Los padres no se divorcian de sus hijos 
Claves para seguir con ellos tras la separación
Aguilar
Aguilar, 2009
Nº de páginas: 203

Resumen y traducción: Jorge Reyes
 

COMENTARIO

Se trata de un libro escrito por un prestigioso psiquiatra y terapeuta infantil donde se nos dan algunas claves sobre cómo llevar el divorcio para que no resulte negativo para los niños.
INDICE

CAPITULO 1. La decisión de separarnos está tomada

Nuestra relación está muerta. A veces las parejas piensan que su relación ha llegado a un punto en que no se puede hacer nada más, en que la separación es la única salida que queda. Sin embargo esa relación que ahora está rota se inició con grandes expectativas y ha pasado por muy buenos momentos.

El divorcio está servido. Luis Rojas Marcos afirma que el divorcio siempre tiene dos objetivos. Uno de ellos es escapar de una relación negativa y el otro construir una vida nueva más positiva. Cuando dentro de una pareja la única salida posible es el divorcio el primer objetivo es que ambos miembros de la pareja salgan lo antes posible del duelo y que reinicien su vida. También es importante que vean las vivencias que han tenido con el otro como positivas, que puedan tener una buena relación con el otro miembro de la pareja (sobre todo si hay hijos de por medio).

¿Quién toma la decisión de separarse? La gente se separa por motivos muy diversos y no suele ser de mutuo acuerdo. Lo que nos dicen los datos es que en las tres cuartas partes de los casos es la mujer la que toma la decisión y que en esos casos la mitad de los maridos se oponen con todas sus fuerzas. Las causas que suelen darse son: problemas de comunicación, discrepancia de valores, falta de amor, aburrimiento, problemas sexuales…

Significado íntimo del divorcio. Sabemos que la ruptura del matrimonio es el segundo evento de vida que causa más estrés en la existencia de una persona. Los miembros de la pareja necesitan pasar por un tiempo de duelo normal, que si se vuelve muy prolongado o muy intenso puede llegar a ser patológico. El divorcio “refleja cambio pero al mismo tiempo también continuidad. Un final y también un principio, esto sí: con un túnel de por medio”.

Hay que rebajar el grado de virulencia. En algunas ocasiones cuando la pareja se está separando está enzarzada en una guerra en la que es muy difícil meterse para calmar un poco “los ánimos”. Las estadísticas nos dicen que durante los dos años siguientes a la separación la mayoría de las parejas que tienen grandes conflictos son inaccesibles.

¿Y si vamos a terapia? Las parejas con problemas no tienen por qué pasar por todo ellas solas. Los profesionales de la salud mental no sólo están para atender a los trastornos más graves sino que pueden también ayudar en estos casos. El primer paso es buscar uno que no tenga nada que ver con ninguno de los dos cónyuges para que haya la mayor objetividad posible. Lo mejor es que acudan las dos partes a tratamiento (el autor recomienda la terapia de pareja sistémica) pero si uno de los dos no quiere también puede ir el otro.

Tipos de separación y predicción de resultados. Por el tipo de separación se puede saber cómo será la reacción emocional de ambos y cómo serán los años posteriores. La separación por infidelidad es la que más efectos negativos provoca mientras que aquellas que son por problemas de convivencia o por problemas graves de uno de los miembros de la pareja suelen proporcionar más alivio que otra cosa. En cuanto a los niños algunos experimentan la separación de sus padres como un alivio (el autor los llama hijos del suspiro). Si los dos miembros de la pareja tienen una cierta estabilidad económica y buenas relaciones sociales es mucho más probable que se recuperen mejor que si tienen pocas relaciones y si dependen económicamente uno del otro. Además de todos estos factores de tipo más general no debemos olvidar la personalidad de cada miembro de la pareja con su capacidad de sobreponerse a las situaciones negativas.

Evitemos cortocircuitos. Cuando nacen los hijos las parejas, además de mantener el vínculo conyugal entran a formar parte de un nuevo tipo de vínculo (el coparental). Cada uno de estos vínculos tiene un tipo específico de comunicación. Cuando la comunicación se rompe en una de las vías es importante que no se rompa también por la otra, que permanezca independiente.

CAPITULO 2. Hay que decírselo a los hijos

El difícil papel de dar la noticia. El autor parte de que el divorcio es un acontecimiento del que hay que hablar a los hijos como de cualquier otro que ocurra dentro de la vida en pareja. Es importante que los padres expliquen a sus hijos que se separan como pareja, no como padres, y que sus responsabilidades con sus hijos van a seguir igual que siempre. Los padres deben hablar de esto con los hijos de manera conjunta, no por separado buscando el mejor momento, incluso espaciando la información en varios momentos para que no sea tan brusco.

Cómo justificar ante el niño la separación de los padres. Aunque las justificaciones pueden ser en realidad falsas justificaciones siempre tenemos que ser claros y sinceros con el niño y no ocultar información pensando que no se entera de nada. También es de esperar que en los primeros momentos se den algunos problemas de conducta (sobre todo en adolescentes).

¿Y qué les decimos? Es importante decirles claramente que va a haber cambios, explicarles en qué van a consistir esos cambios con detalles (dónde van a vivir, cuándo van a ver a cada uno…), transmitirles calma, explicarles por qué se separan los padres (sin dar muchos detalles), dejar claro que la culpa no es de ellos, asegurarles que van a seguir viendo a sus padres y ayudarles para que exterioricen lo que piensan y sienten.

Aclaremos sus dudas. Si los padres están seguros de que no van a volver es importante dejarlo claro al niño para que no se cree fantasías de reconciliación (sobre todo si tiene entre 6 y 9 años) Lo que nunca se debe hacer es: dejar que el niño piense que es culpa suya, dejarle que piense que ya no le quieren o dejarle que culpe sólo a uno de los padres.

¿Hay que contarles las razones de la separación? El autor propone que sí sin entrar en detalles.

Poner palabras al conflicto. Si la separación ha contado con escenas de grandes conflictos que han quedado grabadas en la memoria de los niños hay que hacer algo para borrar ese recuerdo. Para ello lo mejor es que puedan poner en palabras lo que han vivido emocionalmente, que puedan hacer pasar a la memoria verbal esos recuerdos almacenados en la memoria emocional simplemente como imágenes y sensaciones físicas. Por lo tanto es importante que puedan expresar lo que vivieron, cómo se sintieron…

Prevención de las repercusiones en los hijos. Es fundamental que los hijos sepan que la separación es una cuestión de adultos, que ellos no han tenido nada que ver en la separación y que tampoco pueden tener nada que ver para volver a juntarlos. Si los padres están muy ocupados trabajando pueden establecer una hora particular para hablar con los hijos, aclarar sus dudas y dejar que se expresen respecto a este tema. El autor en este sentido deja claro que la fragilidad emocional del niño en estos casos no viene de la separación, sino de los fallos comunicativos de los padres antes de la misma.

Resaltando los aspectos positivos. Es importante que los padres hagan de esta situación algo normal, que le ocurre a otras parejas, y para ello pueden ponerle ejemplos al niño de otras parejas que también se hayan separado y que a partir de ahora van a ser más felices todos, que es mejor vivir con uno de ellos alterno que vivir con los dos juntos y que sean desgraciados. También se le pueden leer cuentos o ver películas donde aparezcan familias monoparentales para que lo vea como algo natural.

CAPITULO 3. Conozcamos sus reacciones

¿Qué es lo primero que siente el niño? Puede ser que el niño desde la separación haya dejado de creer que la familia es algo que protege, algo fuerte. El niño puede formarse fantasías donde será abandonado por sus padres, donde éstos se irán y no le atenderán más… y es importante conocer todas estas fantasías para aclarar todas las dudas del pequeño.

Intenso sentimiento de pérdida. Luis Rojas Marcos afirma “Con excepción de la muerte de la pareja amada, la separación y el divorcio son para la mayoría de las personas las experiencias más traumáticas y penosas de su vida”. No sólo los padres experimentan estos sentimientos de pérdida sino que los hijos también pueden experimentarlos fuertemente.

Tristeza y lástima. Otros sentimientos muy comunes ante la separación son los de tristeza y lástima aunque en algunas ocasiones en que la convivencia era tan difícil y la situación tan negativa la separación provoca más bien sentimientos de liberación.

Preocupados por sus padres, inventan historias. A los niños les preocupa mucho cómo va a ser la situación después de la separación ¿Qué pasará con su padre? ¿Qué pasará con su madre? Cuando a los niños se les hace difícil aceptar la situación es frecuente que echen mano de determinadas fantasías para defenderse. Dos son las más frecuentes: idealizar al progenitor que se ha ido para contrarrestar sentimientos de desprecio… hacia él o bien crearse su propia novela familiar con historias fantásticas acerca de por qué su padre o su madre se han marchado.

Sentimientos de culpa. El niño se siente a menudo el centro de la vida familiar. Esto hace que en muchas ocasiones los niños (sobre todo menores de 8 años) se responsabilicen de la ruptura familiar.

Cuando los padres parecen ser menos padres. Es frecuente que justo después de la separación los cuidados parentales de los padres disminuyan porque estén muy ocupados resolviendo asuntos personales pero para el hijo puede significar que ya no le hacen caso ni se ocupan de él. También sabemos que los niños entre 6 y 12 años son los que se sienten más rechazados en un proceso de separación.

La amarga soledad. Hay muchos niños que sienten poco apoyo en estos momentos de separación. La mayoría de los niños afirman no sentir apoyo de sus hermanos y sí de sus amigos. Hay padres que no quieren que sus hijos sean amigos de niños de padres divorciados sin darse cuenta de lo mucho que pueden ayudar sus hijos a los niños cuyos padres se están separando.

Baja el rendimiento escolar. Los profesores han informado que dos terceras partes de los niños cuyos padres se separan sufren una bajada en el rendimiento escolar. En gran parte esto es debido a los problemas de concentración que causa toda situación de preocupación o ansiedad. También es frecuente que se entreguen a procesos de ensoñación en los que vemos al niño como que está “en la luna”. Los profesores también han percibido que uno de cada cinco niño de padres que se separan pasan por una reacción depresiva. Una de las consecuencias más negativas de todos estos cambios de comportamiento se da cuando los compañeros no los comprenden y les dejan de lado.

El valioso soporte de la escuela. Los profesores son los más indicados para darse cuenta de cuándo un niño lo está pasando mal, de qué le puede estar ocurriendo y en el caso de que el niño se muestre poco comunicativo lo mejor que puede hacer es solicitar del niño que vayan a verle sus padres para hablar con ellos y aclarar la situación. En cualquier caso el colegio siempre debería ser una fuente de soporte fundamental para estos niños.

Padres ausentes y maestros que hacen de padres. En muchas ocasiones los profesores se quejan de que no conocen a uno de los padres del niño (en caso de que estén separados). Una de las razones puede ser que el padre que tiene la custodia obstaculice al otro progenitor acceder al medio escolar para comunicarse con el profesor. El autor recomienda a los profesores que pongan todo de su parte para romper esta situación. El profesor puede convertirse en el confidente del niño en estos momentos que busca algo de seguridad y puede llegar a idealizar a su maestro. También el profesor puede crear debates en clase sobre la variedad de familias de hoy en día para normalizar la situación de los padres separados y que los niños de éstos se sientan mejor.

CAPITULO 4. Sus respuestas, según edad y sexo

¿Cómo responden? Las reacciones de los niños a la separación de los padres depende de muchos factores como la edad que tengan, cómo estaban emocionalmente antes de la separación… Un dato interesante es que los niños mayores cuando han estado enterados de la situación negativa entre sus padres antes de la separación “aprueban” la misma, cosa que no se da en los niños más pequeños. Las estadísticas nos dicen que los efectos más negativos de la separación de los padres son vividos por los niños en los primeros años después de la ruptura y van disminuyendo (aprox. dos años después de la misma han desparecido por completo).

Menores de 3 años. Aquí hay que diferenciar entre aquellos niños que han presenciado una situación conflictiva anterior a la separación de aquellos niños que no han vivido esta situación (en tal caso no tiene por qué afectarles la separación). Lo que sí viven los niños es la separación del vínculo, el apego se va debilitando cuando uno de los padres está ausente y antes estaba presente.

De 3 a 5 años. Los niños están rodeados de casos de separación en el colegio, conocen lo que es una separación por medio de sus compañeros o por comentarios de sus profesores. Esta es la época de la ansiedad de separación y los niños experimentan mucho miedo a que sus padres se vayan, a cualquier cosa que signifique separarse de ellos. Uno de los miedos es que si se ha ido uno de los progenitores el otro también se vaya.

Se hacen más pequeños. Cuando los niños sienten mucha ansiedad pueden experimentar una regresión (consciente o inconsciente) a otra etapa de su desarrollo en la que se sentían seguros. En algunas ocasiones cuando los padres se separan el niño se comporta como si fuera más pequeño en un intento de volver a un estadío evolutivo en el que su padre y su madre le cuidaban.

Siguen fantaseando. Algunos niños experimentan fantasías de “negación de la separación” en la que inventan historias para negar la realidad que están viviendo. También es frecuente que como medio de “llenar” el espacio que ha dejado el padre ausente muchos niños quieren tener más trato con abuelos o tios. Aparecen fantasías agresivas y juegos agresivos e irritabilidad (cuidado con una posible depresión enmascarada detrás de estos síntomas)

Niños de 6 a 8 años. Algunos autores afirman que los niños son capaces de comprender de manera razonada la separación de sus padres a partir de los 7 años. El aceptar y reconocer esta situación les permite también elaborar un proceso de duelo. Las fantasías de reunificación son muy normales a esta edad así como inventar estrategias para que los padres vuelvan a estar juntos. Otras manifestaciones frecuentes en este momento son los conflictos de lealtad por uno de los padres; algunas reacciones de tipo depresivo; sentimientos de lástima por el padre que se ha ido; e inhibición de la agresividad y la crítica hacia el padre que se ha ido.

Difícil identificación con los padres. Una de las secuelas más importantes de la separación de los padres es que se resiente el proceso natural de identificación con uno de los padres. Es importante que los niños encuentren un modelo en el que identificarse, un “padre suplente”. El niño necesita un modelo de masculinidad que a veces encuentra en la figura del abuelo pero es fundamental que el hijo varón tenga una presencia masculina y que la niña tenga una presencia femenina. Si el niño no tiene un modelo de su mismo sexo para identificarse se produce en él una “hemiplejia simbólica”.

Mayores de 9 a 12 años. En esta edad los niños comprenden mucho mejor la realidad, la ven con más claridad. El niño a esta edad es mucho más capaz de enfadarse con sus padres que en la etapa anterior. El niño puede hacer alianza con uno de los progenitores contra el otro y son frecuentes las manifestaciones psicosomáticas (dolores de cabeza, de estómago…) Los niños de esta edad con padres separados parecen más independientes y más maduros pero no por ello están realmente más capacitados para ello.

Jóvenes de 13 a 18 años. Lo más característico en el adolescente cuando se separan sus padres es la aparición de un sentimiento de pérdida. Es normal que los adolescentes rechacen a sus padres y busquen identificarse con sus iguales, pero en los chicos de padres separados este rechazo se hace mucho más patente. El autor advierte que las tendencias depresivas de un adolescente unidas a la separación de los padres pueden provocar un intento de suicidio y que hay que estar muy atentos a ello. Otros adolescentes cuando sus padres se separan parece como si aplazaran la entrada en la adolescencia, quedándose en comportamientos muy infantiles.

Las niñas se afectan menos que los niños. Los estudios demuestran que la ausencia del progenitor del mismo sexo repercute negativamente en el desarrollo del niño tanto a nivel cognitivo como emocional. El autor de nuevo insiste mucho en que los niños deben contar con un progenitor del mismo sexo para poder identificarse con él. Como los niños suelen quedar bajo la tutela de la madre, las niñas se resienten menos de la separación que los niños. Está completamente demostrado (según el autor) que los niños presentan problemas de ajuste mientras que las niñas no. En el caso de que sea el padre el que tiene la custodia la niña se resiente más que el niño. A esto hay que sumar que los niños exteriorizan mucho más sus emociones frente a la separación que las niñas.

CAPITULO 5. Cambios en los padres por la separación

Cuando un cónyuge se siente traicionado. Hay casos en que la separación pilla desprevenida a uno de los miembros de la pareja que no se espera para nada esta situación. En otros casos sin embargo se ve venir la situación. Si uno de los miembros de la pareja vive la separación como “un brutal agravio a lo más íntimo del ser” es más probable que se produzca una depresión en esa persona.

Progenitores rencorosos y agresivos. Una de las consecuencias que se desprende de muchas parejas que se separan es el afloramiento de una alta dosis de agresividad por ambos miembros de la misma. El rencor y el odio hacen que se pase del amor en pareja a una conducta agresiva entre ellos. Puede darse el caso incluso de que uno de los padres rechace inconscientemente a uno de los hijos por la semejanza que tiene con su ex pareja.

Coléricos y caóticos amargados. Es frecuente encontrar en las consultas de medicina y psicología a padres enfadados con todo y todos los que le rodean (incluido por su puesto su ex pareja). Son personas que están constantemente contando a todo el mundo lo mucho que odian a su ex pareja. Sin embargo otros afrontan la nueva situación con esperanza y miran cara al futuro.

Negando la realidad. Muchas parejas, para amortiguar el impacto de la situación y sobre todo del hecho de que no hay vuelta atrás emplean como mecanismo de defensa inconsciente la negación de la situación que están viviendo. También es frecuente que estas personas vivan la situación como si no fuera con ellas, como si ellos fueran espectadores y no los protagonistas de la misma.

Vuelta al hogar paterno o a la habitación de alquiler. En la mayoría de las parejas que se separan uno de los miembros vuelve a la casa de sus padres. Se produce una cierta regresión y la persona se comporta como un niño dejándose dirigir por sus padres. El autor no recomienda que en caso de separación se vuelva al hogar de los padres. Sin embargo hay personas cuyos padres no viven o no viven en la ciudad que se ven obligados a alquilar algo por su cuenta o en muchos casos terminan mendigando sin soporte económico.

Hogares monoparentales y unipersonales. Después de una separación nos encontramos con un hogar monoparental (el padre que tiene la custodia y los hijos) y otro unipersonal (el padre que se ha ido de casa). El padre que tiene la custodia se siente muchas veces en el conflicto de tener menos ingresos y dedicarle más atención a los niños o por el contrario seguir ganando lo mismo y dedicar menos atención a los niños.

El bolsillo se resiente. Después de una separación es frecuente que la situación económica sufra cambios. En algunos casos la mujer tiene que ponerse a trabajar por primera vez sin preparación profesional y con un mercado laboral muy complicado. También es frecuente que las mujeres que trabajan a media jornada tengan que empezar a hacerlo a jornada completa. El autor no obstante señala que en caso de separación el trabajo puede tener un efecto terapéutico al mantener la mente ocupada y no dejar que la persona se entregue a obsesiones respecto a su separación.

Surgen nuevas amistades. Cuando se produce una separación el hecho de que surjan amistades nuevas es un aliciente importante. Si además encuentran otras personas por quienes sienten apetencia sexual la cuestión se hace todavía más positiva (sobre todo para aquellas parejas que ya no mantenían relaciones sexuales con su cónyuge). A los niños les puede no sentar bien que su padre o su madre tengan una nueva pareja. También es frecuente que uno de los padres use a los niños como espías de la actividad sexual del otro lo que causa problemas emociones en los niños que hay que evitar. El autor recomienda a los padres separados “tampoco es aconsejable lanzarse a la vorágina del consumo de sexo y a la promiscuidad sexual desenfrenada, por más liberados y alegres que estén los ex. No frivolicemos ni desvirtuemos la amorosa relación sexual”.

¿Cuándo informar al hijo de que tenemos una nueva pareja? El autor aconseja que se diga cuando el padre o la madre vea que es algo serio lo que tiene con otra persona. En cuanto a la presentación hay que buscar un momento alegre y sobre todo que el niño esté pasando por una situación emocional buena.

Los padres, aún siendo los mismos, ahora son distintos. Todos los estudios demuestran que “la calidad de la relación entre padres e hijos después de la separación es un factor muy significativo en la adaptación de los niños a la nueva situación” Los niños perciben que sus padres no son los mismos, que algo en sus vidas ha cambiado y pueden incluso pensar que no tienen tanta veracidad ahora como padres. Hay muchos padres que están mal emocionalmente después de una separación y su labor como padres se resiente.

Al piel del cañón o padres tránsfugas. Hay padres que se ocupaban muy poco de los hijos y que tras la separación empiezan a hacerlo y otros que se retiran de pronto de la estructura familiar. Podemos encontrar ambos casos. Si los padres empiezan a declinar su actividad educativa esto tiene consecuencias importantes en los niños (sobre todo si son adolescentes)

Lo que representa ser ex. Es importante que los miembros de la pareja no se asienten en su papel de “ex” y no permanezcan recordando lo positivo de sus parejas indefinidamente porque causa un sufrimiento importante.

CAPITULO 6. También cambian los hijos

Sus nuevos papeles. En muchas situaciones los padres ante la separación necesitan apoyo emocional y cariño y se vuelcan mucho en sus hijos. El autor se pregunta si los hijos serán conscientes de esto dada su perspicacia.

Continuas demandas y exigencias. Los niños pueden también detectar la debilidad de los padres en estos momentos e intentar “sacar tajada” de la situación incrementando sus demandas y sus exigencias. El niño puede llegar a “castigar” al progenitor que tiene la custodia entorpeciendo nuevas relaciones.

¡Qué difícil es imponer disciplina! Esto es muy típico de las madres separadas que no saben como imponer una disciplina firme y consistente. Ésta puede pensar que lo está pasando muy mal con la separación y hay que darle “manga ancha”. Estas madres no se dan cuenta de que decir “no” a sus hijos también es educarles. En el primer año después de la separación también sabemos que los padres se muestran mucho más permisivos que las madres y progresivamente se van volviendo más autoritarios (aunque nunca tanto como las madres).

¿Cómo afectan a los hijos las peleas entre los padres? “La conflictividad entre los miembros de la familia parece ser más importante en la predicción de conductas antisociales en los niños (drogadicción, delincuencia…) que la estructura familiar por sí misma (intacta, monoparental, reconstituida…) El tipo de familia no es importante, lo importante es si esa familia muestra conflictos recurrentes que inciden de lleno en el comportamiento del niño. Los problemas de los hijos de padres separados no son por la separación sino por la situación negativa previa. Como advierte el autor “cuanto más duren sus trifulcas, más problemas tendrán sus hijos”.

Excesivos obsequios y caprichos. Muchos padres que se sienten culpables de dedicar poco tiempo a sus hijos después de la separación los colman de juguetes. Es frecuente que el padre custodio se queje de que cuando su hijo está con el otro progenitor este le colma de regalos y le deja hacer lo que quiera y cuando vuelve a casa no es capaz de obedecer ni de adecuarse a la disciplina.

De la alianza con un padre al hijo tirano. Los hijos que se alían con uno de los padres en contra del otro están a un paso de volverse verdaderos tiranos.

Hacen de padres y hermanos de sus progenitores. Es una situación de las más sorprendentes que se pueden dar, cuando los hijos empiezan a hacer de padres de sus progenitores. Hay padres que reclaman constantemente a sus hijos para no sentirse solos, otros que inoculan en estos niños sentimientos de culpa para que no hagan su propia vida y se queden a su lado siempre.

Ocupando la plaza del esposo ausente. El niño puede llegar a sentir lo que el autor denomina “responsabilidad de esposo” en que el niño asume el papel del marido.

En el papel del padre todopoderoso. El niño progresivamente se va transformando en el “representante simbólico del padre despótico” cuando el verdadero padre ya no está en la casa. Las madres de estas familias (que se sentían muy aliviadas por la partida de un esposo de estas características) ven horrorizadas como ahora el hijo ha asumido ese papel. El niño empieza a controlar la vida de la madre incluso censurándola.

El hijo no es un intermediario. Son padres que imponen a su hijo el puesto de “correo” para que realice las funciones de intermediario entre ellos. Lo malo es que el contenido de los mensajes que tiene que transmitir a unos y a otros no suele ser positivo. Si los padres no pueden comunicarse verbalmente porque en seguida comienzan a agredirse lo mejor es que usen el email que no permite estos “calentones verbales”. Situación también común es la de los niños que empiezan a funcionar como espías de sus progenitores.

Surge el conflicto de lealtades. Normalmente el niño quiere por igual a sus padres pero a veces éstos le ponen en una situación donde tiene que elegir. El autor cita las palabras de una niña de 6 años: “Mama me pide que no piense más en papá”. Muchos padres compiten por el amor de los hijos y éstos se ven en medio de esta lucha. En algunos casos (sobre todo de adolescentes) hartos de este conflicto terminan aliándose con uno de los padres y despreciando al otro.

¿Quiere usted saber cómo le ve su hijo? Una de las mejores maneras es decirle que haga un dibujo de su familia lo cual nos dará mucha información. De esta forma podemos llegar a ver cuáles son sus emociones hacia los integrantes de la misma y en qué posición se pone él con respecto a ellos. Si una persona está dibujada de forma más pequeña, ausente, con menos detalles… eso quiere decir que emocionalmente el niño está más separado de ella.

CAPITULO 7. Juicios, custodias y visitas

Alguien quiere ser ganador. Después de la separación es frecuente una cierta etapa donde los cónyuges se enfrentan y desean ser ganadores en esta “competición”. Lo malo es que a veces las tretas que usan para ello repercuten en los niños.

El ansiado trofeo: la custodia de los hijos. Hay padres que ven la custodia de sus hijos no como algo que desean por sí mismo sino como una señal de victoria sobre el otro miembro de la pareja, como una señal de que “han ganado la partida”. Hay incluso padres que van de psicólogo en psicólogo pidiendo informes y tests para tener “pruebas” de que el niño debe estar con ellos y no con el otro miembro de la pareja. Es importante que los profesionales se nieguen a estos intentos y que hagan una evaluación con el único propósito de intervenir en la mejora de la salud emocional del niño.

¿A quién damos la guarda y custodia? El autor recomienda que el profesional que se encarga de decidir esto se deje asesorar por psicólogos y psiquiatras. Pero sin lugar a dudas es muy importante que después de la separación el niño pueda contar con ambos progenitores. El regimen compartido es le mejor para el niño

¿Custodia individual? Hasta ahora la custodia tradicional ha sido la individual en la que el padre o la madre tenían la custodia y el otro visitaba al niño. Ahora se está abogando más por la custodia compartida. Lo importante no obstante es que el progenitor que no tiene la custodia no se desentienda y siga formando parte de la vida del niño.

¿O compartida? Esta es la mejor opción porque cambia lo menos posible la situación para los niños en el sentido de que siguen viendo a sus padres. Dentro de esta custodia compartida hay muchas modalidades: que viva un mes con cada uno, una semana… En Estados Unidos se está haciendo muy popular un tipo de custodia en la que el niño vive siempre en una misma casa y son los padres los que se trasladan a ella cuando tienen que estar con el niño. Todo va a depender de la buena relación de los padres y de los recursos económicos. Como norma general sin embargo cuanto más pequeño es el niño mejor tiempos breves y más frecuentes con cada uno de los padres.

Argumentos en pro y en contra de la custodia compartida. El autor en este punto expone argumentos a favor (mayor contacto con los padres, menor sentimiento de pérdida…) y en contra (continuos cambios de casa, conflictos en la lealtad del niño…)

Otras consideraciones que conviene tener en cuenta. Algunos hablan de que hay que esperar hasta los 12 o 13 años para la custodia compartida porque de otra forma el niño no asume bien los cambios. También sabemos que la custodia compartida la suelen elegir sobre todo las parejas que tienen solo un hijo y que las que tienen más suelen elegir otras modalidades. En definitiva no hay una fórmula ideal y depende mucho del caso.

Consolidar el régimen de visitas. Este es sin duda el primer objetivo que tiene que conseguir la pareja cuando se separa. Establecer desde el principio un régimen regular de visitas hace que los niños se sientan más seguros y se desenvuelvan mejor en la vida.

Cómo hacer bien las visitas. No cabe duda que cuanto mejor se lleven los padres más apropiadas van a ser estas visitas y mejor se van a llevar a cabo cara al niño. En cualquier caso como norma el tiempo que un padre no custodio pasa con su hijo debe ser de su hijo y no debe compartirse con otros adultos ya que esto desvirtúa mucho la relación.

Cuando las visitas se vuelven conflictivas. Muchos padres cuando llegan para hacer las visitas a sus hijos se encuentran con los gritos de su pareja lo que dificulta mucho este tipo de interacciones con los niños. Sabemos por investigaciones que durante el año posterior a la separación las mujeres se sienten afectadas cuando el marido llega a casa para ver al niño. También puede ocurrir que los padres se sientan muy culpables por verse como únicos responsables de la separación y esto dificulte las visitas. Por último tenemos el grupo de padres que aprovechan las visitas no para ver a los niños sino para atacar a la ex pareja.

Visitas que languidecen y acaban terminando. Muchos niños tienen poco contacto con el progenitor no custodio (menos de una vez al mes). Sobre todo los niños entre 9 y 12 años son los que menos visitas reciben. Muchos padres que no tienen la custodia comienzan visitando a sus hijos pero con el tiempo dejan de hacerlo. Los padres que tienen la custodia se ven en la difícil situación de disculpar al otro progenitor cuando esto ocurre.

Síndrome de alienación parental. El autor cita los criterios de José Manuel Aguilar para este síndrome: los hijos desaprueban a un progenitor, utilizan razones triviales cuando se les pregunta por qué, divide a sus padres en bueno y malo, piensa que nadie le ha influido, siempre se defiende al mismo padre y se extiende el odio hacia el progenitor hacia todo su entorno. Este síndrome por el momento no está tipificado como tal y es muy exagerado hablar de padres que alienen a sus hijos.

De la alienación parental a la confusión filial. Es un cuadro clínico que presentan algunos hijos de separaciones conflictivas.

Síndrome de indefensión parental. Es un síndrome que se da cuando hay una “situación asimétrica de poder”. En el primer tiempo el progenitor víctima del otro racionaliza las vejaciones a que es sometido (“respuesta de crispación contenida”), luego se da una “respuesta de violencia manifiesta” como contraataque y por último la persona que se siente indefensa desarrolla una respuesta de inhibición conductual con un cuadro ansioso y depresivo.

CAPITULO 8. Conclusiones terapéuticas

El resentimiento tiene fecha de caducidad. Olvidar y perdonar hace que alcancemos más paz mental. El resentimiento no ofende al otro sino que crea malestar dentro de nosotros mismos. Hay personas que quedan atrapadas en ese rencor y dan mil vueltas a la situación que están viviendo sin poder avanzar. La mejor vía terapéutica es el perdón.

La eficaz terapia del perdón. Cuando estamos resentidos con alguien en el fondo le estamos dando “la llave de nuestra felicidad”, la capacidad de hacer que seamos o no felices. El perdón no es para el otro, es para nosotros, para estar bien interiormente y tampoco tiene que significar necesariamente reconciliarnos con el otro. El resentimiento tiene que tener un final y ese final viene con el perdón al otro.

Lo saludable que es para uno perdonar. Sabemos ahora que el perdón tiene consecuencias muy saludables no sólo para nuestra salud psicológica sino también física. La persona que no perdona vive en el fondo encadenada a la persona que le hizo tanto daño.

Reconozca que la nueva pareja de él (o ella) es estupenda. Es muy frecuente que el que ha conseguido rehacer su vida sea visto por el otro de forma más negativa. El otro miembro de la pareja está resentido con su ex pareja y por extensión con su nueva pareja. Si no se llega a ver lo bueno que tiene por lo menos es importante no machacarla/le delante de los hijos.

Los abuelos tampoco se divorcian de sus nietos. Muchos abuelos dejan de poder disfrutar de sus nietos cuando se produce una separación y los nietos dejan de poder estar con sus abuelos. Algunos incluso van a los tribunales para que les dejen ver a sus nietos. Es una canallada como dice el autor privar a los abuelos y a los nietos de esta relación. El autor también afirma que en su experiencia personal ha comprobado que si los abuelos saben mantenerse al margen del conflicto de sus hijos, luego éstos no tienen problemas en que sigan viendo a sus nietos.

Contemos con otros parientes y con buenos amigos. Esto es fundamental y el autor nuevamente pone el acento en que “no me cansaré de repetir que el niño tiene necesidad de que adultos de sexo diferente se ocupen de él”.