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EL GRAN MOMENTO DE LA FILOSOFÍA.
Prometí un artículo (un ensayo, más bien) sobre las causas profundas de la crisis de autoridad que hoy padecemos. Aquí está. Lo he colgado también en el apartado La recuperación de la autoridad, como propuesta más. Creo conveniente colgarla también aquí para que pueda leerla más gente. Es un artículo enorme. Les pido paciencia a quienes se animen a leerlo. Gracias.


EL GRAN MOMENTO DE LA FILOSOFÍA.

Las raíces en que se sustenta la actual crisis de la autoridad son profundas y muy gruesas. Y creo que ninguna propuesta aquí presentada servirá de mucho si nuestros problemas no se comprenden y se atacan de raíz. Pero la dificultad de esa pretensión es que exigiría a los agentes educativos un esfuerzo intelectual y volitivo que, probablemente, no estén dispuestos a hacer.

Nos encontramos con las siguientes exigencias en el ciudadano medio:

1. INTELECCIÓN FÁCIL. Uno de los rasgos característicos de nuestro tiempo es que no aceptamos la orden o el precepto de la autoridad, sino que exigimos explicaciones para entender por qué debemos hacer ciertas cosas, o no hacerlas. Uno deja antes el tabaco si realmente entiende por qué el tabaco es malo. La exhortación sanitaria: “Fumar es malo para la salud: Deje usted el tabaco, por favor”, no suele ser eficaz, porque el fumador no toma conciencia de por qué fumar es malo. Se necesitan campañas de concienciación, folletos explicativos, pruebas, presentación de investigaciones, etc.

2. MENSAJES BREVES. Muchos ciudadanos quieren que las explicaciones que nos den los expertos en tal o cual materia sean claras, convincentes y cortas. Si las explicaciones se alargan, es posible que el interesado se desinterese, que todo le parezco un rollo.

3. BAJO COMPROMISO. Es común desear que las soluciones no exijan de nosotros grandes esfuerzos y compromisos. Si nos lo dan casi mascado, tanto mejor. Miramos al cielo para que la medicina nos quite el sobrepeso con solo tomar una pastilla, sin mayor esfuerzo de nuestra parte.

Por todo esto, mucho me temo que esta propuesta caiga en saco roto: es quizá algo difícil de comprender, es larguísima y, por último, demanda del lector un esfuerzo considerable para solucionar el actual problema de la educación y de la autoridad. Esta propuesta viola -como a simple vista puede verse- los tres principios antes mencionados, exigidos por muchos destinatarios de información: intelección fácil, brevedad y bajo compromiso.
Y es que para el problema que nos embarga, no hay soluciones y fórmulas fáciles. El hecho de que queramos fórmulas rápidas y soluciones inmediatas, forma parte, en realidad, de nuestro problema.

Imagine usted que desea ser un buen corredor de maratón. Pues bien, lo cierto es que si usted no está dispuesto a entrenarse muy duramente todos los días y a llevar un régimen de vida y alimentación muy estricto, usted debe saber que no conseguirá ser un corredor de maratón, incluso aunque su dotación física sea muy buena. En este mundo hay problemas serios que pueden solucionarse casi sin esfuerzo por parte del afectado (piense en el mundo de la medicina). Pero hay otros muchos problemas serios que demandan un considerable esfuerzo del afectado.

Ahora bien, si pese a las advertencias hechas, usted se anima a seguir leyendo, sepa que me he esforzado en hacer inteligibles los argumentos en él presentados y que, aunque suene a inmodestia, su intelección le permitirá a usted tener una visión más clara de los problemas tratados. Y lo más importante, creo que podrá comprender que la filosofía es, probablemente, una de las disciplinas intelectuales más útiles y pragmáticas que existen (no se ría, amigo, que no es broma). Y que la actual crisis de autoridad que nos aqueja se debe, en gran medida, al actual desprecio por la filosofía y su cada vez menor presencia en nuestras escuelas y en la sociedad.

Quien más quien menos sabe, grosso modo, por qué ocurre todo esto: hemos pasado de un extremo a otro. Del autoritarismo despótico a la permisividad. De acuerdo, saber esto es necesario, pero no suficiente.

En relación con la indisciplina de nuestros niños diré que saber ponerles límites no es tan difícil con el entrenamiento básico adecuado (una de mis propuestas versa sobre este importantísimo asunto). Pero el problema es que los padres no reconocen el problema o, asustados e impotentes, miran para otro lado. Incluso aquéllos que deciden consultar al psicólogo, tienen considerables dificultades emocionales para llevar a cabo el tratamiento. Este texto intentará explicar por qué esto es así.


ALGUNOS DATOS PREOCUPANTES.

Quizá fuera necesario que nos pusiéramos de acuerdo en el diagnóstico de la situación. ¿Qué está pasando en el mundo de la educación? Obviamente, cada cual tendrá su opinión, pero creo que habrá acuerdo sólido en cuanto a las observaciones básicas. Los docentes están cansados de vérselas todos los días con la desobediencia, la indisciplina y la falta de respeto de muchos de sus alumnos. Sabemos, además, que van aumentando los casos de violencia y acoso escolares, y que el consumo de drogas se inicia cada vez a edades más tempranas. Pero si levantamos un poco la mirada, podremos comprobar que también las familias andan en apuros. Hay miles y miles de padres que cada año denuncian a sus hijos por sentirse maltratados por éstos. Pero alcemos el vuelo y, con vista aquilina, comprobaremos que la falta de respeto a la autoridad alcanza a todas o casi a todas las instituciones, hábitos y costumbres. Por tanto, parece que la falta de autoridad de las autoridades educativas es un caso particular de un problema general de falta de respeto a la autoridad.



UN POCO DE INTRIGA.

Y ahora le pido toda su atención. Sí, porque en este párrafo adelanto soterradamente gran parte de la solución al problema educativo que nos preocupa. El lector atento y reflexivo es muy probable que adivine por dónde van los tiros, o que dé justo en el clavo. Quien vaya deprisa y desee una solución-parche no encontrará ninguna utilidad a este escrito. Ya le aviso, no quiero pasar por traidor.
Es posible que estas palabras le suenen presuntuosas, y pido disculpas si así suenan; pero lo cierto es que pocas veces he estado tan seguro de algo.

La prueba de fuego de la ciencia es predecir acontecimientos, sucesos, fenómenos… La bondad de una teoría se pone a prueba en el experimento. El resultado del experimento dirá si la teoría es buena o no. En el ámbito cotidiano pasa exactamente lo mismo. Todos necesitamos predecir parte de los acontecimientos del mundo. No creo necesario extenderme mucho en este punto.
Ahora conteste, por favor, a las siguientes preguntas:

1. ¿Quiénes son las personas más facultadas para predecir, deducir o suponer con éxito el tipo de jugada ajedrecística que hará mañana Kasparov?
2. ¿Qué necesitaré saber para poder predecir bien el comportamiento de este niño que tengo delante?
3. En general, ¿qué es necesario conocer bien para poder predecir con razonable éxito determinados acontecimientos futuros?

Yo reservaré la contestación para más adelante.
Si se está preguntando qué tiene que ver todo esto con la recuperación de la autoridad, sólo le pediré un poco de paciencia. Se lo contaré dentro de unas páginas.

Ahora, por favor, otra pregunta. Le pido que piense en el tipo de conocimiento más práctico y útil que usted conoce… ¿Ya? Es probable que usted haya pensado en las ciencias positivas, especialmente la física y la química, y en sus derivados: las ingenierías, la biología, la ciencia médica, etc.

¿Se ha acordado usted de la filosofía? Es probable que no tenga usted a la filosofía como un tipo de conocimiento práctico y útil. En este ensayo voy a intentar demostrarle que la filosofía aporta conocimientos utilísimos, a la par de los de la física o la química. Fíjese en lo que le digo: utilísimos. Cuanto más escéptico esté usted ante estas palabras, más necesario será que lea tranquilamente estas páginas. Yo le animo.

Sobre el intento de demostrar la utilidad práctica de la filosofía, creo poder afirmar que el lector se encontrará con algo nuevo, siquiera por la manera en que está explicado.


POSMODERNIDAD, LA IDEOLOGÍA IMPERANTE.

Los intelectuales nos cuentan que vivimos en la era posmoderna. Hay rasgos característicos de nuestra época. Voy a servirme aquí de la definición sencilla que nos ofrece el diccionario académico del término posmodernidad:

Movimiento artístico y cultural de fines del siglo XX, caracterizado por su oposición al racionalismo y por su culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social.

Por la definición que da, no parece que el diccionario esté muy enamorado del término en cuestión. A cualquier ciudadano le suena mal, por lo menos, eso del individualismo y la falta de compromiso social. Aunque quizá se quede indiferente ante la parte en que se afirma que la posmodernidad se opone al racionalismo y profesa culto a las formas. Espero que al final de este escrito esa probable indiferencia desaparezca.

La cuestión es que si buena parte de la población es posmoderna, la cosa no pinta bien. Si es cierto que rehuimos el compromiso social, ¿a qué clase de sociedad aspiramos? Por otro lado, ¿está relacionado el individualismo y la falta de compromiso social con el desprestigio de la autoridad que hoy nos aqueja? Sí, porque el individualismo consiste en ir cada uno a la suya, haciendo caso omiso de leyes, órdenes, preceptos, tradiciones, normas, reglas, disciplinas… Esto tiene su reflejo en el mismo lenguaje, como el gran Lázaro Carreter supo ver: ahora resulta que las leyes no ordenan o determinan, sino que contemplan. Ya no se dan órdenes (o hay pudor a darlas), sino que se sugiere, asesora, invita, propone, recomienda… Cualquier cosa menos dar órdenes. Si ni siquiera le ley se atreve a ordenar, ¿cómo cabría esperar respeto a la autoridad? Pues una autoridad que no ordena, sino que sugiere o invita, no es autoridad. Las invitaciones o sugerencias se pueden rechazar, las órdenes, por definición, no.

No puedo extenderme en más razonamientos. Creo que el lector captará muy bien qué quiero decir.

¿Pero cómo hemos llegado a repudiar todo signo de autoridad? ¿Cómo hemos arribado a esta situación paradójica en que las leyes se dedican a contemplar cosas, en vez de a ordenarlas y a disponerlas con total determinación?


UN MUNDO DIVIDIDO.

La historia de la humanidad es la historia de las divisiones entre las personas. Hubo (y hay) una cantidad tremenda de divisiones y subdivisiones interpersonales que erizan la vida y el mundo de conflictos más o menos crueles y encarnizados. Mi admirado Lázaro Carreter propuso llamar <<violencia de superioridad>> a la que ejercen algunos hombres contra sus novias o esposas. Me parece una propuesta inobjetable. Tal es así, que yo creo que puede emplearse para describir todos los abusos de autoridad de unas personas contra otras. En efecto, si el hombre blanco abusa de su poder al tratar con el hombre negro, es porque está en condiciones de superioridad física o simbólica (la superioridad simbólica sería aquélla que permite al débil estar a la altura del fuerte, o incluso por encima: un padre anciano tiene autoridad sobre sus jóvenes y fornidos hijos; igualmente, las gerontocracias no son el poder de los músculos, sino de la tradición y de determinadas habilidades de supervivencia. La superioridad física ha sido en muchas ocasiones objeto de aval simbólico, cosa que ha contribuido a su perpetuación).

Gran parte de la violencia ejercida de unos hombres contra otros ha sido pura y llanamente una expresión de violencia por superioridad física (incluyendo aquí la tecnología armamentística): un ejército contra otro; unas razas contra otras; unas religiones contra otras… Pero también las ideas, las razones y las pruebas tienen poder, por eso mismo recurro a ellas en este escrito.

Piense usted por un momento cuántos tipos de violencia de superioridad (divisiones entre poderosos y menos poderosos) conoce. Son muchísimos: rey contra súbdito, hombre contra mujer, adulto contra niño, patrón contra asalariado, razas mayoritarias contra razas minoritarias, general contra soldado, religión mayoritaria contra religión minoritaria, el sano frente al tullido o enfermo, los ricos contra los pobres, rey contra súbdito,… Y más: En esta era narcisista, hay divisiones, conflictos y discriminaciones sociales de los guapos hacia los feos, de los delgados frente a los gordos, o de los jóvenes frente a los viejos.

Estas divisiones sociales no hacen otra cosa de poblar el mundo de conflictos y sufrimientos. Los métodos utilizados por los grupos con más poder para someter a los de menos poder, o para extraer algún tipo de execrable beneficio o placer, nos permitirían escribir la historia de los horrores: torturas, mutilaciones, martirios, decapitaciones, latigazos, explotación laboral, insultos, difamaciones, burlas, escarnios, humillaciones sexuales, violaciones… y cuantas barbaridades se le puedan a uno ocurrir.


LA NATURALEZA DEL SER HUMANO.

La violencia de superioridad y la ética existen porque los seres humanos, lejos de ser tablas rasas indiferentes y maleables, tenemos una naturaleza muy potente. No hay ninguna cultura ni ningún individuo en su sano juicio que desee ser infeliz. La sola idea de sufrir torturas nos horroriza. Pero también que nos condenen al ostracismo, o que nos humillen y nos sometan a escarnio público. Tememos el sufrimiento, la soledad física o moral, las deformidades físicas y la enfermedad. Tememos la muerte. Si fuéramos indiferentes a todas estas cosas, no existirían la violencia de superioridad ni tampoco el razonamiento y la conducta éticos.

Los seres humanos queremos vivir libres de los abusos de poder y todos los tipos de violencia de superioridad. No hay mayor alegría que la del manumiso. La ética y los derechos humanos y civiles son conquistas intelectuales recentísimas en la historia. Una serie de acontecimientos científicos, técnicos, económicos, sociales e ideológicos -que aquí sólo puedo nombrar- permitió que los ciudadanos de occidente concibieran las ideas de democracia y derechos humanos y civiles. La dignidad se fue abriendo paso en un mundo de relaciones abusivas, jerárquicas; en un mundo infectado de todo tipo de violencias de superioridad. La gran conquista de nuestro tiempo ha sido la liberación de determinados poderes abusivos y denigrantes.

Como se puede colegir fácilmente, la lucha por la liberación de los grupos oprimidos debía correr paralela a la lucha por la igualdad social, legislativa y política de todos los hombres. Desigualdad era sinónimo de opresión y violencia de superioridad. En un mundo de iguales, los actos de superioridad desaparecerían por definición.

¿Cómo podría extrañarnos el horror actual a las desigualdades y al concepto de autoridad? Recordemos el infierno de dos guerras mundiales y el horror de sistemas totalitarios tanto de derechas como de izquierdas. Tenemos presentes en el corazón y las retinas las ideologías de dominación dictatoriales: el nacionalsocialismo, el fascismo, el holocausto nazi, el nacionalcatolicismo, el comunismo estalinista, la propaganda imperialista de las potencias occidentales. Cuánta muerte, cuánto dolor, sufrimiento y pavor.

Los grupos secularmente oprimidos se han ido liberando en gran medida de sus opresores, en una titánica lucha constante y sin tregua: mujeres, niños, trabajadores, razas minoritarias, minusválidos….

Pero algo hemos hecho mal, nos hemos ido al otro extremo, porque hoy nos encontramos con una crisis de autoridad que afecta a todos los ámbitos de la vida y a las instituciones. Si usted es un padre responsable, no podrá menos que preguntarse qué está pasando para que su hijo no le obedezca. Si usted es maestro, es posible que se pregunte todos los días qué está ocurriendo para que no sea posible expulsar de clase a quienes tienen por costumbre reventarla, o por qué demonios no hay más paz y armonía en las escuelas. ¿Por qué no, si precisamente vivimos en tiempos democráticos en que no se para de ensalzar las virtudes del diálogo, de valores y de la convivencia pacífica y la tolerancia? ¿Qué está fallando? ¿Y por qué nuestros chicos recurren a la droga a edades cada vez más tempranas? ¿Y por qué se emborrachan como cosacos? ¿Y por qué cada vez hay más chicos vandálicos? ¿Y por qué está en alza el acoso escolar? ¿Y por qué nuestros críos son los más gordos del mundo, después de los estadounidenses y los ingleses? ¿Cómo hemos pasado de temer al padre y al maestro a temer al hijo y al alumno? ¿No sería mejor que el miedo desapareciera de unos y otros?


¿Cómo se pasa del lógico terror a las violencias de superioridad a la hipertrofia igualitarista? ¿Cómo se pasa de ese miedo al despotismo y los abusos de poder al despropósito -entre muchos más- de no poder expulsar del aula a los alumnos incorregibles que no hacen otra cosa que reventar la clase y sacar de quicio a los maestros y los buenos alumnos? Sí, es fácil decir que hemos pasado de un extremo a otro, ¿pero de qué manera, apoyándonos en qué creencias, en qué ideas? No se ha pasado de un estado de cosas a otro de manera instantánea, sino de una manera gradual y acumulativa, y justificando ese tránsito con ideas que aquí me he propuesto describir y criticar.


DESEOS, MIEDOS Y CONOCIMIENTOS.

¿Ha reparado usted en las causas de la conducta humana? Sabemos que el cuerpo contiene un 70% de agua. ¿Y la mente de qué está compuesta?: principalmente de dos cosas: miedos y deseos. Por supuesto, también de conocimientos. ¿Los conocimientos guían nuestros actos? En gran medida sí. Piense usted, por ejemplo, en el hecho mismo de saber que nuestro cuerpo contiene un 70% de agua. Sabiendo esto, se deduce fácilmente que es necesario beber bastante para reponer el agua que se pierde por el ejercicio físico o por le calor. Los entrenadores de atletas recomiendan beber agua regularmente, incluso aunque no se sienta sed. Hay que reponer líquidos. Un conocimiento adquirido por la inteligencia guía nuestros actos. Pero incluso en este caso, intervienen los deseos y los miedos. El atleta bebe porque desea tener un buen rendimiento. El atleta bebe porque teme deshidratarse, bajar el rendimiento, perder la salud, etc. Hay un telón de fondo de temores y deseos detrás de cada acto promovido por un conocimiento. Sin aquéllos, no habría acción. El conocimiento de que las cobras son venenosas no es suficiente para que yo retroceda ante ellas si resulta que yo no le temo a la muerte o, incluso, si es que yo deseo y busco la muerte. El conocimiento técnico puro puede guiar la mano del ajedrecista, pero sin un deseo de ganar y un temor a perder, el ajedrecista no aplicaría sus conocimientos, no jugaría.

El protagonismo de los deseos y los miedos humanos todavía es mayor y más patente en la explicación de nuestra conducta cuando son ellos los que estimulan la producción de conocimientos. Y hay que tener en cuenta que todo cuanto se reputa como conocimiento objetivo, no lo es. Nuestro miedo al sida precede y estimula el deseo de acabar con el sida, recurriendo a la investigación de vacunas y medicinas paliativas. En este caso, los conocimientos adquiridos son, normalmente, objetivos y veraces. Pero no siempre es así. A veces el hombre manipula las condiciones de su investigación o la interpretación de los resultados para que éstos se adecuen a sus más íntimos deseos. Dicho en dos palabras: se falsea el resultado a propósito, aunque normalmente de forma inconsciente. Esto sucede especialmente en las ciencias sociales, dado que la complejidad del objeto de investigación dificulta muchas veces el acuerdo de los estudiosos y la universalidad de los resultados.

¿A dónde quiero ir? Mi intención es explicarle que la actual crisis de la autoridad que hoy sufrimos en la calle, el hogar y el aula está cimentada en la ideología posmoderna, y que ésta se sustenta, muchas veces, de conocimientos falsos. Sin la urdimbre de conocimientos posmodernos falsos -de los cuales les voy a hablar ahora- es muy probable que ahora no sufriéramos esta crisis de autoridad. Muy en concreto: los hijos respetarían normalmente a sus padres y los alumnos a sus maestros. Voy a explicarle el plan que llevo en la cabeza.

- En primer lugar, voy a describir muy brevemente los rasgos característicos de las dictaduras y sus métodos de persuasión y represión más comunes.

- Hecho esto, les hablaré de cómo los deseos igualitaristas-libertarios de la población y de los intelectuales se fueron traduciendo en un sistema de ideas (posmodernas) nacidas de los miedos y los deseos de la sociedad, y supuestamente avaladas por las investigaciones de las ciencias sociales. Se trataba de conseguir la contraimagen exacta de los sistemas represores. (Quizá debería hablar mejor de deseos igualitaristas- liberadores, pero en más de un sentido el concepto libertario es más apropiado al caso que nos ocupa que el de liberador).

- Al tiempo que voy describiendo ese sistema de ideas, intentaré demostrar que buena parte de sus tesis son falsas, que defiende cosas que atentan contra el sentido común y la evidencia científica. Seguidamente, le explicaré cómo el programa igualitarista-libertario, al llevar al extremo su lógica, ha conseguido un mundo de relaciones sociales conflictivas, poco acordes con su mensaje original de paz y fraternidad entre todos los hombres. Y poco acordes con la educación que desearíamos tener. Al final de algunos apartados hablaré de las implicaciones educativas que se derivan de las creencias posmodernas.

- Por último le hablaré de filosofía.


LOS MÉTODOS DE LA REPRESIÓN POLÍTICA.

Las autoridades dictatoriales controlaban a la población mediante al menos tres métodos implacables:

- La propaganda estatal y la censura informativa.
- Los medios represivos del terror: torturas, malos tratos, encarcelamientos políticos, deportaciones, pena capital…
- Un sistema de control religioso que exacerbaba los sentimientos de culpa y arrepentimiento de los correligionarios, siempre sospechosos o culpables de mil y un pecados. Como alguien dijo con acierto: en la dictadura, la vida se dividía en dos: lo prohibido y lo obligatorio.

Nada tiene de extraño que la sociedad reaccionara vehementemente en contra de los discursos propagandísticos, la falta de libertad de prensa y de pensamiento, los métodos del terror y los discursos morales que preconizaban los sentimientos de culpa y los actos de contrición.

Los sistemas políticos represivos eran clasistas, jerárquicos, racistas, xenófobos, nacionalistas, machistas… Es decir, la viva expresión de la violencia de superioridad en todas sus versiones y variedades. Estos sistemas provocaban todo tipo de sentimientos poco agradables en la mayor parte de la población: miedo intenso, baja autoestima, sentimientos de culpa, impotencia, frustración…

- Miedo intenso porque el poder podía destrozar la vida de la persona que se manifestara en contra de él mediante la tortura, la encarcelación, el exilio…
- Baja autoestima en muchísimas personas que no podían estar a la altura y dignidad de los grupos de personas jerárquicamente superiores: mujeres, niños, clases bajas, individuos de otras razas o extranjeros, homosexuales…
- Sentimientos de culpa porque la religión católica hablaba continuamente del pecado de la carne… ¿y quién no cae en la tentación de la carne, siquiera de pensamiento?
- Impotencia y frustración ante la falta general de libertades públicas y hasta privadas.


MAYO DEL 68: LA REVOLUCIÓN RELATIVISTA.

Lo primero que necesitaba la sociedad manumisa de final de los años setenta (cuando se fue configurando la mentalidad posmoderna) era conseguir un sistema político no jerárquico ni clasista. Para alcanzar la liberación se precisaba un proyecto igualitarista de gran calado. Pues es evidente que la ansiada libertad exigía una sociedad de iguales en que nadie acumulara más poder que nadie. La sociedad ansiaba alcanzar una contraimagen perfecta de la imagen astrosa de los sistemas políticos represivos. Para conseguirla, la sociedad fue socavando el concepto de autoridad en todas sus formas, versiones y manifestaciones.

Si los sistemas represivos utilizaban la propaganda de verdades absolutas, el proyecto igualitarista necesitaría confutar aquéllas y prestigiar el relativismo. Un relativismo que fue adueñándose de las instituciones y del pensamiento de las gentes, y, cómo no, de los conceptos relacionados con el poder. Tanto era el miedo al absolutismo y sus crímenes, que pronto cundió la idea de que todas las opiniones valían lo mismo, con independencia de quien las tuviera y de su fuste.

Los relativismos moderados suelen ser razonables. Lo malo es cuando se vician en sí mismos, de su propia lógica devaluatoria y llegan a perder el norte. Para conseguir un mundo de relaciones justas no es necesario extremar la lógica devaluatoria del relativismo, pero mucha gente cree que sí. Una manifestación de esa lógica devaluatoria es el mundo del arte. Ya sabe usted: hablo de esas obras que se exponen en Arco cada año y que a nadie en su sano juicio gustan. La necesidad de alejarse de los excesos de las políticas absolutistas, arribó en este limbo de equivalencias de que habla Marina. ¿Cómo van a valer lo mismo las quisicosas de Arco como los milagros plásticos de Velázquez?


IMPLICACIONES EDUCATIVAS.

- Si todo vale lo mismo, ¿para qué esforzarse en hacer algo bien hecho? ¿Quién decide la calidad de un producto? Como la posmodernidad no tiene una respuesta clara a esta pregunta, concluye que tanto da un garabato que un Velázquez (aunque nadie se lo crea en el fondo). Si no creemos en la calidad de las cosas y los trabajos, tampoco creeremos en el esfuerzo. Y esto, amigos míos, tiene un claro y directo reflejo en nuestros sistemas educativos.

- El relativismo exagerado, al impugnar los conceptos de desigualdad y calidad, coarta la misma actividad de la inteligencia. Ésta necesita comparar continuamente las calidades y los estados de las cosas para resolver los problemas de la vida y para elegir la mejor solución u opción.

RELATIVISMO Y PODER.

La posmodernidad se lleva fatal con el poder y la autoridad. Los aborrece. Recuérdense las proclamas del mayo del 68 francés: “Abajo el poder; prohibido prohibir; desconfía de los mayores de treinta años…” Puede comprenderse un cierto grado de recelo frente al poder de los políticos. Pero las teorías del contubernio continuo ya no parecen tan comprensibles.

La ideología posmoderna, en sus versiones más delirantes, llega a proponer cosas realmente absurdas y del todo contrarias al sentido común. Los paladines de la posmodernidad afirman, por ejemplo, que no existe una realidad objetiva, sino que todo lo que uno oye de boca de políticos, vendedores, intelectuales o científicos son simplemente relatos embaucadores, convenciones venables sin fundamento objetivo. Nada es verdad ni mentira, sino cuentos del poder para mantener sometida a la población. Castillos en el aire que, no obstante su irrealidad, parece ser que encandilan la mente de los súbditos, de los enajenados consumidores de mercado. El poder, según esta visión delirante y paranoica, conforma “imágenes” y estereotipos sociales que coadyuvan al mantenimiento del estatus quo y a la alienación del hombre-consumidor, burgués confundido por las tretas de los poderosos. La reputación moral del artista actual es la del hermeneuta cuya misión es hacer explícitos los maquiavélicos planes del mercado expresados en imágenes, y ponerlos en evidencia mediante contraimágenes y retorcidas recensiones, para que el espectador tome por fin conciencia de su condición de súbdito de aquel mercado. Por ejemplo, si el mercado utiliza el cuerpo de mujeres bellas para atraer la atención y vender mejor sus productos, el artista posmoderno se encarga de idear una “contraimagen” para sacudir las supuestamente dormidas conciencias de los consumidores. Esa contraimagen puede consistir, por ejemplo, en la foto, pintura o escultura de un torso femenino escaldado, desollado o roto. Al ver semejante horridez, se supone que el espectador tomará conciencia de las artimañas del mercado y renunciará a su consumismo compulsivo.

Se trata de una visión paranoica del poder, de sus supuestos continuos contubernios. Cuidado con los poderosos, vigilémoslos de cerca, desentrañemos sus segundas intenciones, sus tretas y requiebros para enajenar al pueblo consumidor. Para el intelectual posmoderno, la realidad es texto, discurso dominador que hay que develar y poner en evidencia.
Incluso la mecánica cuántica puede ser vista con recelo, como si se tratara de otro más de los siniestros instrumentos del poder; y se llega, por ejemplo, al absurdo de proponer una matemática liberadora.

¿Por qué convenía al proyecto igualitarista-libertario esta visión relativista del poder? Porque aportaba una nueva confutación del racionalismo de las esencias y las verdades absolutas, tan temibles en manos de poderosos despóticos. Al presentar la realidad como una irrealidad venable, como una convención urdida por la mano negra del poder, se nos trata de advertir de que todo puede ser de otra manera (¡incluso la mecánica cuántica!). Es como decir: “Estad alerta. No os creáis nada de lo que veáis u oigáis, todo es relato y ficción alienante urdido por el poder de políticos y mercaderes. Nada es verdad ni mentira.”

Por eso hay quien llega a afirmar que vivimos inmersos en un contubernio continuo del poder. Por ejemplo, hay quien cree que el atentado de las Torres Gemelas fue urdido por los políticos y militares estadounidenses para justificar ante el mundo sus planes imperialistas. Como si a este país le hubiera hecho falta alguna vez recurrir a tan trágicas medidas a lo largo de sus cuatrocientas guerras imperialistas. También hay quien cree que el viaje a la luna no fue tal, sino un mero montaje del poder. Y sé de muchas personas que consideran que los medios de comunicación están regidos por gurús del contubernio, que conocen al detalle todas las técnicas psicológicas para engañar al espectador y llevarlo por donde les plazca. Imaginan a los “creativos” de televisión urdiendo sesudamente programas y anuncios de soterradas intenciones. Es cierto que en la ideación de esos programas y anuncios hay profesionales de la psicología, de la “imagen” o de la sociología. Pero se les atribuyen poderes manipuladores tremendos, que no existen. Normalmente, los responsables de los medios de comunicación no están intelectualmente por encima de los (muchas veces bobos) productos que exhiben ante la población. No hay más que oírles hablar para darse cuenta de que su inteligencia está muy lejos de tener tales facultades manipuladoras (léanse los Dardos en la palabra, del eximio Lázaro Carreter). Al contrario, los medios de comunicación están plagados de ciudadanos comunes, de inteligencia monda y lironda que, por esa misma razón, idean productos que entonan bien con el común de las gentes. Pero los medios de comunicación son llamados el cuarto poder, y para la mentalidad posmoderna todos los poderes públicos (y no públicos) están bajo sospecha.


IMPLICACIONES EDUCATIVAS.

- Todos los poderes oficiales están bajo sospecha. También la escuela, porque puede ser considerada como una institución de adiestramiento y propaganda política. No en vano, las polémicas sociales desatadas por la asignatura Educación para la Ciudadanía, están preñadas de esa sospecha perenne.

- No solo los poderes oficiales. El mismo poder que el padre tiene frente al hijo está bajo sospecha. El padre que dé un manotazo a su niño pequeño para que no meta los deditos en el enchufe, podrá ser acusado de maltratador. Los padres recelan de los poderes oficiales (políticos, legisladores, maestros…) y los poderes oficiales, por su parte, recortan poder y autoridad a los padres, prohibiendo todo uso de la fuerza sin excepción. Incluso en los casos en que, como digo, lo lógico sea asustar al crío como sea para que aprenda a evitar graves peligros cotidianos.

- La implicación educativa más grave que se deriva de esa sospecha contra el poder es, a mi juicio, el continuo desprestigio que sufre la asignatura de filosofía en nuestras escuelas, institutos y universidades. Esta implicación es de tanta importancia que merece capítulo aparte. La trataré al final de este escrito.



LA IRONÍA DE LA CRÍTICA POSMODERNA DEL PODER POLÍTICO Y DEL MERCADO.

Resulta muy irónica la crítica que el intelectual posmoderno hace del poder y del mercado. Intenta desvelar las artimañas del sistema haciendo una crítica de los efectos de la lógica relativista, cuando esa lógica fue precisamente el acto inaugural de la posmodernidad. Sin saberlo, el intelectual posmoderno ataca la misma lógica en que se funda la sociedad libre de absolutismos. Si el intelectual posmoderno reniega de toda sujeción absolutista, ¿cómo puede luego escandalizarse por la bulimia consumista aneja a la mentalidad relativista?


RELATIVISMO Y LA APOLOGÍA DE LA DUDA.

El relativismo posmoderno condice bien con la expansión democrática, al imponer una duda constante sobre todas las cosas del mundo y de la vida. La duda y la actitud dubitativa parecen signos de tolerancia y flexibilidad, contraria a aquella seguridad regia que destilaban los discursos de la razón opresiva. Algo así como un antídoto contra la soberbia de credos y dogmas de fe religiosos o políticos.

A favor de la duda se han pronunciado grandes hombres de todos lo tiempos desde los sabios griegos hasta los filósofos actuales. Nadie duda de las virtudes de la duda, de modo que yo aquí no me sumaré a sus consabidas alabanzas. Claro está que quien de nada duda, nada sabe, como decían los griegos… de acuerdo, pero se puede decir algo más de la duda.

¿Es la duda signo de flexibilidad? No necesariamente. Quien dude de que los hombres negros sean hombres, y apele a la flexibilidad de la duda, no está haciendo gala de inteligencia, sino de necedad suprema. Quien dude de que las mujeres sean mentalmente mayores de edad, está ejerciendo de necio. Quien dude todavía de que los seres humanos seamos animales, está haciendo caso omiso de las contundentes pruebas de la teoría de la evolución de Darwin. Cuando Brertand Russell discutía por televisión con un teólogo asuntos religiosos (Russell era agnóstico), había gente que consideraba al teólogo más abierto y de mentalidad más flexible, pues apelaba constantemente a la duda, cuando para Russell se trataba de cuestiones que la inteligencia sabía resolver sin dubitación sensata. Hay certidumbres cerriles, pero también hay dudas cerriles. Y este prestigio de la duda sistemática, incluso para asuntos ya resueltos, da fuerza a esa tendencia general de pretender que no deseamos convencer a nuestro interlocutor de nada. El intento de convencer al otro parece tener un carácter despótico, además de que atenta contra el principio del relativismo extremo. Habría que hacer caso a Blaise Pascal cuando decía: <<No es cierto que todo sea incierto.>> Y también a Goethe cuando sentenciaba: <<Beneficiadme con vuestras convicciones, si es que las tenéis; pero guardaos vuestras dudas, pues me bastan las mías. >>

El relativismo favorecía los deseos emancipadores, mientras que los discursos de la razón ofrecían a las gentes verdades absolutas y preceptos inamovibles. Las verdades absolutas, tan del gusto de las mentalidades despóticas y de ideologías redentoras, exigían una observancia férrea. Por ejemplo, el catolicismo imponía su credo con una pasión férrea y delirante. Inculcaba creencias gratuitas reputadas como verdades incuestionables. Y el poder político, religioso y militar de aquella época obligaba a las gentes a profesar el catolicismo por medios propagandísticos, represivos y brutales.

Ya ve usted por qué dice el diccionario que la posmodernidad se opone al racionalismo. Porque el racionalismo defendía un mundo de esencias absolutistas, de verdades eternas descubiertas por el espíritu, que se alzaba como un muro infranqueable contra los deseos liberadores de las gentes. El relativismo aportaba frescura y diversidad al mundo de las ideas. Ninguna idea valía más que ninguna. Ninguna persona estaba por encima de ninguna otra. La semilla de la heterogeneidad y la libertad ideológicas y sociales estaba sembrada… también la de la anomia.


IMPLICACIONES EDUCATIVAS.

- La duda sistemática, casi cartesiana, degenera en el escepticismo, la dejación y la conformidad. Nada es seguro y claro. Las ideologías y las grandes construcciones teóricas están en entredicho. Huelen a tufo manipulador. Nada de grandes discursos: o son palabrería o son ardides para manipular el pensamiento de los niños o del pueblo.

- Los padres manifiestan continuamente sus dudas acerca de si lo hacen bien o mal. Están acomplejados por tener que obrar como autoridades ante sus hijos: <<¿Quién sabe dónde está lo bueno o lo malo?>>. Unas dudas continuas que generan frustración, sentimientos de culpa e inhibición: “Si no estoy seguro de qué debo hacer con el hijo, mejor me quedo parado y que él campe a sus anchas. No quiero meter la pata.” Sé de casos en que algún padre, preguntado por la educación de los hijos, declaró que él no se dedicaba a dar ninguna educación al hijo, simplemente se limitaba a “criarlo”: darle refugio y de comer. Hay muchos padres para quienes la expresión “dar una educación al hijo” es equivalente a “indoctrinar” al hijo, “comerle el coco” con morales esclavizantes. Con estas creencias, no puede extrañarnos que muchos padres consideren la educación de los hijos como algo extremadamente difícil. Todo esto prefigura la educación dubitativa, acomplejada, lenitiva y permisiva que se practica hoy en los hogares y en las aulas.

- Contra los discursos supuestamente hueros o manipuladores de la razón se alzan la investigación empírica y los experimentos científicos casi desprovistos de teoría. Nada tiene de extraño que la APA y el DSM de los psicólogos se declaren ateóricos. Una de las consecuencias de esta fobia a la teoría de largo aliento es la esterilización científica por diversificación, según apuntó Marina. Menudean los experimentos de corto alcance, muchas veces meras comprobaciones científicas de cuanto el sentido común ya sabe de sobras. El escaso o nulo amor a la teoría profunda se refleja en los diferentes proyectos educativos, inclinados por las ciencias positivas pero no por la filosofía y las ciencias sociales y humanidades, disciplinas consideradas de segunda fila.




RELATIVISMO E IGUALDAD SOCIOPOLÍTICA.

El relativismo sería una de las mejores bazas del proyecto igualitarista. Igualaba a personas, conductas, obras, ideas y opiniones. Parecía eliminar una sociedad jerárquica y clasista.

Los servicios y prestaciones ofrecidos por el relativismo a la causa igualitarista-libertario son muchos:

- Se opone, por definición, a los abusos absolutistas del racionalismo, desactivando el poder siniestro de los discursos redentores y megalómanos de los dirigentes políticos y religiosos.
- Favorece la autoestima del ciudadano medio al permitir que su opinión sea tan válida como la de cualquiera con más estudios o poder: “todas las opiniones son respetables”.
- Pone o propone un plano de igualdad social a las personas en cuanto a poder se refiere.
- Franquea el paso a la heterogeneidad social de gustos, preferencias, inclinaciones, opiniones, tendencias… Al no haber ya referentes absolutos en la tradición y en las normas nacionalistas, religiosas y familiares antaño establecidas, el relativismo inaugura la lógica de la moda y el consumo.
- Instaura una mentalidad dúctil en la población, necesaria para la multiplicidad y la producción masiva de una sociedad hiperconsumista.

Sigamos con la radiografía de la posmodernidad. Veamos más consecuencias del relativismo.


POSMODERNIDAD: VARIEDAD Y DISPERSIÓN.
MÁS PODER, MENOS FUERZA.

El relativismo posmoderno funda la mentalidad de un sujeto esencialmente paradójico: autónomo en cuanto que individualista, pero gregario en cuanto necesitado de referentes y asideros emocionales. Ya no hay convicciones trascendentales, sino pluralidad caleidoscópica de gustos y tendencias. Hay un individualismo a la carta y un narcisismo mantenido por los halagos del comercio, pero también una mentalidad de rebaño.

El individualismo posmoderno da poder al sujeto pero le quita fuerza. Quizá suene extraña esta frase, pero la puedo explicar con claridad. El hombre anterior a la posmodernidad tenía convicciones morales, religiosas, escatológicas, familiares, nacionales, etc. Pero era un hombre reflejo de su cultura, hecho a imagen y semejanza de ésta. Carecía de poder para salirse de la herencia recibida, pero, eso sí, podía vivir en ella con fuerza, apuntalando proyectos que la reverenciaran y dignificaran todavía más. Había pocos caminos, pero firmemente transitados. No tenía apenas poder de elección, pero sí fuerza de acción. En cambio, el hombre individualista tiene gran poder de elección, pero escasa fuerza de acción. Sus proyectos no son ya titánicos ni trascendentales, sino de vuelo corto y cargados de excitaciones mareantes e irreductibles hesitaciones. Le pondré un ejemplo que le aclare muy bien esto, porque le aseguro que no es palabrería. Piense usted en un león. Sale a cazar. Por alguna razón hay una cebra alejada de la manada. La cebra que el león tiene a la vista parece fuerte y sana, pero la manada está muy lejos. El león casi no tiene poder de elección: casi no le queda más remedio que atacar a la cebra solitaria, por más fuerte que se la vea. Si decide atacar a la cebra, pondrá toda su fuerza en ejecutar esa opción elegida. Es su objetivo más claro: hay concentración, no dispersión. Este es el caso del hombre racionalista, de quien aceptaba la herencia recibida para venerarla. Pensemos ahora en un león que se encuentra con una manada de cebras. Ahora sus opciones son muchas. Su poder de elección es enorme, pero, a consecuencia de ello mismo, su fuerza de acción escasa. Resulta que cuando se decide por una determinada cebra, otra se le cruza y le despista. La primera parecía la más tentadora, pero la que está a su lado ahora le parece mejor candidata para su cena. Cuando por fin se decide por la segunda, una tercera le parece todavía más tentadora por su cercanía o por su menor velocidad en el trote. ¿Me entiende usted? Al aumentar el poder de opción, disminuye la fuerza de la acción, de concentración, de la decisión, del proyecto. En un mundo sin referentes trascendentales, los estímulos se multiplican y la atención se dispersa. El menú donde elegir es inmenso, y cada elección está presidida por una sensación de insatisfacción, de no completud, de no haber elegido bien. Somos como niños en una gran juguetería, interesados por todo y por nada. Y es precisamente lo que ocurre realmente con nuestros niños: reciben tantos juguetes que no hacen caso casi a ninguno. Y esto que le ocurre al niño, le ocurre al adulto, pero no solo en relación con los objetos, sino también con las personas y las relaciones con las personas. Lo cual explica en buena medida la aparente hiperactividad de los menores y la inestabilidad de las relaciones entre los adultos. Se multiplican las opciones, las tentaciones, los reclamos; y el sujeto, sin convicciones ni débitos morales, se deja arrastrar por ellos, acumulando experiencias fugaces y frívolas de todo tipo con personas y objetos.

Pero ese dejarse arrastrar por la multiplicidad de reclamos, tentaciones y señuelos describe la actividad individualista al tiempo que establece las bases ontológicas del hombre-masa. Un hombre con proyectos propios, elegidos individualmente pero con tibieza, que recurre constantemente al gusto mayoritario para recobrar la fuerza perdida. Necesita sentirse integrado en proyectos y actividades irrelevantes. Ir a la moda para formar parte de la tribu, hablar como habla todo el mundo, adherirse a las transgresiones contra el lenguaje, contra las costumbres, contra las reminiscencias del pasado. Necesita ser del mejor equipo de fútbol nacional, ir a la playa atestada de bañistas, tener ídolos, perderse en los macroconciertos, en las hiperdiscotecas, en los hipermercados, en los hipermítines, en los bares de moda… Necesita comunicarse con el otro con la una transparencia casi pornográfica, cotillear, confesar sus miserias públicamente, prodigarse en emotivos abrazos y achuchones con los desconocidos, hurgar en la vida de los demás… Por eso la posmodernidad es a un tiempo libertad de elección individualista y adhesión gregaria.



IMPLICACIONES EDUCATIVAS.

- Existe una idea general de la mente del niño como algo pasivo y dormido que los adultos y el ambiente deben despertar y estimular. Aunque esto tiene cierto fundamento científico, también es cierto que tan importante es estimular y excitar la mente del niño como enseñar al niño a contener sus impulsos y a serenarse cuando se emberrincha.

La mente de nuestros niños (como las nuestras) están hiperestimuladas, desde edades muy tempranas, por medio de programas de estimulación precoz y de coloridos juguetes supuestamente educativos que no paran de emitir ruidos de pitos, flautas y sirenas. Pero nuestros niños (como nosotros, adultos hiperconsumistas) no necesitan más estimulación, sino aprender a contener sus impulsos ante determinadas estimulaciones. El hiperconsumismo que caracteriza la época actual condice muy bien con esa psicología de la estimulación de los sentidos y la mente, cuando lo cierto es que la inteligencia no puede desarrollarse adecuadamente si al niño no se adiestra para que sepa contenerse ante el estímulo. Por medio de programas de estimulación temprana y el sistema de vida en el hogar (jugar a la Play y mil juguetes llamativos) conseguimos “acelerar” la mente, pero no ponemos el mismo empeño en enseñar a los críos a “frenar” la mente (y la acción). Con lo cual conseguimos individuos acelerados que no se saben frenarse a tiempo. El resultado es una psicología de la motivación (acelerar) pero no de la voluntad (frenar). De ahí en parte la existencia de tantos niños impulsivos, hiperactivos e incapaces de atender y obedecer a sus mayores.

- Y de niños infelices. La psicología sabe que uno de los medios bastante eficaces para sosegar el espíritu es practicar la meditación. Con la meditación el sujeto consigue aplacar el deseo. Yo no soy partidario de eliminar el deseo, pero sí de saber aplacarlo si las circunstancias lo aconsejan, porque un deseo siempre vivo y en ascuas conduce a la frustración; y ésta generalmente a la agresividad o la depresión.

- Por otro lado, la frugalidad de las elecciones infantiles y la inexistencia de referentes normativos firmes, dificultan la forja del carácter y la personalidad. La continua hiperestimulación a que los niños están sometidos, genera en ellos sentimientos de fragilidad y frustración (no saben frenar, no saber consolarse solos), de estar sometidos a fuerzas interiores incoercibles. No hay peor esclavitud que la que se deriva de no saber controlarse uno mismo, de hacerse dependiente de constantes deseos compulsivos. El refugio en este caso bien pueden ser las drogas o las bandas de adolescentes: evasión y una búsqueda de seguridad en el grupo y en la violencia.


ÉTICA SIN COMPROMISO.

Nada de todo esto significa que el hombre posmoderno desconozca la ética, ni mucho menos. Al revés, la ética está presente en cada faceta de la vida, precisamente como reacción a los sistemas totalitarios y sus violencias de superioridad. El círculo ético se hace más grande, hasta abarcar en su mirada a todos los pueblos y razas, e incluso los animales, la fauna y la tierra toda. Lo que ocurre es que se trata de adhesiones éticas tibias (aunque, claro está, también las hay firmes y serias). Tenemos ejemplos contundentes. Cuando el presidente Aznar promocionó y apoyó la invasión de Irak, el pueblo español salió a las calles para manifestarse contra esa guerra injusta. Pancartas, cantos y eslóganes pacifistas llenaron las avenidas de nuestras ciudades. Según las encuestas, más del noventa por ciento de la ciudadanía condenaba la invasión. Pero luego nos enteramos de que eran condenas tibias, de poca monta. El monumental crimen de la guerra injusta no fue rechazado de una manera permanente y contundente, como lo demuestra el hecho de que el partido que la respaldó no fuese claramente castigado en las urnas, ni en las elecciones autonómicas ni en las presidenciales. Mucho ruido y pocas nueces. Toda la polvareda levantada en la protesta por la guerra se redujo a algo parecido a: “Sí, estoy en contra de la guerra, pero no tanto como para que le retire mi confianza al partido que la apoyó. Ha sido un “error” de Aznar”. Poca reciedumbre es esta contra tamaña infamia. Es como si nos manifestáramos en contra de la violación, pero no le negáramos el saludo y la conversación amistosa al violador (seguimos confiando en ti, violador).

¿Y acaso hay alguien que no se declare en contra del hambre en el mundo? Sin embargo, ¿forma parte de las preocupaciones de la sociedad y de sus representantes políticos? ¿Realmente se hace fuerza de verdad para que los países tercermundistas reciban el 0,7% de la riqueza del primer mundo? ¿Y quién no desea un mundo libre de las agresiones a la naturaleza? Nadie. ¿Pero cuántas personas están dispuestas a rebajar su hiperconsumismo?...

La ética cabal prescribe otra cosa: prescribe que sólo se puede estar en contra de la guerra con contundencia, sin reparos ni decisiones venales; que el hambre del mundo debe atajarse ya sin regatear ese 0,7 del P.I,B. de las naciones más ricas; que las cuitas ecologistas se vean respaldadas por la acción ciudadana, no sólo por la palabra ciudadana.

Por eso mismo me adelanto a decir que el hombre que esperamos para el futuro no será el de las esencias racionalistas del pasado, pero tampoco el que, relativismo extremo mediante, se adhiere tibiamente a las buenas causas. El hombre relativista sabe de ética más nunca, pero le falta energía. Sabe lamentarse de la injusticia y del mal ajeno, pero no sabe renunciar a sus intereses particulares para combatir las injusticias y los males de la humanidad.

El hombre de ética cabal tendrá un amplio abanico de opciones en que elegir, pero sus proyectos y adhesiones éticos serán firmes y contundentes.



IMPLICACIONES EDUCATIVAS.

- La ética sin compromiso se traduce en un millón de contradicciones paternas y sociales que los niños pueden percibir como incoherencias. En una ética sin compromiso real es una ética de valor nominal en que todo vale. Vale condenar la guerra y, a un tiempo, votar a quienes la apoyan. Vale estar en contra de la pobreza mundial y vale no dar un duro por acabar con ella. Vale declararse contra el racismo y vale no mover un dedo contra el racismo…


EL RELATIVISMO MORAL Y LOS SENTIMIENTOS DE CULPA.

El relativismo posmoderno también desbarata el sentimiento de culpa del ciudadano. El discurso del pecado y del arrepentimiento, tan caro a las religiones y a los sistemas despóticos y a la era del deber, se desvanece. Por eso proliferan los ciudadanos que afirman no arrepentirse de nada. Acuden a una verdad irrefutable como coartada: “lo hecho, hecho está y no se puede cambiar”. Sí, pero es que el arrepentimiento no es un sentimiento religioso, sino un sentimiento natural cuya función no es cambiar los errores del pasado, sino prevenir los errores del futuro.

La posmodernidad repudia el sentimiento de culpa. Los padres temen reñir al niño travieso (o malo) por temor a que acabe teniendo una personalidad inhibida, terciada por el destructivo sentimiento de culpa. Así las cosas, nada nos puede extrañar la proliferación de sinvergüenzas y frescos. Ni de niños consentidos, libres del peso de la responsabilidad. Responsable es quien responde de sus actos. Pero si ahora no nos parece adecuado sentirnos culpables por nuestros errores, ¿cómo vamos a comportarnos como seres responsables de nuestros actos?



LA TABLA RASA.

La panoplia de la posmodernidad no estaba completa con el relativismo antirracionalista, si bien éste es, como hemos visto, un arma muy poderosa. La artillería empirista necesitaba más armamento.

La segunda guerra mundial generó en el mundo occidental un deseo tremendo de quedar libre de todo discurso de dominación salvaje. En España tuvimos una guerra civil y cuarenta años de dictadura, de modo que conocemos bien el percal de la violencia de superioridad. El proyecto de libertad exigía un proyecto previo de igualdad sociopolítica radical. En las gentes había un temor cerval a que la historia del horror se repitiera. La lucha social por la igualdad-libertad ya venía de mucho antes, pero está claro que los horrores de la guerra, el holocausto nazi y las dictaduras de izquierdas o derechas intensificaron esa lucha y catalizaron sus efectos y sus conquistas. Estaba abonado el terreno para la aceptación de cualquier idea que fortaleciera el proyecto igualitarista-libertario, y para rechazar cualquier idea que atentara, o pareciese atentar, contra dicho proyecto. Esas ideas podían ser nuevas o añejas, poco importaba. A todas ellas se les daría la bienvenida.

Y aquí entran en escena las ciencias sociales: psicología, sociología, antropología… Los estudios de estas disciplinas fueron arrojando resultados que fortalecían sistemáticamente el proyecto de la igualdad-libertad.
Muchos de esos estudios de las ciencias sociales eran sencillamente falsos o sesgados, pero muy bien acogidos, porque -aparentemente- militaban en el bando igualitarista-libertario.

Veamos algún ejemplo con la psicología. La psicología decimonónica inventaba alegremente miles de instintos para explicar la conducta humana. Casi había un instinto para cada conducta, probablemente hasta para ponerse la corbata. Era una psicología de introspección, de sillón y de esencias: una psicología racionalista de lo innato, inmutable y permanente. El ambiente no contaba apenas. Las cosas eran como eran desde su misma génesis. Luego, allá por el 1912, el conductismo surgió con tremenda fuerza, tomando como referencia la ciencia experimental del gran Newton. Para sus máximos representantes (Watson y Skinner), los instintos dejaron de tener peso explicativo. La mente, o no existía, o sus contenidos eran irrelevantes para explicar la conducta humana. La explicación de la conducta humana recaía en las leyes del aprendizaje, en los condicionamientos clásico e instrumental. Watson llegó a decir que él podría convertir a cualquier niño en el adulto que se deseara: ladrón, ingeniero, electricista, maleante o filántropo... Skinner, participando de ese optimismo para producir y modificar conductas, creyó que podría conseguir que las palomas aprendieran a dirigir misiles. Sólo necesitaba aplicar minuciosamente los principios del conductismo clásico e instrumental. Ni Watson ni Skinner llevaban razón. Hoy sabemos que no era cierta la tesis decimonónica pro-instintos ni tampoco la conductista anti-instintos. Hay quien, de manera ecléctica (pero a mí el eclecticismo me parece una solución cómoda), considera que la dicotomía naturaleza-ambiente se zanja diciendo que el cincuenta por ciento de la varianza conductual está explicada por la naturaleza y el otro cincuenta por el ambiente. La relación entre los instintos y el ambiente es bastante más compleja que la que sugiere la fórmula ecléctica, pero bástenos aquí con saber que el triunfo del imperio conductista se explica, en gran medida, por su supuesto y aparente apoyo al proyecto igualitarista-libertario. No sólo era que imitaba la ciencia positiva de la física newtoniana, sino que servía a la causa igualitarista de los años setenta. La psicología experimental y académica de bata blanca, pertrechada de fórmulas, metros, laberintos y cronómetros, daba la razón al proyecto político en marcha; por tanto, había que había que reclutarla para la causa.


El conductismo, y otras ideas de gran éxito en el siglo pasado y en éste, tienen su origen la tesis de la Tabla Rasa. Y ésta, a su vez, en un empirismo radical cuyo representante filosófico se remonta a la figura de Locke. El empirismo de Locke encajaba a la perfección en la lucha social contra las violencias de superioridad. ¿Por qué? Porque el empirismo propone que el ser humano carece de naturaleza, de modo que su conducta está determinada por los acontecimientos ambientales. Esto significa, en teoría, que los hombres, al nacer todos constitutivamente iguales, podrían alcanzar la justicia sociopolítica con “solo” igualar las condiciones ambientales. El empirismo radical (en el que se enraíza el conductismo radical, como hemos dicho) explicaba que no había instintos ni diferentes grados de instinto. Por ejemplo, nadie era más proclive a la agresividad de nacimiento. O a la locura. Ni nadie más inteligente que nadie… Y así con todo. Se proponía una igualdad de nacimiento para cualesquiera rasgos conductuales. Y, por supuesto, la igualdad de los sexos. La ciencia psicológica actual y la neurología han comprobado, sin embargo y a contracorriente, que las personas nacen con temperamentos diferentes. No existe igualdad bautismal interpersonal. Un bebé puede ser más asustadizo que otro, incluso aunque hayan pasado por experiencias muy similares. También sabemos que unas personas son más inteligentes que otras desde la misma cuna, lo cual no significa, claro está, que el influjo del ambiente sea inexistente. También se ha comprobado que hay diferencias cualitativas en los perfiles medios del C.I. de hombres y mujeres. Por ejemplo, las mujeres suelen hacer bien varias tareas al mismo tiempo. Los hombres, por término medio, no, o no tanto. Éstos, en cambio, se suelen orientar mejor en el espacio. Los estudios sobre personalidad indican también que el peso genético es mucho mayor que el influjo de las familias dentro de una misma cultura, etc.

Como ya saben, mi objetivo principal en este ensayo es analizar y criticar las creencias falsas acogidas o inventadas por el proyecto igualitarista-libertario, pues muchas de ellas tienen una relación más o menos directa con la actual crisis de autoridad que sufrimos.

La tesis de la Tabla Rasa, cumbre del empirismo más radical, tiene mucho que ver con esa crisis, como enseguida veremos. Me va a permitir usted que me salga un poco del objetivo principal e intente hacer una crítica devastadora de algunas creencias derivadas de la tesis de la Tabla Rasa. Digo que me saldré algo de mi objetivo porque las creencias que voy a refutar no guardan una relación directa (pero sí indirecta, como al final usted comprenderá) con la crisis de la autoridad en educación que aquí tratamos. Créame, esta refutación no es una digresión, por más que lo pudiera parecer. Es conveniente incluir esa refutación para que se percate usted de hasta qué punto los seres humanos recurrimos al autoengaño si con ello creemos asegurar mejor nuestra felicidad o evitar la desgracia. Acogemos o desarrollamos cualquier creencia, por más disparatada o estúpida que sea, con tal de afianzar nuestro proyecto de felicidad personal y social. No somos criaturas que aspiremos a conocer la verdad, sino criaturas más o menos desvalidas que deseamos sobrevivir y ser felices.

Reclutamos cualquier idea o argumento que parezca apoyar nuestros intereses. En este caso, el interés de los posmodernos era (es) defender contra viento y marea su proyecto igualitario-liberador, incluso al precio de instalarse en una fábula y una mentira monumentales.

La tendencia al autoengaño es universal, forma parte de nuestra herencia biológica y ha sido objeto de serios e innumerables experimentos neurológicos y psicológicos. Cualquier lector interesado podrá demandarme más información o explicaciones sobre este particular. Lo atenderé gustosamente.

Insisto: quiero que comprueben, conmigo, a dónde alcanza nuestra necesidad de autoengañarnos. Voy a explicar y criticar aquí un par de creencias coherentes con la tesis de la Tabla Rasa, y espero ser lo suficientemente elocuente como para que ustedes participen de mi pasmo, de mi asombro ante la insensatez de tales creencias. Serán sólo un par de botones de muestra de cuanto nos ofrece la Tabla Rasa. El catálogo de botones es interminable. Además, aquí no puedo sino ofrecer una refutación parcial de estas creencias. Pero si el lector desea más pruebas o argumentos, estaré encantado en ofrecérselos.

Por otro lado, confieso llevar años incubando tirria a las creencias generadas por la Tabla Rasa. Es ya una cuestión personal.

La primera creencia de que hablaré es un lugar común en psicología clínica. Yo la he podido oír bastantes veces ya de boca de colegas. En los últimos meses la habré escuchado dos o tres veces en televisión. No recuerdo el nombre del psicólogo que, en Documentos TV, la comentó. Sí sé que estaba a cargo de un programa para reeducar violadores reincidentes en centros penitenciarios de Cataluña. El psicólogo en cuestión dijo (cito de memoria) que <<la violación no tenía nada que ver (o apenas nada que ver) con el sexo, sino que la intención del violador era humillar a las mujeres. Detrás de este delito se escondía -según el psicólogo en cuestión- una historia de aprendizajes machistas. Al violador le enseñaron a menospreciar y sojuzgar a las mujeres, y lo que le excitaba era el acto de dominar y someter a su víctima.

Bien, esta es la creencia, ¿qué le parece? Es una creencia deudora de la tesis de la Tabla Rasa, porque niega la posibilidad de que una pulsión interior, el instinto sexual, sea el móvil de los violadores de mujeres. La conducta de violación ha sido aprendida, según es fama en la psicología clínica conductista y cognitivista. La existencia y el éxito de esta creencia responden a la necesidad emocional de muchas personas de creer que el violador podrá ser reeducado exitosamente, y de que los potenciales violadores del futuro no lo llegarán a ser si se les educa bajo principios de igualdad sexual. Es decir, el lógico miedo a la violación, lleva a muchos profesionales a creer que la violación no tiene ningún componente instintivo, sino que es algo aprendido. Recuerde, amigo lector: para la tesis de la Tabla Rasa, todas, o casi todas las conductas humanas, son aprendidas. Como más adelante demostraré, el temor de la Tabla Rasa se fundamenta en la creencia, totalmente falsa, de que los comportamientos instintivos no pueden ser tratados, corregidos o prevenidos por la educación. Es una creencia falsa y hasta tonta, pero tan arraigada en las ciencias sociales, que ha condicionado enormemente nuestra concepción y nuestra política educativa, social y penal. Para la Tabla Rasa, los instintos y los rasgos genéticos son inmutables. En consecuencia, convino en afirmar, dogmáticamente, que cualquier conducta humana (buena o mala) es producto del aprendizaje.

No voy a entrar en datos y estadísticas, ni en estudios que demuestran la sandez de esta creencia sobre las causas del acto de violar. Pero si alguien me los solicita, se los daré. También le podré facilitar los nombres de mujeres intelectuales que se han revelado contra esa estúpida creencia. Aquí, me limitaré a ofrecer los siguientes argumentos:

1. Si la violación no tiene nada que ver el sexo, ¿cómo consigue el violador la erección del pene y la penetración? Argüir que es la excitación está causada por la expectativa de humillar a la víctima, es un sinsentido, pues se trata precisamente de una excitación que moviliza todos los recursos hormonales y fisiológicos implicados en la respuesta sexual masculina. Incluso aunque algún violador se excitara sobremanera con la imaginación de forzar a una mujer, lo cierto es que ésta es necesaria para desencadenar todo el proceso. Los fetichistas se pueden excitar con prendas femeninas, pero precisamente porque esas prendas están lógica y directamente relacionadas con el estímulo sexual incondicionado, es decir: la mujer. La cadena de estímulos condicionados al objeto sexual (hombre, mujer o niño) puede ser bastante larga, pero en modo alguno puede faltar el estímulo incondicional que, por así decir, “cede” su fuerza y contagia su atractivo a los objetos o situaciones en que surge.
2. Es un rasgo universal del imaginario sexual masculino fantasear con forzar a muchas mujeres o copular con muchas mujeres (y del imaginario sexual femenino ser violadas por algunos hombres o sus parejas), y forma parte también de los inocuos juegos de excitación de muchas parejas. No por ello todos los hombres son potencialmente violadores ni sospechosos de semejante crimen (ni muchas mujeres sospechosas de desear ser violadas de verdad). El crimen consiste en pasar de la fantasía a la realidad, en pasar de la imaginación al acto, que es justo lo que hace el violador.
3. Los seres humanos se pueden excitar en un sentido general ante la posibilidad de dominar a las personas, pero no se trata de una excitación sexual específica. Cuando un candidato a la presidencia de un país da un mitin multitudinario, no se excita sexualmente pensando que pronto tendrá poder para hacer y deshacer y regir los destinos de millones de personas (aunque pueda ser cierto que la excitación general facilite cualquier excitación específica). Cuando un hombre fanfarrón y ávido de dominar a los demás (un campeón de boxeo, por ejemplo) se pelea con otro, no tiene el pene erecto, por más excitado y animado que esté. Cuando a mí y a otros niños nos pegaba el maestro con saña para mantenernos dominados, quizá estaba sádicamente excitado, pero no excitado sexualmente.
4. Aunque la idea de humillar y someter a la víctima forme parte de la excitación sexual de algún violador (no de todos, ni mucho menos), el objeto principal de excitación es sexual. De hecho, los violadores, por término medio, están interesados por las mujeres jóvenes, no por las de cierta edad o ancianas. La razón es tanta sencilla como que las mujeres jóvenes son más atractivas que las ancianas (y fértiles, pero no quiero entrar en razones evolutivas). También los violadores suelen ser jóvenes, precisamente cuando su nivel de testosterona es elevado. Algún violador cuenta que se inició en el delito de la violación mientras atracaba a sus víctimas para robarles. Mientras les robaban se preguntaba a sí mismo: “¿Por qué no meterles mano, con lo buenas que están?” Tanto le gustó la experiencia que a la práctica del atraco sumó la de la violación. Ignoro cuál es la razón para que este tipo de esclarecedoras, sinceras y lógicas declaraciones (aunque moralmente repugnantes) no sean tenidas en cuenta por los psicólogos encargados de reeducarlos. Ellos mismos confiesan el móvil de sus crímenes: un móvil sexual.
5. Un argumento, comúnmente esgrimido por quienes afirman que la violación a mujeres es simplemente un acto de agresión sexual para humillarlas y someterlas, es que, si se tratara de buscar sexo, el violador pagaría los servicios de una prostituta. Déjeme que le cuente una cosa del efecto de las drogas que viene a cuento: la psicología conductista ha comprobado que la muerte por sobredosis de estupefacientes no es causada, muchas veces, por una mayor dosis de droga, sino por el hecho de que el drogadicto consumió su dosis habitual en un lugar o momento no habitual, con lo cual, el efecto de la droga fue mayor, pues el cuerpo de aquél, al saltarse la cadena de la costumbre, no pudo preparar una respuesta antagónica a la respuesta fisiológica que produce la droga. En tales condiciones de falta de preparación del organismo, la dosis habitual de droga produce un efecto mucho mayor, a veces letal. Por el mismo principio se explica que muchas veces recurramos a situaciones novedosas para desarrollar conductas cotidianas: éstas se viven más intensamente en esas situaciones novedosas. Por eso las parejas sexuales buscan hacer el amor en situaciones cambiantes: de repente, el atractivo de la pareja es mayor. Lo mismo cabe decir de cualquier otra conducta apetitiva habitual: se hace más placentera al realizarse dentro de una situación nueva. Por otro lado, el violador puede excitarse en un momento y lugar determinados al ver a una determinada chica a la cual ya le podía haber echado el ojo. O experimentar una excitación súbita que no puede demorarse en busca de un club de alterne. Por último, ¿quién dice que los violadores no hagan uso más o menos habitual de los servicios de las mujeres dedicadas a la prostitución?
6. Si la intención del violador fuera humillar, aterrorizar y someter a la mujer, podría recurrir a golpes, palizas o mutilaciones. Y también a vejaciones sexuales, pero no necesariamente perpetradas con el miembro viril: bastaría con emplear objetos penetrantes. Sólo el cuatro por ciento de las violadas sufre estas agresiones. Si no hay un impulso sexual neto, según afirman dogmáticamente muchos psicólogos, ¿cómo es posible que no hayan surgido ya hombres que asalten a las mujeres para darles palizas por la calle o en los callejones. También sería una manera de mantener aterrorizada a la población femenina. Pero los malos tratos a las mujeres están cometidos por novios y maridos brutales, no por desconocidos, como es el caso de los violadores.
7. Si viviéramos en una sociedad patriarcal interesada en someter a las mujeres, el crimen del violador no sería tenido por tal. Sin embargo, la población de padres, hermanos y maridos se muestra alarmadísima con la noticia de que por el barrio hay un violador. La idea de que la violación es un recurso terrorista del machismo para mantener sometidas a las mujeres, es el mayor disparate de la historia de los disparates. No conozco a ningún padre de niña (o niño), o de chica que se muestre contento con la presencia de un violador en el barrio o en la ciudad. Al contrario, cualquier padre (o hermano, o novio, o marido) estaría muy temeroso de tal cosa, y la mayoría de los hombres parientes de la víctima, lincharían y mutilarían a cualquier violador pillado in fraganti.
8. En las cárceles de hombres, supuestamente llenas de hombres machistas, los violadores deben ser protegidos por las autoridades, dada la inquina que los presidiarios les profesan.
9. Si viviéramos en una sociedad patriarcal interesada en someter a las mujeres mediante la violación, también tendríamos que concluir que la intención de los pederastas es mantener sometida y a raya a la población infantil (niñas o niños). Lo cual es de un absurdo superlativo. ¿Por qué a nadie se le ocurre decir que los pederastas de niños y niñas cometen sus crímenes para mantener aterrorizada a la población infantil?
10. La reeducación ideológica de los violadores puede ser necesaria, pero muchas veces es insuficiente. La castración química de los violadores con sustancias inhibidoras del deseo sexual (por ejemplo, Depo-Povera) consiguen reducir la reincidencia de la violación de un 43% a un 3%. Es decir, es un tratamiento que reduce quince veces los actos de violación. De hecho, los sujetos que se someten a ese tratamiento declaran que éste consigue eliminar en ellos las ideaciones de violación y, desde luego, la erección. En cambio -dicen- los tratamientos puramente educativos no lo consiguen. Tal es así que la mayoría de los violadores químicamente castrados y reintegrados a la sociedad, llevan una vida normal y pacífica.
11. Si la intención del violador fuera someter y humillar a las mujeres, la castración química o quirúrgica no eliminaría su deseo de humillar y someter a las mujeres. Excitado o no excitado sexualmente, atacaría a sus víctimas en callejones oscuros, sometiéndolas a maltratos y vejaciones sexuales, aun sin el pene erecto. Pero esto no ocurre. La castración química bloquea la acción de la testosterona y, por tanto, elimina el deseo sexual: el causante principal del acto de violar.
12. La violación no es un instrumento de dominación masculina o machista. Si lo fuera, la población masculina estaría encantada con la existencia del violador, figura garante del orden patriarcal. Pero no, los violadores no gozan de tal reputación. No son guardianes del patriarcado ni nada remotamente parecido. Válgame esta reflexión para decir lo siguiente: Como hombre, no me siento en absoluto representado por el violador, ni reconozco en él una figura garante del orden patriarcal. Él, y sólo él, es el responsable de sus actos y sus crímenes. Y él, y sólo él, debe pagar por sus crímenes. El feminismo ciego (en contra de los feminismos inteligentes y sensatos de muchas mujeres) es tan ridículo y estúpido como el machismo de muchos hombres. Y cuando el feminismo ciego pretende que la violación es algo más que la conducta criminal del violador, concibiéndola como un instrumento de dominación masculina, a mí no me queda más remedio que protestar con la mayor indignación posible, porque yo, como la mayoría de los hombres, no tengo absolutamente nada que ver con los actos criminales de terceros, tanto si las víctimas de éstos son niños, como si son mujeres u hombres. No quiero en esta vida méritos que no me pertenecen, pero tampoco culpas que no merezco.


Quizá a usted todas estas razones le parezcan estar por demás, y que jamás se le haya ocurrido la sandez de que la violación no tuviera nada que ver con la satisfacción del instinto sexual. Pero le aseguro que es un lugar común en buena parte de la psicología oficial. Cosa, por cierto, que tiene implicaciones en las leyes penales dispuestas para los violadores y en los tratamientos de reintegración social por los que pasan.

Lo realmente importante aquí es entender bien lo que dije arriba: que el ser humano es capaz de concebir y profesar cualquier creencia que, a su juicio, lo libre de graves miedos. La tesis de la Tabla Rasa obra en ese sentido. Muchas personas se sienten reconfortadas pensando que la violación es producto del aprendizaje machista, pues consideran que todo lo que se aprende, se puede “desaprender”. Sin embargo, los ciudadanos cultos deben salir de su engaño y arrostrar la realidad: hay conductas que no son aprendidas ni derivadas de adoctrinamiento alguno (o, en todo caso, que hay conductas que se aprenden con alarmante facilidad). Son simple y llanamente consecuencia de impulsos internos no controlados. Eso no significa, en modo alguno, que la psicología y las leyes no puedan hacer nada: significa que el modo de tratar estos problemas exigirá otros planteamientos teóricos y metodológicos.

En este mismo orden de cosas debemos incluir la violencia que algunos hombres ejercen contra sus parejas. De nuevo, aparece la Tabla Rasa para decirnos que esos hombres han aprendido pautas de conducta machista que les permiten creer que sus parejas femeninas son de su propiedad. Nuevamente, resulta tranquilizador creer que lo que se aprende, se puede desaprender. Y es tranquilizador pensar que una educación infantil y adulta basada en el respeto entre hombre y mujer, eliminará en gran medida los casos de malos tratos y los uxoricidios. Me temo que la cosa no es tan sencilla. Los celos no son aprendidos. Considérense los celos de los niños cuando nace un hermanito. ¿Quién ha enseñado al hermano mayor a ser celoso? Sus celos surgen de manera natural. Nadie le ha adiestrado para ello, ni hay ideología que los sustente.

Muchos hombres son celosos, pero no todos son agresivos, por fortuna. La manifestación de celos es natural en el niño y natural en el adulto. Muchos de mis colegas afirman que la expresión de celos en novios y maridos no es más que un medio de someter a las mujeres, socializadas en el miedo al hombre, al sistema patriarcal. Pero ninguno de mis colegas me sabe responder a la siguiente cuestión: si los celos masculinos forman parte de los métodos de dominación machista, ¿por qué las mujeres también son celosas? Si los celos son, según la Tabla Rasa, aprendidos, ¿qué interés puede tener el sistema patriarcal (el hombre) en enseñar a las mujeres a ser celosas? Lo ideal para el hombre sería que las mujeres no mostraran celos: así, los maridos podrían tener tantas aventuras como quisieran sin hacer peligrar su matrimonio y su relación con los hijos.

La rocambolesca idea de que todas las conductas humanas son fruto del aprendizaje, de la inculcación cultural o la imitación social, nos conduce a despropósitos como éstos, y a muchos otros que aquí no puedo referir.

Los intereses de las mujeres y sus derechos no van a ser mejor defendidos con las máscaras de la Tabla Rasa, sino todo lo contrario. Las violaciones y La violencia de superioridad que algunos hombres ejercen contra sus parejas, serán más fácilmente eliminadas de la sociedad si ésta acaba entendiendo que esos crímenes pueden y suelen estar causados por impulsos internos, biológicos; y que la vía médica y la intervención biológica pueden y deben formar parte de la investigación y del tratamiento de muchos casos y de diferentes tipos de delito. Por otro lado, es evidente que las autoridades deben intervenir con rapidez y diligencia ante los casos probados de malos tratos y endurecer notablemente las penas a los maltratadores.


EL INESTIMABLE PAPEL DE LA EDUCACIÓN.

Quizá usted se diga: “Vale, pero aparte la consideración biológica de algunas conductas humanas, ¿acaso no puede hacer nada la educación?” La respuesta es un rotundo “sí”. De hecho, es nuestra mejor baza para prevenir los delitos y las conductas insalubres y perjudiciales para los individuos y la sociedad. Pues la idea de que la educación puede corregir creencias o ideologías, pero no impulsos instintivos, es, precisamente, otra de las enseñanzas torcidas de la Tabla Rasa. Una enseñanza que no se corresponde en absoluto con la realidad. En el apartado siguiente, dedicado a las implicaciones educativas de las enseñanzas de la Tablar Rasa, voy a refutar la idea peregrina de que los instintos no pueden ser corregidos mediante la educación. Probablemente, no hay en el mundo de la educación creencia más desatinada que ésa.


Creer que la mente es como una Tabla Rasa implica que todo lo que ingrese en ella será fruto del aprendizaje o la imitación social. Por eso, como acabo de contar, buena parte de los psicólogos y de la población cree que los sujetos que violan lo hacen porque lo han aprendido (mejor dicho: han aprendido una ideología que legitima la violación o que anima a la violación para mantener sumisas a la población femenina), o que los hombres que maltratan a sus mujeres lo hacen debido a aprendizajes machistas. Estas y otras creencias similares se han instalado en las mentes de muchas personas porque son tranquilizadoras: permiten creer que un mundo mejor será posible simplemente cambiando las consignas, los valores, los discursos, las creencias…

Este ensayo intenta ser una demostración palmaria de que gran parte de nuestras conductas está causada por creencias erróneas que la educación, la ciencia y la cultura deben combatir. Eso es precisamente lo que yo estoy intentando aquí.

Pero no debemos tener una visión monolítica del ser humano y su conducta. Lo cierto es que gran parte de nuestra conducta es la expresión de impulsos internos, innatos, no aprendidos. De instintos. Pero no se asuste, tengo buenas noticias: pese a las afirmaciones de la Tabla Rasa, lo cierto es que la educación es un instrumento eficacísimo para combatir la expresión de determinados instintos. De hecho, toda buena educación consiste no sólo en inculcar buenas ideas y combatir malas ideas, sino también en domesticar los instintos (pues éstos pueden generar todo tipo de intenciones, buenas o malas). Creer que el acto criminal de la violación es producto de una determinada ideología (la ideología machista en concreto), es tan insensato como creer que el ataque bulímico que un niño obeso hace a la nevera (o adulto) está causado por alguna suerte de ideología. No es así. Nuestros niños son los más gordos del mundo, después de los estadounidenses y los británicos. Y si están tan gordos no es porque ellos coman bulímicamente para satisfacer ningún tipo de ideología que pulule por el aire. Comen así para satisfacer el impulso de ingesta, algo perfectamente natural e instintivo. Si no hay nadie adulto que los enseñe a controlarse, la mayoría de los niños elegirán naturalmente alimentos grasientos y muy calóricos, pues son, sencillamente, los más ricos al paladar.

¿Comprende usted el paralelismo entre el principio causal de la violación y el de la ingesta bulímica? Lo que en ambos casos tenemos es a un sujeto (niño o adulto) que no ha aprendido a controlar sus impulsos orgánicos, sus instintos de ingesta o sexuales, respectivamente. Cuando una madre responsable se niega a dar de comer bollería a su niño glotón y rechoncho, no está combatiendo en éste sino una glotonería natural en que todos podemos caer si nos descuidamos. Cuando una madre se niega a dejar salir a jugar a su niño hasta que éste no haga sus deberes escolares, no está combatiendo en el niño ninguna suerte de ideología lúdica, sino un apetito natural del menor: jugar. La madre está enseñando a comportarse a su niño. Está combatiendo unas partes de su naturaleza (comer sin parar, jugar sin parar…) con otras partes de su naturaleza: la voluntad del niño. La madre responsable (o el padre) despierta y afianza en el niño algo tan natural como es la voluntad. Podría multiplicar los ejemplos, pero creo que éstos ilustran bien lo que digo.

Pues bien, una educación adecuada no es sólo aquélla que enseña buenos valores éticos, sino la que sabe entrenar a sus niños (o adultos descarriados) a controlar sus apetitos. Tiene esto que ver, como usted se habrá percatado, con lo escrito en el epígrafe titulado POSMODERNIDAD: VARIEDAD Y DISPERSIÓN.
Nuestros hijos y alumnos son adiestrados para acelerar y cambiar rápidamente de carril: para centrar la atención en muchos estímulos que despierten su inteligencia. Pero nuestros niños y jóvenes no están siendo entrenados para andar mucho tiempo por un solo carril, ni para saber frenar a tiempo. No para que centren la atención y la mantengan, ni para que sepan controlar sus impulsos, ni para frenar a tiempo una posible acción delictiva o inadecuada.

Permítame que le diga algo que quizá sea lo más importante que usted pueda oír sobre educación en estos momentos. No me importa parecer petulante, porque estoy convencido de lo que voy a decir. Además, invito a cualquier lector a que aporte argumentos y pruebas que me refuten si así lo estima conveniente. Esta es la sentencia. La pongo en mayúsculas, fíjese usted, para que resalte más:

SI CRIAMOS A NIÑOS QUE NO SE LES ENSEÑA A CONTROLAR SUS IMPULSOS, SERÁ INÚTIL QUE NOS ESFORCEMOS EN EDUCARLES EN EL MARCO DE LOS VALORES ÉTICOS.

Pues si no los entrenamos desde muy chicos para que sepan controlar sus apetitos e instintos (alimentarios, agresivos, sexuales…), el hecho de que conozcan al dedillo el contenido de la ética mejor pensada, no les servirá apenas de nada. Esos críos acabarán haciéndose adultos carentes de carácter y fuerza de voluntad. Tendrán conocimientos declarativos de ética, pero ellos se comportarán al son de la ética sin compromiso. Precisamente la ética que ya tenemos aquí, la que profesa tanta y tanta gente.



IMPLICACIONES EDUCATIVAS.

La tesis de la Tabla Rasa, nacida de la sementera del empirismo, está causando daños considerables a la sociedad. En el ámbito de la educación diré un par de cosas, pero de considerable importancia.

1. La Tabla Rasa enseña a los diferentes agentes educadores que todas las conductas humanas son producto del aprendizaje y la imitación social. Como ya he explicado, la Tabla Rasa encajaba a la perfección en el proyecto igualitarista-libertario de la posmodernidad, pues hacía (y hace) creer a las personas que no hay diferencias innatas y constitutivas entre las personas, sino que cualquier diferencia observable entre éstas es debida a diferentes enseñanzas y modelos de imitación. Así, el violador viola porque alguien (la sociedad, la ideología patriarcal…) le ha enseñado a violar o le ha hecho creer que es legítimo violar a las mujeres. El que agrede a la esposa es porque alguien le ha enseñado que las mujeres pertenecen al hombre. Si los hombres se enzarzan a puñetazos por cuestiones de fútbol es porque alguien (la sociedad, la ideología machista…) les ha enseñado ha reaccionar violentamente... Según la Tabla Rasa, las personas no nacemos con inclinaciones sexuales definidas, sino que la sociedad se encarga de instalar en las mentes las inclinaciones pertinentes. Por eso hoy se habla de género, no de sexo, cosa que, por varias razones, escandalizó al gran Lázaro Carreter. Sin embargo, hoy sabe la psicología y la neurología que hay un sustrato biológico innegable en nuestros gustos sexuales, y en otras diferencias entre los dos sexos (digo sexos y no géneros a propósito). En fin, las falacias derivadas de la Tabla Rasa no tienen cuento. En el ámbito de la educación tiene un influjo nefasto, al enseñar a los alumnos contenidos que, como hemos visto, no se ajustan a la realidad.
2. En cuanto al asunto particular de la pérdida de autoridad, también la Tabla Rasa ha contribuido notablemente a ello. Principalmente, y a mi juicio, porque, al creer que todas las conductas humanas (o casi todas) son producto de enseñanzas declarativas o de la imitación social, ha pretendido combatir las conductas perniciosas o delictivas (de niños o adultos) con instrumentos pedagógicos inadecuados; los siguientes:

- La palabra y los discursos moralizadores (por más que la posmodernidad se declare a-moral). Por ejemplo: “El racismo es malo”.
- Expresiones verbales políticamente correctas: En vez de prostituta, hay que decir “profesional del sexo”. En vez de negro, “hombre de color,” etc.
- Leyendas e imágenes visuales políticamente correctas (por ejemplo, la foto de un niño jugando con muñecas y una niña jugando con camiones y una leyenda a pie de foto congruente con esa imagen).
- El buen ejemplo. Verbigracia, si queremos que nuestros niños lean, lo que tenemos que hacer es que nos vean leer para que nos imiten.

Probablemente ninguno de estos métodos es contraproducente, pero sí son ineficaces: el mero hecho de lanzar el mensaje de que el racismo es malo no es suficiente para combatir eficazmente el racismo en los niños o jóvenes. Ni siquiera aunque se den muy buenas razones, como, por ejemplo, que las razas no existen realmente, como ya ha demostrado la biología molecular.
Decir profesional del sexo, en vez de prostituta, no cambia el estado social de la prostituta, ni siquiera contribuye a ello ligeramente.
Las imágenes pedagógicas (niño que juega con muñecas) no conseguirán jamás que los niños jueguen con muñecas. Jesús Mosterín cuenta el caso de un matrimonio preocupado por darle a su niña pequeña una educación no sexista. Le regalaron un camión. Los padres se quedaron asombrados cuando descubrieron a la niña arropando al camión de juguete. La pequeña imaginaba que era un muñeco.

El hecho de que nuestros niños nos vean leer es condición necesaria (o quizá no) para que ellos lean, pero en absoluto suficiente. La última campaña ministerial en este sentido ofrecía un anuncio en el que se veía cómo una niña se ponía a leer un cuento porque imitaba a su padre, que leía el periódico. Si usted lee, su niño no va a leer, sobre todo si tiene una play al lado o la televisión. Y demasiado bien saben los padres que el hecho de que ellos coman verduras delante del crío, no es suficiente, ni mucho menos, para que el crío se anime a comer también verduras.

Los discursos éticos, las expresiones e imágenes políticamente correctas (fotos y leyendas) y el buen ejemplo, constituyen la principal panoplia educativa de la Tabla Rasa, pero son tan ineficaces como falsa es la misma tesis de la Tabla Rasa de la que surgen.

Sin embargo, esos métodos, ineficaces por sí mismos, podrían ser de ayuda (algunos de ellos; otros, nada) si se cumple una condición previa. La siguiente: que el menor respete a sus padres y maestros y los reconozca como símbolos indiscutibles de autoridad. Entonces, sólo entonces, esos métodos de la Tabla Rasa pueden funcionar.

Como esto es de suma importancia, voy a explicárselo detenidamente. Los sábados y domingos, la cuatro emite un programa de adiestramiento de perros. César Millán es el entrenador. Le llaman el encantador de perros. Acude a las casas en que el perro da el follón, se muestra agresivo y dominante con sus mismos amos, ladra sin parar, se pelea con otros perros cuando sale a pasear: un caos. Millán consigue imponerse al perro de manera incruenta en cuestión de minutos. Simplemente se encara con el perro y lo va siguiendo sin miedo hasta que el perro se cansa de ladrar y oponerse al entrenador y reconoce en éste a su líder indiscutible. Pues bien, a partir de este momento, Millán, amo y líder firme del animal, puede enseñarle cualquier otra cosa al animal, por ejemplo, a no pelearse con otros perros cuando sale a la calle. ¿Cómo lo hace? Muy sencillo: el perro tienen el instinto y la costumbre de lanzarse a otros perros para pelearse con ellos. Pero, entonces, Millán lo para con un firme tirón de la correa o con algún leve toque en la parte trasera de la mascota. Y esto lo hace tantas veces como es necesario, hasta que el perro ceja en su empeño de pelear. Pero los tirones de correa no son la clave, sino que los tirones de correa funcionan porque es Millán, ya líder del perro, el que se los da. El perro comprende que la voluntad de Millán es más fuerte que la de él y acaba por obedecerle. Dicho de otra manera: el deseo del perro de no contrariar la voluntad de su amo es mayor que su deseo de pelearse con otro perro. Esta es la clave. Cuando Millán le deja al amo del perro que lo coja y haga lo mismo, el perro no obedece, pese a que le da también tirones con la correa para que no se pelee con otro perro. No obedece porque todavía el amo no ha aprendido a mostrarse seguro y firme, como un líder ante el perro. La moraleja es clara: la clave del asunto no está en el tirón con la correa, sino en quién da el tirón y con qué energía se da (firme, segura, nerviosa, temerosa…). Cuando lo da el líder, el perro obedece. Cuando lo da quien todavía no es visto por el perro como su líder, el animal no obedece.

Por la misma razón, lo importante para el niño no es recibir el mensaje de que el racismo es malo (o cualquier otro mensaje ético), sino de quién recibe el mensaje. Si lo recibe de un padre que actúa como líder, el niño creerá efectivamente el mensaje de que el racismo es malo. Es más una cuestión de fe que de razón. Pero si el mensaje está dicho por un adulto que no actúa como líder, el niño no se creerá que el racismo es malo. Es más, los mensajes de adultos que actúan de manera sumisa ante el crío, normalmente son desoídos y hasta voluntariamente contravenidos.

Lo mismo ocurre con los padres y los niños. Cuando el padre se ha convertido en el líder de la relación (y esto no se consigue sino con disciplina y afecto), el crío está en condiciones de atender el discurso de su padre, las imágenes que le enseñe y de imitarlo si lee (o cualquier otra cosa). Pero lo primero y esencial es que el padre se imponga como líder respecto del crío. De lo contrario, no habrá nada que hacer. Los discursos, las imágenes y los modelos a imitar no surtirán ningún efecto.

Esos métodos pedagógicos ineficaces son utilizados porque, como digo, están basados en la creencia errónea de que la mente es algo pasivo que el ambiente se encarga de llenar. No reconoce que la mente de los niños (y la de los adultos, claro) tiene iniciativa propia, que piensa, que tiene inclinaciones naturales e innatas, que es, muchas veces, la expresión de instintos. A la mente no sólo ingresan cosas: de la mente egresan cosas de manera natural, espontánea e instintiva. Cuando el mundo de la educación (políticos, profesores, padres, medios de comunicación…) caiga en la cuenta de que la mente humana no es una tabla rasa, sino un hervidero de ideas e intenciones nacidas de poderosos instintos, cambiará sus métodos de enseñanza. Hasta entonces, seguirá hablando de “educar en valores” y cosas por el estilo… inútilmente.


LA TEORÍA DEL BUEN SALVAJE DE ROUSSEAU.

A la poderosísima armada anti-poder y anti-autoridad todavía le tenemos que añadir otra arma, reclutada y reciclada para la causa igualitarista-libertaria. Nos falta hablar de la teoría del Buen Salvaje, Rousseau. No me pararé a describir ni su génesis ni su (falsa) confirmación a cargo de la antropología. Simplemente diré que se trata de una teoría que, como las anteriores, milita en el bando igualitarista-libertario de la posmodernidad. Afirma esta teoría algo muy sencillo: el ser humano nace bueno, es pura naturaleza, y la naturaleza es buena. Por tanto, ¿de quién es la culpa de los males de este mundo? De la sociedad. La sociedad de adultos se encargar de pervertir al individuo, de enseñarle malas intenciones, a ser un lobo con sus semejantes. Esta teoría establece una suerte de discontinuidad entre el niño y el adulto. Pero, a estas alturas, ya hay otra discontinuidad: la establecida entre el adulto y el resto de adultos, la sociedad. Por eso tantas veces oímos decir: “la culpa es de la sociedad…” Era la puntilla que faltaba a la guerra contra el poder y la autoridad. Y era lo que faltaba para acabar de conformar una idea inocente, irresponsable y pasiva de la mente humana: “Yo no soy culpable: es la sociedad.”

Y si el niño es bueno de por sí, si comete algo malo es porque alguien -los padres, la sociedad…- se lo ha enseñado. Es una visión idílica del niño que no se corresponde con la realidad. Es cierto que la conducta agresiva se puede aprender -sobre todo la delictiva-, pero también es cierto que puede surgir de manera espontánea en el niño. Basta con que se enfade, sienta miedo o se frustre. Bastará ir a una guardería par comprobar cuánto recurre el pequeño a la agresión para conseguir lo que desea.

Los niños, como los adultos, pueden albergar buenas y malas intenciones. Las malas deben ser corregidas por la educación.
El juez Calatayud, profesional muy competente, trata todos los días con niños descarriados. Él, que conoce bien el paño, no tiene ambages en afirmar que hay niños malos. Malos, con independencia de los padres que tengan o la educación recibida. Pues claro, esto es algo que sabe el sentido común desde hace milenios. Pero no, el monumental autoengaño en que estamos metidos, prefiere considerar angélicos a los niños, a todos. De nuevo aparece la fórmula tranquilizadora: “Las malas conductas son producto de malos aprendizajes. Eliminando esto, desaparecerá el mal en el mundo.” Conviene saber ya que no es así.

La agresividad forma parte natural del repertorio conductual humano. Aparece motivada por enfados, frustraciones y miedos, si bien es cierto que puede ser socialmente prestigiada o desprestigiada. Hay pueblos belicosos y pueblos pacíficos, pero en todos existe la agresividad y la violencia, y la posibilidad de recurrir a ella según cómo perciban las gentes la situación que vivan.


IMPLICACIONES EDUCATIVAS.

La teoría del Buen Salvaje compone una idea ingenua y falsa del ser humano. La repercusión educativa y social es que permite delegar responsabilidades personales en un ente abstracto como es la sociedad (“es un chico descarriado por culpa de la sociedad”), o a la familia (“Tuvo una infancia desgraciada”), o, en fin, a cualquier entidad o institución con algún poder.

Coadyuva esta teoría al proceso de deslegitimación del poder y la autoridad en general (“la culpa es de quien tengo jerárquicamente por encima mí”), y contribuye a fortalecer el indulto del joven, haga lo que haga. Los padres, creyendo que los niños son buenos de por sí, se sienten culpables si éstos hacen algo malo (“¿En qué he fallado como padre? Algo habré hecho yo mal, porque él (el crío) es bueno por naturaleza”). Lo peor es que no ayuda a que el padre decida asumir con más firmeza su responsabilidad de educador, sino al revés:

“Como sé que si algo malo hace mi hijo, seré yo el culpable, mejor me inhibo como autoridad y miro para otro lado. Si el niño es bueno por naturaleza, como afirman muchos filósofos y psicólogos, mejor será dejarlo obrar a sus anchas, pues mi intervención como educador corrupto no hará otra cosa que torcer el buen curso natural de mi hijo. Si la naturaleza es buena, mejor será no intervenir, o intervenir lo mínimo. Somos los adultos quienes estropeamos a los niños: intentaré pasar desapercibido.”

Quizá esto le parezca a usted una exageración, pero le aseguro que existen métodos pedagógicos inspirados en el laissez faire roussoniano. Y muchos padres extremadamente inseguros con su papel de autoridad supuestamente “corrupta”.


DERRIDA: EL LENGUAJE NOS PIENSA.

Les voy a hablar a ahora de otro atentado contra la idea de una mente humana activa, de una inteligencia capaz de pensar el mundo creativamente.
De nuevo, no voy a entrar en la génesis de la teoría que voy a criticar. Derrida y algún otro filósofo posmoderno convierten al sujeto en esclavo del lenguaje. Resulta que usted piensa lo que el lenguaje le permite que piense. Así, por ejemplo, si usted no conociese la palabra amor, no podría conocer el amor. (¡!) El lenguaje es la posibilidad del pensamiento. Las lindes de aquél son las lindes de éste. Esto implica encanijar al sujeto, hacerlo títere del idioma. La tesis de la Tabla Rasa no anda lejos de este nuevo dislate posmoderno.

El poder conferido al lenguaje es el poder robado a la autonomía del sujeto. Pues ahora resulta que si algunos hombres son racistas, lo son porque existen las palabras razas y racismo. Si algunos sujetos son machistas es porque el lenguaje es machista. Si las prostitutas están socialmente denigradas es porque el idioma las trata mal, etc. De ahí el empeño de la vanguardia progre en cambiar los hábitos lingüísticos de la población. ¿Pero cómo ha llegado a concebir el progre la posibilidad de llamar a la prostituta “profesional del sexo”? ¿Pues no habíamos quedado en que nuestros juicios y percepciones estaban determinados por el lenguaje? ¿Es que el progre conocía un lenguaje diferente al del resto de la población?
Otros lo han dicho y yo me sumo a ellos: cambiando la denominación de las cosas, no cambiará ni un ápice la percepción que tengamos de ellas. Por supuesto, algunos cambios eran pertinentes, pero por justicia, no porque obren cambio alguno en el juicio del sujeto.

Pero usted, amigo lector, ya conoce la fórmula de marras: de nuevo estamos ante el autoengaño, consistente en desear creer que podremos mejorar el mundo a base de cambiar el lenguaje con que nos referimos a él.
Ya ve: el autoengaño es omnipresente.




IMPLICACIONES EDUCATIVAS.

La creencia de que percibimos y juzgamos el mundo a través del lenguaje, tiene, al menos, dos tipos de implicaciones serias:

- Por un lado propone métodos educativos ineficaces y vacuos: cambiar las actitudes sociales (racistas, xenófobas, machistas…) a través del lenguaje.
- Participa de una concepción pasiva e inactiva de la mente del ser humano, con lo cual contribuye a aumentar su irresponsabilidad ante los propios actos. Dilución de la responsabilidad personal.



A MODO DE RESUMEN.

Soy consciente de la dificultad de este ensayo, máxime si usted ha sido educado en la ideología posmoderna. No se preocupe. Usted tiene una mente activa, capaz de pensar y de modificar sus hábitos de pensamiento y de conducta. Usted no es esclavo ni de la sociedad, ni de la cultura, ni del lenguaje, ni de los medios de comunicación, ni de imágenes estereotipadas… Todas estas cosas pueden influirlo, por supuesto, pero créame, su mente puede superar cualquier conjunto de ideas falsas, incluso si el conjunto de ideas de que estemos hablando esté basado en hondos deseos y miedos: en el autoengaño.

Si yo he conseguido explicarme, creo que usted tendrá ya una idea un poco más clara de por qué nos hallamos en esta confusa situación educativa.

Las sociedades occidentales se embarcaron en un proyecto igualitarista-libertario para erradicar formas de gobierno y de poder despóticos.
Se trataba de conseguir, a toda costa, la contraimagen exacta de una sociedad regida por autoridades despóticas. Para ello echó mano de diferentes ideas, más o menos relacionadas entre sí:

- El relativismo,
- El empirismo radical,
- La tesis de la Tabla Rasa,
- La teoría del Buen Salvaje de Rousseau,
- El determinismo lingüístico de Derrida y otros, etc.

La intervención de todas estas ideas -y otras más- dibujó una sociedad con los siguientes rasgos:

- Relativismo.
- Deslegitimación de los discursos de la razón, sospechosos de querer embaucar y engañar a las gentes.
- Deslegitimación de los poderes oficiales, las instituciones y cualquier figura de autoridad.
- Recusación de la teoría profunda y la filosofía.
- Apología de la duda constante.
- Impugnación de los sentimientos de culpa y arrepentimiento.
- Gusto por la heterogeneidad y el canto a la dispersión del pensamiento, etc.

Ahora necesitamos movilizarnos. Ya sabemos que nuestra situación actual tiene su origen en ideas, investigaciones y creencias falsas. Es hora de arrostrar la realidad, por muy fea que sea.

Pero ¿qué podemos hacer? ¿A quién pediremos ayuda para educar bien a nuestros hijos y para fundar una sociedad basada en el respeto, la libertad y la fraternidad?

Quizá usted piense que las disciplinas intelectuales más útiles son las positivas: las matemáticas, la física, la química… Son utilísimas, desde luego. Pero ¿recurrirá usted al físico o al químico para que le resuelva el problema que tiene en casa o en clase con los críos? Las ciencias puras son buenísimas, pero absolutamente inútiles aquí.

Usted estará pensando en la psicología, por ejemplo. Yo mismo he presentado una propuesta educativa basada en los principios del conductismo. Sin embargo, si bien su aplicación en las casas y en las escuelas daría resultados extraordinarios, estaríamos simplemente ante una solución parcial de nuestra actual crisis de la autoridad. Buenísima, pero parcial. Pronto sabrá por qué.

Mi propuesta empieza ahora. Vamos allá.

En las primeras páginas, le hice unas preguntas. Voy a contestarlas ahora.

¿Quiénes son las personas más facultadas para predecir, deducir o suponer con éxito el tipo de jugada ajedrecística que hará mañana Kasparov?
Por supuesto los ajedrecistas. Y, de entre ellos, quienes más conozcan la manera de jugar de Kasparov. Y la forma de conocer esa manera de jugar es conocer sus partidas. Es decir, su pasado ajedrecístico. Los mejores programas de jugar al ajedrez (Deep Blue), consiguen vencer al campeón humano porque tienen en su memoria todas las partidas jugadas por Kasparov.

¿Qué necesitaré saber para poder predecir bien el comportamiento de este niño que tengo delante?
Necesitaría saber su pasado. Por eso son los padres del crío quienes mejor saben cómo se comportará éste en tal o cual situación.

En general, ¿qué es necesario conocer bien para poder predecir con razonable éxito determinados acontecimientos futuros?
Necesito conocer el pasado del ámbito de fenómenos que deseo predecir.

La cosa no puede ser más clara: para conocer el presente y predecir el futuro, es necesario conocer el pasado.


Usted no acudirá a las ciencias puras en busca de respuestas. Usted, como yo, estamos movilizados en un foro creado por un filósofo. Usted, como yo, hemos buscado respuestas en los libros de los filósofos. Pues son ellos quienes primero se han percatado de que estábamos ante un problema ideológico mastodóntico, precisamente porque los problemas ideológicos son la materia prima de su trabajo: ¿Cómo surgen las ideologías? ¿Quiénes son los autores? ¿Por qué una determinada época o sociedad es así o asá? ¿Cuál es la raíz más profunda de este conjunto de ideas o creencias? Al igual que la persona (o máquina) más preparada para predecir el juego de Kasparov es aquélla que más conoce su pasado ajedrecístico, el filósofo es el más capacitado para diagnosticar la realidad y predecir el futuro. Cuanto más sepamos de nuestro pasado, mejor conoceremos nuestro presente y nuestro porvenir.

Eso no quiere decir que el filósofo esté solo. Estamos los psicólogos, los historiadores, los sociólogos, los antropólogos, los neurólogos… Evidentemente. Cada cual tendrá su papel en la resolución de este embrollo. Pero, yo al menos, los mejores ensayos psicológicos que he leído están escritos por psicólogos con amplios conocimientos de filosofía. La psicología que ha denostado las raíces del pensamiento occidental, está manca. Vale para lo que vale, pero es miope para ver la jugada con suficiente distancia y perspectiva. Y, ciertamente, los ensayos filosóficos más valiosos que uno puede leer, son obra de filósofos empolladísimos en cuestiones de psicología y anejas.

Resulta que el material que aquí estamos discutiendo le es perfectamente familiar al filósofo-psicólogo (o al psicólogo-filósofo):

Racionalismo contra empirismo.
La tabla rasa como expresión del empirismo.
El absolutismo frente al relativismo.
El origen de la teoría del Buen Salvaje.
El origen de la teoría del determinismo lingüístico, etc.

Por eso es él el primero advertir el estado de la situación y reconocer en ella una vieja lucha de conceptos que se remonta a nuestros padres intelectuales: los filósofos griegos.

A mi inmenso agradecimiento a la filosofía como inestimable fuente de conocimientos psicológicos sólo me queda ponerle un pequeño reparo. El siguiente: más antaño que la historia del pensamiento occidental, es la historia del pensamiento, a secas. Y ese pensamiento, esa mente universal, está siendo estudiada por la psicología evolutiva. Quizá cometa excesos, cierto, pero me parece que mis filósofos favoritos no la tienen en la consideración que, creo, merece. Pero no entraré aquí en las razones que fundamentarían esta apreciación.

Mi propuesta es quizá una propuesta quimérica, pero pienso que necesaria para encontrar una solución integral al problema de la crisis de la autoridad que hoy sufrimos en hogares, escuelas y la misma calle. Si la población tuviera más conocimientos de filosofía, no habría llegado a esta situación tan problemática, pues una población de ciudadanos ilustrados en la historia de las ideas, en su genealogía y desarrollo, se habría percatado antes, con la ayuda de los profesionales, de que, como digo, estamos ante un enredo conceptual familiar al pensamiento filosófico. La población ya estaría preparada para decir: “Caramba, si estamos ante una inflación del empirismo y sus hijuelos. Cuidado, demostremos que la razón no sólo pare monstruos y sandeces.”

Pero no. Resulta que nos encontramos ante un sistema educativo que repudia la filosofía como un sistema especulativo inútil, despreciado por casi todo el mundo. ¿Cuántas horas de filosofía tienen nuestros chicos a la semana? Mucho me temo que muchas menos de las necesarias para formar a ciudadanos que conozcan el presente en que viven y sepan en algún grado el futuro que les espera. Claro que son muy útiles la ingeniería y la ciencia médica. ¿Pero acaso no le parece a usted tremendamente útil saber educar a su hijo sin complejos, con amor y disciplina? Pero para eso, mire usted por dónde, hay que saber algo de empirismo y de racionalismo, y de cómo meter a ambos en cintura cuando caen en alguno de sus seculares excesos.


La propuesta es clara, pero quimérica, lo sé:

Necesitamos vigorizar la educación de la filosofía en nuestras escuelas, para formar a ciudadanos que sepan lo más rápido posible en que lío conceptual se hallan y sepan reaccionar con rapidez. La población entera necesita empaparse de una disciplina (junto con otras, colaboradoras) que hoy está fatal e injustamente condenada al ostracismo.

Es el gran momento de la filosofía.

Gracias.





(Última edición:: 4/5/2008 21:35)
9/3/2008 23:32 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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123raus, tu análisis es excelente, realista; analizas con la maestría de un buen filósofo. No obstante, sigue sin convencerme tu método de enseñanza.

Sí, desde que el hombre es hombre no ha hecho otra cosa que filosofar; esto es lo que diferencia al hombre del resto de los animales (examinar algo y discurrir acerca de ello con razones realistas y/o meditar, hablar con uno mismo y, además, decidir qué hacer – a lo largo de la historia son unos pocos los que deciden por la mayoría, en unas o en otras cuestiones, a veces en casi todas - superioridad física y/o superioridad intelectiva -, pero a pesar de esto, al pueblo le queda espacio y tiempo para filosofar y decidir). Los problemas (al principio, necesidad de alimentos, abrigo, etc.) se pueden resolver, desde mi punto de vista, por la fuerza, con astucia, con inteligencia… Lo puede resolver uno solo, con la ayuda de otro u otros, con la obligación de otro u otros…

123raus, estarás de acuerdo conmigo que los saberes filosóficos han sido, también a lo largo de la historia, negados a las mayorías y han estado y siguen estando en manos de unos pocos… por una razón o por otra. No obstante, el pueblo sabio ha inventado una filosofía paralela, entre el conocimiento recto (al que se puede acceder a través de la observación, la experimentación, etc.; éste también fue el principio del saber filosófico) y la leyenda. Contenidos que, a pesar de esta parte mágica, no se pueden desdeñar y que, si los científicos sociales les dedicaran más oído y tiempo, podrían aprovechar de forma muy positiva... y me alegro que así sea. El pueblo rezuma una filosofía auténtica, tiene una fortaleza y una serenidad de ánimo para soportar los sucesos adversos de la vida que… a veces, sí, es cierto, le obliga a autoengañarse. Esto se llama adaptación, supervivencia.

Hoy la filosofía popular es la que es; hemos pasado (como dices) del autoritarismo despótico a la permisividad, al individualismo… - de ayudar al otro, al que se encuentra en mi misma situación, al que hoy me necesita y al que mañana necesitaré, a querer tener más que el otro; se habla de igualdad, pero se actúa intentando ser más listo, tener mejor vivienda, coche… tener más conocimientos, tener más amigos, prestigio, autoridad… que el otro (no compromiso social, sí compromiso individual), pero haciendo el mínimo esfuerzo para conseguirlo; mecanizamos acciones, buscamos el modo de realizarlas minimizando esfuerzos, tiempo (esto también existe desde que el hombre es hombre, porque sino como se explica lo de la lavadora, la fregona, la cosechadora, etc.). La igualdad nos cuesta y es normal (este tema también tiene migas, no todos nos esforzamos en la misma cantidad ni todos queremos rentabilizar de igual manera nuestro esfuerzo)

Intelección fácil, mensajes breves y bajo compromiso social, sí (pero esto tampoco es nuevo, piensa en las mayorías históricas; esas épocas de mayorías comprometidas socialmente son pocas y fugaces).

La filosofía que se impartía hace treinta años en los institutos era… nunca pude entenderla, no sé si era el profesor, el libro o mi torpeza. Más adelante, por mi cuenta y con algunos libros farragosos comencé a entender algo. Aún hoy sé poco. Sin embargo, reflexiono sobre las causas profundas… y también lo hacen los padres (muchos aún hoy analfabetos funcionales, porque las enseñanzas que les impartieron, entre otras muchas cosas, no fueron las ideales) y sí quieren ponerles límites a sus hijos, pero no tienen tiempo, porque están ocupados en su propia individualidad (es la moda). La inmensa mayoría de las mayorías casi nunca tuvieron proyectos de futuros más allá de qué comer mañana; esto hoy ha cambiado, las mayorías occidentales tienen proyectos de futuros a largo plazo, aunque estos sean banales en muchos casos. Y esto hay que aprovecharlo…

Y sí, serán los filósofos junto a los pedagogos, psicólogos, sociólogos, políticos, jueces… principalmente los que tienen que esclarecer este embrollo… y acordar junto con las urnas.

Hablamos de los pobres padres y profesores y da la sensación que mucha culpa es de niños y jóvenes; creo que somos injustos, ¿qué veríamos si pasáramos por algunas casas y centros educativos y miráramos con detenimiento?; los padres y docentes somos individualistas y poco esforzados, claro que sí, necesitamos más formación y hacemos poco para conseguirla, debemos trabajar en equipo y tampoco queremos; y, por supuesto, no estamos dispuestos a hacer un esfuerzo intelectual y volitivo, porque, antes, necesitamos formación de la buena (también aprender a trabajar en equipo), ratios más bajas (máximo 10 alumnos por aula), buenísimos especialistas; en definitiva, más recursos, esfuerzo, menos individualismo y grupos de poder. En fin… también hay estupendos profesores, padres, alumnos e hijos. Y, sí, hay bastantes problemas preocupantes: ciertos ADULTOS trafican con drogas y… ¡pobres jóvenes! … LA TRIBU, en general, es individualista, está poco preparada, poco comprometida socialmente… y ¡pobre niños y jóvenes! Al menos hoy hay centros educativos para todos – hablo de los países…

Nuevos tiempos, nuevos problemas. Estoy de acuerdo contigo en lo que dices sobre que los relativismos moderados son razonables, pero pasarse es... También estoy de acuerdo en que tanto la herencia como el ambiente ejercen una importante influencia en la formación de las personas y que en el hombre existe esa parte instintiva, salvaje, que hay que aprender a controlar; pero… difiero en los métodos de aprendizaje. Si no entendí mal, todos tenemos instintos buenos y malos y la educación lo que hace o debe hacer (además de enseñarnos a calcular, las reglas del idioma, etc.) es ayudar (también lo hace la medicina y psicología a veces), enseñarnos a controlar nuestros malos instintos, siguiendo unos métodos, que según 123raus deben ser “represores”… ¿sólo en algunos casos? 123raus, dices, si no entendí mal, que tenemos que aprender a reprimir los impulsos nocivos por ¿miedo a las represalias?

Las preguntas y posibles respuestas se agolpaban en mi cabeza, según iba avanzando en la lectura de tu excelente análisis, 123raus:
Me preguntaba, ¿quiénes están más predispuestos a no controlar sus malos instintos?
¿El no aprender a controlarlos es debido a la formación que se ha recibido? o ¿a qué se posee una química diferente? o ¿? Supongamos que es una química diferente, más o menos de tal o cuál elemento o compuesto o… (y algo anda mal en algunos de nosotros), ¿se puede considerar patología? o… ¿autoengaño? o… Es patología, pero… ¿se cura sólo con fármacos o no se cura - sólo mejora? El autoengaño es… cuando utilizamos “tretas” no muy… por egoísmo y entonces asoman algunos de nuestros malos instintos, por provecho personal o… Entonces… ¿el autoengaño debe ser “tratado” con excelentes procesos de enseñanzas - aprendizajes? Pero… ¿y si quiénes lo “tratan” se autoengañan?... Así, las personas que han sido enseñadas y han aprendido a reprimir sus malos instintos… ¿no se autoengañan?, ¿serán siempre buenos ciudadanos y personas? ¿Es, entonces, en la educación dónde está la clave?

Tu análisis es excelente, tu justificación también lo es, pero aún hay algo… que me lleva a la duda (sí a esa de la que hablas); no obstante, espero que se tome muy en serio tu propuesta y se analice con el detenimiento que merece.

Es posible que mi mente sea postmoderna, a pesar de no gustarme lo que veo (aunque me guste más que lo que vi y me contaron); tampoco me gusta la represión ni la autoridad así concebida. Puedo ver que existen personas mejores que otras, menos egoístas, y también enfermos, pero la conciencia, que es la que tiene que funcionar, es cosa de la educación – de una buena educación, no represiva, sí comprensiva, de educación igual a desarrollo de una buena conciencia. Mi criterio parece simple, tal vez como una servidora; se trata de repetir muchas veces estas acciones, las buenas y acordadas acciones. Hay que airear lo que es bueno para que nadie se autoengañe, hay que denunciar lo que es malo para que nadie se autoengañe, y, si es necesario, castigar. Sí, castigar al que no cumple sus deberes y lesione los derechos del otro... Esto no es autoridad, es concienciación y deber. Hay que hacerlo por dignidad personal (qué ingenua, pensarás, pues puede amigo. También soy… aunque no obesa y no es la gula, es la ansiedad… diagnosticada; el anoréxico, lo es porque se ve gordo y tiene problemas… o lo hace por no caer en la glotonería, no lo sé. Los perros, esos amigos, antes fueron salvajes y tenían sus propias normas, nosotros los domesticamos, los amaestramos, los… ¿esclavizamos?, los hicimos trabajar para nosotros (tirando de trineos, de acompañante, de guarda de ganado, etc.). No podemos comparar. Nosotros somos animales diferentes, ¿los más inteligentes?; ¡qué evolución la nuestra!, ¿hasta donde llegaremos?

Un día en televisión, hace tiempo, oí hablar al padre de tres jóvenes que eran unas óptimas ajedrecistas. El padre también jugaba muy bien; las había preparado para ser las mejores; horas y horas y más horas de entrenamiento, aprendizaje y memorización de miles de aperturas y jugadas... Y fueron de las mejores, una de ellas creo que llegó a ocupar uno de los diez primeros puestos del ranking mundial.
Horas y horas de estudio, a veces de sacrificio, y de experiencia darán lugar a saber más de… o a saber hacer mejor tal o cual actividad o ambas cosas a la vez (tocar el piano), también las cualidades innatas influyen bastante (mejores fibras musculares, forma de los dedos, voz, calidad neuronal…, así como las oportunidades... que dependerán sobre todo de la situación social que te toque en suerte.
Una vez que sabemos que hay personas con más suerte y buenas fibras, con experiencia y conocimientos suficientes para poder predecir el comportamiento de… un niño, lo hará bien… Sí.
Y para poder predecir con razonable éxito determinados acontecimientos futuros, será necesario conocer bien la situación actual, las causas según historia, posibles soluciones también según la historia y/o nuevas soluciones que aprovechen lo bueno y rechacen lo malo de las viejas soluciones… Sí…

Todos aspiramos a una sociedad más sana y solidaria, pero esos mensajes contradictorios no nos dejan avanzar como es debido, han provocado un parón y hay que salir de él. ¿Qué hacer? Recuperar la autoridad individual (padres, docentes, políticos, doctores, obispos, etc.), esa autoridad de ordeno y mando y lo que digo va a… ¡no!; siento estar en desacuerdo contigo, 123raus. ¿Cuántas de esas autoridades pueden estar equivocadas? No es cuestión de recuperar la autoridad (lo dejo caer una vez más), debemos inventar una nueva acepción del término; no debemos permitir que esta palabra siga tan ligada a lo individual o a instituciones creadas por un solo individuo o por unos pocos. No tenemos que obedecer a otros, si no queremos obedecerlos, ni otros tienen que ordenar, si no queremos que nos ordenen; lo haremos cuando una persona o personas nos convenza o convenzan o demuestren con palabras o/y actos o…
Tenemos que legislar conjuntamente, todos tenemos que acordar (en casa, en la escuela, los científicos, etc.) sin salirnos de los Derechos Humanos, ya acordados; son estos acuerdos los que deben ordenar y los que hay que acatar obligatoriamente, hay que resignarse al acuerdo, a veces erróneo, porque si no funciona, se volverá a acordar.
A todos o a casi todos nos gusta mandar y a nadie o a pocos obedecer, pero la mayoría debe tomar las riendas y hay que aprender a respetar a las mayorías, desde pequeño, y hay que “jurar” obediencia a los acuerdos y tiene que existir la policía, porque siempre habrá quién, por algún motivo, no esté de acuerdo… Si desde pequeño se siente uno parte del todo, dentro del todo, parte del acuerdo, todo marchará mejor, esta es mi teoría, admirado 123raus, debemos salir de la individualidad para acatar lo que acuerde la mayoritaria, y ésta tiene que alimentarse de la genialidad de las individualidades.
El conocimiento más práctico que conozco es… no sé que decir, porque para mí todo es importante, todo lo que conforma nuestra existencia; fondo y forma; individualismo y colectividad. Sí, un mundo dividido, superioridad física y superioridad intelectiva, todos de alguna manera intentamos ejercer alguna de las dos o las dos, pero intuyo que llegaremos a ser superioridad comprometida con el acuerdo.
No puedo avalar mi teoría con… otras teorías ni con… lo siento… tengo que ir poco a poco, necesito tiempo para aprender más… pero estoy muy de acuerdo en… que necesitamos más filosofía en los centros educativos, sobre todo más ética. Gracias de nuevo.
Saludos
21/3/2008 13:14 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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Estimada Ángeles, gracias por tu atención y tus palabras.

No obstante este agradecimiento, te diré que después de leer tus réplicas suelo pensar: “No me explico bien”. Y empiezo a dudar de que hablando se entienda la gente. Realmente, no es cierto que hablando se entienda la gente: hablar no garantiza el entendimiento. Incluso puede llegar a ser contraproducente. Es lo que, creo yo, ocurre en este caso. Cuanto más hablamos, más lejos parecemos estar de llegar a un hipotético acuerdo. No nos convencemos. Eso es evidente.

Los psicólogos sociales Haidt, Hersh, Telock y otros nos dicen que “los debates morales, lejos de resolver las hostilidades, las pueden agravar, porque cuando las personas del otro bando no capitulan de inmediato, sólo se demuestra que no se les puede hacer entrar en razón.”

También una inteligente colega me lo advirtió: “A veces no tiene sentido seguir discutiendo cuando está claro que ciertas ideas y creencias de nuestro interlocutor están cristalizadas.” Es lo que creo, Ángeles. Seguramente yo he conseguido enseñarte algo en alguna cosa, pero no en la discusión que en que estamos metidos. He empleado mis mejores argumentos para hacerte comprender que si estamos en este foro es porque hay cosas que están yendo horriblemente mal en el mundo de la educación, con independencia de que el presente sea mejor que el pasado. Te has quedado, Ángeles, en la obsesión de comparar el presente con el pasado, y en dar por bueno lo de ahora porque lo de antes fue peor, o mucho peor. Se comprende que ese sea el resultado, porque cualquier democracia que se compare con una dictadura, siempre saldrá vencedora en cuestiones de ética. Sí, Ángeles, todos somos buenos comparados con Jack el destripador. Pero eso no tiene mucho mérito a estas alturas.

¿Te parece excelente mi análisis, Ángeles? ¿De verdad? Me gustaría saber por qué. Yo lo que veo es que cuestionas casi todo. ¿Pero hay algo que te parezca cierto, Ángeles? Si tus objeciones son ciertas, la mayor parte de los mensajes que expongo sería falsa. ¿Entonces, en qué radica para ti la excelencia de mi análisis? De verdad Ángeles que me gustaría saberlo.


En una ocasión me dijiste que yo partía de una premisa errónea: la de comparar constantemente el presente con el pasado, y considerar éste mejor que aquél. No es cierto, jamás he hecho tal cosa. Es justo al contrario: eres tú, Ángeles, quien lleva esa comparación continuamente en la cabeza, obsesivamente. ¿Estamos mejor que antes en educación? ¿Sí, verdad? Pues nada, muy bien, cerremos este foro, no hace falta seguir. Lo que ves ahora te gusta más que lo que viste antes o lo que te contaron. Pues hala, cerremos el tenderete y cada cual a su casa. ¿Pero quién propone una vuelta al pasado represivo? Yo no, desde luego. Líbreseme de ese cargo.

Nada de vuelta al pasado, pero hay que decir que lo que tenemos ahora es sencillamente muy grave, mucho.

¿O es que a ti, Ángeles, no te parece grave el listado siguiente?:

- En España, cerca de 40.000 padres denuncian a sus hijos cada año por malos tratos. ¿Cuándo se ha visto que un hijo pegue a su madre?
- Aumentan alarmantemente los adolescentes con problemas clínicos por trastornos de personalidad.
- Nuestros jóvenes están a la cabeza en precocidad drogodependiente. España es uno los mayores consumidores de cocaína.
- La ingesta de alcohol es también cada vez más temprana, así como el hábito del tabaco (12-14 años).
- Nuestras niñas y chicas ya beben más alcohol que los chicos. Los estudios médicos señalan que el tabaco y el alcohol perjudican más al organismo femenino que al masculino.
- Nuestros niños son los terceros más gordos del mundo. Según los médicos, será la primera vez que la generación de los hijos sea menos longeva que la de los padres.
- Muchos de nuestros compañeros -maestros y profesores- se sienten impotentes y “quemados” en sus clases. El estrés, la depresión y la ansiedad son cada vez más frecuente en el colectivo de docentes.
- 7 de cada diez docentes ha llamado alguna vez al teléfono del Defensor del Profesor.
- Los casos de agresividad entre menores y acoso escolar van en aumento.
- El informe Pisa indica, entre otros fiascos, que nuestros alumnos tienen serias dificultades para entender lo que leen. Esto, por cierto, no es del todo cierto, creo yo. Por mi experiencia en el asunto, sé que los chicos tienen problemas para entender el texto que leen o que les es leído. La comprensión no mejora cuando quien lee el texto en voz alta es el maestro.
- El fracaso escolar va en aumento. El presente gobierno lo pretende combatir (o maquillar) dejando pasar al alumno al siguiente curso con más asignaturas suspendidas.
- El divorcio entre la familia y la escuela es más que patente. Los docentes apenas pueden contar con la colaboración de los padres en caso de indisciplina y falta de respeto.

¿Te parece este botón de muestra suficientemente grave, Ángeles, o recurrimos al triste consuelo de pensar que lo de antaño fue peor? ¿Qué ocurre, Ángeles, que te disgusta mucho la tiranía que ejercieron los maestros y los adultos en general pero que no te parece mal la que hoy ejercen los hijos y los alumnos? Pues a mí me disgustan ambas, Ángeles, porque ambas he sufrido, y ambas son condenables: antes, cuando era chico, nos faltaban el respeto los maestros y ahora, cuando ejerzo de maestro, nos la faltan los alumnos. Y es una tiranía inédita en la historia de la humanidad. Una tiranía de la que los padres son responsables y culpables: a base de educación permisiva, los progenitores han cedido el poder a los retoños. Pero lo malo de los padres en este caso no es que hayan cometido un grave error en la “educación” que dan a sus hijos. No, lo malo es su persistencia en el error. Todos lo lamentaremos.

Actualmente estoy trabajando con un grupo de 20 alumnos de entre 15 y 18 años. Estoy contratado por una asociación de padres. ¿Mi función? Mi función es que los chicos estudien por las tardes, durante hora y media de lunes a jueves. Es decir, tengo que conseguir que durante ese tiempo los alumnos se dediquen a estudiar. Seguramente también les tendré que enseñar técnicas de estudio. Pero el conocimiento de éstas sirve de poco si el alumno no se pone a estudiar. Tener que recurrir a un profesional de la educación para que los chicos estudien después de clase, revela la tremenda impotencia de los padres para imponer una mínima disciplina a sus hijos. El estudio siempre se ha realizado en casa. Ahora ya no es posible. La actual permisividad paterna acarrea estas cosas.

Esa impotencia ante los hijos, Ángeles, es perfectamente atribuible a los métodos educativos que tú aquí defiendes: son absolutamente ineficaces.

Yo, Ángeles, sí he condenado en varios mensajes a este foro la tiranía de antes. Eres tú quien no reconoce la tiranía de hoy en su nueva versión ni has dicho nada en contra de ella. ¡Por algo hablará Marina de la necesidad de recuperar la autoridad! Hay que condenar la tiranía en cualquiera de sus formas y versiones. Me importa poco si la de antes era “peor” que la de hoy: ambas merecen ser condenadas y combatidas. Nos falta que tú -y tantos otros- te añadas a ese combate, Ángeles. Jamás he dudado de tu buena intención, de tu excelente intención, pero estás equivocada. Te lo digo con tanta seguridad como te diría que necesitamos oxígeno para respirar. A ti quizá te parezca más sano y democrático hacer apología de la duda continua. A mí no, porque hay cosas en esta vida que se saben de firme. Que son evidentes, más allá de toda duda razonable. Hoy sabemos en psicología que es necesario y posible educar a los niños a base de cariño, amor y disciplina, y que es imprescindible recurrir a técnicas de condicionamiento instrumental cuando el niño no cumple con su parte como hijo o como alumno.

Si todo lo que he escrito para recuperar la autoridad no ha servido sino para que tú concluyas que yo deseo la vuelta del “ordeno y mando”, entonces es evidente que o yo no sé escribir o tú tienes blindadas tus creencias posmodernas. Con todos mis respetos, Ángeles: yo creo que es esto último. Pero claro, tú, Ángeles, eres muy libre de creer que yo estoy proponiendo una vuelta a la represión. Te aseguro, Ángeles, que no cabría hacer una interpretación más errónea de mis propuestas.

En lo que sigue, verás, nuevamente, una contrarréplica a tus réplicas. Temo, como estoy diciendo, que no sirva más que para reforzar el blindaje de tus creencias posmodernas. Ojalá que no. ¿Llegaremos a entendernos? Ojalá que sí.

1.
123raus, estarás de acuerdo conmigo que los saberes filosóficos han sido, también a lo largo de la historia, negados a las mayorías y han estado y siguen estando en manos de unos pocos… por una razón o por otra. No obstante, el pueblo sabio ha inventado una filosofía paralela, entre el conocimiento recto (al que se puede acceder a través de la observación, la experimentación, etc.; éste también fue el principio del saber filosófico) y la leyenda. Contenidos que, a pesar de esta parte mágica, no se pueden desdeñar y que, si los científicos sociales les dedicaran más oído y tiempo, podrían aprovechar de forma muy positiva... y me alegro que así sea.


La filosofía y el pueblo no son dos perfectos desconocidos. Al revés. He intentado explicar que la filosofía posmoderna se nutre, precisamente, de los deseos y de los miedos del pueblo. ¿Por qué? Porque los filósofos son personas con deseos y miedos comunes. Escriben obras complejas basándose en las mismas inquietudes que anidan en el corazón de todo ser humano. Esas obras pueden ser sólo -o casi- la glorificación de la subjetividad. En muchas ocasiones, el pensamiento social está incardinado en la pluma del filósofo. ¿Por qué abogo entonces por la filosofía? Porque si ella nos mete en líos, nada más necesario que conocerla a fondo. Porque la ideología posmoderna es un claro ejemplo de mala filosofía, o de filosofía fallida. ¿Quién es la persona más apta para enmendar una mala práctica médica? Pues un médico. Análogamente, sólo la filosofía conoce el antídoto contra la mala filosofía, contra sus excesos recurrentes. Ante los desvaríos de la razón absolutista y de las filosofías de las esencias, se alzó una filosofía empirista y relativista nacida, en realidad, de los miedos y deseos del pueblo: una filosofía que abjuraba de sí misma, que desconfiaba de sus propias intenciones. Irónicamente, la filosofía relativista-empirista de la posmodernidad no deja de ser otro hijuelo degenerado de la razón. Cuando Derrida dice que el lenguaje nos piensa, podemos estar seguros de que no estamos ante una afirmación nacida de la ciencia y la investigación rigurosa, sino ante mera palabrería de la razón borracha de sí.

¿Y no sería mejor dejar de filosofar para evitar estos descalabros del pensamiento? La respuesta es que eso no es posible: siempre estamos metidos en algún lío ideológico. Tenemos dos opciones: 1: pensar y ser conscientes de que pensamos y de lo que pensamos o 2: pensar y hacer como que no pensamos. La segunda opción es una impostura, pero es la que escogió la posmodernidad como seña de identidad. El resultado es el que sufrimos ahora: una población poco ilustrada que abomina de sus raíces filosóficas y, en consecuencia, desconoce el presente ideológico en que se encuentra. Renegar de la filosofía porque de ella han salido monstruos ideológicos es equivalente a renegar de la medicina para evitar la mala práctica médica cometida hasta hoy. Eso es absurdo.

Como tú dices, la filosofía ha sido negada al pueblo a lo largo de la historia. Pero ahora nadie se la niega. El pueblo se niega la filosofía a sí mismo. Nada ni nadie impide que cualquier ciudadano lea filosofía y medite. Pero al negarse a ello, el pueblo es víctima de sí mismo, de sus pensamientos desordenados, de sus miedos y deseos inconscientes.


2.
El pueblo rezuma una filosofía auténtica, tiene una fortaleza y una serenidad de ánimo para soportar los sucesos adversos de la vida que… a veces, sí, es cierto, le obliga a autoengañarse. Esto se llama adaptación, supervivencia.

¿Tú crees que el pueblo rezuma filosofía auténtica? El pueblo no es ni inocente ni angelical. El pueblo es capaz de las mismas sandeces, maldades e iniquidades que cualquier líder político, militar o religioso (aunque también el pueblo es capaz de grandezas). Como lo demuestra el hecho de que cuando el pueblo ha llegado al poder tras una revolución, ha cometido las mismas atrocidades que los políticos derrocados. La discontinuidad que la posmodernidad establece entre el ciudadano y el poderoso, ente el pueblo y el poder, carece de fundamento. Ojalá que únicamente los poderosos fueran egoístas crueles o estúpidos. No es así. El egoísmo, la estupidez y la barbarie son rasgos universales, ubicuos, eternos y generales. Ya lo dijo Einstein: “La estupidez humana es infinita”.

3.
Hablamos de los pobres padres y profesores y da la sensación que mucha culpa es de niños y jóvenes; creo que somos injustos, ¿qué veríamos si pasáramos por algunas casas y centros educativos y miráramos con detenimiento?; los padres y docentes somos individualistas y poco esforzados

Yo no hablo, Ángeles, de los pobres padres. Al revés. Lo que yo hago es denunciar la mala práctica educativa paterna; lo yo vengo a decir aquí es: “Basta, señores padres, pongan orden en sus casas. Actúen como adultos responsables. Ustedes tienen el mando: asúmanlo.” Efectivamente, muchos padres (y también docentes) se esfuerzan poco a la hora de tomar las riendas de la educación de sus hijos. Eso es precisamente lo que denuncio y a lo que intento desde aquí dar alguna solución.

¿La negligencia educativa de muchos padres (permisivos o permisivos-autoritarios) es un caso particular de un problema de índole general? Sí, pero no sacamos nada con pasarle la patata al otro. Principalmente los padres deben asumir su responsabilidad ya, pues ésta es la que, una vez repuesta, mejores frutos dará.

4.
Si no entendí mal, todos tenemos instintos buenos y malos y la educación lo que hace o debe hacer (además de enseñarnos a calcular, las reglas del idioma, etc.) es ayudar (también lo hace la medicina y psicología a veces), enseñarnos a controlar nuestros malos instintos, siguiendo unos métodos, que según 123raus deben ser “represores”… ¿sólo en algunos casos? 123raus, dices, si no entendí mal, que tenemos que aprender a reprimir los impulsos nocivos por ¿miedo a las represalias?

Me temo, Ángeles, que lo entendiste mal, garrafalmente mal, perdóname. ¿De qué manera tan mala y mediocre escribo yo que doy a entender que los métodos de enseñanza adecuados deben ser “represores”? ¿De qué parte del artículo se deduce que apelo al miedo a las represalias? Yo hubiese jurado que dejaba bien claro mi asco por los métodos de la represión, ya sea educativa, política, militar o religiosa. Vamos a ver si nos aclaramos, amiga Ángeles. Una cosa son los medios de “REPRESIÓN”, de los que abomino, y otra, muy distinta, los medios de “PRESIÓN”. La re-presión es éticamente execrable e ineficaz a largo plazo. Pocas cosas me horrorizarán tanto como la legalidad de la tortura, los malos tratos o las técnicas de propaganda política o religiosa. Me dan asco, Ángeles. Sufrí malos tratos de un maestro de EGB, que el diablo confunda. Me dan asco. Lo puedo decir más ALTO, pero no más c l a r o.

Hablamos de otra cosa: de que padres y maestros practican hoy una educación desprovista de medios de PRESIÓN eficaces, dando como resultado el creciente problema de violencia e indisciplina escolares. No necesitamos métodos de represión, pero sí de presión. Y las palabras, Ángeles, no son un medio de presión adecuado, especialmente cuando hablamos de niños, sobre todo de los pequeños.

Un niño de cuatro años se niega a comer la verdura. ¿Qué haces para que se la coma, Ángeles?: ¿recurres a la palabra para convencer al niño de lo bueno que es tomar verdura? ¿Pretendes llegar a un acuerdo con él? Y yo te digo, Ángeles: eso no funciona. Te aseguro que esto no es precisamente “mi” opinión o “mi” teoría. No: es la pura realidad. Una realidad tan abrasiva y general que por eso ya hay dos programas en televisión (que yo sepa) y decenas de libros que intentan enseñar a los padres a presionar adecuadamente a sus hijos… aparte este foro.

Te pondré varios ejemplos de presión en educación. Yo, Ángeles, te ruego que me expliques qué harías en cada uno de estos casos, a ver si así nos vamos aclarando.

1. El niño se niega a comer las verduras. Represalia sería darle un buen azote. Eso sería represión. Pero las lecciones de la psicología más sensata no prescriben eso. Recomiendan medidas de presión: “Si no te las comes, tampoco te comerás el postre.” O: “Si te niegas a comer, no pasa nada, te guardaré la comida para la siguiente toma, cuando tengas más apetito.”

2. Un niño de ocho años se niega a hacer su habitación. Medida de presión (no de represión): “Hasta que no hagas tu habitación no podrás jugar con la Play o salir a jugar con tus amigos.”

3. Un niño de siete años se niega a hacer los deberes. Medida de presión: “Hasta que no hagas los deberes, no podrás jugar…”

4. Un niño de seis años le pega a su hermano menor por una cuestión de juguetes. Medida de presión: “Te separo seis minutos de tu hermano (“Tiempo fuera” y de los juguetes hasta que te calmes. Luego podrás volver a jugar con tu hermano y con el juguete sin pegar a nadie.”

5. Un niño da el follón con un juguete en la mesa, a la hora de comer. Medida de presión: el padre ordena al hijo que deje el juguete, de lo contrario se lo quitará durante veinte minutos. Si el niño desobedece el padre le quita el juguete y no se lo devuelve hasta pasados veinte minutos.

Te ruego, Ángeles, que me digas si estas medidas te parecen represivas. Y si es el caso de que no te gustan, que me digas qué se debe hacer en esos casos. Te ruego que lo expliques paso a paso.

Yo, desde luego, no creo que tengan nada que ver con los métodos de represión.


***
En cuanto a lo del azotazo, bueno, creo que he dicho lo necesario. Pero añadiré algo más, no obstante.
Por fortuna, ya van saliendo por los medios de comunicación reputados profesionales de la psicología y del ámbito de las leyes que hablan con acierto de los problemas educativos.

Hace unos días, el juez Calatayud daba a los padres un irónico decálogo de consejos para convertir al hijo en un futuro delincuente. Era una ironía tan evidente que el verdadero mensaje se entendía sin problemas. Añadió algo que para los oídos posmodernos es anatema: dijo que había chicos malos. Yo lo creo igual, por más escandaloso que suene. El catálogo de consejos estaba totalmente inspirado en la pedagogía de la permisividad que hoy se practica en hogares y escuelas, y que es precisamente la que, a mi entender, tú defiendes, amiga Ángeles.

Días más tarde, en el mismo programa televisivo, pude disfrutar con las palabras inteligentes de Javier Nart. Se hablaba de lo mismo, de los problemas que está generando la mala educación que reciben los críos, de la cantidad enorme e insólita de padres que se ven obligados a denunciar a sus hijos por malos tratos. Algunos espectadores llamaban al programa para decir que eso se arreglaría con un buen azote o un bofetón a tiempo. La moderadora del programa les comunicó esto a los contertulios invitados (Javier Nart, Javier Urra y Juan Manuel de Prada). Y Nart -Dios lo bendiga- dijo (hablo de memoria): “Por supuesto, que se arreglaría con un buen azote a tiempo”.

La presentadora, un tanto sorprendida, diría yo, por las palabras de Nart, preguntó a Urra -el psicólogo- si es correcto lo que acababa de decir Nart. Y Urra, afamado psicólogo de la educación, que ostentó el cargo de Protector del Menor, lejos de contrariar a Nart -aunque más comedido-, dijo que sí, aunque sólo fuera un solo azotazo en la vida. Luego hizo hincapié en que, si es necesario, se debe utilizar la fuerza tantas veces como sea necesario para que el niño, por ejemplo, se siente en su silla si es que se levanta sin permiso del padre, y cosas por el estilo. Sería verdaderamente irónico y chocante que Urra, gran defensor del menor, fuera considerado por alguna mente hiper-posmoderna como un defensor del maltrato al menor.

Juan Manuel de Prada dijo una tontería: que la mala educación familiar era resultado de la destrucción de la familia y de los valores familiares. Aducía que, al faltar la presencia de la madre en muchos hogares, los niños escogían malos caminos. No es cierto. Mi experiencia profesional me ha demostrado que también en las casas en que la madre está todo el día con los niños, éstos suelen desarrollar el síndrome del pequeño emperador. El problema radica, como ya he dicho, en el canto a la permisividad y la lenidad. El triunfo de ese canto hace que la presencia o ausencia de la madre sea indiferente: la presencia continua de la madre permisiva convierte a los niños en pequeños emperadores. A Prada se le ve demasiado el plumero episcopal.

5.
Me preguntaba, ¿quiénes están más predispuestos a no controlar sus malos instintos?
¿El no aprender a controlarlos es debido a la formación que se ha recibido? o ¿a qué se posee una química diferente? o ¿? Supongamos que es una química diferente, más o menos de tal o cuál elemento o compuesto o… (y algo anda mal en algunos de nosotros), ¿se puede considerar patología? o… ¿autoengaño? o… Es patología, pero… ¿se cura sólo con fármacos o no se cura - sólo mejora? El autoengaño es… cuando utilizamos “tretas” no muy… por egoísmo y entonces asoman algunos de nuestros malos instintos, por provecho personal o… Entonces… ¿el autoengaño debe ser “tratado” con excelentes procesos de enseñanzas - aprendizajes? Pero… ¿y si quiénes lo “tratan” se autoengañan?... Así, las personas que han sido enseñadas y han aprendido a reprimir sus malos instintos… ¿no se autoengañan?, ¿serán siempre buenos ciudadanos y personas? ¿Es, entonces, en la educación dónde está la clave?

Vayamos por partes, Ángeles. Todos los rasgos universales humanos presentan una notable variabilidad genética. Por eso unas personas son más inteligentes que otras, o más introvertidas, o más asustadizas o más escrupulosas, o más sociables, etc. Con el autocontrol es lo mismo. Hay niños que soportan mejor la frustración del deseo que otros. Esa variabilidad genética es inevitable. Seguramente encontraremos a niños que se mostrarán díscolos e inestables incluso con la mejor educación imaginable. Y niños que se adaptarán bien a las normas sociales incluso sin haber recibido una educación excelente. Vale, pero esto son los extremos. Como cualquier otro rasgo humano, la facilidad para controlarse tiene, como digo, raíces biológicas, pero, en cualquier caso, la educación es clave. A los niños se les enseña a controlarse y a estar tranquilos mostrándoles claramente cuáles son los límites sociomorales. Esos límites -lo diré por enésima vez- no se establecen con buenas palabras y argumentos en el caso de los niños, sino con imposición de consecuencias, según lo he expuesto en los ejemplos de cómo “presionar” a los niños para que cumplan con sus deberes de niños. Con independencia de las raíces biológicas del autocontrol (que existen y son muy importantes), nosotros no podemos hacer otra cosa que centrarnos en el entrenamiento del autocontrol. Si el entrenamiento es adecuado, la inmensa mayoría de los niños aprenden a ser personas con carácter, tranquilas y equilibradas. Es muy mala la esclavitud que se deriva de no saber soportar la frustración y de no saber controlar los apetitos inadecuados. Con la inteligencia pasa igual: es un rasgo natural, genético, pero eso no significa que el ambiente no cuente. Cuenta y mucho.

En la educación adecuada tenemos nuestro mejor instrumento para darle forma a los rasgos de la llamada inteligencia emocional. Eso no significa que los fármacos no tengan su papel: ansiolíticos, anfetaminas, antidepresivos, castración química, hormonas anti-libido,… A veces la educación no es suficiente, eso también es evidente. Es un error de la educación actual centrar su acción en las palabras éticas y en la imitación. En la mayoría de las ocasiones lo que se necesita es entrenamiento conductual para fortalecer la atención del niño, su autocontrol y su voluntad.

La buena educación tiene, al menos, dos componentes esenciales:
- Componente cognitivo.
- Componente volitivo.

El componente cognitivo es el mundo de las ideas y actitudes que los adultos transmiten a los menores. Por ejemplo, en educación para la salud, el mensaje: “La ingesta abundante de alimentos ricos en colesterol son malos para la salud.”

El componente volitivo enseña las habilidades para controlar los impulsos y planificar la conducta. ¿Cómo se logra controlar los impulsos inadecuados? Pues con entrenamiento. Al niño al que se le permite hacer lo que le venga en gana, no se da la oportunidad de que aprenda a controlar sus impulsos. De modo que, llegado el caso, y ya de adulto, es posible que, aunque sepa que las grasas ricas en colesterol malo son perjudiciales para la salud, las ingiera en exceso. No sirve de mucho saber qué es lo bueno si, llegado el caso, uno no tiene la fuerza de voluntad suficiente para procurárselo.

En la educación actual fallan ambos componentes, pero principalmente el volitivo. Así nos va.


***
El autoengaño cumple varias funciones:

- Preserva la autoestima de la persona: la sensación de controlar la situación social. Esto se ha comprobado en cientos de experimentos de “Reducción de la disonancia cognitiva”.
- Sirve para “explicarnos” algunas conductas cuya explicación desconocemos en realidad. Esto se ha comprobado en experimentos con sujetos con el cerebro dividido. Es inquietante hace cosas sin saber por qué se hacen. El autoengaño elimina esa inquietud o la combate al menos.
- Aporta “justificaciones” de conductas poco éticas. Por ejemplo: “Si yo no acepto esta comisión ilegal, otro lo hará por mí, por tanto, la acepto”. El autoengaño aporta la justificación de la mala conducta, pero ojo: no la causa. La justificación de la conducta colabora con la causa de la conducta.
- Ofrece una visión más o menos idílica de la realidad, ayudando a soportar temores y, supuestamente, a acortar la distancia entre el deseo y su satisfacción factual. Por ejemplo, la ideología posmoderna recurre al autoengaño cuando afirma que la violencia humana es completamente aprendida. Esta creencia tranquiliza al ciudadano, pues le permite pensar que si la violencia es aprendida, también se podrá “desaprender”. También tranquiliza la teoría roussoniana, según la cual el niño es naturaleza, y naturaleza buena. También el autoengaño está presente en las creencias religiosas. Es tranquilizador pensar que viviremos eternamente después de esta vida terrenal.

6.
También soy… aunque no obesa y no es la gula, es la ansiedad… diagnosticada; el anoréxico, lo es porque se ve gordo y tiene problemas… o lo hace por no caer en la glotonería, no lo sé.

Bueno, Ángeles, yo no estoy aquí para hablar de tu peso, ni de sus causas. Pero sí voy a hablar de las causas comunes de la gordura. El médico o el psicólogo que te ha dicho que comes de más por ansiedad, ¿te ha explicado por qué recurres a la comida para calmar la ansiedad? Estoy casi seguro de que no. Permíteme que yo te lo explique. Comprenderás que comer mucho por glotonería y comer mucho por ansiedad son dos fenómenos bastante relacionados. Veamos primero qué tipo de actividades suelen tener un efecto ansiolítico en cualquier persona atacada de los nervios, ocasional o crónicamente:

- Hacer el amor.
- Comer algo rico en exceso.
- Pasear por el campo.
- Hacer deporte.
- Un buen masaje en la espalda.
- Un baño con agua templada.
- Beber alcohol o tomar otras drogas depresoras.
- Ver una buena película.
- Contemplar buenos cuadros.
- Charlar con un amigo.
- Escuchar buena música.
- Una partida de cartas.
- Echar la siesta.
- Tomarse unas vacaciones…

Instintivamente, las personas recurrimos a estas actividades para calmar los nervios. ¿Qué tienen en común todas estas actividades? Que son placenteras. Es lógico: si tenemos frío, buscamos calor. Si tenemos calor, el frío. Si tenemos hambre, comida. Si tenemos sed, bebida… Buscamos instintivamente recuperar la homeóstasis de nuestro organismo. Las frustraciones y peligros de la vida generan ansiedad y rompen nuestro equilibrio psíquico. Y la ansiedad se calma, si quiera momentáneamente, recurriendo a actividades placenteras que nos recomponen el cuerpo y el alma. Si esas actividades no produjeran cierto grado de placer, no serían ansiolíticas. Lo son porque producen algún placer, más o menos incompatible con la ansiedad. Por un momento, nos ayudan a evadirnos de nuestros problemas. Nos calma el malestar.

Pero esto no significa que siempre se recurra al placer para calmar la ansiedad que nos generan los problemas cotidianos y los acontecimientos nefandos. No: muchas veces se recurre a las actividades placenteras por una razón muy sencilla: porque producen placer. Es de Perogrullo. Y esto significa, ni más ni menos, que hay personas que comen de más por pura glotonería; otras, que se entregan a actividades lúdicas porque son más divertidas que el trabajo; otras buscan el sexo continuamente porque les encanta; otras beben de más porque les gusta sus efectos… Esto, por cierto, tiene relación con la drogodependencia de nuestros jóvenes. Los psicólogos suelen dar varias razones por las que los jóvenes se drogan. Por ejemplo: para relacionarse con los demás; o para combatir el aburrimiento. De acuerdo: eso es tanto como reconocer que los jóvenes se drogan porque les da la gana, porque no quieren renunciar al placer que les proporciona la droga. Detrás de buena parte de nuestros actos no hay graves problemas ni dramas humanos, sino simple y llanamente una fuerte tendencia al hedonismo. Esa tendencia, cuando no está psicológica, social y culturalmente controlada, como es nuestro caso, es la que nos lleva a muchos dramas. Nuestra naturaleza conoce el drama.

7.
Puedo ver que existen personas mejores que otras, menos egoístas, y también enfermos, pero la conciencia, que es la que tiene que funcionar, es cosa de la educación – de una buena educación, no represiva, sí comprensiva, de educación igual a desarrollo de una buena conciencia.

¿Cómo no voy yo a estar a favor de abrir las conciencias, Ángeles, si he escrito un artículo (o tesis) de miles de palabras denunciando la propensión humana al autoengaño?
Poco sospechoso seré yo de pretender “persuadir” por métodos represivos: si he empleado decenas de argumentos y razonamientos para despertar algunas conciencias dormidas. ¿Cómo podría yo estar en contra de la palabra si no paro de hablar y de utilizar la palabra -con escaso éxito, diría yo- para intentar discutir sobre los problemas que nos aquejan?

Pero hay que distinguir, Ángeles. Lo diré por enésima vez:
Los niños, especialmente éstos, no están obligados a comprender las razones de la autoridad, sino a obedecer a la autoridad. ¿De qué esperas que sean conscientes los niños de tres, cuatro, cinco, seis años…? ¿De qué? ¿Conscientes de que comer bollería continuamente es malo para la salud? ¿Conscientes de que cruzar la carretera sin mirar entraña un peligro mortal? ¿Conscientes de que es necesario ir al cole para estudiar y ser un ciudadano de pro el día de mañana? ¿De qué puede ser consciente un crío de cuatro años?

En niños pequeños (y no tan pequeños) las palabras por sí solas no valen. No valen para presionar al niño: son solo sonidos. Ellos prefieren comer bollos a verdura: Punto. Las palabras y los discursos no surten efecto. Las adecuadas técnicas de condicionamiento funcionan en los niños tanto como en los animales. No hay diferencias sustanciales, si bien con esto no estoy negando en absoluto la tremenda diferencia en inteligencia entre niños y animales. Con independencia de esa diferencia abismal, los métodos de condicionamiento clásico e instrumental funcionan en niños y en animales de forma similar, cuando no idéntica. Te aseguro que sí podemos comparar.


8.
Todos aspiramos a una sociedad más sana y solidaria, pero esos mensajes contradictorios no nos dejan avanzar como es debido, han provocado un parón y hay que salir de él. ¿Qué hacer? Recuperar la autoridad individual (padres, docentes, políticos, doctores, obispos, etc.), esa autoridad de ordeno y mando y lo que digo va a… ¡no!; siento estar en desacuerdo contigo, 123raus. ¿Cuántas de esas autoridades pueden estar equivocadas? No es cuestión de recuperar la autoridad (lo dejo caer una vez más), debemos inventar una nueva acepción del término; no debemos permitir que esta palabra siga tan ligada a lo individual o a instituciones creadas por un solo individuo o por unos pocos. No tenemos que obedecer a otros, si no queremos obedecerlos, ni otros tienen que ordenar, si no queremos que nos ordenen; lo haremos cuando una persona o personas nos convenza o convenzan o demuestren con palabras o/y actos o…

¿Esa es la conclusión que sacas de mi escrito, Ángeles?: “Esa autoridad de ordeno y mando.” Diré algo a favor de mi persona, Ángeles, aunque esté feo. Ya quisiera yo que todas las personas amantes del “ordeno y mando” se preocuparan la décima parte que yo en aportar argumentos para explicar sus opiniones y pareceres. En la propuesta titulada “Sobre cómo recuperar la autoridad” dejé claro que cuando se trata de adultos, las autoridades (médicas, legislativas, científicas, filosóficas o de lo que sean) no pueden ser reconocidas como tales sino a través de la palabra, los argumentos, los razonamientos y las pruebas. Éstas son las armas que yo les concedo a las diferentes autoridades; aunque tampoco quepa esperar que los legos en tal o cual materia acaben sabiendo tanto como las mismas autoridades. Relee la última parte de ese artículo, Ángeles, y lo comprobarás.

¡Otra cosa son los niños! Con ellos, sobre todo con los pequeños, no valen los argumentos. Ignoro cuál es tu dificultad para entender esto. Con ellos sí que funciona el “ordeno y mando”, si bien dentro de un marco de relaciones afectivas y amorosas. Es que no funciona otra cosa. Cuando se van haciendo mayores y van comprendiendo cómo funciona el mundo, hay que decirles por qué hay que hacer las cosas, pero no para que esa explicación sea la causa de su obediencia, sino para ilustrarlos sobre el mundo.

Ejemplos:
&#61550; El niño debe comer fruta y verdura porque yo, que soy el adulto, sé que son necesarias para su buen desarrollo y su salud.

&#61550; Al niño de doce años le prohíbo tajantemente que empiece a fumar: le ordeno y le mando, Ángeles. Le explico el perjuicio de fumar, pero si esa explicación le trae al fresco, yo, no obstante, hago cuanto esté en mi mano de padre para impedir que fume. Desde luego, se lo prohíbo terminantemente. Si no entiende o no quiere entender las razones que le doy, peor para él, porque bajo ningún concepto le voy a permitir que fume. Faltaría más.

&#61550; Al niño que solo quiere jugar con la Play y no hacer los deberes, le ordeno y le mando que los haga. Y hasta que no los haga, no jugará con la Play.

¿En cuáles de todas estas órdenes me estoy equivocando, amiga Ángeles? Claro que me puedo equivocar, pero la posibilidad de equivocarme no es razón suficiente para que yo abdique de mi deber de ordenarle la vida al niño. Y ya sé que no todo es tan claro como los ejemplos de la verdura, el tabaco y los deberes escolares: hay siempre dudas de qué es lo mejor, y riesgos asociados a cada opción elegida. Claro, pero eso no nos puede coartar el derecho y la obligación de tomar decisiones educativas con la firmeza que el bienestar psicológico de los niños exige. Malas son las resoluciones leoninas e intempestivas del autoritario, pero malas son también las hesitaciones eternas de quien, temeroso de errar, siempre anda inhibido, indeciso y negándose a sí mismo.

Los niños, Ángeles, no son adultos en pequeño. No. Los niños son niños. Y su educación exige el empleo sabio y constante del condicionamiento instrumental. Las palabras para ellos no tienen ningún poder de presión. Creo que mientras sigas considerando adultos a los niños, no habrá manera de que nos entendamos. De verdad que me choca la interpretación que haces de mi artículo. Yo (la psicología actual) propongo métodos de presión para la educación de los niños, no de represión. Por desgracia, también son necesarios para los adultos, que no siempre atienden a razones y normas éticas democráticamente acordadas.


9.
No tenemos que obedecer a otros, si no queremos obedecerlos, ni otros tienen que ordenar, si no queremos que nos ordenen; lo haremos cuando una persona o personas nos convenza o convenzan o demuestren con palabras o/y actos o…

Y si el niño de doce años a quien has explicado que es malo fumar, te dice que no le convences, ¿qué haces? ¿Le dejarás fumar? Quizá vuelvas a intentar explicárselo con mejores razones y argumentos. ¿Y si aun así no le convences? Él siempre podría decirte: “No, Ángeles, no me convences. Voy a fumar.”

¿Y si a un adulto le parece buena idea ir a doscientos por hora por la autopista? Tú te presentas ante él y tratas de convencerlo de lo peligroso de conducir a esa velocidad. Y si no le convences, ¿qué? Él te diría: “No tengo por qué obedecerte: no me convences.”

¿Y si a un hombre le parece excelente seducir a menores y abusar sexualmente de ellos? Le explicarías lo monstruoso de esa conducta. Pero él siempre se podrían acoger a tu fórmula de exoneración: “No tengo que obedecerte si no quiero obedecerte.”

Dices que no hay que obedecer si no queremos obedecer. Y, evidentemente, apoyas esta creencia en el hecho incontestable de que a lo largo de la historia ha habido autoridades discutibles o despóticas que no merecían ser obedecidas. Pero, Ángeles, al igual que hay órdenes y actos de obediencia inadecuados, también hay órdenes y actos de obediencia adecuados. No todo acto de obediencia es un acto de sumisión esclava. Te empeñas en ver solo la mitad de la película: los casos de autoridades ilícitas y violencias de superioridad. Ya sabemos todos cuántas veces las autoridades políticas, legislativas, religiosas, militares o educativas han cometido terribles crímenes contra la humanidad. Esos crímenes no tienen cuento. Pues claro. Pero la existencia de esas autoridades ilícitas no impide la existencia de autoridades lícitas, ni de órdenes sensatas y necesarias.

¿Hay leyes y órdenes justas? Pues claro. ¿Son necesarias? Evidentemente.

Si existen las órdenes, las leyes, las multas, las sanciones y los castigos es porque siempre hay personas dispuestas a atentar contra la vida o los intereses de los demás, incluso aunque sepan que lo que hacen esté mal, y por más que sean muy conscientes de sus actos. Las leyes, las órdenes, las normas y los castigos son necesarios cuando, por la razón que sea, la educación de la persona falla.

Lo que propones, Ángeles, es inaceptable: nos dejaría a todos en la misma selva. Cada cual camparía por sus respetos alegando estar convencido de la bondad de su conducta.

La conclusión es clara: hay muchas leyes y órdenes buenas y necesarias, precisamente porque siempre hay gente que no está de acuerdo con el contenido de aquellas leyes y órdenes. ¿A qué acuerdo vas a llegar con esos crápulas que violan y asesinan a niños? La ley que prohíbe a un adulto abusar sexualmente de un menor, ¿es justa y necesaria? Sí, sin duda ninguna. ¿Hay adultos que están dispuestos a transgredir esa ley? Por supuesto, por eso existe tal ley. Así pues, Ángeles, no llevas razón cuando dices que no debemos obedecer si no estamos de acuerdo en lo que nos ordenan. Hay leyes éticamente incuestionables, y las leyes no hacen otra cosa que ordenar y prohibir.

10.
Tenemos que legislar conjuntamente, todos tenemos que acordar (en casa, en la escuela, los científicos, etc.) sin salirnos de los Derechos Humanos, ya acordados; son estos acuerdos los que deben ordenar y los que hay que acatar obligatoriamente, hay que resignarse al acuerdo, a veces erróneo, porque si no funciona, se volverá a acordar.
A todos o a casi todos nos gusta mandar y a nadie o a pocos obedecer, pero la mayoría debe tomar las riendas y hay que aprender a respetar a las mayorías, desde pequeño, y hay que “jurar” obediencia a los acuerdos y tiene que existir la policía, porque siempre habrá quién, por algún motivo, no esté de acuerdo… Si desde pequeño se siente uno parte del todo, dentro del todo, parte del acuerdo, todo marchará mejor, esta es mi teoría, admirado 123raus, debemos salir de la individualidad para acatar lo que acuerde la mayoritaria, y ésta tiene que alimentarse de la genialidad de las individualidades.

Este párrafo, Ángeles, me parece fundamentalmente acertado, pero entra en fragrante contradicción con el anterior, en el que afirmas que no tenemos que obedecer si no queremos obedecer. Aquí sí pareces darte cuenta de la necesidad de defender los derechos humanos ya establecidos. ¿Cómo podemos defender esos derechos? A través de dos cosas, fundamentalmente: la educación y las leyes. En el mundo de los adultos y de los adolescentes mayores, confiamos en la educación, pero si ésta falla, echamos mano de las leyes penales. ¡Qué remedio!

En el caso de los niños y adolescentes menores también confiamos en los argumentos, la seducción, la motivación y las palabras. Lo que pasa es que, especialmente con los pequeños, todo eso no es eficaz. Y, entonces, es cuando el adulto no tiene más remedio que utilizar métodos conductistas del tipo: “Hasta que no arregles tu habitación, no saldrás a jugar.”

Hablas de que el niño se sienta parte del todo. Claro, ¿pero cómo lo conseguiremos? ¿Un niño de tres, cuatro, cinco años o más, está preparado para llegar a acuerdos con el adulto? No sé a dónde alcanza tu habilidad negociadora, Ángeles. La mía no da para tanto.
La cuestión, Ángeles, es: ¿qué tenemos que hacer cuando los acuerdos no funcionan con los niños? ¿Deberá hacer el niño su voluntad?: por ejemplo: comer bollería continuamente, no hacer los deberes, no arreglar la habitación, reventar la clase… Aun suponiendo que los niños pequeños (y no tan pequeños) estuvieran capacitados para llegar a acuerdos con los adultos, creo que podrás reconocer que siempre habrá ocasiones en que fracasen los acuerdos, ¿no crees? En tal caso, ¿qué haremos, Ángeles? Si a un niño de siete años no lo has convencido para que deje de comer bollos, ¿cómo procederemos? ¿Sería lícito utilizar la fuerza necesaria para evitar que siga comiendo bollos?

Puedo comprender y compartir contigo la fobia a las órdenes leoninas, pero en modo alguno comprendo la fobia a las órdenes y las leyes justas: aquéllas que los niños necesitan acatar para entrenar su fuerza de voluntad y que les previenen de males físicos o psicológicos; aquéllas (en el mundo de los adultos) cuyo observancia garantiza una convivencia pacífica de los ciudadanos y los derechos humanos y civiles axiomáticos, no sujetos a dudas razonables.


Amiga Ángeles, no te oculto mi decepción. Gustosamente me esfuerzo aquí para ofrecer alguna solución a los problemas educativos que nos embargan. Para llegar a la conclusión de que lo que necesitamos es volver al “ordeno y mando”, o a la mano dura, no me habría hecho falta tanto esfuerzo, tiempo y palabras. No puedo menos que lamentar ser tan mal entendido a veces. Lo aceptaré como un gaje más noble oficio de explicar y argumentar cosas.


Gracias.

6/4/2008 20:44 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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123raus, no puedo más que felicitarle por su esfuerzo de poner un poco de luz en esta caótica situación que estamos viviendo en la educación, y por extensión en la sociedad entera. Su artículo debería ser colgado de la puerta de todas las escuelas e institutos de España y parte del extranjero. Lo triste sería que, desafortunadamente nadie lo leería.
Saludos.
13/4/2008 22:54 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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Gracias de corazón, lzzy. Estos mensajes de ánimo me hacen pensar que no todo está perdido. Pero lleva usted toda la razón. Seguramente nadie lo leería, o, en el mejor de los casos, muy poca gente. ¿Pero cómo hacerlo para que el mensaje llegue a mucha gente? Yo podría haberme limitado a decir: “Señores, leamos filosofía y potenciemos la filosofía en las escuelas.” Pero dicho así, quedaría como un mensaje sin justificar, y caería en saco roto. El otro camino -por el que he optado- es tratar de justificar el mensaje, pero entonces el resultado es un ensayo enorme que muy poca gente está dispuesta a tragar, máxime cuando tal ensayo está dicho por alguien que, como yo, carece de fama y reputación pública.

Cuando yo mismo leo eso de “El gran momento de la filosofía” la verdad es que me da la risa. Es como decir cuando hay sequía: “El gran momento de la lluvia”. Pero la lluvia viene cuando le place, no siempre cuando más falta hace. A veces, simplemente no llega nunca o casi nunca, y el agua, cuando cae, cae sobre un desierto yermo. Si tuviera que apostar mi dinero, apostaría a que la filosofía seguirá colándose en el sumidero del olvido. Pero no estamos aquí para apostar cosa semejante, ni para colaborar con el enemigo. Pese a mi escepticismo galopante, seguiré contribuyendo a la causa. Por mí que no quede.

Estoy preparando un artículo que versará de cómo y por qué la democracia se transmuta en demagogia con gran facilidad. Espero que le guste y que sea de alguna utilidad.

Muchas gracias lzzy, y un saludo.
14/4/2008 09:49 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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123raus, me duele que pienses que será difícil que lleguemos a un acuerdo, cuando es esto precisamente lo que propongo.
Tal vez no estemos tan lejos como crees – quizás mi forma de expresar te ha llevado a pensar…
Me parece que en lo básico estamos de acuerdo, corrígeme si me equivoco: Estamos mejor que antes, pero aún estamos muy mal (no recuerdo haber dicho que ahora estemos bien); tenemos que seguir mejorando, porque aún es grave; mejorar la manera de formar a niños y jóvenes es el mejor modo de prevenir conductas indeseables; estamos ambos buscando, como otros muchos, fórmulas que den solución a los problemas planteados hoy en lo educativo y en lo social; tenemos que trabajar de forma conjunta maestros, profesores, pedagogos, psicólogos, psiquiatras, sociólogos, políticos, trabajadores sociales…

123raus, estarás de acuerdo conmigo que ideas bien justificadas hay muchas y entre ellas contradictorias y que hay que ser cautos… reflexionar y profundizar… escucharlas todas y aportar experiencias… Y creo que es éste el momento en el que me encuentro.
Mi puerta está siempre abierta, aunque no lo creas, ya que en cada uno de tus escritos encuentro algo nuevo que me aporta… que me hace reflexionar. Me gustaría también aportar algo…
He estado un buen rato reflexionando sobre la diferencia entre represión y presión, nunca me lo había planteado y las interpretaba, cuando era otro el que te presionaba o reprimía, como sinónimas. He mirado en el diccionario y son sinónimas, en el sentido de coacción, opresión... Me gustaría saber cuál es la diferencia que existe entre estas palabras según la Filosofía, Psicología… ¿Dónde puedo mirarlo?
Pensaba que entendía tus escritos, es más creía y sigo creyendo que te explicas muy bien y con mucha claridad. Y, sí, creo que las personas se entienden hablando, en esto se basa la democracia, ¿no?, aunque no nos convenzan muchas cosas del otro, otras sí, habrá cosas en las que estemos de acuerdo y veces en las que en el justo medio esté el equilibrio. En democracia es obligatorio llegar al acuerdo, al entendimiento. Creo que la democracia es la mejor forma de gobierno, de las conocidas, pero hay que pulirla, mejorarla y adaptarla a los nuevos tiempos.
Dices que: Los psicólogos sociales Haidt, Hersh, Telock y otros nos dicen que “los debates morales, lejos de resolver las hostilidades, las pueden agravar, porque cuando las personas del otro bando no capitulan de inmediato, sólo se demuestra que no se les puede hacer entrar en razón.” Supongo que se referirán – que no capitulan - a los derechos humanos nacidos del acuerdo… Si es a esto a lo que se refieren estoy completamente de acuerdo e imagino que estos psicólogos sociales hablan de esas personas que están tan convencidas que su religión o sus ideas morales son las ciertas que lo único que pretenden es convencer al otro, no escuchan la verdad acordada; supongo que se referirán a esas personas que son incapaces de escuchar con detenimiento al otro, porque piensan que no saben lo que dicen, que son unos ilusos, ellos, sí, sí están en posesión de la verdad; hablarán de esas personas tan seguras de su verdad que no dan opción al cambio ni al acuerdo y en algunos casos sí a hostilidades; no sé como formarán a sus hijos... No creo que este sea mi caso... De todas formas me observaré y me vigilaré por si las moscas. Tal vez mis ideas estén cristalizadas…
Me parece excelente tu análisis, porque lo argumentas muy bien, porque conoces la historia de las ideas, criticas las que te parecen “falsas” y apoyas las que consideras “ciertas”; apoyas tu “teoría” en ellas y… podría seguir, pero creo que con esto es suficiente.
No estoy obsesionada con el pasado, es sólo que al pasado hay que recurrir cuantas veces sea necesario, para averiguar por qué ocurre lo que ocurre en el presente. Un médico debe tener siempre a mano la historia del paciente, y echarle un vistazo tras conocer los síntomas que le (al paciente) aquejan, a veces no le queda más remedio que actuar rápido y mirar la historia en el transcurso, pero siempre tendrá que mirar la historia, tendrá que saber si es alérgico a… o… No se deben cometer errores, menos aún los mismos errores, y si se cometen… que no sea por negligencia.
El listado que haces es grave, y estoy de acuerdo en todo cuanto dices, aunque me gustaría repetir nuevamente que también hay niños, jóvenes, padres… estupendos y siempre existieron.
Ahora me gustaría hacerte unas preguntas:
¿Nos crean necesidades innecesarias los “poderosos” - que muchos no pueden cubrir y se frustran? ¿Con presionar a los niños, jóvenes, padres, educadores, políticos, etc. es suficiente? ¿No habría que presionar a las ciencias también? Hablas de permisividad paterna, del gobierno actual ¿Cómo podemos evitar esa permisividad?
Defiendo el acuerdo, el estudio y el esfuerzo. Y por supuesto que sigue existiendo tiranía… mientras existan personas que se deje atropellar, existirán tiranos. Tenemos que formar para que nadie se deje tiranizar y esto lo aseguro y claro que es necesario y posible educar a los niños a base de cariño, amor y disciplina y que el niño debe cumplir con su parte como hijo y como alumno, lo he dicho en más de una ocasión, en todo esto estamos de acuerdo.
Perdona si te interprete mal, no quieres volver al “ordeno y mando”, en esto también estamos de acuerdo.
Me gusta todo cuanto dices de la filosofía. Pero no entiendo bien que quieres decir, imagino que propones que todos estudiemos la historia de la filosofía, las diferentes teorías y elijamos la… ¿cierta? (sinceramente no sé cuál es, porque si desvarían unas y otras son hijuelos de las anteriores, cuál es la… ¿cierta?); ¿es así?
Siempre estamos pensando… Y, desde mi punto de vista, se sigue negando la filosofía al pueblo. Podemos tener la filosofía a nuestro alcance, pero no la entendemos, no tenemos la preparación suficiente para entenderla (hay excepciones). El pueblo no tiene tiempo para cosas que no entiende, bastante tiene ya con las necesidades que le crean los “poderosos” y su propia filosofía, que en ningún momento dije que fuera angelical, más bien todo lo contrario; me refería a esa filosofía picara, de tirar la piedra y esconder la mano, de aferrarse a la vida y de despreciarla a veces... que habría que tener muy en cuenta. El hombre cuando se ve acorralado puede… incluso es capaz de aliarse y alzarse contra la opresión… Estoy totalmente de acuerdo en todo lo que dices en este sentido y con Einstein.
También estamos de acuerdo, todos tenemos que mejorar. Ya voy entendiendo mejor y estoy de acuerdo (en relación a los programas de televisión que mencionas) que cuando el arbolito ya se ha torcido hay que someterlo a cierta presión para enderezarlo, pero, 123raus, lo que propongo es que busquemos la forma y manera de que el arbolito no crezca torcido que le pongamos una guía que esté siempre a su vera y lo haga crecer derecho y le ayude a crecer recto (en todos los sentidos). Me estoy dando cuenta de que tu propuesta y la mía pueden no son contrarias, sino complementarias.
Si un niño que crece con guía no quiere comerse la verdura, lo primero que hay que averiguar es si está enfermo, es inapetente… y si no le ocurre nada (si se le ha acostumbrado desde muy pequeño a estos sabores, seguramente no la rechace en estado normal); si sigue insistiendo, si es capricho, habrá que aplicarle el castigo acordado – si son muy pequeños, acordado por los padres, pero que el niño debe conocer siempre que sea posible (los niños tienen que saber que hay actividades... obligatorias para su propia vida y sociales, ya lo explique). Así, es en este caso cuando se aplicaría el método que propones… Los demás casos que comentas se podrían tratar de igual modo. No digo que la naturaleza no sea fuerte y quiera torcerse, pero la guía no debe ceder en ninguno de estos casos, debe protegerlo de estos torcimientos, y ser lo suficientemente elástica, a la hora de respetar su singularidad, su creatividad, como para que no sólo no la pierda sino que la refuerce; debe mimar su crecimiento, amarlo y mostrarle todo lo que existe; todo arbolito que sobrepase a la guía y siga su camino singular recto, dejará de necesitar guía (habrá casos, aún así, que seguirán necesitándola y otros a los que habrá que ponerles una más alta).

Dices: “Todos los rasgos universales humanos presentan una notable variabilidad genética…”, de acuerdo, y que: “Por eso unas personas son más inteligentes que otras, o más introvertidas, o más asustadizas o más escrupulosas, o más sociables, etc.” ¿Es el social uno de los rasgos universales del hombre? Sigues diciendo: “Con el autocontrol es lo mismo. Hay niños que soportan mejor la frustración del deseo que otros.” ¿Es la frustración un rasgo genético humano o es fruto del choque entre lo que nuestra propia naturaleza nos pide, la educación nos exige y la sociedad nos requiere? ¿Es la frustración el fruto del contacto con los otros, con la sociedad? Muchas veces hay conflictos entre lo que la sociedad nos exige y la educación que hemos recibido nos reclama, otras veces te frustra la manera cómo la propia sociedad, que inventa las normas, se las salta… Dices que es muy mala la esclavitud que deriva de no saber soportar la frustración (estimado 123raus, ¿presentas la frustración como algo necesario? ¿Tenemos que aprender a soportarla? Sé que te referirás, una también piensa así, sólo a que es necesario frustrar al niño cuando se trata de controlar los apetitos que puedan producir mal a otro, de una u otra manera, o cuando a la larga, para vivir en sociedad o consigo mismo, estos apetitos le puedan ocasionar males mayores. No obstante, en esto también hay que ser cautos, y explicarlo muy bien, porque habrá quién confunda frustrar lo estrictamente necesario con someter. La persona sumisa, pienso, no es capaz de decidir por sí misma ni de crear…
¿Es el entendimiento también un rasgo universal humano? ¿Somos esclavos de estas sociedades evolutivas que hemos generado y que muchos no entendemos? ¿En qué tenemos que frustrar a nuestros niños? (sólo en los apetitos) Y ¿cómo podemos evitar que la sociedad los frustre innecesariamente? ¿En qué deberíamos frustrar a nuestra sociedad (poderes, etc.)? Será necesario ir haciendo todo el trabajo a la vez, porque si trabajamos en una sola dirección poco podremos mejorar, porque si siguen recibiendo mensajes contradictorios nuestros educandos, ¿de qué serviría nuestro empeño?
Cuenta mucho el ambiente y la educación, en esto estamos totalmente de acuerdo, pero ¿qué tipo de ambiente es el mejor y qué tipo de formación es la mejor? Tenemos que buscar un tipo de ambiente y un tipo de educación que sea realmente bueno e intentar formar bien. No vale educar a unos para ser líderes y a otros para peones; a unos para machistas y a otros para solidarios... Esto frustra. Cada uno de nosotros tenemos el derecho de ser educados (incluida la inteligencia emocional) de igual forma, de la mejor posible – igualdad – y en ambientes adecuados. Así, el resultado final dependerá de nuestros rasgos (variabilidad genética), del ambiente y de la formación recibida. Aunque a veces como bien dices la educación no es suficiente…
Avanzas diciendo: “Es un error de la educación actual centre su acción en las palabras éticas y en la imitación. En la mayoría de las ocasiones lo que se necesita es entrenamiento conductual para fortalecer la atención del niño, su autocontrol y su voluntad… ¿La sociedad actual es voluntariosa, autocontrolada y atenta? ¿Qué ocurre con el niño que estamos entrenando para que sea atento, autocontrolado y voluntarioso cuando llega a casa – por ejemplo - y ve que los suyos no son así? (los niños - entre ocho y nueve años - si pueden ir entendiéndolo, poco a poco, si les explicamos bien los porqués de esas frustraciones necesarias, de esos pequeños castigos, de la concienciación, etc.).
Dices que las frustraciones y peligros de la vida generan ansiedad y rompen nuestro equilibrio psíquico. Y la ansiedad se calma… momentáneamente, recurriendo a actividades placenteras que nos recomponen el cuerpo y el alma ¿Qué ocurre si no recurrimos a esas actividades placenteras con nuestra frustración? . Entonces, ¿los “ansiosos” somos unos frustrados de la vida y los hedonistas no? ¿Cómo podemos identificar a unos y a otros? ¿Un niño pequeño puede ser ya hedonista?
Dices, ¿Cómo no voy yo a estar a favor de abrir las conciencias, Ángeles, si he escrito un artículo (o tesis) de miles de palabras denunciando la propensión humana al autoengaño? Poco sospechoso seré yo de pretender “persuadir” por métodos represivos: si he empleado decenas de argumentos y razonamientos para despertar algunas conciencias dormidas. ¿Cómo podría yo estar en contra de la palabra si no paro de hablar y de utilizar la palabra -con escaso éxito, diría yo- para intentar discutir sobre los problemas que nos aquejan?” 123raus, entonces cómo dices que “Es un error que la educación actual centre su acción en las palabras éticas y en la imitación” o es que lo que sirve para unos no sirve para otros (exceptuando, claro está una primara etapa, los primeros años de vida). ¿Cuando se deja de ser niño según tu teoría? ¿A qué edad más o menos? Imagino que dependerá de la madurez del niño; pienso que si un niño ha sido bien guiado, con doce años no fumará… Y si fuma, por mucho miedo que tenga a las represalias, seguirá fumando a escondidas (lo hice).
Y no ando inhibida, indecisa y negándome a mí misma siempre, créeme, sólo cuándo realmente lo estoy, es esto también una característica humana. Sé que hay adultos que se pasan los límites de velocidad, porque no están formados… y no son pocos… También hay monstruos y tratamientos y jueces y cárceles necesarios/as y sé que hay leyes que habrá que reformar… De todo esto estoy segura. Reconozco el valor incalculable de una buena formación y el de los trabajos de los sabios. Y también sé que mientras más personas bien formadas existan menos castigos serán necesarios. Y sí hay que obedecer a las leyes y a los acuerdos entre los hombres, pero no a las individualidades - a no ser que demuestren algo excelso para el bien común, son pocos; hoy los sabios tienden a trabajar en equipo y es el equipo el que demuestra…
Con los niños pequeños, también se puede negociar y llegar a acuerdos ¿Quién pone la mesa, la recoge y cuándo?, ¿Quién tiene que recoger los juguetes?, por ejemplo, porque son acciones necesarias para el buen funcionamiento del hogar y todos somos responsables de ellas... Quién se salte la norma recibirá un castigo (no comer postre, etc.). Lo que hay que hacer hay que hacerlo y de esto hay que hacer al niño consciente pronto… No sé si ahora me explique mejor. Creo que cuando vivimos en una sociedad democrática, participativa, tenemos que participar desde muy pronto, porque a hacer se aprende haciendo…
Creo que tu teoría y la mía, no están tan lejos.
Disculpa si te interpreté mal en algún momento y vi tus métodos de presión, represivos.
Y sigue contribuyendo a la causa. Gracias.
Saludos.
14/4/2008 11:07 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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Ahora que tengo algo de tiempo, me decido a hacer una reflexión sobre el artículo de 123raus, pasando momentáneamente por alto el post anterior que leeré más adelante.
Sin duda, este relativismo del que hablamos, es un problema de fondo, y tal vez no el único. Pero como evidentemente tenemos que admitir, el problema tiene múltiples ramificaciones y hay ciertas cuestiones que merece la pena revisar. A modo de ejemplo y sin ser exhaustivo, me atrevo a citar las siguientes.
En primer lugar, las circunstancias económicas y sociales que vivimos no son ajenas al mundo de la educación. Me refiero en concreto a los horarios laborales, y a la tan traída y llevada “conciliación de la vida familiar y laboral”. Tema que abordan numerosas leyes, pero evidentemente, ninguna en serio, sin voluntad alguna de solucionar el problema. Hablando de memoria, recuerdo un dato, creo que aparecía en el libro de Daniel Goleman sobre la Inteligencia Emocional. Este dato refería a que la media de tiempo que los padres hablan con sus hijos al día era de…20 minutos, con datos de los años 90 en USA, con lo que supongo que ahora la situación será si cabe peor. ¿Se puede ejercer autoridad alguna con un diálogo de 20 minutos al día con los hijos?. Si la autoridad no se ve, no se siente, no está, al fin y al cabo…¿podemos llamarla con propiedad “autoridad” o si acaso “intento de autoridad”?.
Por otro lado, como bien dice José Antonio Marina “para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Pero para hacer esto hoy en día, habría que contrarrestar la avalancha de información (contradictoria a veces) que reciben lo niños y jóvenes a través de los medios de comunicación de masas, tarea harto difícil que se me antoja casi imposible sin la voluntad sincera de las Autoridades (que contradicción tener que llamar a las Autoridades de ese modo, cuando no ejercen autoridad alguna o lo hacen arbitrariamente) y demás agentes sociales que deberían poner por encima los intereses educativos y generales en contra de los económicos y otros incluso menos loables.
Por último, y si esto fuera poco, habría que considerar a los maestros y profesores, casi un cuerpo de elite entre los funcionarios. Muchos somos lo que hemos pagado el pato de haber topado con unos profesores incapaces, mal formados, sin vocación, y con ganas de cebarse en los alumnos para resarcirse de sus problemas personales. No digo ni mucho menos que todos los educadores sean así, que los hay también con voluntad de hacerlo lo mejor posible, sino que no debería dejarse en manos de la “suerte” que un niño reciba una educación mejor o peor en función de los profesores que le “toquen”.
Sin más que estas reflexiones me despido, reflexiones que supongo irán a más, puesto que el artículo contiene múltiples conexiones (muchas partes me recuerdan a Ortega y su “Rebelión de las masas” y la “democracia morbosa”, textos que deberían ser urgentemente revisados por todos, y en fin…a tantos otros autores) conexiones que como digo, no carecen de importancia para el tema tratado.

Saludos y gracias por vuestra atención.

14/4/2008 14:59 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
curra
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cuerpo de elite
Me gustaría mucho que Izzy me explicara por qué, o en qué se basa para afirmar a modo de sentencia que los maestros y profesores somos un grupo de elite. Lo siento por tí ....quizá has tenido mala suerte con los profesores con los que te has cruzado en tu camino.Ni te conozco a tí, ni a los profesores que has tenido. Permiteme que esta sentencia tuya la ponga en duda. Cuando quieras puedo poner en tu conocimiento de forma explicita cómo trabajamos HOY los maestros y los directores en la Escuela Publica. Creo sinceramente que sentencias con bastanta ligereza.
20/4/2008 21:28 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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Perdón, creo que me he explicado mal.
Lo que quería decir es que los maestros "deberían" ser un cuerpo de élite mimado por el Estado, dada la gran responsabilidad que tienen encima. Pero no lo son, con lo cual unos son mejores y otros peores, con unos desniveles increibles, que los que los pagan son los alumnos. De esta manera, algo tan importante como la educación se convierte en una especie de "tómbola" en la que a unos le va mal, y a otros bien. Yo no sé por qué se ha llegado a esta situación, ni culpo a nadie...solo constato una realidad. Porque no me negará que hay profesores nefastos, a los que los alumnos le importan bien poco. Y no me refiero a la actualidad, sino a la situación que yo viví. Que había y que hay profesores muy malos, en el pasado y ahora, lo constato y lo mantengo. Que en el pasado había y ahora hay profesores excelentes, también lo constato y lo mantengo. Y si usted le llama a eso "sentenciar", sentencio.
Saludos.
21/4/2008 22:45 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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El sistema democrático en el que vivimos es... Falta: formación (maestros, profesores, equipos de orientación… concienciados... y bien formados), ratios más bajas, escuelas de padres... Y claro que hay padres, maestros... bien formados y que son grandes educadores, pero no es la mayoría por desgracia y esto lo sabemos... Responsables somos todos, porque no ponemos más de nuestra parte, aunque los mayores responsables son los que pueden tomar decisiones en este sentido y… también hay que ser consciente que esto no se arregla ni en un día ni en mil, pero los políticos tienen la obligación de, tras preguntar las veces que sean necesarias a ciudadanos y sabios, mejorar la situación…
¿Para qué abrió José Antonio Marina este blog?
Tenemos que luchar por una formación de calidad (infantil, primaria, secundaria, profesional y permanente) y dejar, como dice lzzy, que sea en la tómbola donde se decida...
Saludos a todos.
22/4/2008 10:17 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
curra
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Me vais a perdonar tanto Izzy como Angeles: discrepo profundamente de vuestros argumentos, creo que las afirmaciones generalizadas y sin datos reales y verídicos son bastante "peligrosas", llevan a la confusion y difunden mensajes parciales como si fueran el resultado de una investigacion exhaustiva, por favor vamos a ser serios....Si afirmais que la mayoría del profesorado no está formado con esa contundencia como si lo hubierais investigado, cuando esto no es en absoluto verdad ( basta ojear los datos de niveles de estudios del profesorado de infantil, primaria y secundaria así como los datos que designan la participación del profesorado en cursillos de formacion y perfeccionamiento ), esto hace mucho más daño que una mentira.
Vamos a buscar soluciones pero por favor desde la seriedad .
Sinceramente creo que las tómbolas en Educacion es un recurso bastante "amarillista". Es muy facil "culpabilizar" al profesorado no formado, sin tener datos reales. Es bastante poco serio el argumento.
22/4/2008 13:33 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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Bueno...pues si quiere datos estadísticos serios, puede consultar las estadísticas de los paises de la OCDE en cuanto a calidad de la educación. España está la 26, ¿quiere más datos: http://www.educaweb.com/EducaNews/interface/asp/web/NoticiesMostrar.asp?NoticiaID=656&SeccioID=964?. Conozco otros paises europeos, y que España tenga una educación tan pésima se nota en la calle: hay más civismo, todo está más limpio, la actitud de la juventud es totalmente distinta (especialmente en los países del Este). Créame usted, si empezamos a manejar datos, la situación es peor de lo que yo he expuesto.
Saludos.
22/4/2008 15:04 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
curra
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Te vuelves a equivocar en tus argumentos. Yo tambien conozco otros paises y España tiene una Educacion pésima pero esto no es imputable a la escasa o nula preparación y formación del profesorado, porque insisto NO ES VERDAD que la mayoría de este colectivo no este formado. Ah! conozco perfectamente el "puesto" de España en Educacion, me dedico a ello. El argumento es bastante pobre y basado en una premisa FALSA: "Tenemos una Educacion mala porque en su mayoría el profesorado no esta formado" . Perdona, pero la EDUCACION de un pais, el sistema educativo, la ley de Educación....... es mucho más complejo que la premisa falsa que tu sostienes: malos profesores= mala EDUCACION.
SOLUCION:CAMBIEN LOS PROFESORES MEJORARA LA EDUCACION....¡Por favor...seriedad!
22/4/2008 17:22 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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No ponga usted en mi boca palabras que no he dicho. En ningún momento he escrito en este foro que la culpa de la mala educación en España sea exclusivamente de los profesores. Es más, hace unos posts he dicho exactamente lo contrario (valiéndome de una cita de Marina). Pero creo que los profesores, junto con los padres son los dos colectivos que más peso tienen en la educación de un país. ¿Es eso otra premisa falsa para usted?. ¿Que un niño crezca rodeado de malos profesores, o de centros en los que un profesor implicado y con vocación es la excepción, no tiene influencia alguna sobre su educación y formación?. ¿Que un profesor pierda la motivación y pase olimpicamente de sus alumnos, llegando incluso a odiarlos (consulte este foro y vera, esta vez sí, a un profesor diciendo LITERALMENTE lo que le indico), que un profesor adopte esa actitud (sin entrar en por qué lo hace) tampoco tiene influencia en la educación de los niños y jóvenes? En mi experiencia, yo he visto, que la mayoría de los profesores van a hacer su trabajo sin complicarse la vida, y a eso es a lo que me refería cuando hablaba de que debería ser un cuerpo de élite: deberían ser personas con capacidad de motivar a los alumnos, de llevarlos a su terreno para educar con mayúsculas. Y eso, repito, yo en mi experiencia lo he encontrado en poquísimas ocasiones.
Gracias por vuestra atención.
22/4/2008 20:57 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
curra
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Lo siento por usted
Usted ha escrito más arriba: "En mi experiencia, yo he visto que la mayoría de profesores van a hacer su trabajo sin complicarse la vida...etc...deberían ser personas con capacidad de motivar a sus alumnos.....y eso en mi experiencia yo lo he encontrado en poquisimas ocasiones". En serio, le digo nuevamente que lo siento por usted..... ha tenido mala suerte pero es ABSOLUTAMENTE FALSO que así trabaje la mayoría del profesorado de Infantil, Primaria, Secundaria......Por favor seamos serios. ¿ En manos de quien se cree usted que estan los alumnos de este pais ? Es imposible..... generalizar de esta forma es un error gravisimo. Flaco favor le hace usted a todos los profesores que realizan su labor con profesionalidad, pero da igual a pesar de estas opiniones y otras muchas peores los profesores siguen realizando su trabajo con entusiasmo y profesionalidad , aunque usted no lo vea.
22/4/2008 23:08 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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Con todos mis respetos, empiezo a dudar que usted lea mis mensajes, o tal vez los interpreta según quiere, puesto que una vez más, tengo que aclararle que en ningún momento he dicho que la mayoría de los profesores sean como usted dice que digo, recalco de nuevo, he dicho que EN MI EXPERIENCIA SON ASÍ. Y eso quiere decir que los que a mi me han tocado, en su mayoría son como los he descrito. Y como a mi me han tocado esos, por eso digo que los que le toquen a las generaciones actuales y a las que estarán por llegar NO DEBERÍA SER cuestión de suerte. ¿No conoce usted ninguna experiencia negativa de un alumno con un profesor?. Suponiendo que lo que usted mantiene sea cierto...¿por qué un solo alumno tiene que pagar por la incompetencia de un profesor?. Si a alguien le fastidian la vida por culpa del sistema educativo y la ineptitud de ALGUNOS educadores...¿lo ventilamos con un "lo siento por usted", como reza el título de su post?. Tal vez mis aspiraciones sean demasiado idealistas, pero usted creo que peca de inocente, exponiendo un panorama, que visto lo visto y como están las cosas, no veo que sea objetivo. ¿Cree usted que las estadísticas que ponen a España a la cola con datos medibles (comprensión lectora, capacidad de cálculo, absentismo, fracaso escolar, violencia en las aulas, acoso escolar...) indican que la mayoría de los profesores actúan con competencia?. Si usted cree que eso no es EN PARTE culpa del profesorado o del sistema educativo, que lo mismo me da...¿a qué cree usted que se deben estos resultados?.
Pase usted por alto rebatirme a mi personalmente, y rebata los datos que todos conocemos, como los del link que le facilito, que por lo que veo tampoco ha leido o ignora, o como los que le acabo de mencionar. No lea lo que quiere leer e intente responder a mi última pregunta.

Gracias por vuestra atención y saludos.



(Última edición:: 23/4/2008 03:29)
23/4/2008 00:40 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
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