The Development of the Person 
El desarrollo de la persona 
The Minnesota study of risk and adaptation from birth to adulthood
El estudio de Minnesota de riesgo y adaptación desde el nacimiento a la edad adulta

The Guilford Press, Nueva York, 2005
Nº de páginas: 0

Resumen y traducción: Rafael Bernabeu
 

COMENTARIO

El estudio de describen los autores en este libro es interesante para comprender cómo los niños y adolescentes están desarrollándose como personas. El autor y sus colaboradores han estudiado a un grupo de niños de Minneapolis que crecieron en situaciones de riesgo, durante todo su desarrollo hasta la juventud, para observar toda la complejidad de influencias que han ido conformando su desarrollo, y sobre todo para lograr predecir cuales son las que más ponen en riesgo su adaptación. Es un libro que se dedica en su mayor parte a encontrar correlaciones en un sistema social que incluye la familia, la escuela y la comunidad, entre unas experiencias y unos resultados en el desarrollo. Es una perspectiva probabilística, no determinista, del desarrollo humano, que nos permite comprender toda su variabilidad, y que demuestra que hay leyes en su proceso, por tanto, que podemos mejorarlo con las intervenciones adecuadas. Para nuestro proyecto de los cursos de padres es muy relevante el análisis que hacen sobre la influencia de las relaciones de apego, de los primeros cuidados que recibe el bebé, sobre la adaptación de la personalidad infantil y adolescente. Es un libro muy interesante, que también nos puede servir como modelo para evaluar nuestros propios cursos a largo plazo, ya que suponemos que la experiencia acumulada, en una educación familiar como la que proponemos, va a ir dando ventajas a los chicos en el logro de sus metas, va a hacer sus personalidades más inteligentes y adaptadas a la realidad.
INDICE
PARTE 1: Comprendiendo el desarrollo

Comprendiendo el desarrollo

CAPITULO 1. El desafío

Este libro trata de demostrar características importantes del desarrollo humano. Es el resultado del Minnesota Study, realizado durante más de 30 años. Comenzaron con un estudio longitudinal de los niños en la primera infancia y edad preescolar, eran niños nacidos en un entorno de pobreza, que fueron evaluados antes de nacer (en el embarazo), haciendo una evaluación en cada edad, mediendo distintos dominios de su desarrollo, estudiando el desarrollo tanto adaptativo como el que no se lograba adaptar, teniendo en cuenta las características del entorno y con mediciones en etapas tempranas sobre sus relaciones. Comenzaron a mediados de los años 70, cuando los niños que nacían en esas condiciones en Minneapolis estaban en clara situación de riesgo, junto a otros factores, como que sus padres fuesen solteros, con poca educación, con problemas de drogas o de alcohol. Esperaban que algunos de estos niños tuviesen problemas, pero también que otros creciesen bien: la teoría que manejaban en ese momento los investigadores era que la mitad de los niños, aproximadamente, se desarrollarían bien, lo cual era llamativo, dados los problemas del entorno. La otra mitad tendrían problemas importantes. Al conocer la dinámica de cada familia, los investigadores podían ver cual era el papel de las experiencias tempranas: las diferencias en la educación familiar entre unos y otros niños, y los resultados de los cuidados muy negativos.
En su teoría del desarrollo humano, los autores postulan: a) no hay nada más importante en el desarrollo de un niño que los cuidados recibidos, incluyendo la primera infancia, b) los individuos siempre reciben el efecto de una historia acumulativa de experiencias, y las primeras experiencias no se borran, aunque haya posteriormente cambios importantes, c) las características personales, como la resiliencia y las formas de psicopatología, se construyen durante el desarrollo y no son características innatas, d) la división de las causas del desarrollo en dicotomías (padres o amigos, temperamento o experiencia, experiencia pasada o circunstancias actuales) es casi siempre falsa, e) el cambio y la continuidad en el desarrollo individual se producen con coherencia y son parte de las leyes evolutivas, f) la persona solo se puede comprender si aplicamos un modelo de las transacciones que se producen constantemente entre personas en su desarrollo y los apoyos y los desafíos a los que se enfrentan.


Comprendiendo el desarrollo

CAPITULO 2. Una perspectiva sobre el desarrollo

Este proyecto se llevó a cabo dentro de una nueva perspectiva emergente sobre el desarrollo humano: un marco teórico que estudiaba la interrelación del niño con su entorno. La perspectiva sistémica permitía estudiar la compleja relación entre el crecimiento de cada individuo y el desarrollo normativo. Utilizaron el modelo ecológico, o transicional, que en 1973 estaba teniendo una gran influencia, con los trabajos por ejemplo de Sameroff. Era necesario elegir los temás de mayor influencia sobre el desarrollo: comprender los patrones de adaptación en cada edad, evaluar los factores del contexto más relevantes y crear un modelo capaz de explicar la continuidad y el cambio en el desarrollo. El estudio tenía como meta seguir el modo cambiante como se organizaba el comportamiento, a partir de las interrelaciones entre distintas fuerzas del contexto, que actúan en distintos niveles y al mismo tiempo.


Comprendiendo el desarrollo

CAPITULO 3. Inicios

El estudio comienza con una recolección de datos muy extensa, durante las primeras etapas de la vida de los niños. Enfermeras y médicos hacían una observación en la primera semana, se hacían observaciones con sus madres a los 3 y 6 meses, y se evaluaba su desarrollo motriz y cognitivo a los 9 y 12 meses, y observaciones sobre el apego en la situación extraña a los 12 y 18 meses. En el primer año, habían hecho 11 evaluaciones a 200 niños, también se había entrevistado varias veces a las madres, mediante cuestionarios intensivos, tanto antes como después del parto. Se analizaron cuales eran sus expectativas, respecto de sus hijos, y la forma de verles, sus puntos de vista, también su personalidad, el modo como se relacionaban con sus hijos y las circunstancias en que estaban educando a sus hijos. Por ejemplo, estudiaron situaciones en las que los niños, en los primeros meses, experimentaban ya una situación de abandono, de pocos cuidados, en familias caóticas, con madre en situación permanente de dificultad, con problemas psicológicos. Es importante anotar que encontraron tres grupos de madres, con respecto a la manera como se enfrentaban a la maternidad, uno de los cuales tenía como rasgos destacados un nivel mayor de inseguridad, rechazo hacia el bebé, ansiedad sobre el embarazo, expectativas de que el bebé les provocaría mayores dificultades, mientras que en los otros grupos las madres mostraban más sensibilidad y conciencia psicológica de las complejidades del bebé. La línea de estudio fueron los sentimientos positivos o negativos de las madres, las percepciones sobre sus bebés, las expectativas sobre la maternidad, y los rasgos de personalidad de las madres (aquellos que iban a afectar a su cuidado del niño). Las madres con una personalidad muy dependiente, desconfiada, que se sentían impotentes ante sus propias vidas, sentían estos impulsos negativos hacia sus hijos con miedo, y no eran capaces de expresarlos. Mantenían unos sentimientos en conflicto, además de afrontar problemas sin resolver en sus propias vidas y tendían a ver a su hijo como “alguien que mejorará las cosas porque me querrá”. Pensaban que el bebé iba a satisfacer necesidades suyas, sin comprender del todo que el niño es autónomo y necesita determinados cuidados. Esta percepción parecía ser una huella de posteriores problemas en la maternidad, sobre todo si el contexto no ofrecía suficiente protección y apoyo.


Comprendiendo el desarrollo

CAPITULO 4. La estrategia de seguimiento

Cuales son los temas del desarrollo más destacados que han ido evaluando los autores a lo largo del estudio. En el periodo del “toddler” (2 y 3 años), tienen como tema principal la autoregulación guiada, como un logro esencial del niño, y como otros logros, la mayor autonomía, una mayor conciencia de sí mismo y de los otros, la conciencia de las normas de comportamiento, las emociones conscientes. En el periodo preescolar (3 a 6 años), el logro fundamental es la autoregulación, junto con los logros en la confianza en sí mismo con apoyos (ser agente), la dirección de su propio comportamiento, la expansión de su mundo social y la interiorización de normas y valores. En los años escolares, el logro fundamental es la competencia, y otros son la capacidad personal de afectar positivamente a los demás, la integración personal, la competencia con los iguales (el lugar en el grupo, el funcionamiento en grupo, la lealtad en la amistad), y la competencia en la escuela, el rendimiento académico. En la adolescencia, el principal logro es la individuación, que lleva consigo el logro de una autonomía conectada con los demás, de la identidad, de la competencia en la red de amistades (lugar en esa red, funcionamiento en esa red, relaciones íntimas), coordinación entre la escuela, el trabajo y la vida social. Finalmente, en la transición a la juventud, el logro principal es la emancipación, que va unida al inicio del curso vital elegido, a la responsabilidad con el dinero, y la competencia social propia de los adultos (socios y amigos, colegas, relaciones de trabajo estables) y la coordinación entre el trabajo, la formación, la carrera profesional y la vida social.
Las relaciones con iguales son muy importantes en el desarrollo de la persona. En los años preescolares, es fundamental que el encuentro con los amigos sea positivo, una participación que consiste en la elección de amigos, en manejar una relación sostenible – resolver conflictos, mantener las emociones en control, tener interacciones placenteras-, y en participar bien en los grupos. En la infancia media, es esencial la inversión afeectiva y vital que hacen los niños en el mundo de sus amigos: se forman relaciones de amistad leales, se mantienen las relaciones del mismo modo que antes – resolver conflictos, tolerar las experiencias emocionales difíciles y aumentar el yo en las relaciones-, y se logran grupos de amigos estables y organizados – con normas de grupo y con diferencias de sexo-. Los amigos se coordinan dentro del funcionamiento de un grupo, durante la infancia media. En la adolescencia la relación de amistad varía, y es esencial para formar la personalidad que los chicos sean capaces de integrar el yo y las relaciones con los iguales. Forman relaciones de intimidad, en las que se muestran como son y tienen relaciones de confianza, tanto entre el mismo sexo como con el otro sexo y también aparece la relación sexual. Se comprometen en las relaciones, tienen que negociar conflictos relevantes para la formación de su personalidad, se sienten emocionalmente más vulnerables y son capaces de expresarse a sí mismos y de elegir su identidad. Aprenden a funcionar en una relación dentro de una red, tienen que manejar varios sistemas de normas y establecer fronteras flexibles en sus relaciones. Por último, tienen distintas relaciones que tienen que aprender a coordinar, tanto en el mismo sexo como con el otro sexo, y adaptar la relación de intimidad con la relación en un grupo.
Todos estos aspectos fueron evaluados en el seguimiento de los niños a través de estas edades: los 2 y 3 años, los preescolares, la infancia media (toda la escuela primaria), la adolescencia y la juventud temprana (desde los 19 años). Se encontró, aunque se explica en detalle en los siguientes capítulos, que había una fuerte influencia de las expectativas de los cuidadores hacia el niño y de su comprensión de su desarrollo, sobre el modo de educarles y los resultados en todas estas tareas evolutivas. En los primeros años era esencial el conocimiento que tenían los padres sobre los cuidados a los niños, su desarrollo y lo que cabe esperar, y las fuentes de información con las que cuentan. En etapas posteriores, eran factores fundamentales las percepciones de la escuela y de cómo está su hijo en la escuela, la perspectiva sobre la paternidad y sobre la disciplina y si sienten que están educando con autonomía y si creen estar influyendo positivamente sobre su hijo. Se estudió el contexto social, para comprobar cuales eran las redes de apoyo de los padres, las relaciones de pareja y sus cambios y su calidad, el papel de los padres en la vida de los niños (no solo las madres) y sus situaciones económicas. Este estudio permitía también ver cómo los cambios en las condiciones socioeconómicas, a menudo, afectan a la educación familiar, sin que sea siempre un fracaso de los padres, sino que las situaciones de dificultad se vuelven permanentes y complicadas. Era fundamental en estos casos la red de apoyo social de la familia, la manera de adaptarse y de afrontar el estrés. Aunque la personalidad de los padres, que es un rasgo en cierto modo heredado por los hijos, va a influir sobre el curso de su desarrollo y adaptación, lo que se mostraba como la principal influencia era lo que los padres hacían con el niño. Por ejemplo, una personalidad agresiva de un padre, no predice los problemas posteriores en la conducta de su hijo, en tanta medida como lo preciden las muestras de hostilidad, redchazo o abuso del padres hacia el niño.

PARTE 2: Desarrollo y adaptación

Desarrollo y adaptación

CAPITULO 5. Adaptación en el primer año

En la primera infancia el estudio se centró en la calidad de los cuidados paternos, en cuales eran los determinantes de una buena maternidad, y en cómo el cuidado del niño se relacionaba con la calidad de las relaciones de apego entre bebe y padres, y en la influencias del contexto sobre su desarrollo temprano. Se demostró que había muchos niveles de influencia sobre este primer proceso evolutivo de la personalidad. La sensibilidad del cuidador hacia su bebé, no era tanto resultado de sus características individuales o de personalidad, sino de la interacción de muchos factores del entorno – de una complejidad psíquica-. Se demostró que la sensibilidad y la atención al niño predecía la calidad de las relaciones de apego, siendo la medida del desarrollo del bebé más integradora y que reúne todos los logros del bebé en esta etapa. Las diferencias en cuanto a la calidad de la interacción entre el cuidador y el bebé se distinguían por la combinación entre las fortalezas y las debilidades (vulnerabilidades) de los dos miembros de la relación de cuidado, pero dentro de un contexto más amplio, en el que intervienen fuentes de estrés y a su vez redes de apoyo social. Se encontró un patrón de resultados, que demostraba esta red de influencias, desde la relación personal cuidador-bebé, hasta el contexto en que se produce, de manera repetida a lo largo del estudio. Cuando los padres o madres tenían poca sensibilidad a la complejidad psicológica del bebé – complejidad que es un mecanismo de adaptación al entorno y de vinculación afectiva-, se podía predecir un trato al bebé más duro, más irresponsable, con cuidados menos atentos. Algunas madres demostraban una gran dificultad para comprender a sus bebés y también sus propios sentimientos, además que vivir en las situaciones de estrés propias de algunas de estas familias, sin las redes de apoyo necesarias y algunas habiendo tenido una infancia en la que no recibieron los cuidados adecuados. Si además estas madres tenían personalidades hostiles o desconfiadas, todo esto predecía unos cuidados irresponsables, e incluso de abuso hacia el niño. Los autores consideran que la seguridad en el apego, un logro fundamental de este primer años, proviene de la experiencia del cuidado. Cuando los bebés adquieren confianza de que sus cuidadores están disponibles y tienen unas respuestas positivas, es porque estos se lo demuestran constantemente. La seguridad en el apego con un cuidador refleja un historia de interacciones positivas y también que el apego está sujeto al cambio, de forma que puede ser más inseguro unas veces, y otras más seguro, en la medida en que los padres logran comprender al niño y proporcionarle los cuidados que necesita de manera sensible, o en función de la dificultad de las situaciones vitales de la familia. Cuando el entorno socioeconómico y familiar es menos estable, y los cuidados al niño varían más, el apego es más inseguro, y a su vez, cuando los padres lograban pasar de un apego con ansiedad a un apego seguro, informaban de que sus circunstancias vitales habían mejorado y tenían menores problemas. La seguridad en el vínculo de apego con las madres se veía perjudicada cuando la madre sentía menos alegría y otras emociones positivas con sus hijos, menos placer en la relación, menos gratificaicones, ya durante el primer año. No solo se trataba, por tanto de la habilidad en el cuidado, sino también de la afectividad, que tiene un papel fundamental en el desarrollo de las capacidades de interacción en el segundo año del niño. Entre los 12 y 18 meses, cuando hay este crecimiento en la relación afectiva, se encontraba un cambio desde actitudes negativas hacia el embarazo, hacia otras más positivas, junto con mejores cuidados, lo que cambia el entorno: las madres maduran, se hacen cargo de las tareas de cuidado y los niños empiezan a progresar.


Desarrollo y adaptación

CAPITULO 6. Adaptación en los dos y tres años: autoregulación guiada

Hay niños que pasan de la primera infancia al segundo y tercer año con una confianza profunda en la disposición del cuidado a su alrededor, en el apoyo con el que cuentan, que tienen una confianza en sí mismos que empieza ya a interiorizarse. Han llegado al comienzo de un aprendizaje del control flexible de las emociones y de la modulación de sus emociones durante estos dos años, sobre la seguridad del apego de la primera infancia. Es un periodo de autoregulación guiada por los cuidadores, lo cual les va a preparar para entrar en el mundo más amplio de la escuela preescolar y la relación con otros niños. Irán aumentando su capacidad de controlarse a sí mismos en distintos contextos. Es un entrenamiento, esto es lo importante en las conclusiones de este estudio en esta etapa, que opera en muchos niveles, desde regular los comportamientos, a regular las emociones y lograr el equilibrio en los sistemas de inhibición cerebrales. Son logros muy importantes en la personalidad, para poder afrontar tareas posteriores. Los niños que han formado una desconfianza en sus cuidadores, van a entrar a este periodo evolutivo con una dificultad, y normalmente van a salir de él todavía con mayores carencias porque son tareas que se logran con unos cuidados y una orientación adecuada. Son niños que tienen un apoyo inconsistente, un trato duro o poco comprensivo, con una disciplina que puede ser permisiva o autoritaria, que pasan de la sobreexcitación a sentirse decepcionados, que no toleran las frustraciones y no hacen el aprendizaje del control de los impulsos. No están seguros de ser capaces de estos logros, tienen formas rígidas de afrontar esos sentimientos y deseos, lo cual les vuelve muy incapaces ante los cambios rápidos que suceden en la etapa preescolar, tanto en su ontogénesis individual, como en el contexto y las tareas evolutivas. Son niños que no adquieren las bases de una respuesta empática hacia los demás, que no logran participar y vincularse de manera auténtica, lo cual es esencial para unas relaciones con los iguales competentes. Son niños que se vuelven malos hacia otros niños y reciben rechazo, que terminan teniendo muchas dificultades para controlarse a sí msimos, y poca flexibilidad para abordar los problemas. Aunque no son trayectorias evolutivas cerradas, sino que en periodos posteriores un mejor cuidado (fortalecimiento del apoyo) puede compensar la carencia en la etapa del “correteador”, sobre todo si el niño ha recibido en la primera infancia algunos buenos cuidados, que mantiene como “islas” de seguridad en el apego y de confianza. Por tanto, si este periodo es exigente evolutivamente y crea distancias drásticas, el periodo preescolar es más compensador y da más oportunidades al cambio positivo. Aunque ya a los 2 años se ven trayectorias evolutivas distintas, que tienen una fuerza sobre todo el desarrollo posterior.


Desarrollo y adaptación

CAPITULO 7. Adaptación en el periodo preescolar: la emergencia de una personalidad coherente

Los autores han evaluado a los 4 años y medio y a los 5 varios rasgos que indican la adaptación de la personalidad infantil: la curiosidad (relacionada con el apego seguro), el control flexible de uno mismo y el autocontrol, y los problemas de comportamiento (capacidades de autoregulación), la confianza en uno mismo, la autoestima y la autoconfianza (en relación con la dependencia afectiva posterior y siguiendo la teoría del apego), la competencia social, las emociones interpersonales y la empatía (la efectividad social). A los 4 y 5 años se encuentra que una adaptación positiva se ha ido construyendo a partir de una historia anterior de cuidados y de adaptación. La teoría del apego permite demostrar una continuidad en la adaptación individual al entorno, en una historia de la vinculación afectiva que se combina con otros factores de predicción. Cómo emergen los patrones de adaptación en la edad preescolar: los autores consideran que surgen en las relaicones de cuidado. Hay grupos de niños que mantienen relaciones con sus cuidadores y con otros niños de rechazo y de resistencia, que tienen distintos patrones de adaptación. Los problemas de cada grupo de niños, tal como los fueron evaluando, eran distintos. Se puede encontrar esta diferente adaptación al estudiar la dependencia afectiva y los problemas con los iguales. Se dan varios patrones de adaptación problemática en la edad preescolar: a) el niño hostil, malo, agresivo, antisocial, b) el niño emocionalmente aislado, asocial, solitario, c) el niño desconectado, que está al margen, que parece psicótico, d) el niño sobreestimulado, que se frustra con facilidad, tenso o ansioso, impulsivo, que se evita los problemas más que mostrarse hostil, e) el niño dependiente, pasivo, débil, indefenso, que es dependiente de los cuidadores. La calidad de las relaciones entre el niño y el padre predecía los resultados en su adaptación en estos años, también la relación con el profesor. El contexto seguía siendo un predictor de la relación cuidador-niño y de la consecuente adaptación de este. Hay dos fuentes de apoyo importantes: la implicación y el apoyo de la abuela materna, y que el principal cuidador tenga una pareja estable y que le proporcione apoyo. Todas las medidas de satisfacción en la pareja y de apoyo social correlacionan con resultados positivos de manera fuerte, más que cualquier otra influencia en estos años.
El apoyo del entorno suele estar relacionado con la adaptación en cada edad de los niños, y da cuenta de muchos de los cambios en el modo de adaptarse – de la continuidad y la estabilidad del desarrollo de la personalidad infantil, que le permite atravesar momentos de desequilibrio y resolverlos-. Las medidas del apego seguro, de una personalidad estable (anteriores) dependen del apoyo general que da el entorno al niño, de la familia y los amigos, en todas las evaluaciones que realizaron los investigadores en la primera infancia y en la edad preescolar. Había una gran capacidad predictiva, de la adaptación de la personalidad infantil, cuando se combinaban las medidas de apoyo del entorno al niño, con la calidad del vínculo de apego y otros predictores tempranos de competencia personal. Lo que demostraba que la adaptación, desde las primeras edades, es resultado de una historia de experiencias acumuladas y de las circunstancias en el presente. Cuando aparecen problemas de comportamiento en la edad preescolar, hay una historia anterior de apego inseguro (ansiedad) en la mayoría de los casos. Pero hay niños que logran mejorar esa historia de comportamiento problemático en estos años, de manera excepcional, y se debe a que los padres habían mejorado su red social de amigos y de familiares, y tenían menos estrés que en años anteriores. En el periodo preescolar, las dificultades en la familia son un predictor muy fuerte de problemas de comportamiento en el niño. Cuando las madres que han tenido situaciones difíciles en la primera infancia logran resolverlas, mejoran en la relación con sus hijos, les tratan con más respeto hacia su autonomía, admiten mejor su deseo de exploración y les proporcionan un entorno seguro, estructurado. Son madres que logran proporcionales límites claros, que no se vuelven intrusivas, que son comprensivas, cálidas afectivamente y que les proporcionan apoyo. El cambio se demuestra posible, y de demuestra también que obedece a unas leyes de adaptación ante las dificultades: si mejoran las circunstancias personales de los padres, lo hace la adaptación de la educación familiar a sus objetivos, y la del niño a su entorno. A los 5 años los niños en este estudio habían formado ya unas personalidades coherentes, con formas propias de regularse y de controlarse, de relacionarse con el mundo físico y social, y cada niño mostraba una organización característica entre distintas situaciones, que le caracterizaba individualmente, y los autores consideran que esta estabilidad surge de las variaciones en el cuidado y en el patrón de las relaciones entre el padre y el niño, desde etapas anteriores a que se pueda observar esta organización del comportmaiento. Sobre esta base, se dedican a estudiar en etapas posteriores cómo los patrones de adaptación en la edad preescolar predicen la continuidad o el cambio en la adaptación en años posteriores.


Desarrollo y adaptación

CAPITULO 8. Adaptación en la infancia media: la era de la competencia

La adaptación que muestra un niño en la escuela, cuando llega a la etapa de latencia, hacia los 11 años, es resultado de su preparación durante todos los años anteriores, de un entrenamiento constante. Muestran una competencia aprendida, a base de superar durante años las dificultades que supone adquirir cualquier habilidad, como por ejemplo pasar de un pensamiento mágico a uno realista. Tienen una capacidad como agentes de su propio desarrollo impresionante, que depende de una base de apego y de exploración segura, para mostrar todo su potencial, la cual se ha debido adquirir y ha ido cambiando desde la primera infancia. Necesitan haber experimentado una curiosidad con seguridad emocional, una orientación durante la edad preescolar, junto con el reconocimiento, el elogio por sus logros. Necesitan ir formando grupos de amigos con relaciones positivas, con una confianza entre ellos, que van a emerger desde un esfuerzo en la edad preescolar por relacionarse, por lograr esas buenas interacciones. También esta competencia social proviene de un impulso muy fuerte en el niño por vincularse con sus iguales, que dependerá de la conexión interpersonal y de la regulación emocional que tienen sus padres durante estos primeros años. Aparece el desarrollo de la personalidad coo un proceso lógico, al analizar las evaluaciones de los niños en estos años, resultado de procesos coherentes que provienen de logros anteriores. La infancia media o edad escolar demuestra con mucha claridad esta coherencia, ya que los rasgos de la personalidad de cada niño se disponen de manera muy significativa. Las dinámicas de la competencia del niño – o recursos-, ilustran muy bien su desarrollo, y las variables tienen un alta correlación, es decir, hay una integración de la personalidad, también cuando los resultados no son los deseables. La resiliencia en el yo, la agencia personal, aparecen como dos fuerzas de su crecimiento, que les permiten funcionar bien en muchas de las tareas. Hay una estabilidad en el desarrollo, ya que cuando se consideran todas las variables del contexto que están influyendo sobre la personalidad, se puede predecir el desarrollo de un niño con una confianza de .60, lo cual indica que su desarrollo de la competencia, en todas sus áreas, es resultado de los aprendizajes en su contexto real de crecimiento, y que pese a ser un sistema de influencias muy complejo, pueden predecirse sus resultados y actúar sobre el mismo educativamente para mejorarlo. La adaptación del niño en la infancia media se apoya sobre el cuidado, un contexto cuidadoso, que se va a ampliando a un contexto más amplio de relaciones y de desafíos a los que hacer frente. El comportamiento individual que está mostrando cada niño, aunque está sujeto a la influencia más directa del entorno en el momento presente, se basa sobre una organización de la personalidad que le precede. Los investigadores encontraron una consistencia muy alta en sus resultados, sobre todo porque las correlaciones, entre unos factores y sus resultados, aunque no siempre eran muy significativas, siempre influían en el sentido correcto, como predicen las teorías sistémicas del desarrollo – interacción de múltiples influencias del contexto en la organización de la personalidad infantil, en las que además interviene la resiliencia y la capacidad de agencia en su desarrollo de cada niño individualmente-. No se dan casi nunca correlaciones entre apego seguro y baja competencia en la infancia media, por ejemplo, y cuando hay un cambio en el sentido de la evolución personal – un niño que pasa del apego seguro al inseguro, o al revés-, es un cambio que sigue unas leyes, que tiene unas razones, y cuyas causas pueden encontrarse en el apoyo temprano recibido por el niño, en el apoyo posterior y en cómo han ido cambiando las circunstancias vitales. Esta es la idea básica de los autores, la de la coherencia del desarrollo, aún cuando se estudie en un contexto complejo.


Desarrollo y adaptación

CAPITULO 9. Adaptación en la adolescencia: autonomía con relaciones

Las conclusiones de los investigadores al estudiar los procesos de adaptación en la adolescencia indican que los problemas en esta edad provienen, como el factor predictivo con más fuerza, de un clima de violencia, caos y disrupciones en la familia durante los primeros años de la vida del niño, y durante los posteriores (aunque con menos peso). La presencia del padre, o de un cuidador masculino, es esencial en la adolescencia para la prevención de una mala adaptación. Y los comportamientos de riesgo entre sexos, se pueden predecir mejor a partir de lo que se ha observado en la infancia media como una agresividad o ruptura de los límites de respeto entre chicos y chicas. El apego que se ha formado en etapas anteriores del desarrollo de la personalidad se relaciona de manera más clara con los resultados que en la adolescencia van a afectar a la intimidad y la confianza: el apego tiene un papel esencial en la comprensión de cómo la personalidad del adolescente logra adaptarse a los cambios, y permitir un funcionamiento personal adecuado, o conflictivo. Las evaluaciones de los autores a los 16 años se centraron en la competencia social (amistades, relaciones chicos-chicas), en el logro y el ajuste en la escuela, en los problemas de comportamiento (si había una historia de malos tratos y de problemas de comportamiento ascendentes, si eran testigos de violencia, cual era el papel de los hombres en su familia, el apoyo social en general y el riesgo acumulado). Los resultados positivos en estas medidas, se relacionaban con las experiencias anteriores en la relación con los demás, con la estabilidad de la familia, la vida de las madres (en cuanto al estrés) y el apoyo que proporcionan a sus hijos, sobre todo en las medidas de la competencia social. Era igualmente predictivo el respeto en las relaciones con los demás en la infancia media y la formación en estos años de relaciones de intimidad, la capacidad de hablar sobre uno mismo, de formar lazos de confianza en las relaciones románticas. Las chicas se mostraban más capaces que los chicos en este sentido. El éxito escolar podía predecirse también por una variable de experiencias acumuladas, de éxitos o fracasos, así como por la estabilidad del entorno familiar, por la importancia que le concedían a los estudios y por la calidad de las relaciones con los iguales. Con respecto a los problemas de comportamiento, el análisis de los autores demostraba la existencia de un rango de factores: el estatus socioeconómico de la familia, el estrés vital, los conflictos entre los padres, las disrupciones familiares, la calidad del cuidado experimentado por el niño. Los cuidados tempranos se relacionaban fuertemente con los problemas de comportamiento a los 16 años, así como la competencia en la escuela primaria y el apoyo de la madre en esos años. Si había una historia previa de problemas de comportamiento, se podían predecir problemas en esta edad. Las relaciones familiares debían enseñar a mantener los límites de respeto, entre padres e hijos, si se esperaba encontrar una mayor resistencia a los riesgos o comportamientos problemáticos en la adolescencia. El maltrato en la primera infancia correlacionaba de manera positiva con los problemas de comportamiento en la adolescencia, se relacionaba con la delincuencia, sobre todo si había una historia previa de “no disponibilidad” de los padres. Presenciar situaciones de violencia también predecía problemas, y la presencia de un cuidador masculino en la vida del niño, podía ser un factor de riesgo o bien de protección, según cómo fuese su relación familiar, ya que en algunos casos era disruptiva y aumentaba los riesgos. El apoyo de otros cuidadores tenía una gran relevancia, pudiendo ser los abuelos, otros familiares o amigos de la familia, y la calidad del apoyo dado en la infancia también les definía como grandes factores de protección, sobre todo si había una continuidad en el cuidado. Predecían la competencia con los iguales y el ajuste en distintas edades, hasta la adolescencia, como periodo en que ejercen de modelos de comportamiento. El contexto tiene un papel de importancia creciente en la formación de la personalidad adolescente, y se ve más claramente el impacto acumulado de los recursos que se han ido proporcionando al niño.


Desarrollo y adaptación

CAPITULO 10. La transición a la edad adulta

En cada edad se afrontan las tareas más esenciales y se construye el desarrollo sobre la base de los logros en edades anteriores. Sobre todo cuando se acumula una experiencia, el cuidado recibido en las primeras relaciones de apego se demuestra muy importante. Por ejemplo como demuestran las consecuencias dramáticas del maltrato en la primera infancia, sobre la perturbación del desarrollo en esta edad de transición. Cuando los primeros cuidados infantiles se han combinado con un cuidado posterior estable, se predice con más potencia el buen desarrollo, la adaptación positiva, sobre todo si se incluyen también las experiencias que el niño ha vivido con sus padres y sus iguales. A los 19 años los autores midieron el ajuste global del chico o la chica, a través de una entrevista. Se estudió cómo la persona estaba progresando hacia su autonomía, mediante tres criterios: 1) progreso en la formación, en la escuela o el trabajo, 2) relaciones significativas con la familia, los amigos y los iguales, 3) nivel funcional de conciencia de sí mismo. Las características que mostraban un buen desarrollo eran: mantener de forma estable una formación (escolar o profesional), que se puede combinar con un trabajo, obtener un apoyo familiar en estas tareas evolutivas, tener un grupo estable de amigos con los que relacionarse, tener experiencia de la relación íntima (chicos-chicas), y lo más importante, ser capaces de reconocer los errores, superar los obstáculos, afrontar los problemas de esta edad de transición y elegir progresivamente un curso vital propio, no exento de problemas, sino con la capacidad de agencia y de sentido, con la resiliencia suficiente para progresar con independencia, aunque dentro de redes de apoyo social. Es la capacidad de elaborar planes, y de irlos cambiando, superando las frustraciones, y de manera realista, lo mismo con respecto a las relaciones personales, en las que interviene la capacidad de comprenderse a uno mismo, de conectar unas experiencias con otras. De nuevo la competencia mostrada en etapas anteriores correlacionaba con la adaptación en esta edad: la competencia con los iguales en preescolar, la competencia académica en la escuela primaria, el estrés familiar y el apoyo en esos años, eran correlatos muy significativos (.30) del ajsute a los 19 años. El cuidado temprano también era muy predictivo del buen ajuste en este año. Tener una red de apoyo social fuerte a los 19 años predice un buen resultado en esta transición a la vida adulta. Las relaciones románticas que se establecen en estos años son importantes, y es una variable de gran influencia la satisfacción en la intimidad, o las dificultades, la calidad de estas relaciones. Son capacidades que se adquieren en la infancia, para funcionar bien en una relación romántica, como parte de toda la experiencia social anterior del individuo, la cercanía emocional con los cuidadores, el apoyo constante de los padres, la competencia con los amigos. La relevancia del apego en todas las etapas que suponen un desequilibrio, por ser de transición a otra edad, se observa en que las relaciones se vuelvan problemáticas, o mantengan una estabilidad, pese a aparecer conflictos propios del desarrollo.

PARTE 3: Desarrollo y psicopatología

Desarrollo y psicopatología

CAPITULO 11. El proceso evolutivo

Esta parte del libro presenta los resultados del estudio en relación con los problemas del desarrollo y sus implicaciones clínicas. El proceso de desarrollo tiene que comprenderse como una lógica, no como un proceso accidental. Los mismos procesos que dirigen el desarrollo normal también dirigen la patología, o el trastorno. Tienen que integrarse ambos procesos, para comprender nuestra perspectiva ambos resultados. “La capacidad de ir bien en la escuela, la capacidad para las relaciones íntimas, la capacidad para la resiliencia son resultado del proceso evolutivo. La personalidad en sí misma es un resultado evolutivo. De la misma manera vemos la psicopatología como un resultado del desarrollo (Sroufe, 1997). El trastorno es el resultado de las progresivas transacciones entre la persona y el entorno, de la influencia recurrente y mutua de la experiencia y las expectativas” (p. 237). Hay una predisposición genética al trastrono, como factores endógenos, pero tanto en un proceso evolutivo normal como en uno anormal estaremos investigando el mismo curso de desarrollo, con las mismas leyes que permiten predecir unos resultados u otros. Esta es una perspectiva sobre la psicopatología transaccional, en la que se explica que, aunque hay factores endógenos (genéticos) son los riesgos del entorno y sobre todo la interacción entre factores biológicos del riesgo y psicosociales, a largo plazo, o que más fuertemente pone a la persona ante un probable trastorno. La familia que sufre perturbaciones, de distintos tipos, junto con un riesgo genético, una mayor vulnerabilidad, da cuenta de todas las psicosis cuando se analiza este problema desde la perspectiva transaccional.
Capítulo 12. Perturbaciones de comportamiento y emocionales


Desarrollo y psicopatología

CAPITULO 12. Perturbaciones de comportamiento y emocionales

Las trayectorias evolutivas que conducen a estas perturbaciones parecen iniciarse al principio de la vida. Al cubrir un ciclo evolutivo tan amplio, los investigadores pudieron comprobar cómo las medidas de la calidad de los primeros cuidados infantiles eran en muchos casos muy predictivas de la adaptación posterior. Hay una correlación de .40 entre los cuidados tempranos insensibles y la depresión en los chicos adolescentes, y una correlación de .36 entre el apego desorganizado y una personalidad disociada a los 19 años. Aunque la conexión con problemas posteriores no es determinista, sino una cuestión de probabilidades. Cuando se hacen mediciones de las experiencias acumuladas de cuidado de poca calidad y de afrontamiento de adversidades, se encuentran correlaciones más fuertes con el trastorno psiquiátrico. La calidad de las experiencias en la infancia y del entorno educativo en general (familia, escuela, comunidad) inician desde las primeras etapas un curso evolutivo que previene los trastornos emocionales y de comportamiento. La variación del temperamento no predice de manera fuerte posteriores problemas, aunque sí es predictivo si se estudia en interacción con las experiencias del niño. Es la interacción entre rasgos biológicos y de las experiencias, lo que está centrando la atención de los investigadores, para deshechar modelos de causalidad lineal y comprender mejor la manera como los contextos de desarrollo están provocando esas perturbaciones. “Cuando se enfatizan las trayectorias evolutivas en lugar de los défictis heredados, la prevención y las alteraciones del curso evolutivo, más que el tratamiento de los mismos, pasan a un primer plano. En lugar de simplemente buscar las causas singulares y los correlatos del trastorno, los investigadores se pueden centrar en factores complejos que dan origen a trayectorias y al conjunto de factores que mantienen a los individuos en esas trayectorias, o les alejan de ellas” (p. 263). Los problemas para los que los investigadores encontraron unas trayectorias evolutivas, en los niños de su estudio y que podían explicar son su modelo del desarrollo, eran los siguientes: trastorno por déficit de atención e hiperactividad, problemas de conducta, depresión, ansiedad. Las causas de estos problemas, en los niños que estudiaron, también eran una experiencia acumulada, interactuando con factores de riesgo endógenos, para disminuir de manera global su resiliencia y por tanto provocando una incapacidad para adaptarse. Desde la primera infancia el apego desorganizado predice estos problemas, por una carencia en la integración de la personalidad, ya que son niños que han experimentado a sus padres con miedo o con un rechazo completo, de forma que no tienen otra posibilidad más que encontrar una versión infantil de “estados mentales alterados”, ya que tienen que huir de la fuente de miedo y al mismo tiempo de la figura de apego, lo cual no tiene solución posible. Esto se convierte en un prototipo de la adaptación problemática posterior.
Lo importante es comprender el proceso evolutivo que conduce a los niños a algunos de los cuatro trastronos anteriores – hiperactividad, trastornos de conducta, depresión, ansiedad-, para comprender cuales son los precursores de esas alteraciones – qué observamos en el niño antes de que se de el problema-, cómo emerge paso a paso el problema, qué factores colaboran o impiden el movimiento a través de ese aumento del problema. El trastorno de hiperactividad parece relacionarse con una incapacidad para crear un marco de “sostenimiento” en la relación con el cuidador en la primera infancia, en la que los niños parecen no aprender a contener su comportamiento, a sostenerse a sí mismos y a centrar la atención. Es la falta de ajuste entre las señales del bebé y el cuidador la que parece originar esta incapacidad de centrar la atención y controlar la impulsividad. Junto a otros rasgos de los cuidados, como el ser muy intrusivos con el niño, se encuentra un proceso evolutivo a lo largo de los años coherente con esta explicación, aunque no determinista, sino por una trayectoria probabilística, que suele, o puede, desembocar en problemas posteriores, en la adolescencia y la juventud. Los problemas de conducta pueden emerger ya en la edad preescolar, y tienen un profundo efecto sobre todo el desarrollo del niño. Cuando sucede esto, encontramos en los estudios longitudinales una gran probabilidad de que aparezca el trastorno de conducta en la adolescencia, mientras que es más complicado defierenciar las razones individuales por las que unos jóvenes muestran este problema y otros no. Es una trayectoria evolutiva que no se puede confundir con “tener problemas”, sino que parece emerger en la edad preescolar, estabilizarse como trastorno a los 7 u 8 años, y tener consecuencias negativas con bastante probabilidad en la adolescencia. Se encontró también una correlación entre la tasa de depresión infantil y adolescente, en este estudio (.20). Las chicas eran más vulnerables a sufrir este trastorno, siendo la vulnerabilidad genética un factor de riesgo añadido. En la depresión en la adolescencia son factores que correlacionan positivamente, la depresión materna (.29), los cuidados tempranos (.31), y los abusos o maltrato (.18). No parece que haber padecido adversidades en la infancia sea un predictor fuerte de la depresión, al menos no tanto como lo predice la depresión de las madres. La ansiedad parece seguir una trayectoria evolutiva de apego ambivalente y temperamento difícil, que predice problemas para regular el comportamiento a los 3 años y medio, y posteriormente problemas de ansiedad en la infancia, que llevan al trastorno de ansiedad en la adolescencia.


Desarrollo y psicopatología

CAPITULO 13. Implicaciones clínicas

Este estudio ha tenido implicaciones para explicar los trastornos del comportamiento y emocionales. La experiencia que ha vivido cada niño, y que puede describir, predice la presencia de trastornos posteriores cuando acumula factores de riesgo en el contexto, junto con vulnerabilidades endógenas. Los procesos evolutivos de cada individuo se puede describir a lo largo de las distintas edades, y se asocian mediante probabilidades a las distintas formas de trastorno. Las alteraciones, en la mayoría de los casos, se desarrollan progresivamente a lo largo del tiempo. Es en las relaciones entre el bebé y sus cuidadores donde se ha encontrado el predictor más robusto de una trayectoria maladaptativa en el crecimiento. La alteración en la primera infancia se caracteriza por una perturbación de la relación, en la interacción, y no necesariamente en el bebé o en el niño pequeño (Sameroff & Emde, 1989; Sroufe, 1989). Supone que hay que prestar la mayor atención a las trayectorias evolutivas, como manera de aproximarse a los problemas que se van acumulando y se dan juntos. El gran objetivo es predecir qué niños tendrán problemas a través de distintas categorías de trastorno, para que sea predecible cuando se dan varias alteraciones, y así dejar de considerar que en los resultados del desarrollo humano hay algún tipo de “misterios”.


Desarrollo y psicopatología

CAPITULO 14. Las tareas por delante

Los resultados de este estudio demostraban que el curso del desarrollo de un niño no es determinista, pero que hay una serie de influencias del contexto y de factores endógenos, que interactúan de manera compleja, para dar unos resultados u otros: buenas adaptaciones, o peores adaptaciones, éxitos o fracasos. Son predecibles y se pueden estudiar, para intervenir educativamente de una forma más eficaz. El curso del desarrollo es lógico, por tanto, pero también cambiante, es una continuidad a lo largo de distintos procesos de adaptación, en la que unas veces se tiene más éxito, y otras menos. Mientras que un niño con una relación temprana de cuidado, con un entorno óptimo, parte con grandes ventajas para lograr ser una persona independiente y feliz, un niño que vive en un entorno lleno de difícultades, caótico en su primera infancia, puede encontrar posteriormente otras fuentes de apoyo, otras relaciones de apego e intereses que le permitan llegar a ser un individuo responsable y competente, adaptarse y llegar a esta construcción que es la persona. Aunque a primera vista, se observa que un entorno idóneo producirá trayectorias evolutivas positivas, y que uno conflicto o con carencias limita mucho las posibilidades del niño – de lo cual ofrecen ejemplos concretos los autores-, podemos ver que en ambos casos hay debilidades y fortalezas, que en principio no eran predecibles. En este punto los autores creen posible aumentar nuestra capacidad predictiva, comprender que esos resultados no son “misteriosos”, sino que se deben que en algún momento u otro, de entre toda esa complejidad de factores, han faltado algunas fuentes de apoyo y se han encontrado otras. Aunque, en su conclusión, también es muy claro que una infancia con situaciones familiares caóticas, con unas relaciones de apego inseguras y con otras adversidades, también socioeconómicas, va a limitar dramáticamente sus posibilidades vitales. Parece importante tener muy en cuenta las experiencias intermedias, las que proporcionan estabilidad y tienen efectos no muy llamativos, que pueden ser comunes entre chicos de trayectorias vitales distintas. Los autores concluyen que el desarrollo sigue unas leyes, que no hay misterios, sino una complejidad ecológica y del individuo, que estamos empezando a conocer.