Padres permisivos, hijos tiranos 
Aldo Naouri
Ediciones B, 2005
Nº de páginas: 0

Resumen y traducción: Jorge Reyes
 

COMENTARIO

Estamos ante un libro cuanto menos polémico. En él el autor propone algunas cuestiones educativas que están de gran actualidad. Sabemos que las consecuencias de una educación permisiva han sido nefastas para el desarrollo infantil y que era necesario recuperar la disciplina y los límites para los niños. En este sentido el autor hace una defensa de este tipo de educación (aunque introduciéndose en un terreno más autoritario que responsable de crianza).

El libro, pese a parecer que está dirigido a un público mayoritario, es poco comprensible por un público que no esté especializado en materias de psicoanálisis, antropología etc. La lectura es de difícil comprensión y con un razonamiento por momentos algo enrevesado.

Quizá la mayor crítica que podemos hacer de este libro es que lo que comienza en los primeros capítulos como una interesante propuesta de formación de determinados principios psicoanalíticos (como la ley del incesto y la angustia de muerte) se termina convirtiendo en un manifiesto donde las propuestas de carácter moral y político se intentan camuflar bajo la experiencia del autor a lo largo de su carrera como pediatra.

INDICE
PARTE 1: sin partes

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CAPITULO 1. Historia e historias

El capítulo comienza abordando una serie de historias. La primera de ellas es la historia de Cecile, una niña con esofagitis. Tras consultar por cuestiones de tipo médico la madre se embarca en una serie de revelaciones a Naouri que la llevan a admitir que fue víctima de un intento de abuso por parte de su padre. Naouri se pregunta qué efectos puede estar teniendo esto en su forma de criar a Cecile.

La segunda historia es la de una mujer cuyo marido no puede tener hijos que conoce a un hombre cuya mujer tampoco puede tenerlos. Se hacen amigos y como él desea mucho tener un hijo ella se presta voluntaria a tenerlo con él y cuando nazca entregárselo a él y a su esposa. Pero una vez que el niño nace ella se niega a dárselo y terminan en los tribunales.

La tercera es la historia de una pareja con múltiples fobias sexuales. Ello hace que no puedan consumar el matrimonio y deciden adoptar. Pero después de adoptar ella consigue quedarse encinta cuando él la introduce una cuchara con el esperma. La cosa se complica a partir de aquí y la mujer no quiere tener más contacto con él por el agravamiento de sus fobias sexuales llegando a pedir el divorcio.

La cuarta historia es la de una pareja que no pueden tener hijos. Él decide adoptar uno y cuando al fin lo consiguen ella le dice a él que no se va a casar con él (condición indispensable que ponía el país del niño para darles a ambos la paternidad) quedándose ella con el niño y rechazando a su pareja que se ve obligada a abandonar el hogar.

Todas estas historias ponen de manifiesto que el niño no nace en el vacío, nace con una historia detrás de él de la que de una forma u otra tiene que hacerse cargo. Y además todas estas parejas, que encuentran formas de paternidad que les hagan salir de un bloqueo en sus vidas tienen sólo un motivo, que es “tomarse la revancha del infortunio y poder preservar al hijo del error del que uno estima que ha sido víctima”

Desde siempre ha habido una preocupación por el estado en el que se viera el niño al nacer. Ya en la antigua Roma, los padres tenían la obligación de mantener libres a sus hijos, alejados de la esclavitud. La familia era constituida por un hombre y una mujer que intentaban por todos los medios seguir juntos a pesar de sus desavenencias por el bienestar de sus hijos. Los trabajadores sociales, con un montón de datos estadísticos han llamado la atención en Estados Unidos sobre el hecho de que el futuro de los niños es mejor en una familia unida aunque tengan desavenencias que con unos padres separados. Los niños pequeños son muy sensibles a cualquier tipo de cambio que altera su funcionamiento psicológico.

Los niños de hoy en día tienen mejores condiciones de salud física pero serios problemas de comportamiento. La causa se puede buscar en varias zonas: por un lado la incapacidad de los padres en cuanto a su autoridad y frustración y por otro el vacío del lugar del padre son factores muy importantes. La conclusión es que el niño se ha convertido en el tirano doméstico. Puede que al rechazar la familia tradicional se haya rechazado también de elementos sin los cuales no se puede construir nada y que haga falta recuperar los elementos de ese tipo de familia que permiten construir cosas.


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CAPITULO 2. Todo empezó un día

Hace solamente treinta y cinco mil años apareció el Homo Sapiens Sapiens por una mutación del Homo Sapiens. Toda la evolución anterior y posterior ha obedecido a cuestiones de adaptación. Aquellos individuos que se adaptaban al medio sobrevivían y transmitían a sus hijos esas características.

El hecho de andar a dos patas en vez de cuatro, la posición vertical permitió que el hombre ampliara su campo de visión y mejorar sus condiciones para sobrevivir. Pero no sólo la posición cambio, cambió el craneo que creció para contener a un cada vez mayor cerebro, cambió la posición de la laringe facilitando el habla etc. La liberación de las manos también fue crucial; gracias a ello surgió el llamado Homo Habilis Habilis, capaz de usarlas para construir toda clase de instrumentos.

Con el homo Sapiens Sapiens llegó la capacidad de reflexión en torno a lo que le aguardaba como sujeto, a cuál era su razón de ser y a qué lugar ocupaba en este mundo. Pero ya hay pruebas de que el Homo Erectus, y quizá mucho antes había una reflexión acerca de las diferencias que se percibían entre unos y otros. Y no sólo entre unos y otros. La observación de las diferencias entre día y noche, luna y sol, frío y calor también estaban presentes en la vida de estos sujetos. Y entre todas estas diferencias la más importante, la que implica las diferencias entre hombres y mujeres que conduce a la sexualidad y al intento de dominar a esta.

La cuestión del tabú del incesto se erige como la ley de la especie más importante pero no tenemos datos acerca de cuándo comenzó esta ley. De lo que sí hay datos es de las primera sepulturas, hace entre ochenta mil y ciento cincuenta mil años. Naouri afirma que este dato le llamó mucho la atención ya que en sus cuarenta años de profesión ha encontrado un tema común a todos sus pacientes y padres y madres que les angustiaba fuera cual fuera su religión, procedencia, sexo… la muerte. Esta angustia de muerte no tiene nada que ver con las pulsiones autoconservativas que nos alejan de ella, o con las pulsiones de muerte que nos arrastran a la autodestrucción o a la destrucción de los otros. La angustia de muerte se refiere a la reflexión del ser humano como ser mortal.

El Homo Erectus y el Homo Hábiles percibían las diferencias entre vivo y muerto pero no les angustiaba la muerte. Al humano le empezó a angustiar la muerte en el mismo momento en que comenzó a enterrar a sus semejantes. Los primeros enterramientos nacieron de un acto defensivo. El humano vio el cadáver de otro y sintió miedo, miedo a lo desconocido, a que ese difunto se levantase y quisiera hacerle daño. Y ese miedo inconsciente le hizo meterlo bajo tierra y poner piedras y todo lo que encontró encima de él para sepultarlo y con él a su miedo.

Hasta este momento, el miedo se despertaba hacia aquello que estaba en movimiento. Un terremoto, un cambio en unos arbustos despertaba una respuesta instintiva de huida. Pero llegados a este punto comenzó a despertar miedo lo inerte. Sin duda ese cadáver despertó en el humano el miedo a ser mortal, al paso del tiempo y a perder su existencia. La animalidad queda superada por la aparición de las emociones complejas.

A partir de ese momento la angustia acompaña al hombre y se hace patente en la vida misma del bebe. Éste a partir del tercer trimestre de vida comienza a sentir la angustia de percibirse separado de su madre, y esta angustia continúa hasta que se habla de la “angustia del noveno mes”.

Pero por qué ese primer cadáver suscitó tanto miedo, por qué el temor a que levantara. Naouri expone su teoría de que pudiera tratarse de un asesinato premeditado por los miembros masculinos de la manada para acabar con el macho dominante y así como el poder que ejercía sobre las demás hembras. La angustia que se apodera de ellos es la angustia de las represalias que les hace poner piedras sobre lo que acaban de hacer. Pero también en este momento surgiría la angustia a si lo que acababan de hacer era efectivo, si podían esperar buenos resultados y tal vez probaran el mismo procedimiento con otros cadáveres. Esa pudo ser la forma en que se entró en la espiral de los enterramientos.

Sin duda este planteamiento recuerda al que dio Freud en Tótem y Tabu acerca de la instauración de la ley del incesto. Una horda de machos frustrados habrían acabado con el macho dominante y habrían disfrutado de su cuerpo en un festín caníbal. Pero atormentados por los remordimientos, se habrían autocastigado privándose de mantener relaciones con las “hembras” de su padre.

Sin embargo el autor señala que hay diferencias importantes entre los dos planteamientos. Freud planteaba un festín caníbal y él un enterramiento y Freud proponía remordimientos donde Naouri ve el surgimiento de la angustia de muerte. Si existió primero la ley del incesto y posteriormente la primera sepultura tenemos que darle la razón a Freud pero si es al revés no. Sin embargo, un vuelco tan grande en las tendencias naturales del hombre como propone Freud resulta difícil de imaginar. Cuesta imaginar que esta horda que asesinó al macho dominante se parara frente a las hembras disponibles y resulta más factible que se “adueñaran” de ellas quedándose los más fuertes las más atractivas.

Las hembras sin duda pudieron ver en estos momentos el instinto de muerte de los machos, sin embargo, mucho antes que ellos, ya se habían hecho cargo de él cuando veían morir a sus vástagos. Hoy en día sabemos que las hembras de los primates superiores portan el cadáver de su hijo cuando éste muere y sólo cuando empieza a desprender olor lo abandonan pero se vuelven incesantemente hacia atrás mientras se alejan y experimentan una profunda pena. Por lo tanto no es difícil imaginar la que sentirían estas hembras cuando sus hijos morían.

Llegados a este punto se plantea qué hicieron entonces. Probablemente seguirían matando, esta vez a los machos de otros grupos para quedarse con sus hembras. Y así la angustia de muerte seguía perpetuándose hasta que puede que decidieran meterse de lleno en lo que podemos llamar la pertenencia a un grupo y con ello disminuir esta angustia.

Pero hay otra cuestión importante y es la de qué paró a los machos a mantener relaciones con sus hijas cuando llegaban a la pubertad sexual, y qué paró a los machos a copular con sus hermanas o sus madres. Tuvo que surgir en este momento algún tipo de ley, que marcara los límites, que categorizara a las “madres”, “padres”, “hijos” y que prohibiera relaciones entre ellos.

La antropología también se ha propuesto dar una explicación a esto afirmando que el intercambio de mujeres responde a una solución práctica y que así la dan todas las culturas primitivas. El autor afirma “Cuando el investigador le pregunta al primitivo por qué ha tomado una mujer fuera de su grupo en lugar de casarse con su hermana, el primitivo le contesta riendo que si se hubiera casado con su hermana no habría tenido cuñado con el que salir a cazar”

En el caso de los animales, las hembras tienen periodos de celo en los cuales aceptan a los machos dominantes. Sin embargo, el caso de los humanos las hembras no tienen periodos de celo, están siempre disponibles para el macho. En los animales el macho se pavonea delante de la hembra esperando que ésta elija el mejor de ellos para procreación de su especie. En el caso de los hombres encontramos veces en que el macho paga al padre de su futura mujer para casarse con ella y veces en que es el padre el que paga el dinero a su futuro yerno si cree que con ese matrimonio ascenderá socialmente.

En cualquier caso podemos observar que el papel de la madre ha cambiado poco en todo este tiempo y sin embargo el del padre ha sufrido grandes modificaciones. Ha pasado de ser el que cumplía su función exclusivamente sexual, a ser el otro miembro de la pareja que cuidaba de la prole hasta el papel de “padre” tal y como lo entendemos actualmente.


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CAPITULO 3. El don del padre

¿Qué sabemos de la muerte? Sabemos que nos afecta (cada vez menos debido al bombardeo de los medios de comunicación con el tema), nos entristece cuando es la de alguien querido. Pero nada sabemos de nuestra propia muerte, sólo podemos esperarla y no es una casualidad que el inconsciente la ignore.

La memoria es la otra gran cuestión que se empieza a abordar. Una memoria que nos permite saber que estamos en el tiempo, que nos permite volver al pasado pero sin modificarlo y pensar en el futuro pero sin llegar a él para saber si se cumplirán nuestros deseos. Y en ese tiempo que transcurre se pasa también de ver a los demás como meros individuos a los que temer o en el mejor de los casos sacar provecho de ellos a empezar a considerar el grupo como una estructura que permite adaptarse. Los grupos que permanecían unidos y no peleaban constantemente comenzaron a ver los beneficios de este nuevo sistema de estructura.

Esos grupos comenzaron a sedentarizarse, aunque todavía se mantuvo durante mucho tiempo el estilo de vida nómada. En el caso de la colonización de Estados Unidos, los indios no opusieron resistencia porque tenían un estilo de vida nómada, en el cual se movían de un lado a otro buscando caza, y sólo se sublevaron cuando vieron que el terreno que les habían dejado los colonizadores era minúsculo y que no podían moverse de allí.

En cualquier caso el hecho de que los grupos empezaran a ser sedentarios les libraba de tener que estar siempre velando por su supervivencia y permitirse investir libidinalmente el terreno, establecer lazos afectivos con él y hacerlo suyo.

Las preguntas sobre la muerte surgieron y con ellas las distintas religiones. El tipo de vida (nómada o sedentario) dieron respuestas diferentes a estas preguntas y por lo tanto crearon distintas religiones. El autor establece una relación muy estrecha “entre un entorno favorable, una madre abnegada y la idolatría” Efectivamente, aquellos que vivían en un entorno sedentario pensaban que se lo merecían todo, que tenían derecho a todo, y que había que dar gracias a las proveedoras, las madres, por ello. La madre aparecía como eterna proveedora de cuidados, y la creación de ídolos (lo que actualmente serían los ositos de peluche u objetos transicionales de Winnicott).

Incluso religiones más estructuradas como la Egipcia tenían multitud de ídolos que ayudaban a los sujetos y con una imagen de la madre como capaz de subvertir incluso la muerte. Efectivamente lo novedoso de este planteamiento fue el de una vida después de la muerte que ofrecía toda clase de comodidades. La religión griega también contaba con un Hades, el mundo subterráneo que permitía que la muerte no fuera el final de todo y con un panteón de dioses que eran idénticos a los humanos salvo por el hecho de que eran inmortales (una religión construida sobre la angustia de muerte nuevamente).

Sin embargo el nómada no ha podido investir afectivamente el terreno, se ha visto obligado a moverse de un lado a otro y todo lo que ha vivido y sufrido le hace desmentir las promesas del discurso materno y a tomar distancia de él. Este grupo construye algo totalmente distinto de las culturas sedentarias, construye una religión monoteísta. Y además la figura materna se aleja, se le quita importancia a favor de los grandes patriarcas.

La relación privilegiada con la tierra recuerda a la relación privilegiada con la madre. Y de hecho, el cristianismo no tuvo ningún impedimento en establecer la figura de maría en poblaciones sedentarias pero sí lo tuvo en establecerla en poblaciones nómadas. Sin embargo esta explicación puede ser algo esquemática y debemos tener más factores en cuenta.

El cristianismo tuvo mucho éxito y aceptación precisamente porque apeló a la idea de angustia de muerte. El más allá, el paraíso, el infierno… incluso el limbo creado en el siglo IX son ejemplos de esta construcción. En el Islam esta idea del Mas alla es todavía más fuerte con imágenes más vividas de la otra vida.

Las religiones orientales como el hinduismo o el budismo han optado sin embargo por preocuparse de otro tipo de cuestiones como la relación entre el alma y el cuerpo viendo a este como receptor de la primera que se reencarna sin cesar hasta alcanzar la perfección.

Todas estas religiones nos recuerdan a las piedras que se pusieron sobre aquel primer cadáver enterrado, sobre el miedo a la muerte que despertó en los que lo metieron bajo tierra. Las religiones son intentos de sepultar ese miedo, intentos de dominarlo. Y volviendo a estas costumbres primigenias ¿por qué no fue necesario establecer una ley para no tocar el fuego y sí lo fue para prohibir el incesto? nos recuerda el antopólogo Frazer. Naouri esboza una respuesta: fue necesaria una ley para prohibir el incesto porque nada atraía más al hombre que el incesto. El hijo desea incesantemente volver a la madre. Cuando nace un hermano adopta comportamientos regresivos como querer tomar el pecho y dormir con la madre. Quiere volver a la madre y evitar crecer y acercarse al término de la vida y a su vez la madre debe imponerle la ley porque si no, las consecuencias psicológicas son terribles.

Naouri nos narra la historia de un niño de 7 años con encopresis que decía constantemente que quería casarse con su madre. Todos los razonamientos lógicos que Naouri le proponía no eran suficientes, seguía en su empeño. Hizo falta que la madre se posicionara y que le dijera que ya tenía marido, que él era su hijo y lo quería pero que no iba a dejar a papá por él. El síntoma del niño desapareció en ese momento. Si no se hubiera hecho de este modo la encopresis habría desaparecido y el deseo de casarse con su madre también. Sin embargo esa huella que seguía ahí habría aprovechado la mínima ocasión para manifestarse de nuevo.

Naouri relata otra historia: la de dos padres muy preocupados porque su hija ha tenido una diarrea después de que naouri la examinara y dijera que no tenía nada. El padre en un estado de nervios va a pedirle cuentas al autor diciéndole que está muy nervioso por su hija y en gritos afirma que la adora y que se casará con ella cuando crezca. Naouri piensa que en la próxima sesión no se le olvidará a este padre preguntarle por su madre. Es muy frecuente este tipo de conductas. Muchas veces se justifican como los padres que se bañan desnudos con sus hijas alegando que tienen que conocer el cuerpo del sexo contrario, que es normal, que es para protegerlas de la mojigatería…

En los casos de incesto, en los que los padres rompen la ley, ha habido siempre una pulsión perversa de la madre hacia el hijo, y así mismo una pulsión del hijo a la madre a la que no le han puesto frenos como el primer caso antes citado. El incesto es una transgresión de la ley, una ruptura de las generaciones, y en el fondo, esa ruptura de las generaciones es un intento de congelación en el tiempo.

Los sistemas de parentesco son en última instancia los que nos informan de qué alianzas matrimoniales están permitidas y cuales no. También permite denominar a los parientes con los que se establecen los vínculos de afecto. Hay seis sistemas de parentesco. Nosotros pertenecemos al esquimal en el cual se nombra a todos los primos y tíos por igual independientemente de si son carnales, maternos… Pero por ejemplo en el sistema hawaiano a todos los tíos y tías se les llama madres y padres y a los primos hermanos. Este sistema impone una prohibición tajante a contraer matrimonio con los primos ya que son “hermanos”. El sistema iroqués establece diferencias según sea la rama paterna o materna en las demoninaciones. El sistema crow es muy complejo pero en última instancia también establece prohibiciones claras a unirse con personas de la misma familia. El sistema Omaha también tiene prohibiciones establecidas.

Mención especial recibe el último de los sistemas, el sudanés. En este sistema se recomiendan los matrimonios entre colaterales. Es el único sistema familiar que recomienda uniones dentro de la misma familia. Muchas veces este sistema familiar, propio por ejemplo de los magrebíes ha sido duramente atacado por otros sistemas como el nuestro (el esquimal) y puesto como punto de mira de pueblos a los que hay que “civilizar”.

Mirar hacia otras culturas copiando sus modos de crianza ha causado granes equívocos. Por ejemplo se pensó que dejar que el niño succionara el pecho cuando quisiera prevenía la succión del pulgar cuando esto no es así o tratar con ese grado de dedicación a los hijos (como hacen las madres africanas) tiene sentido en ese ambiente en el que la escasez de recursos no es la de las madres occidentales.

El resumen que se desprende de todo esto es que desde el principio de los tiempos los hombres han perseguido su satisfacción sexual apareándose con las hembras que eran las que podían darles una descendencia. En un momento dado cometieron un crimen que les facilitó acercarse a estas hembras pero a costa de orinar en ellos una angustia de muerte acompañada de una concepción del tiempo en el que vivían. Las mujeres sin embargo ya conocían esta angustia, la llevaban experimentando toda su historia con la pérdida de sus hijos.

Posteriormente se vieron obligados a crear la ley (del incesto) y para ello sellarla con construcciones familiares (las leyes de parentesco), religosas, linguísticas… Además los hombres comenzaron a establecer relación con esos hijos que habían nacido, inventaron condiciones para asegurar su estatus y su reconocimiento. De este modo el padre se hace guardián de la ley a la que él mismo se haya sometido.

A continuación Naouri nos cuenta un caso. Se trata de una mujer que tiene una aventura esporádica con un hombre estando casada de la que nace una niña. Algún tiempo después la mujer se casa con su jardinero, más joven que ella, y de esa relación nacen dos niños. Pero el primer marido aparece en escena reclamando a la hija que según él nació mientras su mujer seguía casada con él. La justicia establece que si la chica se niega a ver a su padre pasará a una institución y sólo podrá ver a la madre dos horas por la tarde. En este caso Naouri nos muestra como conviven tres figuras: un padre biológico, un padre social (el que la ley dicta como padre) y un tercero (el jardinero) al que la niña considera como su padre.


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CAPITULO 4. La madre segura y el padre confuso

Durante toda la historia se ha favorecido que la mujer sea la que tiene las certezas y el hombre la confusión. Naouri intenta clarificar esta afirmación en este capítulo.

La maternidad es función de la madre, y pretender que sea asumida por un ser que no es femenino es un error. La madre no es intercambiable. La madre tiene su lugar igual que el padre y estos dos personajes son igualmente indispensables para la salud física y la “correcta estructura psíquica del niño”.

Es frecuente ver a los hombre mirar a las mujeres, e igualmente es frecuente ver a las mujeres mirar fotos de otras mujeres que van destinadas a hacerlas creer que todavía tienen mucho que hacer para llegar a ser atractivas. Sin embargo también es cierto que las mujeres, el ser femenino logra con su presencia despertar la mirada de todos al captar una energía de vida muy útil a todos.

Desde la misma anatomía femenina vemos que el cuerpo femenino está preparado para procrear. Los medios de contracepción han hecho que su potencial quede a un lado. De hecho hay tribus africanas que cuando la mujer llega a la menopausia se la deja hacer las funciones de padre de un hijo engendrado por una mujer y un hombre que ella elija y dejarle sus bienes. Como si el hecho de ya no poder tener hijos la confiriera el puesto de hombre.

Cuando vemos a las niñas consolando a un bebe que llora y al niño aprovechando para darle un “mamporro” tenemos la prueba de que algo en la niña la llama a proteger al bebe. Y no es solamente algo que le viene de la sociedad como algunos dicen sino algo que se gesta en el mismo momento del desarrollo embrionario. Naouri agrupa todas estas características biológicas y de conducta bajo el nombre de “lógica del embarazo”.

Las mujeres y los hombres se enfrentan de forma diferente con la muerte. Las mujeres están menos oprimidas por la angustia de muerte, la sienten, pero mucho menos. Prueba de ello son las reacciones de las enfermas en los hospitales mucho menos fuertes que las reacciones de los hombres en las mismas circunstancias. Pero cuando se convierten en madres se acabó para ellas esa serenidad relativa. “Se convierten en insoportables, imposibles, poco razonables” Además parir un hijo no es igual que parir una hija. De hecho, hay sociedades en el norte de África que emplean palabras distintas para el hecho de parir un hijo o una hija. Ciertamente la angustia de muerte se despierta en mayor grado con un hijo varón. Por un lado los hijos varones son más frágiles físicamente y además el cuerpo del niño le es más extraño a la madre que el de la niña y se siente más torpe ante él. Y de hecho podemos ver como se empeña incesantemente en cumplir su función de modo eficaz, en que al niño no le falte de nada.

A continuación nos narra un caso de una mujer con un problema obsesivo relativo a la limpieza y a la seguridad de su bebé que inclusó consiguió que la dejaran salir de los exámenes de la facultad a medias, tras reanudar sus estudios, para darle el pecho al niño.

Si se satisfacen las necesidades del niño antes de que él las sienta, el problema es que no dejamos al niño percibir esas necesidades. Se siente atiborrado de comida antes de percibir siquiera lo que es el hambre. Hay que dejar que el niño sienta carencia para que sienta también el deseo y la necesidad. El niño queda ligado a la dependencia de la madre y a la dependencia del placer y totalmente alienado a ella. Sentir la carencia es la única manera de no volverse adicto al placer. Los niños de hoy están acostumbrados a tenerlo todo inmediatamente y por tanto a no sentir esa necesidad. Este es el caso de la viñeta anterior de la madre obsesiva en donde el niño, está seguro Naouri, será un futuro tirano y un adicto al placer.

Con todas estas diferencias entre hombres y mujeres ha sido casi un milagro que haya podido unirse en matrimonio y compartir sus vidas. En cualquier caso es paradójico que la mujer con su lado secreto, discreto, misterioso y confuso pueda convertirse en una madre segura y el hombre con sus seguridad, y su forma visible y flagrante sea un padre tan confundido incapaz de asumir su posición más que equivocándose. El hombre quiere lograr su papel, conseguir su lugar pero no deja de ser un bruto egoísta que busca sus satisfacción. Esa es su gran tragedia.

El hombre siente que solo puede servir a su hijo “mediante la capacidad, de inscribir correctamente a este hijo en el tiempo, de devolver este hijo al tiempo”. La triangulación que se ha construido entre padres e hijo es una construcción ficticia, irreal, donde se piensa que ambos tienen lo mismo que aportar al hijo. Toda esta situación peligrosa ha dado lugar a dos posturas: por un lado el padre vengativo que quiere hacer valer sus derechos y cree poder adueñarse de la certeza de la madre; y por otra el padre seductor que entra en competición con la madre tomándola como modelo para ello. Naouri critica lo que el considera un ejemplo de estas actitudes. Critica la ley de Marzo de 2002 por la que los padres separados franceses obtenían guardias alternas de bebes de meses cuando tenían tanta necesidad de sus madres.

A continuación el autor expone algunos casos clínicos.

El primer caso es el de un padre que cuando su hijo era pequeño le decía que él le quería más que su madre y cuando se separó de esta le llamaba para contarle lo triste que estaba y lo mal que lo estaba pasando.

El segundo es el caso de un hombre que tras enterarse de la infidelidad de su mujer se separa de ella. Después de hacerlo pide como condición que quiere poder hablar todas las tardes con sus hijos. Una día su mujer descubre lo que les dice durante esas conversaciones en las que les alienta para que desconfíen de su madre con todo tipo de descalificaciones hacia ella.

El tercer caso es el de un hombre que exige que un determinado número de veces su mujer extraiga la leche de su pecho, la introduzca en un biberón y que sea él el que amamante al niño que ha tenido con ella.

El cuarto caso es el de un hombre que cuando era pequeño su padre maltrataba a su madre que además antes de morir le confesó que no era su verdadero padre. De mayor se dedicaba a mantener relaciones amorosas con muchas mujeres a la vez todas ellas madres solteras que acababan de tener un hijo para sentirse padre de todos esos niños.

Lo que Naouri encuentra de común en todos estos casos es un padre que “inventa su solución frente a una compañera que se ha convertido en detestable y temible desde el momento en que se mueve en un decorado sobre cuyo fondo sigue apareciendo la sombra de otra madre, la suya propia, y que sigue retumbando en sus oídos el ruido del combate en el que ha visto derrotado a su padre”


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CAPITULO 5. El hijo-apuesta

Un nuevo problema que plantea Naouri aprovechando la historia de la mujer que consiguió un permiso para salir del examen a amamantar a su hijo. Es en el fondo la historia de la repetición, del miedo de las madres a que algo malo le ocurra a sus hijos. Estas madres no aprovechan el paso generacional para dejar de lado lo que a ellas les asustaba, sino que lo repiten con sus hijos.

Por otro lado la ley de la especie se está fragmentando. Hoy en día podemos lamentarnos de la desviación a que ha llevado la difusión del mensaje del psicoanálisis cuando hay muchas madres que se muestran encantadas abiertamente ante las proposiciones incestuosas de sus hijos y padres que afirman que quieren ser los únicos hombres en la vida de sus hijas. Las relaciones sufren transformaciones, se rompen, cambian, y en ese cambio el hombre ha incluido a la mujer en la economía, la ha hecho partícipe del sistema económico y eso en el plano simbólico ha creado un gran desequilibrio.

Ahora la mujer se ve con poder para romper la pareja, no importa que tenga hijos o no, la forma progresiva de autarquía por parte de la mujer a que ha llevado esta situación facilita que hoy sean ellas las que más piden el divorcio.

Pero a la par de esta libertad la mujer está estableciendo un sistema de egoísmo sobre otros, de egoísmo sobre los hijos. El exceso de control que ejercen sobre ellos hoy en día es enorme. Se critica mucho a los hombres por su egoísmo, por la búsqueda de su satisfacción personal sin darse cuenta de que el egoísmo de la mujer es mucho más dañino con esta sobreprotección de los hijos poniendo en peligro al propio individuo y todos los progresos que ha alcanzado la especie.

El autor habla a continuación de una dolencia médica en la cual la unión entre el esófago y el estómago se altera y el ácido gástrico sube al esófago produciendo ardores. Naouri nos habla de que le sorprendió mucho no encontrar este tipo de casos entre los judíos lubavich, una comunidad que vive en Francia desde hace muchas generaciones. Estas comunidades tenían un sólido sistema simbólico y una estructura familiar muy jerarquizada en la cual el padres tenía un lugar muy definido y muy reconocido. Además, estos problemas gastrointestinales experimentaron una frecuencia muy creciente entre 1975 y 1980 coincidiendo en 1975 con la legalización de la interrupción del aborto.

¿Cómo se conecta todo esto? El estrés favorece la creación de úlceras gástricas. Sabemos perfectamente que cuando una madre está calmada su bebé también lo está y cuando está muy nerviosa el bebé está nervioso pudiendo alterar la fisiología de sus sistema gástrico antirreflujo. De hecho el autor propone que a partir de estos descubrimientos, ha dejado de prescribir medicamentos en algunas ocasiones escuchando a los padres y que esa escucha ha hecho remitir los síntomas del niño.

Naouri continúa hablándonos de los giros que está experimentando la familia. Para ello nos cuenta una anécdota de un viaje que hizo a Tokio para dar unas conferencias. Allí quedó muy sorprendido y decepcionado al oír a un psiquiatra afirmar que las sociedades occidentales estaban dando un giro (sobre todo la francesa) y que ellos aún tenían un número muy insuficiente de familias monoparentales. El autor sitúa la preocupación demográfica de los países occidentalizados y el consumismo en la base de esta “propaganda” de las familias monoparentales.

Pero ¿qué aporta la vida en pareja? ¿qué beneficios tiene esta vida frente a la poligamia o poliandria? Naoumi afirma que esta vida en pareja supone un “progreso ontológico del que cada uno de sus componentes, lo sepa o no, obtiene un beneficio incontestable”

Y esa búsqueda de pareja se realiza en base a la madre, es la figura de la madre la que guía nuestra elección a la hora de unirnos a alguien porque sólo esa primera relación es lo que luego posteriormente llamaremos amor. Siempre nos casamos con la madre. La elección de pareja no se realiza de forma consciente, está determinada por este primer amor.

Esas primeras relaciones con la madre (y también con el padre) son fundamentales. Ya el mismo útero es un centro rico de estimulación y experiencias en el que el bebé aprende muchas cosas que seguirá aprendiendo cuando nazca (a pesar de pedagogías que abogan porque hay que dejar que el bebe sólo desarrolle su potencial).

En el útero el niño va percibiendo sensaciones a través de sus órganos de los sentidos y ya cuando nace gracias a ello es capaz de diferenciar a su madre de las otras mujeres y de establecer vínculos con ella por medio de la satisfacción y del placer de la calma de sus necesidades básicas. La madre se convierte por lo tanto en la única razón de vida, en lo más importante para el niño. Pero el contemplar a la madre con tanto poder tiene su lado de angustia en el momento en que la madre pasa a tener una capacidad omnipotente de dar la vida y de acabar con ella. La madre pasa a ser equivalente de mi vida para serlo también de mi muerte si ella lo desea. Aquí empieza para ellos la concepción del tiempo y la angustia de muerte. Aquí el niño tiene que empezar a comprender que hay también un hombre al que la madre designa como padre que es responsable de que ella no esté permanentemente junto a él.

Hay por lo tanto una forma de articular la triangulación, una forma correcta que permite que todo se desarrolle de forma positiva. Naouri nos lo pone de manifiesto con el caso clínico de unos gemelos a los que su madre lleva porque están comenzando a realizar actos vandálicos. Finalmente estos gemelos se muestran muy confusos acerca del papel que desempeña su padrastro en sus vidas y del papel que desempeña su verdadero padre, que les consiente de todo.


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CAPITULO 6. Poner al niño en el tiempo

Los padres tienen dos opciones y las dos decepcionantes. Si optan por la vía de los deberes y de las responsabilidades se encuentran con una sordera de los hijos y sufrimiento y si optan por la vía de satisfacer sus exigencias se encuentran con un tirano. En la sociedad Occidental se ha puesto muy de moda rechazar el modelo autoritario con los niños.

Los padres de hoy se ven obligados a hacer campaña electoral para ganarse el cariño de los hijos dándoles un poder que no piden y que altera su seguridad.

Hay una serie de factores que han alterado el orden de las cosas: el desarrollo de la sociedad industrial, la mutación del estatus de las mujeres, la desaparición de la contención en las parejas, el control de la contracepción, la liberalización de las costumbres y el debilitamiento del polo paterno en la parentalidad. El autor propone que la solución es devolver la conciencia del tiempo a los protagonistas de toda esta historia.

En última instancia es una cuestión de renuncia, de la renuncia que deben hacer las madres a guardar a los hijos “dentro de ellas” una vez que han nacido. Esto sin duda es muy complicado ya que los hijos reclaman quedarse junto a sus madres y se niegan (mucho más que las niñas) a ser separados de ellas.

Naouri aboga por una educación autoritaria y critica el modelo democrático de crianza citando una frase que dice frecuentemente a los padres: “Si ustedes educan como demócratas a sus hijos –les decía-, es muy probable que más tarde se conviertan en fascistas, mientras que si los educan de una manera más o menos fascista, seguro que se convertirán en demócratas”

El autor propone la vuelta a otro modo de educar, a una alimentación a los niños a horas fijas y en cantidades fijas. Esto hace que los niños no se conviertan en adictos al placer, que puedan tolerar la frustración cuando tienen hambre entre horas. Parece un detalle insignificante pero no lo es.

Con este tipo de educación se consiguen niños felices y disciplinados que sepan diferenciar los valores y la moral que guie su conducta.