The Youth Charter 
La Carta de los Jóvenes 
How communities can work together to raise standards for all our children
Cómo pueden trabajar juntas las comunidades para aumentar los estándares de todos los niños
William Damon
The Free Press, 1997
Nº de páginas: 0

Resumen y traducción: Rafael Bernabeu
 

COMENTARIO

Este es un libro importante en la educación que empieza a realizarse. Va más allá de las escuelas en un proyecto de desarrollo positivo de los jóvenes que implica a toda una comunidad. Sigue la corriente teórica de la psicología contextual, en la medida en que considera el entorno de una comunidad como un todo que está educando siempre, y en el que muchas personas, distintos sistemas interrelacionados, tienen que ponerse de acuerdo para definir sus principios educativos, para orientar del mismo modo a todos los jóvenes, para decidir cuales son las normas y las expectativas. El objetivo es muy claro, es resolver problemas y lograr un desarrollo positivo. El medio es la “carta de jóvenes”, un acuerdo y un proceso de trabajo en una comunidad, que consigue organizar todas las acciones educativas mejorando los recursos que se proporcionan a los jóvenes, con la participación de estos en ese proceso. El autor explica con detalle cual es el panorama de la educación actual, relatando sus fracasos y sus éxitos, proponiendo como base desde la cual mejorar la educación este proceso de “carta de jóvenes”. Es una propuesta que enfatiza la autonomía de cada persona, de cada comunidad, para definir un programa de desarrollo positivo. Está muy abierta a la creatividad de cada uno, a las características propias de cada comunidad, a encontrar formas de resolver los problemas concretos. Para nuestro proyecto de Movilización Social Educativa supone confirmar muchas de nuestras iniciativas y experiencias, también nos puede ayudar a abrir otros caminos, como el de las ciudades educativas. La carta de jóvenes se propone como instrumento, pero en este libro el autor expone algo más que un procedimiento. Hace una narración en lenguaje cotidiano, con la solidez de investigaciones científicas, de cómo estamos educando y cómo está surgiendo esta nueva corriente pedagógica. Hay una evidente necesidad de encontrar unidad en la sociedad, de recuperar en los jóvenes la competencia, el carácter, el talento.
INDICE
PARTE 1: La necesidad

La necesidad

CAPITULO 1. Windsor, 1997-1998

El autor relata, en forma de diario de un profesor, que pasa posteriormente a ser director del colegio, la situación de una comunidad típica de los suburbios en Estados Unidos. Es una escuela en la que el profesor, en sus primeros dos años, encuentra todo tipo de problemas, en una comunidad donde la gente vive aislada unos de otros, sin confianza mutua y con mucho cinismo. Es la exposición en forma de ficción de los problemas de una comunidad, basándose en la escuela, que el autor ha ido encontrando en sus investigaciones, pero también la que todos hemos observado de un modo u otro. En los siguientes capítulos el autor explica cómo este barrio se convierte en una comunidad unida que trabaja para crear un entorno de desarrollo para los jóvenes, y cómo van encontrando la manera compartida de educar bien a sus hijos. Empieza el profesor Castor relatando su llegada al colegio: la escuela está llena de grafitis, las relaciones entre los profesores y su trabajo están marcados por contratos legales, que les imponen muchas limitaciones y causan frustración en algunos de ellos (enseñar ya no parece un asunto de vocación), algunos chicos fuman en los lavabos y están intentando poner un guardián (el profesor Castor se supone que tiene que encontrar la solución, pero no se le ocurre nada), algunos alumnos son tan rebeldes como para decir a los profesores: “de qué estáis hablando, si la escuela es nuestra, no vuestra”. Sigue relatando los problemas, y explica que han decidido poner un policía a patrullar por la escuela, y aunque la comunidad es próspera y tranquila, algunos alumnos consiguen engañarle y mantienen su mal comportamiento. Un alumno ha sido cogido robando el dinero de la comida a otros, su madre está indignada porque le están “enseñando a robar”, y la escuela tiene una política que “impide dar a los alumnos un feedback negativo, porque eso dañaría su autoconcepto”. Se limitan a decir al chico que su comportamiento no es cooperativo y que no será bien aceptado por los demás alumnos, el chico dice que sus profesores no tienen problema con eso que ha hecho, que por qué el profesor Castor se preocupa.
Según va relatando estos problemas, cuenta también experiencias positivas, como una clase en la que han estudiado con mucha energía las desigualdades sociales mientras hablaban sobre lo que les hacía sentirse orgullosos de sus padres, o bien un grupo de alumnos que está aprendiendo a cantar gospel – pero el distrito escolar ha reducido las actividades extraescolares y las clases de música son muy escasas-. Tienen un problema de racismo, con un estudiante asiático, y los profesores tratan de poner freno al problema, sin darle la trascendencia que tiene. Algunos alumnos escriben una carta de protesta al periódico local, dirigidos por el profesor al que retiraron el presupuesto de música, quejándose de la “insensibilidad” del colegio ante sus peticiones (aunque estas eran absurdas y llenas de cinismo, como pedir que el la celebración de Acción de Gracias se pudiese ir al colegio porque eran vegetarianos y estaban en contra de comer pavo, de lo cual pasaron a quejarse las celebraciones de Navidad, por motivos de creencias religiosas). Por su parte, muchos padres van al colegio a hablar con los profesores como si fuesen abogados o agentes de sus hijos, cuando fracasan en algo, en lugar de intentar que el alumno lo intente con más fuerza la siguiente vez. Son capaces de “señalar” a un profesor y lograr que le despidan, o de conseguir que un profesor les suba las notas a sus hijos.
En la reunión del distrito escolar los expertos y responsables les confirman que sus aproximaciones didácticas son correctas, pero aunque las ideas parecen buenas, no funcionan y nadie parece dispuesto a tratar el problema. El profesor relata su experiencia de manera algo cínica o desencantada, pero tiene claro cual es el problema: los alumnos no se esfuerzan, y muchos de ellos ni siquiera quieren estar en clase. Considera que la dificultad es cómo enseñar a los chicos que no están interesados en la escuela: cada año menos alumnos van a la escuela dispuestos a aprender – deseando aprender-, cerrados por completo a la idea del aprendizaje escolar. En su entorno, todas las influencias desprestigian el colegio, o lo hacen parecer aburrido – que no es “guay”-, incluidos padres y amigos. “No importa lo que hagamos dentro del colegio, no importa lo personalizada que sean las experiencias de aprendizaje o los laboratorios de ordenadores que creemos, estos chicos todavía están desconectados de la escuela. Todo lo que hay fuera de la escuela les ha preparado para despreciarla. Los reformadores escolares parecen ignorar este hecho poco agradable, quizás porque siempre han amado ellos la escuela y están cegados por su pasión y el orgullo por su trabajo. Sin embargo, nuestro equipo no ha perdido el sentido de la realidad. Nadie se tomó en serio ese taller. Me temo que todo este esfuerzo no está sirviendo para nada” (p. 11).
Otros problemas que el profesor va relatando: alumnos que copian en clase, problemas de los jóvenes en países europeos – violencia alrededor del deporte-, falta de entusiasmo de alumnos y padres en las actividades de convivencia (como ir a una excursión en fin de semana), un alumno que le tira un libro a un profesor y le rompe las gafas, y éste acusa al alumno de asalto aunque es muy joven. Castor escribe: “Asalto. La palabra se utiliza mucho cuando hablamos de los chicos. Cuando son muy jóvenes, nos preocupamos de que estén en el extremo en el que sufren el asalto. Antes de darnos cuenta, el asaltado se convierte en el asaltante. ¿O hemos creado un clima en el que todo el mundo está o bien siendo asaltado o se siente de esa manera?” (p. 16). Un nuevo problema, que tampoco los alumnos interpretan como algo serio, sino que casi lo viven con orgullo: seis embarazos adolescentes en lo que llevan de curso. La prevención de la educación sexual parece no tener resultados, las chicas, cuando se quedan embarazadas, reciben orientación, forman “clubs de bebés” y la aproximación oficial al problema es apoyarlas en su maternidad y no criticarla. Los profesores tienen que aconsejarles qué hacer, pero no saben cómo, se sienten “out of touch”, desconectados del problema. El narrador se da una vuelta con dos alumnos por su comunidad: parecen poco activos, los adolescentes, muchos fuman, están “por ahí” (hanging out), los campos de deporte están vacíos y hay pocos niños en los sitios de juego al aire libre, porque están viendo la televisión – entre 3 y 4 horas al día entre semana, y unas 7 horas los fines de semana-.
En una zona apartada los chicos están participando en todo tipo de comportamientos de riesgo, como beber, apostar dinero, en un sitio rodeado de basura: el profesor decide informar de esto a la Policía. Pero los oficiales le responden, irritados, que no se puede arrestar a un adolescente sin una buena razón. Los Servicios Sociales tampoco responden, no pueden hacer nada y no tienen autorización para abordar el problema. Estos chicos, con estos hábitos, suelen molestar a los que van bien en el colegio y no se comportan de esta manera. Los buenos alumnos suelen reaccionar de una manera no agresiva, mantienen la relación con estos alumnos con malas costumbres, y han aprendido a endurecerse, a mantener para sí mismos sus pensamientos, intereses y ambiciones, y a no “mostrárselos a la cara”. Otros alumnos son más vulnerables y se toman más en serio ese mal ambiente, necesitan apoyo pero no suelen recibirlo, ni de sus padres ni de sus profesores, que les dicen que se relajen, que las cosas son así. Son chicos que se suelen sentir muy solos, que se mantienen un poco al margen, observando a otros que lideran las cosas, pero que no tienen buenos hábitos. Aunque el profesor intenta hacer de consejero escolar, el alumno acude sin regularidad, posiblemente porque les averguenza, y son chicos que se sienten intimidados constantemente, aunque muchas veces están claramente en lo correcto. A final de curso, en una fiesta, los dos alumnos que estaban más cerca del profesor Castor, una chica y un chico, los que toma de ejemplo de quienes podrían destacar pero están anulados por el ambiente escolar, tienen un accidente de coche por conducir bebidos y la chica muere. El relato del curso escolar termina de esta manera terrible: la confusión, el enfado y el aislamiento caracterizan la forma como la comunidad responde al problema. Investigan quienes son los posibles responsables, de forma legal, se producen muchas discusiones, pero no encuentran una manera constructiva de afrontar la tragedia: “La ciudad responde a cada uno como una familia que se está disolviendo, disfuncional. Cuando la ciudad puede escurrir el bulto, intentará ignorar cualquier crisis, pretendiendo que es solo una anomalía. Pero cuando el desastre es demasiado horrible como para ignorarlo, encontrarmos una manera de convertirlo en una desgracia que se va extendiendo, en lugar de intentar resolverlo o aprender de ello” (p. 23).


La necesidad

CAPITULO 2. Windsor, 1998-1999

Al comenzar el siguiente curso, el profesor Castor se ha ido dando cuenta, a lo largo del verano, de que hay otras personas en la ciudad que se sienten como él. Han ido hablando sobre el fracaso que ven en la educación de los jóvenes, y han decidido reunirse un empresario, una médico, el profesor, unos padres, el director del colegio, en un pequeño grupo, de manera totalmente informal, para discutir sobre cómo mejorar la educación a los jóvenes en esa comunidad. Los objetivos que han puesto por escrito en una primera reunión son: llamar a una reunión de la ciudad en el que todo el mundo que tiene relación con los jovenes y puede influirles de manera positiva pueda asistir, intentar en la reunión llegar a acuerdos sobre lo que se debería hacer (expectativas que deben tenerse respecto de los jóvenes, cómo hacerles llegar esas normas), que la reunión sea pública y abierta a todos – sin esconder nada y con los medios como parte del proceso-, y que suponga el comienzo de un proceso de transformación de la ciudad, en el que sus propios habitantes puedan trabajar juntos para resolver sus problemas. El autor narra, ya desde su perspectiva, siguiendo el caso de ficción de la ciudad de Windsor, cómo se producen esas primeras reuniones, en las que el profesor Castor se encarga de tomar nota de todo lo que se discute. Aunque todos se sienten ante una serie de fracasos educativos, el ambiente es positivo, discuten con inteligencia y con buenas intenciones, y comienzan por pensar con seriedad sobre qué valores comunes tienen que encontrar para educar bien a los jóvenes. Forman un grupo que expone y recoge las ideas de todos, y surgen preocupaciones, como por ejemplo qué sucede si este grupo se convierte en una especie de “gran hermano”, que vigila la comunidad, o cual ha sido el papel del colegio en esos fracasos, pero consiguen sortear esos problemas y se consolida ese grupo de trabajo. Eligen al periodista local para seguir ese proceso cívico que inician, y logran establecer siete puntos que son metas de trabajo:
1. Definir expectativas compartidas y normas para el comportamiento de los jóvenes
2. Discutir cómo los adultos pueden comunicarlos y cómo pueden participar en el proceso los jóvenes
3. Crear formas de que los adultos puedan apoyar los esfuerzos de los demás, abriendo líneas de comunicación más fuertes entre ellos y los jóvenes, para saber cómo se pueden prevenir que caigan en los problemas
4. Identificar organizaciones e instituciones que puedan ayudar: colegios, bibliotecas, clubs de deporte, iglesias, agentes sociales (policía, servicios sociales), medios de comunicación.
5. Descubrir por qué no se está educando bien: ¿Cuáles son los obstáculos? ¿Qué se ha ido perdiendo en los últimos años? ¿Qué ha ido mal y cómo podemos corregirlo para vuelva a ir bien?
6. Para lograr esas metas específicas, crear los grupos de trabajo y los planes de acción necesarios, que se centren en los problemas.
7. Para evitar darle vueltas a las cosas, tener desacuerdos, llegar a callejones sin salida, o tomar direcciones equivocadas, hay que dejar fuera de la mesa los debates políticos, las controversias calientes, las doctrinas ideológicas y lo que forme parte de la privacidad o confidencialidad de cada uno.
Acuerdan algo también importante: considerarse todos como personas que intentan educar a sus hijos de la mejor manera posible, para lo cual tienen que superar las divisiones pasadas, dejando aparte cualquier diferencia entre ellos. Se forman pequeños grupos de discusión para tratar temas concretos. Las preocupaciones que van identificando y sobre las que trabajan, son las siguientes: copiar en clase, uso de drogas o alcohol, conducta sexual, música rap, resultados escolares, actitudes hacia el trabajo y el servicio a la comunidad, horas de irse a dormir y de no estar por la calle, códigos de vestimenta, estilos de peinado y tatuajes, fumar, violencia en la escuela y alrededor, deportes, dinero, coches, amigos. Enseguida se encontró, sobre cada tema de discusión, unas normas comunes: algunos principios básicos se fueron concretando en una lista de “normas y expectativas”, junto con posibles soluciones.
Trataron en esa reunión dos temas, copiar en la escuela y pintar graffitis en las calles, y sobre los dos elaboraron unas notas en las que se valoraban las consecuencias de esos dos problemas, para enfocar el problema y tomar una postura común. Al terminar esta reunión, el periodista elaboró una historia para su periódico: “Ciudadanos se reúnen para trabajar sobre las normas y expectativas para los jóvenes”. Al finalizar el curso, estas reuniones cívicas habían dado lugar a sucesivas discusiones de seguimiento de los problemas, a trabajos en comités, a planificar actividades. Se reunieron en las escuelas y los jóvenes empezaron a participar en esos encuentros, también en la biblioteca, en el centro comunitario, en iglesias de la ciudad, o en un club local de jóvenes. Al dispersar los centros de actividad y de debate, querían alcanzar a cuanta más gente fuese posible, con una gran participación por parte de algunos profesores, que tenían mucho que decir sobre las dimensiones sociales y académicas del desarrollo de los jóvenes. Aunque los problemas en la escuela seguían presentes, el profesor Castor sentía que al menos estaban haciendo algo. Estaban ya trabajando con vigor, como una comunidad, pero la decadencia de los valores educativos todavía amenazaba con desbordarles a todos. La gran diferencia es que Castor, y otros educadores, ya se sentían capaces de responder a las situaciones conflictivas, y también otros agentes sociales y padres, acudían a este grupo para encontrar respuestas a los problemas, se movilizaban, sorteaban las reacciones enfrentadas y afrontaban lo que antes quedaba sin resolverse: como el mal comportamiento de los jóvenes en las calles, los malos resultados escolares, etc… Como demostración de que estaban realmente empezando a cambiar las cosas, al final de su segundo curso como profesor, Castor consiguió que se limpiasen las pintadas de la escuela, lo que al principio le había parecido que solo le molestaba a él, había terminado siendo un asunto de todos, resuelto por la comunidad.


La necesidad

CAPITULO 3. Cartas de Jóvenes

“Una carta de jóvenes es un conjunto de normas y de expectativas coherente para el comportamiento de los jóvenes, compartido por todas las personas importantes en la vida de un joven. La carta puede incluir normas morales como la honestidad, la compasión, la decencia, la justicia, el respeto y la responsabilidad. Puede incluir criterios relacionados con el trabajo como la excelencia en los estudios o las actividades vocacionales. Puede incluir normas para la seguridad física y la salud, como evitar el abuso de las drogas, aprender buenos hábitos de salud y de higiene, o adquirir el dominio de un deporte. Puede incluir expectativas de servicio a la familia, a los amigos, a la comunidad. Puede incluir metas espirituales como la búsqueda de propósitos trascendentes por encima y más allá de uno mismo” (p. 43).
Es un acuerdo básico sobre cómo orientar el desarrollo de los jóvenes. Suele ser informal y no escrita, con muchos puntos abiertos, y se manifiesta en las relaciones cotidianas con los jóvenes, participando todas las personas de una comunidad que tienen sobre ellos una influencia educativa. Las normas y expectativas se expresan en respuesta a cualquiera de los desafíos que se van encontrando en su desarrollo los jóvenes, y si se hace de manera consistente, por todos los adultos que están educando a un joven, estas normas y expectativas se comprenden y reciben el apoyo de las personas en desarrollo. Es necesario un sentido de la comunidad fuerte, y una conciencia clara de las creencias compartidas. Muchas comunidades se han visto en peligro por unas fuerzas culturales desintegradoras, que han hecho de una ciudad un “agregado de gente”, en lugar de una comunidad de personas. Pero una comunidad que quiere educar bien a sus jóvenes puede dar pasos para construir estas cartas de jóvenes – que son prácticas, formas de resolver los problemas y no declaraciones-. Cómo se realiza este proceso, que el autor ha ejemplificado en el capítulo anterior.
Comienza por reunir a adultos en posiciones de influencia sobre el desarrollo de los jóvenes. Se discuten en una primera reunión normas y expectativas. Pueden referirse al modo de afrontar problemas o al modo de aprovechar oportunidades para el desarrollo sano de los jóvenes. “Las discusiones tienen como objetivo determinar la manera como la comunidad puede ayudar a los jóvenes a adquirir las habilidades, el carácter, y el sentido del propósito que necesitan para una vida con éxito y satisfactoria” (p. 45). Tras las reuniones iniciales hay otros encuentros para trabajar sobre lo concreto y que participen los jóvenes de la comunidad, y se forman grupos de trabajo para tratar problemas o descubrir oportunidades. Esto abre nuevas vías de comunicación entre los adultos y los jóvenes. Las discusiones tienen que identificar normas esenciales que proporcionen las bases para una respuesta constructiva a los problemas urgentes o las crisis. La ambivalencia sobre el significado moral de los problemas de los jóvenes impiden mucho la prevención o la sanción de los comportamientos indeseados: al discutir la carta de los jóvenes, una comunidad puede definir y aplicar unas normas esenciales. Es la discusión la que logra una comprensión compartida de por qué son necesarias esas normas y de dónde proviene su validez.
El autor proporciona ejemplos reales de los principios comunes, las resoluciones, los planes de acción y los grupos de trabajo con los que van a afrontar problemas, como el que los alumnos hagan trampas en la escuela, o que tomen drogas o beban alcohol. Construyen redes y ponen en práctica planes de acción. Por ejemplo, con respecto al tiempo que los adolescentes tienen libre después de la escuela, una comunidad estableció los siguientes objetivos: a) crear más espacios seguros y con interés, para los jóvenes, b) promover los beneficios del deporte entre los jóvenes y reducir su coste, c) prevenir el consumo de drogas y alcohol entre los jóvenes, d) promover una conciencia espiritual y el servicio comunitario entre los jóvenes. Estas cartas reflejan virtudes fundamentales al ser humano, incorporando normas y expectativas, y a diferencia de la educación del carácter (o en valores) no enseñan sobre estos conceptos, sino que les proporcionan directamente a los jóvenes unos criterios de comportamiento en sus contextos cotidianos, al mismo tiempo que diseñan un procedimiento realista para coordinar esas expectativas, hacerlas posible, lo cual requiere mejorar los contextos reales y comunicarse con los jóvenes.
Algunos requisitos comunes a las cartas para jóvenes son los siguientes:
- Trata cuestiones esenciales del carácter y la competencia (moralidad y logro), necesarias para ser un ciudadano responsable
- Proporciona altas expectativas para el logro y el servicio de los jóvenes
- Proporciona límites, prohibiciones y sanciones para el comportamiento que viola las normas de la comunidad
- No se limita a una serie de prohibiciones, sino que proporciona a los jóvenes un sentido de propósito coherente y positivo
- Se centra en áreas de acuerdo común, más que en las diferencias de ideología, en dogmatismos, o en polarizar los temas controvertidos
- Incluye mecanismos para identificar las normas compartidas y negociar entre partes que tienen intereses y opiniones en conflicto
- Incluye mecanismos para comunicar las normas y expectativas acordadas a los jóvenes
Estas cartas deben ser instrumentos de comunicación muy potentes, que ayuden a los jóvenes a saber qué reacción pueden esperar de los demás ante sus comportamientos. Pueden crear buenos lazos entre padres e hijos, y entre los jóvenes y su comunidad. Es un contrato voluntario entre las personas que forman una misma comunidad y su misión es ayudar el desarrollo sano de los jóvenes (de todos ellos). No es un documento formal, aunque puede escribirse: es un proceso, una estrategia, son propuestas, metas, declaraciones de intenciones de lo que se quiere hacer, un conjunto de procedimientos. “Se puede denominar una declaración moral, ya sea escrita o verbal. Pero no tiene ninguna fuerza para obligar más el sentido de obligación personal que cada uno haya elegido” (p. 48). Cuando tiene éxito, esta carta de los jóvenes impregna toda la vida de una comunidad, como instrumento educativo, transformando todos los sitios en donde se pone en marcha, desde un centro de deportes hasta una biblioteca, mejorando mucho la efectividad de cualquier institución que realiza algún servicio para los jóvenes. La comunidad acepta sus obligaciones de educar, con lo que las familias o la escuela no se encuentran ya tan solos en esa tarea. Es una estrategia educativa que era lo normal en las comunidades de siglos pasados, en donde el mundo social del niño estaba compuesto de un conjunto de normas y expectativas, y no se dudaba de que fuesen necesarias para proporcionar orientación a los hijos – es decir, que existían esas cartas de jóvenes y todo el mundo las conocía y las aplicaba-. Existen en muchas comunidades, unas veces de forma implícita, otras explícitamente, más frecuentemente en pequeñas ciudades o pueblos. “No es sorprendente que los jóvenes que crecen en comunidades con cartas de jóvenes van mejor en casi todos los aspectos de su desarrollo, que los jóvenes que crecen en sitios sin ellas” (p. 49). Francis Ianni ha descubierto que las expectativas coherentes entre la gente y las instituciones, son para la vida de un joven el elemento más decisivo para tener éxito en su adaptación a la vida. Es la armonía entre lo que las instituciones dicen y los adolescentes, la que forma el “concierto” de sus experiencias.
Este conjunto de expectativas y normas creíbles forman una estructura predecible para los jóvenes, que guía su movimiento entre el estatus de niño y el de adulto, estableciendo unas metas creíbles y alcanzables: a esto lo denominó Ianni “carta de jóvenes”. Sin embargo son la excepción las comunidades donde están en marcha, más que la regla en nuestra sociedad. Escuelas, familias, grupos de amigos, instituciones locales, medios de comunicación, el mercado de trabajo, están enviando mensajes sin coherencia, o directamente destructivos, a los jóvenes. Esto es lo que crea contextos fragmentados y confusos para el desarrollo de los jóvenes, haciendo que la relación entre la familia, el trabajo y la escuela sea discordante, en demasiadas ocasiones, y por esto muchos jóvenes no logran responder a las altas expectativas. Al estar ausentes muchos de los antiguos modelos de comportamiento, la guía que proporcionan unas generaciones a otras es menos frecuente y aumenta el aislamiento: se ha diluido el sentido de comunidad y las instituciones se culpan entre ellas por los problemas de los jóvenes, es una fragmentación que perjudica mucho al desarrollo de los jóvenes. No se puede olvidar que los entornos educativos se conectan entre ellos a través del contacto con los jóvenes (familias, escuelas, equipos deportivos, lugares de trabajo, agencias para la juventud, instituciones religiosas). “La formación de la identidad de una persona joven, enraízada inicialmente en la familia, está por tanto conformada por un sentido de la pertenencia a la comunidad, mediante la participación en equipos de deportes, clubs de tiempo libre, instituciones religiosas y trabajos. En tales comunidades hay una concordancia entre las normas de la cultura de los iguales y las de los adultos” (p. 51).
Para crear buenas estructuras que orienten a los jóvenes se tienen que cumplir algunas condiciones:
- Familias, escuelas, comunidades, tienen que proporcionar un sentido coherente de la orientación
- Las relaciones deben dar apoyo, siendo ejemplo y comunicando estándares de comportamiento altos
- Las actividades tienen que implicar a los jóvenes en busca de metas que encuentren desafiantes e inspiradoras
- Tiene que haber trayectorias seguras y fiables que permitan a los jóvenes desarrollar sus habilidades en su máximo potencial, encontrar el propósito, el sentido, la esperanza, la aspiración que va a fortalecer sus vidas tanto en los buenos momentos como en los malos

PARTE 2: Escenarios para la orientación y el crecimiento

Escenarios para la orientación y el crecimiento

CAPITULO 4. Orientación en el ámbito de la familia

Muchos padres sienten que las principales fuerzas que orientan a sus hijos, en sus creencias y comportamientos, se les han ido de las manos. No suelen confiar en los consejos que pueden leer sobre cómo educar a sus hijos, en otros casos no se fían de otros adultos con funciones educativas. Los padres se sienten aislados, educando en un mundo de valores muy cuestionables y de personas que no les dan confianza, con las que sienten que no pueden contar. Sus ideas serias sobre lo que es bueno para sus hijos están siendo minadas de manera constante por la sociedad. Muchos padres han llegado a un sentimiento de impotencia, de que no tienen la capacidad de dar forma a las influencias que recibe su hijo en su desarrollo. Para recuperar ese poder de educar los padres tienen que formar parte de esfuerzos colectivos por enseñar estándares intelectuales y morales elevados a toda la nueva generación. En ese proyecto los padres se van a encontrar con muchos aliados, personas y organizaciones de la comunidad, y un propósito de las cartas de jóvenes (entendidas como proceso) es ayudar a los padres a abrir líneas de comunicación y lograr muchas fuentes de apoyo. ¿Cómo pueden prever los padres las situaciones de riesgo, como la bebida entre los adolescentes? ¿Cómo evitar llegar a situaciones desgraciadas? No es sencillo encontrar la solución educativa a estos problemas en la práctica, pero sí es posible lograr un aucerdo básico, sobre el que seguir trabajando, en estos temas sensibles: las discusiones de la carta de jóvenes permiten a las familias identificar en qué áreas están de acuerdo, y qué cursos de acción pueden tomar ante problemas críticos, como la bebida entre los jóvenes: ¿qué es mejor hacer colectivamente? Cuando acuerdan comunicar unos estándares de comportamiento a los jóvenes (a sus hijos) y también a los padres de otros chicos, que a lo mejor no están participando en ese proceso, y acuerdan cómo hacer cumplir esos criterios, aunque queden otras decisiones a tomar por cada familia, por ejemplo: acuerdan qué hacer ante el problema de la bebida en la calle, pero respecto de beber en casa, cada padre decide lo que le parece mejor. Pueden también comunicar de manera pública que esperan de escuelas y otras organizaciones que sigan los mismos estándares, y se esfuercen por responder de la misma manera a los problemas. Cuando se alcanza un criterio común, se dejan de lado los desacuerdos y se logra una legitimidad mayor, más credibilidad cuanto más gente se apunta, y los padres sienten que tienen un control mayor sobre la vida de sus hijos, que se puede volver más segura y ellos están más confiados – aunque solo signifique un pequeño progreso, permite salir de esa incapacidad para educar-.
El autor trata a continuación temas de importancia en la educación familiar, sobre los que trabajar en el proceso de una carta de jóvenes: la importancia de los hábitos saludables para la formación del carácter de los hijos, los años de formación de hábitos, tareas y responsabilidades, disciplina y normas familiares, qué hacer cuando las cosas van mal (conflictos, separación o pérdidas). Empezando por los hábitos saludables – en el sentido de positivos-, se ha comprobado que “los jóvenes con talento – niños y adolescentes cuyos logros en las artes y las ciencias destacan sobre los de sus iguales- invariablemente han adquirido un fuerte sentido de la disciplina y el hábito. El desarrollo de los talentos es más fácil, escriben los autores expertos en el estudio de esta área, es más fácil para los adolescentes que han aprendido hábitos que conducen y cultivan el talento” (p. 65). – el autor meciona un libro de Csikszentmihalyi, Rathunde, Whalen “Talented teenagers: The roots of success and failure” (New York, Cambridge University Press, 1993)-. Son adolescentes capaces de trabajar más en sus tareas, son más persistentes. Estos hábitos se forman en la familia, desde la primera infancia. Y su capacidad de trabajar duro no bloquea su expresión creativa, sino que la aumenta. Hay dos obstáculos que pueden impedir a los padres educar los hábitos que construyen el carácter y la competencia de los chicos: la educación centrada en el niño, egocéntrica, que les impide ver las cosas desde otras perspectivas (sobre todo si es así desde pequeños), y la incertidumbre social sobre los criterios de comportamiento, la debilidad de la comunidad en cuanto carta para los jóvenes. Pero los padres tienen dos aliados para educar a los hijos en la competencia y el carácter: los niños nacen con un repertorio de disposiciones morales muy rico (que les inclina a llevarse bien con los demás, con un potencial prosocial), y su segundo aliado es el potencial de apoyo que se puede encontrar en una comunidad, porque aunque vivimos en una sociedad fragmentada, el aislamiento no es tan definitivo y hay mucha gente con un fuerte sentido de la comunidad. Las cartas de jóvenes pueden crear este sentido de comunidad para los padres, y les puede ayudar a evitar la educación equivocada, que pone el énfasis en exceso en las necesidades de los niños y no en sus talentos y capacidades morales. El niño está inicialmente centrado en sí mismo, y necesita una orientación de sus cuidadores para desarrollar su disposición moral natural.
Sobre esta primera consideración – creación de buenos hábitos, o recursos en nuestro modelo-, el autor estudia cuales son los principios con los que los padres pueden educar a sus hijos, considerando que son principios de sentido común, muy necesarios y que se pueden estar perdiendo. La carta de jóvenes tiene un componente de “homefront”, la batalla en casa, contra esa educación que impide el buen desarrollo de los jóvenes. Unos principios educativos claros, junto con el proceso de creación de una carta de jóvenes, marcará la diferencia en una comunidad, en cuanto contexto de desarrollo.
Dos principios básicos del desarrollo del niño, durante los primeros años, en los que se están formando sus hábitos: los niños aprenden con una capacidad asombrosa de los mensajes que reciben en casi cualquier situación en la que se encuentran, y las funciones físicas de un niño y sus tareas más básicas, así como las interacciones más sencillas con los demás, conllevan muchos mensajes para los niños. Por tanto, hay que educar con dos ideas demostradas: los niños aprenden rápido y están muy motivados para aprender, y los niños son observadores agudos de su entorno real. Sobre estos dos principios educativos se pueden comprender las tareas que van afrontando los niños y cómo logran dominarlas con la ayuda adecuada. Por ejemplo, respecto de la alimentación sana (un hábito saludable a fomentar), no lo aprenderán si les enseñamos que los alimentos pueden ser recompensas o gratificaciones, en vez de nutrición, ni tampoco si sostenemos modelos de delgadez contradictorios con el tipo de alimentación que llevamos. Los jóvenes, al vivir en un entorno que les educa mal en este hábito, se encuentran con facilidad ante una encrucijada que les confunde. En su lugar, necesitan un entorno predecible y orientación para adquirir los hábitos iniciales de autocontrol. Las funciones primarias de regulación, como en el sueño y la alimentación, tienen que seguir unas normas de enseñanza:
- Rutinas regulares que sean predecibles y orden sus funciones básicas vitales
- Encontrar un equilibrio entre los deseos del niño y las rutinas básicas de la familia
- Enseñarles a desarrollar esas funciones básicas de manera que tengan un respeto creciente por la sociedad y sus normas generales
- Enseñar hábitos que ayuden a los niños a afrontar demandas posteriores
Respecto de las tareas y responsabilidades, el principio educativo es que la responsabilidad personal es necesaria para el desarrollo de un carácter serio, además de que conlleva un sentido del servicio hacia otras personas, de cuidado: crecer supone saber equilibrar las propias necesidades con las de los demás. Se adquiere de manera más fuerte en los primeros años, en los que ayudar es una manera de demostrar su competencia y adquirir habilidades esenciales para la convivencia. Las orientaciones, o normas para enseñarles estos hábitos, son:
- Los niños de todas las edades deberían tener obligaciones en la casa, en las que se hagan responsables de algunas cosas
- Las tareas de casa encargadas a los niños deberían ser pequeñas, de acuerdo a su edad y regulares
- Los niños no deben esperar recibir dinero a cambio de realizar estas tareas
La disciplina y las normas familiares es uno de los temás alrededor del cual giran muchos de los conflictos y ansiedades en la educación en casa. Muchos padres pasan del control excesivo a la permisividad: hablar-persuadir-enfadarse-discutir-pegar, como si se formase un síndrome en el que los padres terminan sufriendo ellos mismos pataletas, por no ser capaces de fijar y hacer cumplir unas normas en casa. La mejor forma es la educación responsable (authoritative parenting), que combina la firmeza en la aplicación de las normas con explicaciones racionales de cuales son los propósitos de esas normas. El niño sabe qué se espera que haga y por qué, se siente respetado realmente, se le escucha, pero también tiene que escuchar a los padres y seguir su autoridad: su juicio no se asume como igual al del padre, que es al final quien establece las normas. La palabra disciplina se ha cargado de significados negativos, cuando es el último instumento con el que los padres cuentan para comunicar a sus hijos (enseñarles) normas de comportamiento. Es un modo esencial de implementar principios en una carta de jóvenes, ya que le enseña al niño que los adultos van en serio en esos principios. En una carta de jóvenes los padres de la comunidad encuentran un lugar en el que discutir cuales son las mejores formas de disciplina, y les puede confirmar si sus prácticas de disciplina son razonables y si benefician a largo plazo al niño. Las orientaciones para las normas familiares y la disciplina de los padres son las siguientes:
- Empezar por comunicar las normas de la familia a los niños desde la primera infancia
- Ser consistentes es esencial
- Cuando son capaces, los niños deben ser ayudados a comprender el propósito de las normas que se espera que puedan seguir
- Las sanciones por romper las reglas deben equilibrarse con la edad del niño, tanto como con la frecuencia o la gravedad de su mal comportamiento
Cuales son las recomendaciones para cuando las cosas van en la familia, cuando hay conflictos, separaciones o pérdidas:
- Decir a los niños la verdad, toda la verdad, solamente les interesa y les ayuda saber la verdad ante las adversidades familiares
- Cuando hay una adversidad, la familia tiene que mantener la continuidad en la vida del niño, en sus relaciones clave y mantener una red o construirla, de apoyo comunitario y de orientación para el niño


Escenarios para la orientación y el crecimiento

CAPITULO 5. Éxito en la escuela

“Las vidas educativas de los adolescentes ni empiezan ni terminan en las escuelas mismas… Son el resultado de lo coordinadas que estén o de lo dividas que estén las comunidades al proponer entornos de aprendizaje para los adolescentes en los que cada uno sea responsable de un conjunto común de metas educativas” - Francis Ianni, The Search for Structure- (p. 90). La educación es en Estados Unidos, desde los años 90, la prioridad nacional, desde que el declive de esta institución se consideró que ponía a la nación en peligro (en un famoso informe de mediados de los años 80). Es parte de la preocupación creciente por los niños, que va unida a mejores conocimientos sobre su desarrollo y sobre cómo orientarles para que crezcan de manera sana. Las lecciones que se han aprendido en los últimos años son importantes. La más importante conclusión es que las escuelas tienen éxito sólo cuando trabajan de cerca con los padres de los alumnos y otros miembros de la comunidad. La educación debe ser una empresa compartida entre los padres, los profesores, los estudiantes, y otros miembros de la comunidad que pueden aumentar las habilidades de los alumnos. En una comunidad que tenga una fuerte carta de jóvenes las necesidades de desarrollo del niño pasan a primer plano, y no la especialización del experto que trabaja con ellos, porque la escuela está integrada en la comunidad y no separada de ésta, tiene unos criterios y unas normas que todos conocen (sus metas educativas) y que en el proceso de esa carta los padres y otros agentes educativos pueden discutir.
Por otra parte, los temas educativos, como la reforma escolar, se han debatido de una forma polarizada, se han presentado docenas de nuevas aproximaciones a los problemas escolares, con una división básica entre teorías progresistas y tradicionales, que enfatizan, o bien las habilidades de pensamiento, la comprensión, y la creatividad, o bien los datos, el conocimiento de la cultura y el dominio de disciplinas académicas especializadas. Otros temas han creado también una gran polarización, sobre cómo enseñar distintas materias o enseñar moralidad, sobre la educación de inmigrantes. Son divisiones que no parece que se estén solucionando, sino que se hacen más profundas, sin responder a las cuestiones fundamentales: ¿qué es necesario cambiar y qué debe mantenerse estable? En muchas de estas discusiones se manejan falsos opuestos, por ejemplo, la educación moral tendría que enseñarles a pensar con autonomía sobre decisiones morales, pero también proporcionarles un respeto más profundo por los valores comunes de su sociedad. Pero en contra de esta forma de no resolver los problemas educativos, las sociedades están encontrando el modo de avanzar hacia buenas soluciones, adoptando los principios de la elección libre de escuela, de dar a los padres más libertad para elegir la escuela de sus hijos, lo que está haciendo crecer nuevas opciones para los alumnos: es una combinación de reforma escolar y elección libre de escuela, que está abriendo nuevas posibilidades de padres, profesores y alumnos. Es una era de la educación que supone mayor libertad, más control de los padres sobre la escuela de sus hijos, también requiere por su parte más apoyo y participación. Es una promesa de mejora, y lo necesario es realizarla. El autor propone algunos criterios para ayudar a los padres a identificar las mejores escuelas:
- Escuelas con un liderazgo claro de sus responsables, que articulen las metas y los estándares de la escuela
- Los profesores consideran su trabajo con sentido del compromiso, que se esfuerzan y dan más de lo simplemente exigido por su contrato
- De la escuela se desprende un sentido del propósito, tienen un espíritu de aprender, de enseñar, en cada experiencia del alumno
- La escuela proyecta un sentido de comunidad, en el que alumnos y padres son el centro y se sienten orgullosos de su escuela
- La escuela sostiene criterios académicos y morales elevados, los comunica con claridad, con certeza y se aplican de manera firme y consistente
“En una escuela con un apoyo de los padres fuerte y con apoyo de la comunidad, los profesores tienen una red de recursos a su disposición, para expandir y profundizar las oportunidades de aprendizaje que pueden ofrecer a sus alumnos” (p. 101). Las reuniones del proceso de la Carta de Jóvenes pueden enseñar a los profesores los recursos de la comunidad que tienen disponibles: negocios locales, organizaciones, museos, bibliotecas, miembros de la comunidad: de manera que la educación de los alumnos se mueve más allá de la clase y pasa a la dinámica de la vida social. Es necesaria una comunidad con una carta de jóvenes fuerte, en la que se pongan sobre la mesa (de aprendizaje) todas las habilidades que pueden aprender (teóricas o profesionales) los alumnos, con una perspectiva más amplia sobre lo que los alumnos necesitan aprender en la vida, y todos los recursos de una comunidad se pueden disponer para promover esas habilidades en los jóvenes. Así los profesores que intentan enseñar a los alumnos, van a recibir un apoyo más fuerte de la comunidad, incluso cuando los resultados no son buenos. Esta Carta de Jóvenes, puede ayudar a los profesores a defender, a explicar a la comunidad que los alumnos también tienen un buen futuro cuando no tienen buenos resultados en los exámenes, si se les ofrecen las oportunidades educativas que necesitan. Al integrar las metas de aprendizaje de la escuela con las expectativas y criterios de la carta de jóvenes, los profesores pueden enseñar para el futuro, en lugar de enseñar para el examen. Para lograr este objetivo, los profesores pueden seguir algunas recomendaciones:
- La primera prioridad del profesor debe ser promover la motivación por aprender en el alumno
- Para aumentar la motivación de los alumnos, los profesores tienen que encontrar las conexiones entre la clase y la vida de los alumnos, presente y en el futuro
- Los profesores deberían crear redes de apoyo con los padres y otros miembros de la comunidad
- Los profesores deberían mantener estándares académicos y morales elevados para todos los alumnos, sin excepción
Con respecto a la reforma de las escuelas, el autor considera que es un tema esencial a la carta de jóvenes, que está conectada con sus metas de aprendizaje. Hace unas recomendaciones:
- Los profesores tienen que restablecer el aprendizaje de los alumnos como su primera prioridad, y deben tener cuidado de no perjudicar el aprendizaje de los alumnos por tener como prioridad otros asuntos sociales
- Las escuelas tienen que tratar a los profesores como colegas de investigación, más que como trabajadores, y los profesores tienen que centrarse en las necesidades de sus alumnos, más que en las reglas de trabajo y las condiciones laborales
- Las escuelas deberían enseñar el arte y la ciencia de grandes trabajos, más que enseñar a interpretar los textos de forma crítica: la comprensión de la ciencia, la literatura, el arte, la historia y otras materias, tiene que ser el objetivo más importante de la enseñanza, con un sentido del asombro y aprecio por los grandes logros de la humanidad
- Las escuelas deberían basar sus criterios para sus alumnos y profesores en un rango más amplio de indicadores que los exámenes estandarizados
- La reforma escolar debe derivarse de las necesidades y los valores de la comunidad, manteniendo lazos estables y cercanos entre los profesores, los padres y otros agentes educativos


Escenarios para la orientación y el crecimiento

CAPITULO 6. Más allá de la escuela: deportes, amigos, mentores, trabajos

La vida de un niño enseguida se expande más allá de su casa y su escuela. Hay nuevas personas y nuevos entornos que entran en escena. Cada una de las relaciones que establece forma el carácter del niño y su competencia. Los niños tienen que aprender a conseguir lo mejor de cada una de las influencias que encuentran en el mundo, y los padres no deben esconderles de ellas, sino que su meta debe ser ayudarles a elegir las influencias externas que sean constructivas, y no las destructivas. Para que los jóvenes puedan explorar toda su personalidad, su inteligencia, su moral, la estética, el potencial atlético, tienen que tener acceso a recursos de la comunidad que están fuera de la familia y de su escuela. Tienen que facilitar estas exploraciones y guiarles en las mismas, de acuerdo con los principios que pueden integrar una carta de jóvenes.
Respecto del deporte, el autor considera que deben ser una prioridad de la financiación pública y de otras formas de apoyo de la comunidad (dejarles espacio, instalaciones, entrenadores voluntarios). Los padres y los entrenadores deben enfatizar las normas de conducta como la meta primordial de los deportes para jóvenes. Los jóvenes tienen que tener oportunidades para participar en deportes tanto individuales como de equipo. Los programas de deporte para los jóvenes tienen que animar a la participación amplia por medio de deportistas comunes y también de las estrellas del deporte. Los programas de deportes para los jóvenes tienen que ser coordinados de manera cuidadosa con otros eventos de la comunidad y con otras actividades para los jóvenes. Con respecto a los amigos, la primera prioridad de los padres debe ser animar y guiar las iniciativas de su hijo con sus amigos, favorecer la amistad, más que bloquearla o que obstaculizarla. Los padres no pueden crear o elegir las amistades de sus hijos, pero pueden conectar con el mundo de los iguales de su hijo de manera constructiva. Los adultos deben mantenerse informados de los riesgos asociados con los grupos de iguales de jóvenes en su comunidad, deben conocer qué es lo les sucede y lo que suelen hacer. Los miembros de una comunidad deben formar coaliciones entre ellos, y con instituciones locales, con el propósito de eliminar las condiciones de riesgo que rodean a las amistades de los jóvenes.
Los mentores y los trabajos son para los jóvenes una búsqueda de sus vocaciones. Los mentores, cuando son miembros de la comunidad, son personas que les enseñan en sus campos de deportes, en la biblioteca, en museos, en trabajos, en grupos de música o de teatro, en clubes del vecindario, conocimientos prácticos que se extienden mucho más lejos de su trabajo escolar. Un mentor es una persona de la comunidad que puede enseñar habilidades a los jóvenes, pero también hace algo más, les da un sentido del propósito en sus intereses ocupacionales: les ayuda en la búsqueda de lo que quieren hacer. La vocación implica un propósito mayor en los logros que uno quiere alcanzar, uniendo las ambiciones personales con el servicio a la humanidad. Esta es una noción esencial de la carta de jóvenes, porque sitúa en un contexto de comunidad (necesidades de la sociedad) la búsqueda individual de las metas, del logro. Si queremos preparar bien a los jóvenes hay que moverse en dos direcciones más allá de la escuela: en horizontal, creando oportunidades de mentorización en las comunidades (para los jóvenes) y verticalmente, vinculando los talentos de cada joven con una mentorización, con experiencias que le llevarán a su futuro trabajo, vocación. Horizontalmente en los distintos contextos de desarrollo de una comunidad, verticalmente hacia el futuro de un joven, esto define los programas de desarrollo de una carta de jóvenes. Las orientaciones que proporciona el autor son las siguientes:
- Las instituciones de la comunidad, de todos los tipos, deberían crear la oportunidad de aprendizaje para los adolescentes, y los padres y profesores deberían animarles a buscarlas (trabajos de tiempo parcial, becas, o formación en un arte o en un deporte). Son actividades en las que toda comunidad tiene agentes sociales que pueden participar ofreciendo oportunidades para aprender.

- Padres y profesores deberían abrir vías de comunicación a aquellos que proporcionan mentorización externa a los jóvenes: para asegurar que los jóvenes encuentran las mismas normas y expectativas en donde vayan, en todas sus experiencias educativas. Si todas las personas importantes de una comunidad comparten unas normas, los jóvenes van a aprenderlos.

- Quienes emplean y educan a los jóvenes deberían buscar la oportunidad de proporcionarles una mentorización, una guía sobre estándares de comportamiento y sobre cómo sostener los valores de la comunidad. También es importante que un mentor conozca las metas, taletnos e intereses de un joven.

- Cada persona debería tener múltiples oportunidades para recibir una mentorización, sin que importe si su historia ha sido problemática, porque es una oportunidad excelente de que el joven se pueda reeducar y cambiar a un buen camino.

PARTE 3: La visión desde lo alto

La visión desde lo alto

CAPITULO 7. Los medios de comunicación

La influencia de los medios de comunicación está por todas partes. El autor explica en este capítulo lo que puede hacerse ante las imágenes y las ideas que transmiten constantemente. No se puede ignorar que tienen un efecto educativo, capaz de arruinar los esfuerzos de una comunidad por orientar bien a sus jóvenes. Pero tienen también un potencial para ayudar a los jóvenes a desarollar habilidades que van a necesitar, también a comprender cómo es el mundo en el siglo XXI. Una carta de jóvenes puede, de muchas formas, ayudar a los padres a recuperar su control sobre esta influencia. Mediante sus reuniones pueden hacer declaraciones, como comunidad de padres y educadores, a los medios de comunicación, teniendo un impacto sobre las decisiones que toman los productores y los expertos en marketing. ¿Cómo pueden los padres lograr que lo que ven sus hijos en los medios de comunicación sirva a buenos intereses en lugar de a otros intereses?
Tienen que ejercer un control en casa, sobre lo que los hijos pueden ver en la televisión o en internet, sobre videojuegos, etc… Pueden controlar mejor lo que ven sus hijos si se ponen de acuerdo sobre las respuestas que darles: si a uno le dejan usar una web y a otro no, se pierde la autoridad por la falta de acuerdo. Una carta de jóvenes que contemple esto, a largo plazo tiene el efecto de una acción colectiva, y sí se repite en muchas comunidades va a tener un resultado sobre las audiencias y cifras de ventas de productos del mercado, lo que hará a los productores o empresarios responder, ponerse del lado de los objetivos educativos de la sociedad. Es necesario proporcionar a los niños con la orientación que necesitan para abrir la comunidadión con ellos sobre los programas que ven. Los padres pueden dar a los hijos una orientación muy valiosa sobre el sentido de la violencia gratuita, de las escenas de sexo, de otros temas que pueden abordarse con preguntas, tratando temas morales. Hay que encontrar formas de que los chicos aprendan algo sobre la complejidad de la vida, mediante grandes obras de arte que les pueden enseñar mucho desde pequeños, porque retratan la riqueza de la vida. Los medios actuales son muy superficiales. Hay que crear contenidos de los medios de comunicación que mejoren el ánimo, que motiven, que tengan un sentido educativo aunque no dejen de ser divertidos, que sean auténticos, que informen, que supongan un desafío a la inteligencia de los chicos. Hay que favorecer las iniciativas individuales y la visión personal del mundo, en un esfuerzo creativo que no puede imponerse, sino que debe responder a la inteligencia colectiva.
Los riesgos de los medios de comunicación actuales son la pasividad que pueden provocar, la pérdida del rango atencional del chico, crear expectativas de un poder instantáneo, la búsqueda de experiencias cumbre. Sus potenciales beneficios son la integración de diversos modos de comprender la realidad (en las distintas formas narrativas y de significado), la interacción con sistemas simbólicos cibernéticos – que están pasando de ser una experiencia pasiva a una mucho más activa, por el uso de internet o por nuevas formas de televisión interactiva-, la participación social, ya que estos nuevos medios les permiten formar redes sociales y también los medios de comunicación tradicionales (música, cine, etc..) son experiencias que suelen compartirse.
¿Cómo se puede mejorar la participación de los chicos en los medios de comunicación? Tiene que ser una experiencia activa – aumentar sus capacidad de observación, de inferencia, de examen crítico, de generalización-, tiene que ser una experiencia limitada y que no sustituya a la actividad individual o social en la vida real, tiene que ser una experiencia integradora para el niño que combine varias formas de expresión artística – ayudándole al chico a integrar múltiples formas de inteligencia-, tiene que ser una experiencia profunda para el chico y esto requiere que el mercado de estos contenidos evite la superficialidad (para lo cual es muy importante que los padres y las comunidades ejerzan una presión positiva sobre los productores y medios), tiene que ser una experiencia social, en la que se pueda luego hablar y aprender más sobre lo que se ha visto o se ha vivido. Tiene que ser, por último, una participación por los medios electrónicos, como los ordenadores, que potencian mucho la inteligencia de los chicos.


La visión desde lo alto

CAPITULO 8. Capacitando a una sociedad que incapacita

En este capítulo el autor expone una visión propia de la psicología positiva, que intenta evitar por todos los medios posibles que la sociedad se vuelva incapacitante, que los alumnos o las familias con problemas se sientan con un déficit, para que en su lugar promuevan comunidades capaces de responder a las dificultades, de crear recursos o habilidades. El modo como se enfocan los problemas, las barreras individuales o colectivas al desarrollo, determina si la sociedad se está convirtiendo en capacitadora. Es necesario encontrar un sentido del propósito, para que los jóvenes puedan vincular sus vidas y progresar en su desarrollo. Tienen que creer en algo más allá de ellos mismo: sus metas, una misión, la devoción por los demás, una fé religiosa. Son mensajes, de la cultura y del modo que abordamos la educación – sobre todo ante los problemas-, que llevan a los chicos a cerrarse sobre sí mismos, en lugar de desarrollar sus talentos y buscar metas que les inspiren y a las que puedan dedicarse.


La visión desde lo alto

CAPITULO 9. Gobierno: su papel apropiado

El autor propone, ante la situación que tienen los gobiernos respecto de la educación familiar, que las cartas de jóvenes sean una base sobre la que organizar sus acciones. Las familias perciben que la autoridad de los gobiernos, cuando afecta con sus decisiones a la educación paternal, es distante, fría o invasiva. Unos expertos proponen una mayor intervención, otros lo contrario. La “causa de los niños”, tomada en serio por los políticos, ha tenido consecuencias muy positivas y está teniendo una mayor relevancia en la agenda política, lo cual supone nuevos recursos, mejores oportunidades de educarse, bienestar y protección. Pero el autor considera que para que esta acción a favor de la educación tenga éxito, debe encontrar la dirección correcta: una dirección positiva en la que se construya sobre las virtudes inherentes del niño, de forma que le inspire, le de esperanzas, le ofrezca criterios más altos y expectativas más elevadas. Sus familias y comunidades son los recursos más valiosos de los niños, y estas acciones educativas tienen que construir a partir de estos recursos un desarrollo positivo. No se puede sustituir el papel educativo de la sociedad civil, del entorno cercano al niño, sino que se debe apoyar a esas comunidades, para que estén más unidas. Un gobierno activo a favor de la educación puede proporcionar muchos recursos para familias y escuela, y este papel de los gobiernos está aumentando, pero se equivocan cuando lo hacen de tal manera que crean una visión negativa del desarrollo de los jóvenes y cuando debilitan la autoridad de los padres. Los padres y educadores que participan en el proceso de una carta de jóvenes, deben intentar que las iniciativas del gobierno apoyen una educación familiar responsable, las comunidades en las que los mentores eduquen más allá de la escuela en habilidades útiles para la vida, los criterios exigentes y las aspiraciones positivas de los padres y la comunidad con respecto a sus hijos.

PARTE 4: El método

El método

CAPITULO 10. Orientaciones para construir la carta de los jóvenes de una comunidad

El autor explica brevemente en este capítulo el modo de crear una carta de jóvenes en una comunidad. En apéndices posteriores ofrece ejemplos reales, que concretan este proceso. Primero se debe definir la carta de jóvenes: conjunto de normas y expectativas, escritas o no, que se comparten entre todos los adultos que influyen sobre la educación de los jóvenes de una comunidad. Atiende a los temas centrales del carácter y la competencia de los jóvenes, para lograr que sean ciudadanos responsables. Incluye un plan para comunicar criterios exigentes y expectativas a los jóvenes, y se desarrolla en función de las necesidades y recursos de cada comunidad.
Comienza con una reunión de la comunidad, que empieza a trabajar en pequeños grupos para definir las normas y expectativas. En el grupo completo se exponen las conclusiones de estos grupos, en los que hay representantes de cada agencia educativa. Se forman grupos de trabajo para tratar nuevos temas, y se crean rutinas de comunicación, y se fijan reuniones con los jóvenes para que puedan participar. Cada dos años se debe renovar esa carta de jóvenes. El autor explica un calendario para realizar este proceso, que se puede seguir en detalle o adaptarlo a cada comunidad. Comienza por planificar el foro cívico que va a formar parte de esta carta de jóvenes, con reuniones desde un grupo que se van ampliando a otros. Luego hay una etapa de iniciación, de entre 7 y 8 meses, en las que hay reuniones todas las semanas en el foro cívico, y comienzan a formarse los grupos de trabajo. En la fase de alcance a la comunidad, que dura entre 9 y 10 meses, esos grupos de trabajo dan forma a la carta de jóvenes, abiendo esos grupos a la comunidad y permitiendo la participación de más gente, aceptando sus sugerencias. En una fase posterior se implementan los planes de acción, lo que dura entre 11 y 20 meses, pr medio de grupos de trabajo y tratando con preocupaciones concretas de la comunidad. En la última fase, se actualizan las cartas de jóvenes cada 24 meses, aproximadamente. Cómo se publicitan las cartas de jóvenes: mediante anuncios o artículos en periódicos locales, por publicidad en páginas web, con planfletos y posters en la ciudad o la comunidad. Son muy importantes estos pequeños grupos, y que sean representativos, y que sean amplios, que se puedan incorporar más personas y lleguen a tratar en profundidad uno de los problemas, el que le corresponda como “task force”. El autor explica a continuación pueden ser más productivas esas reuniones, con orientaciones para manejar el tiempo y abordar los temas. Da otras orientaciones sobre cómo deben actuar los facilitadores.
Los jóvenes tienen que participar en esa carta, en las tres fases de su proceso de elaboración: creación, implementación, actualización. Es importante que establezcan una relación de confianza, entre adultos y jóvenes, que haya intercambio. Los adultos tienen que crear buenos mecanismos para que los jóvenes puedan participar. Cada grupo, jóvenes y adultos, debería tomarse en serio las preocupaciones de los demás, y es muy importante que los adultos tengan un papel de liderazgo, al mismo tiempo que encuentran la manera de comprender las perspectivas de los jóvenes.