CONFLICTIVIDAD Y VIOLENCIA EN LOS CENTROS ESCOLARES 
José Melero Martín
Siglo XXI. Madrid, 1999
Nº de páginas: 109

Resumen y traducción: María de la Válgoma
 

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INDICE

CAPITULO 1. Las distintas teorías sobre la agresividad

En esta primera parta del libro se estudia el fenómeno de la agresividad, que se ha incrementado alarmantemente en la sociedad actual hasta crear un determinado clima social y que, pese a ello, ha sido poco estudiado, no tanto desde el punto de vista teórico como en el de trabajos de campo. En principio es necesario distinguir entre agresión y agresividad, aunque en ambas debe darse un elemento de internacionalidad de dañar a otro, a veces contra un sustituto o contra uno mismo. La agresividad se define (Van Rillaer, 1978) como la "disposición dirigida a defenderse o afirmarse frente a alguien o algo". La agresión es esa disposición cuando se lleva a cabo, es un acto en sí, palpable y efectivo, no una mera tendencia. ¿Es la agresividad un instinto? Para muchos autores es un impulso básico e innato. Así lo cree el psicoanálisis, en su primera fase, con el instinto de destrucción y también la etología. Lorenz señala como las cuatro pulsiones básicas, comunes a hombres y animales, el hambre, la sexualidad, la agresividad y el miedo. Otros autores por el contrario centran el problema en las influencias ambientales. La agresividad no es más que una reacción aprendida del entorno. Entre estos estarían los conductistas, con la hipótesis de frustración-agresión, sostenida hoy por Berkowitz y la teoría del aprendizaje social cuyo máximo representante es Bandura. La idea núcleo es que el origen de la agresión es una frustración previa que tiene como consecuencia la agresión, aunque existen otros factores de tipo psicológico a tener en cuenta, como el grado de instigación, los mecanismos de inhibición que el sujeto puede tener -como consecuencia de anteriores castigos ante actos agresivos-, la catarsis (tras mostrar la conducta agresiva baja el grado de agresividad), la agresión como conducta reforzada, el aprendizaje social, el reforzamiento positivo -que aumenta considerablemente las respuestas agresivas- la interpretación -interpreto de manera negativa todo lo que el otro me dice- así como las características individuales. Comparando niños agresivos con no agresivos se ve que aquellos buscan menos información para resolver situaciones conflictivas, que perciben hostilmente las intenciones del adversario y que anticipan menos las consecuencias que su conducta podrá tener. Creen que la respuesta agresiva es legítima y que la víctima merece el castigo y que no sufre. En realidad todas estas teorías no dan más que una visión parcial del problema de lo que se entiende por agresividad. Otra escuela, la del naturalismo -Maslow- afirma que el origen del fenómeno agresivo se encuentra en la debilidad, la inestabilidad y el bajo amor propio. Los sujetos no realizados carecían de tolerancia ante la frustración. La solución pasa por conseguir un ego fuerte. La incógnita es cómo conseguirlo.

CAPITULO 2. La agresión en el ámbito escolar

Un cambio que se ha producido es que en tiempos pasados las agresiones se desarrollaban entre pandillas, entre pares, mientras que hoy se dirigen primeramente a gente adulta, incluidos maestros y padres. El autor cree que esto es debido a la violencia y agresividad social, que es la estructura social la que genera altos niveles de ansiedad y agresividad. La deshumanización del proceso de producción y consumo, la aglomeración, falta de privacidad, condiciones de vida, medios de comunicación-TV, especialmente -fomentan la frustración y con ella la agresividad.

La violencia cotidiana influye en nuestros hábitos y nuestros comportamientos. ¿Cuál es el origen de las conductas agresivas en el niño? Existen distintas teorías o enfoques que intentan responder a este interrogante. 1. El enfoque cognitivo. Kohlberg (1980) dice que lo realmente importante en el desarrollo del niño es la posibilidad de adoptar papeles y reglas propias. La interaccíón con iguales y la institución de normas del grupo permite al niño adquirir estrategias sociales mediante procesos de negociación e intercambio. 2) El enfoque etológico. Blurton y Jones llevaron a cabo una experiencia de "juego desordenado" (tirarse al suelo, rodar, saltar) que les hizo concluir que el hecho de la interacción con iguales es un elemento fundamental en la socialización de las conductas agresivas. 3) Enfoque social. Entiende la conducta como fruto de las distintas influencias sociales que sobre ellos son ejercidas. El grupo juega un importante papel en el proceso de interiorización y adaptación de las normas sociales. Una de las ideas centrales es la referida a los roles, cada sujeto tiene uno asignado, que despierta las expectativas de los demás. Si no se cumple se entra en conflicto. Al sujeto se le considera inadaptado, conflictivo, agresivo. La escuela favorece a la clase media, y los que no provienen de este medio estarán en desventaja.
Para considerar una conducta como agresiva debe darse reiteración. Un hecho individual no sería significativo. El fenómeno de la agresividad en la adolescencia incluye factores adicionales con problemas como el estatus socioeconómico, la marginación social e incluso las relaciones familiares del sujeto. Se parte de la idea de que los niños desde su nacimiento están sometidos a un proceso de socialización que les enseña a canalizar sus impulsos, en un primer momento por miedo y más tarde por internalización de las normas y las prohibiciones. Se da un proceso de identificación que lleva al sujeto a actuar como un modelo determinado. Según Bandura y Walters (1959) los niños con autocontrol no cometen actos prohibidos por sentimiento de culpa, mientras que los agresivos no lo hacen por miedo al castigo. Seleccionaron como muestra familias de chicos agresivos y no agresivos, llegando a las siguientes conclusiones: 1) las familias de niños agresivos rompen los lazos padre-hijo y menos los madre-hijo, pero los niños muestran menos afectividad hacia sus padres que los del grupo de control. Suelen existir también escasos lazos afectivos entre los cónyuges. 2) los sentimientos de culpa de los niños agresivos cuando realizan una trasgresión es prácticamente inexistente.

Los orígenes de la agresión en adolescentes se presenta como un hecho multiforme en el que confluyen numerosísimos factores que abarcan etapas del desarrollo, relaciones familiares, escolares y elementos socioeconómicos.

Hurrelmann (1975) formula una serie de tesis en las que pone de manifiesto los lazos existentes entre la problemática escolar y el entorno social en el que desenvuelve y que son: Tesis 1) los problemas disciplinarios serios, prolongados y estructuralmente fundamentados son una señal no solamente de una falta de identificación con los modelos escolares de valores, sino también un índice de las deficiencias y conflictos del sistema general de valores de la sociedad. Tesis 2) los problemas de disciplina suelen tener su origen en problemas personales de los alumnos, síntoma de condiciones marginales, conflictivas para la persona y para el grupo social al que pertenece. Tesis 3) la segregación y la diferenciación de instituciones especializadas en los procesos educacionales, crea una discrepancia entre las formas y los contenidos de la interacción escolar y extraescolar. Esto provoca a veces, dificultades en niños originariamente voluntariosos y dispuestos a aprender. Tesis 4) la rígida estructura burocrática de las escuelas favorece el anonimato de los contactos sociales que se dan en la escuela y en la insuficiente autoridad personal de los maestros que puede dar lugar a dificultades disciplinarias especiales. Tesis 5) Hay grupos de alumnos tan alejados socio-estructuralmente de la escuela que ocupan desde un principio una posición imposible dentro de la competencia escolar basada en el rendimiento. Al ser los objetivos marcados por la escuela inalcanzables para estos alumnos, pierden la motivación, lo que puede convertirse en problemas de disciplina. Tesis 6) el sistema de interacción concebido para el rendimiento individual, no puede satisfacer las necesidades del alumno como individuo y de los alumnos como grupo. La agresividad o la violencia de algunos alumnos no son más que un síntoma de situaciones de conflicto personal, familiar o social. La escuela como institución en sí engendra altos niveles de aburrimiento, de ansiedad, de sensación de absurdo y de resentimiento frente a la jerarquía. Los sujetos visiblemente agresivos no son sino el 10% visible del iceberg. A veces su comportamiento obedece a sentimientos generalizados con los que la mayoría se identifican.

Dos informes de la Inspección General de la Educación Nacional Francesa de 1979 y 1980 afirman que habría trifulcas en un 82,4% de los centros de formación profesional y en un 39% de los institutos de bachillerato. Los alumnos agreden a los profesores en el 43,9% de los institutos de segunda enseñanza y en el 41,2% de los centros de formación profesional.

El papel de la familia en el desarrollo de la agresividad ha sido estudiado, entre muchos otros por McCord y Howard (196l) que intentan explicar como el comportamiento agresivo es aprendido por el niño durante sus primeras experiencias familiares.. Estudiaron a 174 niños y sus familias y llegaron a una serie de conclusiones. Es más probable que los niños agresivos y afirmativos estuviesen disciplinados de manera punitiva por sus madres, que los no agresivos. Los agresivos solían ser más frecuentemente amenazados por sus padres, que los no agresivos y los afirmativos. Existía una mayor relación entre padres que rechazaban al niño y los niños agresivos, que con los no agresivos y afirmativos. Es más probable que los niños agresivos y los afirmativos fuesen criados por padres que no les imponían altas exigencias. Era más probable que los niños no agresivos hubiesen sido controlados por sus madres de manera más firme que los agresivos. De ello se deduce que la agresión paterna no está directamente relacionada con los niveles de agresión del niño. Otro paquete de conclusiones era el que afirmaba que los niños agresivos provienen con frecuencia de familias en las que existían intensos conflictos entre los padres, o de hogares en los que uno de los padres tenía en baja estima al otro, o no mostraban afecto, o mostraban desacuerdo en los métodos de educación o estaban disconformes con su vida.

CAPITULO 3. El profesor frente al conflicto

¿Cuál es el papel que el profesor desempeña? ¿Cómo influyen el desenvolvimiento de las situaciones conflictivas? El papel del profesor ha cambiado muchísimo en un corto lapso de tiempo. de mero transmisor de conocimientos que se producía en un ámbito de rígido autoritarismo, en el que él "llevaba las riendas" y era incuestionable, se ha pasado al de un rol minusvalorado tanto desde el punto de vista de los alumnos como desde un punto de vista social. Su situación es incierta, no tiene promoción personal ni profesional , se halla en situación de subordinación, le imponen los programas, horarios, tiene un bajo nivel retributivo. Todo ello tiene efecto sobre la calidad de la enseñanza. No existe un modelo de profesor definido, no se sabe cual debe ser su preparación ante el cúmulo de funciones que se le exigen y no tienen preparación específica para ello. El enseñante es el transmisor del modelo cultural dominante (Bordieu y Passeron, 1967), transmisión que tomará forma concreta a través de las relaciones que se establecen en el aula. La escuela posee una clara orientación hacia la clase media. Se impone una cultura que en realidad es la de una clase social, aunque esta sea la más numerosa, en detrimento de otras formas sociales que, al entrar en conflicto con la primera, marcarán la diferencia entre buenos y malos alumnos, adaptados e inadaptados. El nivel de aspiración escolar varía según el estatus de la familia, y lo mismo ocurre con las expectativas del profesor, menores si el alumno procede de una clase social inferior. Hess, Latscha y Schneider (1966) comprobaron que las características atribuidas a cada alumno en un principio harán que se desarrolle en el sentido esperado.

La relación profesor-alumno y la interacción que se produce ha sido estudiada por Vera (La crisis de la función docente, 1988) quién asegura que todo maestro acepta que un nuevo grupo de alumnos lo "pondrá a prueba" después de un periodo de ensayo y las dificultades para crear un clima agradable en el aula. El maestro es un líder impuesto, no un líder natural y se encuentra siempre basculando entre ambas posiciones, a veces incompatibles. Una idea importante es la de control. Un profesor siempre intentará mantener un margen suficiente de control. Desde un cierto punto de vista la relación educativa no es más que un debate por el poder, en el que el profesor no puede quedar por debajo de unos niveles mínimos. El autor, veladamente parece relacionar los conflictos en clase con un alto grado de directividad, acompañado de un cierto grado de frialdad emocional y desprecio hacia el alumno.

Según datos estadísticos publicados en 1980 por la National Educación Association (NEA) de EEUU, en el curso 1979-80 se produjeron 113.000 agresiones contra profesores, lo que supone un 5% del total de profesores de la enseñanza pública. El incremento cada año es de algo menos de 50.000 nuevos casos. En Francia la imagen del docente viene dada por situaciones que implican violencia física en el aula, despidos laborales o conflictos debidos a desacuerdos ideológicos, bajo nivel retributivo, falta de medios para la docencia. Todo eso crea un generalizado "malestar docente", consecuencia también de las faltas de disciplina (burlas, desprecio), problemas de adaptación a las diferencias individuales (grupos heterogéneos, relación personal escasa, enseñar a niños con rendimiento inferior a la media, problemas debidos a la falta de motivación de los alumnos) y problemas relacionados con la evaluación, como la necesidad de encontrar un criterio de evaluación que evite el fracaso pero que alcance los mínimos requeridos por los programas sociales). Un factor importante en la génesis de muchos conflictos es la necesidad de evitar que los alumnos dejen los centros, dada la escolarización obligatoria hasta los 16 años, con lo que, pese a cometer faltas graves se hace muy difícil la expulsión. Vera afirma que la herramienta de trabajo más importante de un docente es su propia personalidad. Una personalidad que queda expuesta continuamente a la mirada crítica de toda la comunidad escolar. Él sabe que los éxitos de los alumnos no le pertenecen totalmente, pero teme que los demás piensen, en caso de fracaso, que no es un buen profesional. Según Esteve (1987) las consecuencias más directas de este malestar pasan por la inhibición y el absentismo. Éstas dos soluciones buscan evitar una sobrecarga de tensión o ansiedad en el profesor. Un problema es que se forma a los profesores de manera académica o científica pero se deja totalmente de lado una preparación pedagógica y psicológica, para saber afrontar y solucionar los problemas que se plantean en el aula. Los problemas muchas veces son de índole personal o familiar y rara vez se contacta con los padres o se hace solo cuando ya no hay remedio. Es indispensable una formación psicopedagógica del profesorado, ya que el origen del conflicto escolar tiene raíces sociales.

El libro termina con una investigación acerca de la violencia y conflictividad en los centros escolares. Se concreta en institutos de BUP y Formación Profesional, detectando una serie de casos de violencia para extraer de ellos más conclusiones, a través de entrevistas con docentes que se hubieran visto implicados en estos fenómenos. Las conclusiones a las que se llega son las siguientes:

1.- Hay un elevado porcentaje de profesores que ha padecido este tipo de conflictos: un 57,5% del profesorado encuestado.
2.- El 39% declara tener enfrentamientos con los alumnos.
3.- Moderada conflictividad con los padres (11,6% dice tenerlos)
4.- Elevada conflictividad de profesores entre sí: 19,65%
5.- Sustracciones o daños a propiedades personales de los docentes 15,2%
6.- Prácticamente el 100% de los encuestados ve como útil la intervención de psicólogos y pedagogos en este tipo de situaciones, en las que además no se sienten protegidos por la legislación vigente.

El fenómeno muestra hondas raíces sociales. Tiene que ver con el sexo (uno de los hechos más llamativos es la presencia casi exclusiva de los varones en la agresión, generalmente dirigida a sujetos del mismo sexo, si son de la misma edad o contra sujetos de sexo contrario en el caso de ser contra docentes. La edad oscila entre 14 y 18 años y suele tratarse de alumnos que repiten o han repetido curso en alguna ocasión. Las características familiares son constantes. padres profesionales de bajo estatus laboral o jubilados y madres, en todos los casos, ama de casa. Son familias de tres o más hijos. La localización urbana suele ser en la periferia de las ciudades, en barrios desfavorecidos. Las características del profesorado son amplias: profesores de ambos sexos, con distintas edades y distintos años de experiencia docente. Todos pertenecen a centros de Formación Profesional y ninguno de ellos imparte asignaturas de ciencias.