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Banco Bibliográfico > Las ciudades creativas > Capitulo 9 : Lugares que irradian felicidad

Tercera parte. La geografía de la felicidad

CAPITULO 9. Lugares que irradian felicidad

Esta parte afronta lo que es, quizá, la mayor negociación que debemos hacer con nosotros mismos a la hora de escoger el lugar donde vivir: cómo equilibrar los objetivos profesionales con el estilo de vida y otras necesidades. Asimismo, analiza la relación entre el lugar donde vivimos y las posibilidades de vivir una vida plena y feliz, y se basa para ello en un estudio a gran escala sobre 28.000 personas que Florida llevó a cabo, “el estudio sobre ubicación y felicidad”, que concluyó que el lugar donde vivimos es tan significativo para la felicidad como el trabajo, la situación económica o las relaciones interpersonales.

Florida llevó a cabo junto a la organización Gallup un estudio extenso, el “estudio sobre ubicación y felicidad”. Dividieron la felicidad en cuatro categorías básicas: felicidad personal, felicidad laboral, felicidad económica y felicidad geográfica. El estudio planteaba a los sujetos preguntas directas sobre el nivel de satisfacción con sus comunidades; sobre sus experiencias y expectativas en esas comunidades; sobre sus intenciones de trasladarse o de permanecer allí; y sobre si recomendarían su comunidad a familiares y amigos. Se centraron en los elementos de lugar que podían afectar a la satisfacción con la comunidad y al bienestar general, con preguntas acerca del mercado laboral, las escuelas, la atención sanitaria, el arte y la cultura, los jardines y los espacios abiertos y muchos otros factores. Las conclusiones hicieron evidente la gran importancia que tiene la ubicación para la felicidad, situándola en el tercer vértice del triángulo del bienestar, junto a las relaciones personales y el trabajo.

Encontrar un lugar que nos haga felices ejerce un efecto muy potente sobre nuestra “activación”. Este tipo de lugares favorece que las personas hagan más de lo que harían de otro modo, como participar en actividades más creativas, inventar algo nuevo o fundar empresas, etc: todo ello muy satisfactorio para la persona y muy productivo económicamente. Tinagli descubrió que ese tipo de activación procede, en gran medida, del estímulo visual y cultural que pueda ofrecer el entorno: parques y espacios abiertos, oferta cultural, etc, aspectos a los que llama “servicios simbólicos”. De esta forma, se inicia un ciclo regenerativo: el estímulo despierta la energía creativa, que, a su vez, atrae a más personas llenas de energía de otros lugares, por lo que aumentan las tasas de innovación, la prosperidad económica, los niveles de vida y los estímulos.

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