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Banco Bibliográfico > The rise of the creative class > Capitulo 1 : La transformación de la vida diaria

Primera parte. La era creativa

CAPITULO 1. La transformación de la vida diaria

La sociedad está cambiando en gran medida porque queremos que lo haga. La lógica detrás de la transformación está muy poco clara a estas alturas porque la transformación sigue en progreso. La fuerza conductora es el incremento de la creatividad humana como el factor clave en nuestra economía y en nuestra sociedad. El propósito de este libro es examinar cómo y por qué es esto así, y trazar sus efectos mientras ondulean a través de nuestro mundo. Muchos dicen que ahora vivimos en una economía de la información o del conocimiento. Pero lo que es más verdadero es que ahora tenemos una economía empoderada por la creatividad humana. La creatividad es ahora la fuente decisiva de la ventaja competitiva.

La creatividad económica y tecnológica están alimentadas por e interaccionan con la creatividad cultural y artística. La creatividad también requiere un medioambiente social y económico que pueda alimentar sus múltiples formas. El individuo creativo no se ve ahora como un iconoclasta. El-o ella-es la nueva tendencia dominante.

Al trazar los cambios económicos, dice a menudo Florida que nuestra economía se está moviendo desde un sistema más antiguo centrado en las corporaciones, definido por las empresas grandes, a un sistema dirigido hacia las personas.
Se dice con frecuencia que en esta era de la alta tecnología la “geografía está muerta” y que el lugar ya no importa. Nada más lejos de la realidad: observad cómo las empresas de alta tecnología se concentran en lugares determinados como el área de la bahía de San Francisco, Austin o Seattle. El lugar se ha convertido en la unidad de organización central de nuestro tiempo, tomando muchas de las funciones que se desempeñaban por las empresas y otras organizaciones. Las personas creativas no se concentran donde están los trabajos. Se concentran en los lugares que son centros de creatividad y también donde les gusta vivir.

La necesidad económica de la creatividad ha registrado en sí misma la aparición de una nueva clase, que Florida llama la Clase Creativa. Unos 38 millones de americanos, el 30% de la gente que trabaja, pertenece a esta nueva clase. Incluye personas en ciencias e ingeniería, arquitectura y diseño, educación, las artes, música y entretenimiento, cuya función económica es crear nuevas ideas, nueva tecnología y/o nuevo contenido creativo. Alrededor del núcleo, también constituyen clase creativa un grupo más amplio de profesionales creativos en los negocios y las finanzas, el derecho, la sanidad, y campos relacionados con estos. Estas personas se dedican a resolver problemas complejos que implican una gran cantidad de juicio independiente y requiere altos niveles de educación o capital humano.

Aunque la clase creativa sigue siendo de alguna forma más pequeña que la clase dedicada a los servicios, su papel económico crucial la convierte en la más influyente. La individualidad, auto-expresión, y la apertura a la diferencia se sobreponen a la homogeneidad, conformidad y “encaje total” que definía a la era organizacional. Es más, la clase creativa es dominante en términos de riqueza e ingresos, con sus miembros ganando casi el doble que el miembro medio de cada una de las otras dos clases (la clase trabajadora y la de servicios).
Espera Florida que la clase creativa, que todavía es emergente, continúe creciendo en las siguientes décadas, mientras funciones económicas más tradicionales se transformen en ocupaciones de la clase creativa. Los valores, actitudes y aspiraciones de la clase creativa chocan inexorablemente con los de otras clases establecidas. La sociedad puede estar muy bien separándose en dos o tres tipos separados de economías, culturas y comunidades, con divisiones más profundas en la educación, ocupación y localización geográfica.
Las personas creativas siempre han gravitado alrededor de ciertos tipos de comunidades. Un lugar que permita reflejar y reforzar nuestras identidades como personas creativas, persiguiendo el tipo de trabajo que escogemos y teniendo fácil acceso a una amplia gama de comodidades. Estas comunidades se definen por las relaciones no permanentes y de pocas ataduras, que nos permiten vivir vidas casi anónimas mejor que vidas que se nos han tratado de imponer.

Si los tecno-utopistas romantifican el futuro, los tecno-pesimistas glorifican el pasado. A pesar de sus obvias diferencias ideológicas, todos estos puntos de vista sugieren que fuerzas más allá de nuestro control están volviendo a dar forma de manera exógena a nuestro trabajo, comunidades y vidas. Insistiendo en que estos cambios sociales se nos imponen en cierta forma, todos ellos evitan la verdadera pregunta de nuestra era: ¿por qué estamos escogiendo vivir y trabajar de esta forma? ¿Por qué queremos esta vida, o creemos que la queremos? Los cambios profundos y duraderos de nuestra era no son tecnológicos sino sociales y culturales. Son por tanto más difíciles de ver, porque resultan de la acumulación gradual de pequeños e incrementales cambios de nuestra vida diaria.

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