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Banco Bibliográfico > Las fuerzas del cambio > Capitulo 7 : El individuo y la sociedad que aprende

CAPITULO 7. El individuo y la sociedad que aprende

El último capítulo se centra en el individuo, porque a este le ocurren sucesos externos lo quiera o no; no puede escoger. Pero sí puede elegir el modo de responder ante esos sucesos.
El objetivo final de la educación es crear una sociedad que aprende, incluso un mundo que aprende. La clave del aprendizaje es el profesor, quien debe combinar constantemente el aprendizaje interno con el externo. El propósito moral y las capacidades de acción para el cambio (cuidado y aptitud) son elementos inseparables. Ni la equidad ni la excelencia por sí solas llevan a ninguna parte, deben alimentarse mutuamente.
Cada vez sabemos más en qué tiene que centrarse el aprendizaje y cómo aprenden las personas, y es más evidente la necesidad de desarrollo intelectual y social, como enfatiza el aprendizaje cooperativo. Sistema educativo y empresa comienzan a comprender que la capacidad de pensar y formular ideas por un lado, y de trabajar con los demás, por otro, son esenciales para el futuro. La buena disposición a seguir ante el cambio constante y la complejidad de la sociedad son las habilidades para hacer frente al cambio. Lo que de momento ignoramos es cómo lograr esos objetivos para todos los alumnos. Requiere un enorme esfuerzo de movilización y colaboración entre múltiples áreas: familias, comunidad, empresas, industria, gobierno, sistema escolar… El compromiso y la práctica del aprendizaje deben encontrarse en todo tipo de organizaciones e instituciones, si se quiere lograr una fuerza en el conjunto de la sociedad. La rapidez de los cambio sociales, demográfico, tecnológicos… aumentan todavía más la presión a la que está sometido el individuo. Los menos preparados se van quedando atrás, convirtiéndose en problemas para ellos mismos y para la sociedad. El desarrollo humano es social y económico, tanto del individuo como de la sociedad. Hay que combinar el aprendizaje interno con el externo. Nosotros como individuos tenemos que tomar la iniciativa, si no queremos ser unas víctimas desesperadas, sobrecargadas y dependientes de las fuerzas de cambio.
El propósito moral y las acciones de cambio combinan el cuidado y la competencia, la equidad y la excelencia. En la profesión de la enseñanza no se han combinado esas dos facetas del desarrollo educativo. Los profesores tienen el privilegio y a la vez la responsabilidad de ayudar a los alumnos a aprender interna y externamente, de modo que se relacionen con círculos de la sociedad cada vez más amplios.

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