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Banco Bibliográfico > REASON TO HOPE > Capitulo 1 : PERSPECTIVAS TEÓRICAS Y EVOLUTIVAS sobre la juventud y la violencia

ETIOLOGÍA DE LA VIOLENCIA

CAPITULO 1. PERSPECTIVAS TEÓRICAS Y EVOLUTIVAS sobre la juventud y la violencia

Las primeras teorías psicológicas proporcionaron pocas explicaciones sobre el control de la agresión, porque comprendían la agresión humana como el resultado directo de factores instintivos o biológicos (Freud, 1950; Lorenz, 1966). Estas teorías no reflejaban la influencia de los aprendizajes cognitivos y sociales que determinan si el comportamiento agresivo se produce o no y cómo se produce, así como la forma en que puede prevenirse. Las teorías de impulso ( drive theories), como la teoría de la frustración-agresión ( Dollard, Doob, Miller, Mowrer & Sears, 1939) proponían que los seres humanos no se comportan agresivamente por instinto, sino por impulsos internos originados por estímulos externos, como las experiencias de frustración. Aunque las teorías de impulso implicaban que el comportamiento agresivo podría prevenirse eliminando las experiencias frustrantes, esta solución potencial era inalcanzable, debido a la amplitud y la subjetividad de esta experiencia, que incluye ser atacado o insultado, fracasar, el retraso, la pérdida de algo valioso o la obstaculización de un comportamiento dirigido a una meta. Berkowitz (1989, 1993) afirma que la relación entre frustración y agresión es solo un caso especial de la tendencia de un fuerte afecto negativo a generar inclinaciones agresivas. El fuerte afecto negativo activa automáticamente un síndrome de enfado (ira) / agresión – una red de sentimientos, pensamientos, recuerdos y reacciones motrices- que se asocia con la instigación a atacar algún objetivo, principalmente, pero no solo, la fuente percibida del afecto desagradable. La teoría del Aprendizaje Social (Bandura & Walters, 1959, 1963; Bandura, 1973, 1983, 1986), se basa en la premisa de que “las personas no nacen con repertorios pre-formados de comportamiento agresivo. Los aprenden” (Bandura, 1983, p. 4). Esta teoría se centra en influencias ambientales controlables, así como influencias aprendidas cognitivas y de auto-regulación. El comportamiento agresivo se adquiere y se mantiene primordialmente a través de (a) aprendizaje observacional, por ejemplo, ver modelos de comportamiento agresivo en la vida real o en los medios de comunicación, (b) experiencia directa, como por ejemplo recibir una recompensa o un castigo como consecuencia de una agresión, y (c) influencias auto-regulatorias, por ejemplo, mediante la auto-recompensa o el castigo, y vinculando o desvinculando el comportamiento agresivo propio de las reacciones auto-evaluativas. Los modelos cognitivos-sociales han aportado perspectivas adicionales a la comprensión de la adquisición, mantenimiento, cambios evolutivos y control o prevención de la agresión y la violencia. Se han elaborado a partir de teorías anteriores, como los mecanismos de autorregulación de Bandura (1973), los principios del desarrollo cognitivo de Piaget (1970), los modelos de solución de problemas (Zurilla & Goldfried, 1971), nociones del procesamiento de la información (Miller, Galanter & Pribram, 1960; Newell & Simon, 1972), formulaciones de las habilidades sociales (McFall, 1982), procesos de atribución (Kelley, 1972), conceptos del guión social (Schank & Abelson, 1977) y perspectivas sobre los juicios sociales ( Walters & Parke, 1964). Los modelos cognitivos-sociales son: el modelo del procesamiento de la información (Dodge, 1980, 1986, 1993), el modelo del guión cognitivo (Huesmann, 1988; Huesmann & Eron, 1984, 1989), el paradigma de la solución social de problemas (Rubin & Krasnor, 1986; Spivack & Shure, 1974), el paradigma de los mediadores cognitivos (Guerra & Slaby, 1989, 1990), el paradigma de los mediadores cognitivos- sociales del aprendizaje (Perry, Perry & Rasmussen, 1986), el paradigma de la atribución (Fergusson & Rule, 1983) y el paradigma del desarrollo del entendimiento interpersonal ( Selman, 1980, Selman et al., 1992). Desde la perspectiva del desarrollo evolutivo se proponen formulaciones sobre cuándo, dónde y cómo las intervenciones pueden ser aplicadas con mayor efectividad para reducir o prevenir la violencia. Son los modelos social-interaccional (Patterson, 1982), evolutivo-organizacional (Greenberg & Speltz, 1988) y de las vías de evolución ( “developmental pathways”), de Loeberet (1993).

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