpresa y de improviso, por eso es esencial la capacidad de vivir en un estado de desequilibrio constante.
El concepto de escuelas como organizaciones que aprenden requiere nuevos enfoques de control y responsabilidad. Deberían cambiar las formas de aprendizaje y evaluación tradicional del alumnado. La capacidad de aprendizaje permanente no atañe solamente a la dirección de la escuela, sino a todos los miembros de la comunidad educativa. Por consiguiente, las aptitudes y los hábitos de los profesores corrientes son primordiales para el futuro de las sociedades que aprenden.

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