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Banco Bibliográfico > Creatividad. El genio y otros mitos > Capitulo 8 : La naturaleza incremental de la creatividad y otras cuestiones de mayor alcance

CAPITULO 8. La naturaleza incremental de la creatividad y otras cuestiones de mayor alcance

Weisberg examina la polifacética naturaleza del pensamiento creador. Para ser creativa, la solución de un problema tiene que satisfacer dos criterios: tiene que ser nueva y tiene que resolver el problema de que se trate. En relación con este segundo criterio, el autor considera que los problemas que se presentan son al menos de dos tipos, problemas bien definidos y problemas poco definidos. En los problemas bien definidos las características de las soluciones son especificadas con precisión al principio, con lo cual la persona que ha de resolverlos conoce qué condiciones ha de cumplir la solución (por ejemplo, el juego de tres en raya). En los problemas poco definidos, en los planteamientos no están minuciosamente detallados los objetivos que se persiguen. En tales problemas, es la propia persona que lo resuelve quien tiene que especificar con cierto detalle los requisitos que la solución ha de cumplir.

Weisberg considera con más detalle si es cierto que no hay en realidad diferencia alguna entre los genios creadores y los demás individuos, en lo que a procesos intelectuales y características de la personalidad concierne. En primer lugar, para W. las características importantes para el trabajo de creación dependen del campo concreto en que esté trabajando el individuo, no existe un pequeño conjunto de características subyacentes a la creatividad en todos los campos. Segundo, hay muchas pruebas de que incluso las carreras de los más grandes científicos y artistas muestran irregularidades e incoherencias en sus logros creativos. Además, las mismas características de personalidad supuestamente necesarias para el logro creativo en cierta situación pueden en realidad resultar un estorbo para el logro creativo en otras. Finalmente, la genialidad de un individuo resulta depender de un juicio de la posteridad. Es posible, apunta Weisberg, que los individuos verdaderamente creativos no se distingan tan solo por sus pericias o facultades, sino que sean verdaderamente excepcionales en lo que atañe a su nivel de motivación. Los individuos creadores, según muchos indicios sobre todo de carácter anecdótico, se embeben en su trabajo hasta tal punto que se olvidan del resto del mundo. Aunque puedan existir algunas facetas que confieran carácter verdaderamente extraordinario a los individuos creativos, comparados con el resto de la población, es muy posible que los rasgos diferenciales se deban a pericias y facultades muy específicas, y a su nivel de motivación, más que a una capacidad creativa general que pudiéramos llamar “genialidad creadora”.

Weisberg trata de discutir cuál es el modo más útil de analizar la relación entre pensamiento “creador” y pensamiento “ordinario”. La concepción genial de la creatividad contempla el pensamiento creativo como un acontecimiento extraordinario que exige explicación. El pensamiento creativo requiere explicación porque se da por supuesto que los humanos no tienen necesidad de pensar creativamente en el curso de los acontecimientos ordinarios. Sin embargo, en cuanto se adopta una visión ligeramente distinta al considerar lo que las situaciones ordinarias exigen de nosotros, se llega a una conclusión muy distinta por lo que respecta a la naturaleza del pensamiento creativo y a su relación con el pensamiento “ordinario”. Dos experiencias personales jamás podrían ser idénticas. Si los humanos nunca producen dos veces la misma respuesta, lo normal será, entonces, la novedad, y por tanto la creatividad; los procesos intelectuales necesarios para la producción de novedades estarán siendo continuamente utilizados. Con otras palabras, puede que no exista más pensamiento que el creativo, dado que nuestro funcionamiento ordinario comporta la adaptación con éxito a situaciones nuevas, y por lo tanto satisface los criterios definitorios de la creatividad.

Hay en esta “creatividad ordinaria” dos facetas que distinguir: percepción y respuesta. En lo que a la percepción concierne, si nada es nunca lo mismo, si nada permanece invariable, nunca podrá existir una correspondencia perfecta entre la situación y nuestro conocimiento. La respuesta a la situación tendrá que fundarse, por consiguiente, en la coincidencia sólo parcial entre la situación y lo que uno sabe. La facultad para responder de este modo es la base de nuestra capacidad para habérnoslas con novedades, y, por tanto, el alma de nuestro pensamiento creativo. No obstante, también es piedra angular de nuestras actividades intelectuales en situaciones que normalmente no se considera exijan creatividad; lo que se vuelve a indicarnos la uniformidad de todo el pensamiento. Por lo que a la respuesta se refiere, si el ambiente nunca permanece constante, la respuesta del individuo nunca se ajustará exactamente a la situación presente, por muy de cerca que se funde en la experiencia pasada. Así pues, una vez invocada una respuesta, será invariablemente necesario modificarla en algo. En consecuencia, nunca habrá dos respuestas que sean exactamente iguales, porque nunca habrá dos situaciones que sean exactamente iguales.

Si se acepta como principio fundamental el hecho de que el ambiente se encuentra en perpetuo cambio, gran parte del misterio de la creatividad desaparece de un solo golpe. De esta hipótesis se deduce que en el núcleo de toda conducta se encuentra la novedad, y que, por ello, toda distinción que se pretenda hacer entre lo creativo y lo no creativo carece de significado.

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