In search of memory 
En busca de la memoria 
The emergence of a new science of mind
El nacimiento de una nueva ciencia de la mente
Kandel, E.
Katz editores, 2007
Nº de páginas: 568

Resumen y traducción: Mariola Lorente Arroyo
 

COMENTARIO

El cerebro es fascinante, y esta obra sobre sus entresijos no lo es menos. El Premio Nobel Eric R. Kandel intercala hábilmente la historia de su vida con la de sus investigaciones acerca de la mente. Una infancia marcada por el devenir histórico de Europa y una carrera científica en los EEUU que se va desarrollando en paralelo al nacimiento de una nueva ciencia: una biología de la mente que combina elementos neurológicos, bioquímicos y genéticos con enfoques psicológicos y casi freudianos. Cinco principios fundamentan esta “ciencia mixta”:
1. No separación mente-cerebro. La mente es un conjunto de operaciones que lleva a cabo el cerebro.
2. En cada función mental intervienen circuitos neurales especializados de distintas regiones cerebrales. Es preferible hablar de una “biología mental”.
3. Estos circuitos están constituidos por las mismas unidades: las células nerviosas.
4. Y utilizan unas moléculas específicas para transmitir señales.
5. Estas moléculas han permanecido a lo largo de millones de años de evolución, estando ya presentes en las células de nuestros más remotos antepasados, y en organismos tan distintos al nuestro como los unicelulares.
Kandel escribe más que una autobiografía. Este libro es, además, una ardua exposición científica, un análisis histórico, un sugerente recorrido por la historia de la ciencia perlado de anécdotas, curiosidades e investigaciones y explicaciones de los más importantes descubrimientos, aparte de un efusivo y sincero alegato por el crecimiento intelectual, el afán investigador, el placer del conocimiento y la curiosidad desbordante.

INDICE
PARTE 1: 1

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CAPITULO 1. La memoria individual y la biología del almacenamiento de los recuerdos

¿Cómo es posible que algo que sucede durante unos instantes llegue a acompañarnos durante toda la vida?
El autor afirma que desde siempre se ha sentido atraído por la memoria, la cual marcó su carrera. En un primer momento se dirigió a la Historia y después al Psicoanálisis, que le llevó a la Medicina. Allí se encontró con una biología emergente y protagonista de importantes revoluciones, como el hallazgo de la estructura del ADN en 1953. La carrera de Kandel discurre en sincronía al nacimiento y expansión de la biología molecular. Por otro lado, fue decisiva la aparición de la psicología cognitiva, que en la década de los 70 se fusionó con la neurología, logrando aplicar métodos biológicos al estudio de procesos mentales. En los años 80, “esta neurología cognitiva” recibió un gran impulso por las técnicas de obtención de imágenes del cerebro (PET, resonancia magnética).
El estudio del cerebro sigue resultando perturbador a muchas personas. La idea de que la mente o el espíritu del ser humano pueda “reducirse” a un órgano físico, puede parecer alarmante. Sin embargo, Kandel, como científico, considera que un mayor conocimiento del cerebro aumentará nuestro respeto y fascinación por él. La poderosa atracción que ejerce el cerebro, no radica en que sea un misterio, sino en su maravillosa complejidad.
La nueva ciencia de que habla Kandel, ha logrado reunir a la psicología conductista, a la cognitiva, a la neurociencia y a la biología molecular, y podría dar respuesta a interrogantes seminales de la historia del pensamiento, sobre todo a los eternos misterios del “yo” (la unidad de la conciencia) y el sentido del libre albedrío.
Sobre todo, interesan los aportes sobre los mecanismos de la memoria y los mecanismos moleculares que utiliza el cerebro para almacenar recuerdos. Y es que la memoria es una de las funciones intelectuales más complejas y necesarias para el pensamiento y desarrollo humanos, aparte de un elemento clave del comportamiento. Una memoria ideal sería aquella en la que destacan los recuerdos felices y no existen los traumáticos, pero por desgracia esto no es así. Los recuerdos trágicos pueden persistir y arruinar la vida, al igual que la pérdida total o parcial de la memoria, causa de numerosas enfermedades. La memoria construye nuestra identidad, cohesiona nuestra experiencia y nos da un sentido de unidad. Es también esencial para la transmisión de la cultura; el aprendizaje va de la mano con la herencia y la evolución biológica como medio de transmisión de conocimientos y comportamientos adaptativos. Kandel desea que una mayor comprensión de la biología de la memoria permita tratar su pérdida y el efecto de los recuerdos dolorosos a la par que responder a los grandes misterios humanos.


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CAPITULO 2. Infancia en Viena

Episodio por completo autobiográfico que describe la feliz infancia de Kandel y su familia, judíos, y cómo está se vio afectada por la repentina conversión al nazismo de todo el pueblo austriaco. Recuerdos alegres se mezclan con terribles escenas y sentimientos, complementados con descripciones y datos históricos. El científico se pregunta cómo una nación tan culta e interesada en las artes, tan hermosa y agradable –en especial la bellísima ciudad de Viena-, pudo llegar a semejantes cotas de barbarie. Cuando las tropas de Hitler marcharon sobre ella en 1938, la práctica totalidad de la población las recibió entusiasmada. Las mismas personas que pocos días antes abogaban por la independencia de Austria, protagonizaron actos más brutales que los registrados en Berlín años antes. Kandel nunca se explicó este cambio repentino. ¿Qué puede llevar a la gente a semejantes maldades? ¿Cómo una sociedad de tanta cultura podía volverse tan brutal y despiadada? Parece que, por desgracia, el aumento de la cultura no supone crecimiento moral. Los judíos constituían en torno al 10% de la población de Viena, en la que vivían desde hacía mil años desempeñando un importante papel en la cultura de la ciudad. No obstante, el antisemitismo era algo crónico; un rechazo que era más una cuestión racial que religiosa. La familia del científico fue víctima de los acontecimientos, pero tuvieron la fortuna de partir a los EEUU antes del comienzo de la II G. M.


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CAPITULO 3. Formación en los Estados Unidos

Kandel llegó a Norteamérica con ocho años, por lo que prácticamente se formó allí y recibió una cuidada educación. En primer lugar asistió a una escuela hebrea, y tras ella ingresó en el Erasmus High School donde comienza a cursar estudios de literatura e historia europea, que prosigue en Harvard. Allí entra en contacto con el psicoanálisis de la mano de los padres de una novia, reputados psicoanalistas emigrados de Viena, del círculo de Freud. Kandel se esfuerza por explicar la fascinación que, en la década de los 50, irradiaba el psicoanálisis: “Implicaba una teoría de la mente que me permitió apreciar por vez primera la complejidad de la conducta humana y sus motivaciones”. Este nuevo interés desplazó a la historia y a la literatura, y Kandel se consagró a él. Así fue como aterrizó en la medicina, pues por aquella época esta carrera era la vía seguida para acceder al psicoanálisis. Sin embargo, Kandel se detuvo en el camino. Enamorado de un curso sobre anatomía cerebral, decidió centrarse en las bases biológicas de la medicina y estudiar la biología del cerebro. Era esta una disciplina aún sin importancia en aquellos años, y en las universidades de los EEUU prácticamente nadie enseñaba los fundamentos de la ciencia neural. A pesar de ello, Kandel, animado por otra mujer –que se convirtió en su esposa-, se internó por este sendero “audaz y original”, una vez convertido ya en médico.

PARTE 2: 2

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CAPITULO 4. Una célula por vez

En su último año de Medicina, Kandel ingresó en un laboratorio de neurofisiología con la esperanza de aprender algo acerca de las funciones cerebrales superiores. Su interés por Freud y el Psicoanálisis no habían muerto, y en ese momento Kandel deseaba conocer en qué lugar del cerebro se hallaban el yo, el ello y el superyó. La estructura de la mente. Harry Grundfest, el director del laboratorio, no se echó las manos a la cabeza ante estas pretensiones, sino que le prestó atención. Sin embargo, le previno de que “la posibilidad de comprender los fundamentos biológicos de la teoría estructural de Freud estaban fuera del alcance de la ciencia del cerebro de esa época”, y que, para comprender la mente, había que comenzar por la observación de una neurona cada vez (hipótesis que ya había esbozado el propio Freud en sus años de neuroanatomista).
Biología, sí, pero a nivel de las células nerviosas, que son la clave para comprender cómo funciona el cerebro. Kandel comprendió que “antes de que pudiéramos comprender en términos biológicos cómo funciona el yo era necesario entender cómo funciona la célula nerviosa”. Los estudios sobre estas células permiten vislumbrar los fundamentos biológicos de la percepción, el movimiento voluntario, la atención, el aprendizaje y la memoria.
La biología de las células nerviosas se fundamenta en tres principios:
1. La doctrina de la NEURONA, según la cual esta constituye la unidad estructural del cerebro y su elemento unitario de señalización.
2. La HIPÓTESIS IÓNICA sobre los mecanismos utilizados por la célula para generar señales eléctricas (POTENCIALES DE ACCIÓN).
3. La teoría QUÍMICA DE LA TRANSMISIÓN SINÁPTICA que describe la transmisión de información entre células nerviosas por medio de una señal química (NEUROTRANSMISOR).
El capítulo prosigue en clave científica rastreando los orígenes y descubrimiento de las neuronas, su estructura y funciones. Ramón y Cajal y Charles Sherrington toman el relevo.


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CAPITULO 5. Habla la célula nerviosa

Para entender el funcionamiento del cerebro se vuelve necesario interpretar las señales eléctricas, que son el “lenguaje de la mente”. La investigación sobre este tema crucial comienza en el siglo XVII y atraviesa cuatro etapas de las que Kandel da cuenta detalladamente en este capítulo. Nos encontramos, por tanto, ante una profundización en biología molecular bastante ardua.
1. Al principio se da una aproximación a las señales eléctricas de las células nerviosas; cómo se generan y qué elementos intervienen en lo que posteriormente se denominó “potenciales de acción” (Galvani, Helmhotz).
2. Forma de la señal y papel que desempeña en la codificación de la información. ¿Cómo se transmite la intensidad del estímulo?, ¿cómo distinguen las neuronas la información sensorial?, ¿cómo se explica la diferencia cualitativa de la información que transmiten las neuronas? (Adrian).
3. Mecanismos que intervienen en el potencial de acción, comienza la hipótesis de “la membrana” (Bernstein).
4. Se desarrolla y completa la hipótesis iónica (Hodgkin y Huxley). El conjunto de estas investigaciones, que les supuso el Nobel en 1963, puso de manifiesto, como se constató después, que por medio de la biología molecular podía profundizarse en la comprensión del sistema de señales del cerebro, y contribuyó a la unificación del estudio del sistema nervioso a escala celular.


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CAPITULO 6. Conversaciones entre células nerviosas

El trabajo de Hodgkin y Huxley había logrado explicar cómo se generan las señales eléctricas en el interior de las neuronas; el siguiente paso era saber cómo se produce la transmisión de señales entre las neuronas, y de qué tipo de señales se trata.
En los años 50, como se ha visto, se creía que esta señal era de naturaleza eléctrica, si bien desde la década de los 20 existía una sospecha de que pudiera ser química. Surgió un intenso debate en torno a esta cuestión, ya que existían evidencias para ambas. Se descubrió que, aparte del potencial de acción, se producía una señal menos intensa denominada “potencial sináptico”. Este último es el responsable de la acción integradora del sistema nervioso postulada por Sherrington (Eccles).
Pero la duda continuaba: el potencial sináptico ¿se desencadena por una acción química o eléctrica? Finalmente se esbozó la posibilidad de que existieran dos tipos de canales iónicos: “los canales activados por voltaje generan potenciales de acción que transportan información EN EL INTERIOR de la neurona, mientras que los canales activados por transmisores químicos transmiten información ENTRE distintas neuronas (o entre neuronas y células musculares)” (Hodgkin, Huxley y Katz).
Finalmente fue ganando peso la hipótesis química, ya que la mayoría de las sinapsis –como se sabe hoy en día- son de naturaleza química, aunque algunas neuronas establecen sinapsis eléctricas con otras células nerviosas. Al hacerse patente que las funciones cerebrales podían ser producto de señales químicas aparte de eléctricas, se despertó el interés de los bioquímicos (y de los biólogos en general) hacia esta ciencia del cerebro. Aparte, por supuesto, de todos aquellos interesados en la mente y el comportamiento, como Kandel.


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CAPITULO 7. Sistemas neuronales simples y complejos

Kandel narra sus primeras y satisfactorias experiencias en el laboratorio. Grudfest le sugirió colaborar con D. Purpura, muy interesado en ese momento es estudiar los efectos del LSD, sobre todo las alucinaciones visuales. Después trabajó con S. Craig, de quien Kandel aprendió técnicas de laboratorio que le reportaron mayor destreza y autonomía para trabajar en proyectos propios. También aprendió la importancia de elegir con acierto el animal sobre el que investigar. Su primera “elección” fue la langosta de río.
A continuación fue recomendado por su jefe de laboratorio para una plaza de investigador en el Nacional Institute of Mental Health, que obtuvo y le puso son contacto con W. Marshall, quien había obtenido gran prestigio al estudiar la corteza cerebral, en concreto, la sensación del tacto. Averiguó –con monos- que la superficie corporal está representada en la corteza somatosensorial como un mapa neural en el que cada punto corresponde unívocamente a un punto de la superficie: las partes contiguas del cuerpo, están igualmente situadas en la corteza. Poco después esto se corroboró en seres humanos, además de que a las zonas de mayor sensibilidad al tacto le corresponden zonas más extensas de la corteza somatosensorial.
Kandel reflexiona aquí sobre la influencia positiva que ejercen sobre los jóvenes investigadores los colegas de mayor edad, la importancia de que se establezcan relaciones directas y de cooperación y la necesidad de que los jóvenes se acerquen a ellos con una mentalidad abierta.


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CAPITULO 8. A distintos tipos de memoria, distintas regiones cerebrales

En su afán por comprender el funcionamiento de los procesos mentales superiores, Kandel se fue dando cuenta de que sería imprescindible un fundamento biológico. En especial le intrigaban el aprendizaje y la memoria. Esto desplazó su interés original en el yo, ello y superyó freudianos, aunque su interés en el psicoanálisis siguió patente, pero revestido de un componente biológico. Durante su experiencia en el NIMH se produjeron dos importantes descubrimientos que cambiaron para siempre las concepciones sobre el cerebro. De entrada, era ya difícil hablar de una biología de los procesos mentales, debido al enorme peso de la tradición dualista: una cosa es el cuerpo y otra, muy distinta, la mente, el espíritu y/o el alma (con todas las implicaciones religiosas que esto supone). Poco a poco se fue superando esta dicotomía y se comenzó –con poco éxito, la verdad- a asignar funciones mentales a distintas zonas del cerebro (Gall). No obstante, parecía generalmente aceptado que el cerebro se comportaba como un todo, como una “masa” (Lashley). Los famosos hallazgos de Broca y Wernicke finalmente asentaron la idea de que distintas áreas del cerebro se especifican en diferentes funciones. Cualquier comportamiento complejo no es producto de una única región cerebral, sino de varias de ellas especializadas e interconectadas. Estos investigadores innovaron porque, en vez de estudiar el cerebro normal, estudiaron casos patológicos.
En cuanto a la memoria, seguía ignota la cuestión de si es un proceso neural especial o está vinculada a procesos motores y sensoriales. Brenda Milner estudió el caso de un chico al que, tras un accidente, le fue extirpado un trozo de la superficie interna del lóbulo prefrontal y el hipocampo. Obtuvo tres principios fundamentales sobre el funcionamiento biológico de la memoria compleja:
1. es una función mental bien diferenciada y separada de las capacidades perceptivas, motoras y cognitivas.
2. la memoria de corto plazo y de largo plazo pueden almacenarse en lugares distintos.
3. al menos un tipo de memoria podía vincularse con lugares específicos del cerebro.
Poco después se reafirmó la creencia en dos tipos de memoria, conocidos en principio como memoria consciente e inconsciente, y que pasaron a denominarse explícita o declarativa e implícita o procedimental, respectivamente. Son sistemas distintos en cuanto a localización, funciones y procedimientos.
Al tener noticia de todos estos hallazgos, Kandel decidió que él se dedicaría a hallar cómo se almacena la memoria en el cerebro, indagando cómo se comportan las células que intervienen en el almacenamiento de recuerdos explícitos específicos, aunando de este modo su interés en el psicoanálisis clínico y la biología de las células nerviosas.


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CAPITULO 9. En busca de un sistema ideal para estudiar la memoria

Con “sistema ideal” Kandel se refiere al organismo más indicado para realizar experimentos. Ya se ha hablado de la importancia que tiene esta elección. Kandel había optado por estudiar la memoria y el aprendizaje. En ese momento, ya se iba conociendo dónde se guardan los recuerdos, pero faltaban muchas cuestiones que atraían al científico, por ejemplo, ¿cómo se almacenan? Al principio, Kandel se centró en el hipocampo, y llevó a cabo una serie de experimentos exitosos con gatos. Pero, pese a que reportaron datos de gran interés, le alejaban de su exploración de la memoria. Kandel buscaba explicaciones a nivel celular ¿tienen estas células características especiales? A estas alturas, Kandel se había convertido en biólogo celular. De manera que decidió apostar por esta vía de investigación. Para ello, debía dar con un organismo adecuado para sus experimentos, y aplicó un criterio de sencillez: estudiaría el comportamiento más simple del animal más simple. Kandel estaba convencido de que, al trabajar a nivel celular, los hallazgos efectuados en cualquier sistema serían válidos. Escogería un invertebrado. Varios de sus colegas y amigos trataron de disuadirle. Los invertebrados no eran tenidos muy en cuenta por la comunidad de biólogos, más interesados en mamíferos, y los psicólogos y psicoanalistas se mostraban muy escépticos en cuanto a la posibilidad de conocer algo interesante sobre los procesos mentales superiores mediante el estudio de células nerviosas aisladas y, menos aún, células de invertebrados. No obstante, tras oír hablar de APLYSIA, un caracol marino sumamente adecuado por el pequeño número y gran tamaño de sus células, Kandel se decidió y marchó a París para consagrarse a este ser.


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CAPITULO 10. Análogos neurales del aprendizaje

El autor narra los meses previos a su partida a París es 1962, y cómo durante ese tiempo fue dando forma y concretando las investigaciones que allí habría de realizar. Se ha visto que su idea era estudiar la memoria y el aprendizaje a nivel celular, desde un enfoque reduccionista. Kandel había aprendido que los mecanismos celulares del aprendizaje y de la memoria no descansan en propiedades especiales de la neurona, sino en las conexiones que esta establece. Se basó en ideas de Ramón y Cajal y en el conductismo de Pavlov. Del primero llevó a cabo una reformulación: este concebía el aprendizaje como un proceso único que modificaba la intensidad de las conexiones sinápticas entre las neuronas. Kandel supuso que “hay distintas formas de aprendizaje, y que estas determinan distintos perfiles de actividad neural y que cada perfil de actividad modifica la intensidad de las conexiones sinápticas de una manera particular. Cuando esas modificaciones persisten, el recuerdo se almacena”. De Pavlov tomó los tres protocolos de aprendizaje (habituación, sensibilización y condicionamiento clásico), a fin de averiguar si podían traducirse, y cómo, a protocolos biológicos. El procedimiento que Kandel pensaba aplicar consistía en extirpar el sistema nervioso de Aplysia y trabajar con un solo ganglio (conjunto de unas 2.000 células nerviosas), y después elegir una única célula que sirviera de modelo (célula blanco o diana). Finalmente, aplicar distintos perfiles de pulsos eléctricos correspondientes a las distintas formas de aprendizaje a un determinado haz de axones que partiera de las neuronas sensoriales de la superficie de la Aplysia y llegara a la célula blanco. Su idea de fondo consistía en que los mecanismos cerebrales subyacentes en la memoria y el aprendizaje se han conservado a lo largo de la evolución, y que por eso es posible observarlos en animales simples, incluso usando medios de estimulación artificiales.

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CAPITULO 11. Reforzamiento de las conexiones sinápticas

Kandel describe desde una perspectiva muy centrada en experiencias personales los 14 meses pasados en Francia. En cuanto a sus investigaciones, siguiendo el método expuesto en el apartado anterior, obtuvo buenos resultados. Lo más importante fue descubrir que la plasticidad sináptica es una característica intrínseca de la sinapsis química, de su arquitectura molecular. Esto parecía indicar que el flujo de información en los circuitos neuronales podía modificarse mediante el aprendizaje. En 1963, poco antes de su regreso a EEUU, Hodgkin, Huxley y Eccles recibieron el Nobel de Medicina por sus estudios sobre las señales del sistema nervioso. Por primera vez, el campo de la biología celular recibía reconocimiento, lo que espoleó a Kandel en sus investigaciones sobre el aprendizaje.


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CAPITULO 12. Un centro para el estudio de la neurobiología y el comportamiento

En 1965 Kandel dio un nuevo giro a su vida y a su carrera y abandonó la Facultad de Medicina de Harvard por un puesto en la de Nueva York, donde debía reunir un equipo de investigación pionero. De esta manera nació la División de Neurobiología y Comportamiento de la NYU, con la incorporación de Adlen y J. Schwartz. Kandel sustituyó el estudio neurobiológico de la plasticidad sináptica para abordar la neurobiología celular del comportamiento y el aprendizaje. Ofrecieron un novedoso e influyente enfoque, que remarcaba “la importancia de averiguar qué sucede concretamente en el nivel de la sinapsis cuando el comportamiento se modifica por obra del aprendizaje”.


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CAPITULO 13. El aprendizaje incluso puede modificar comportamientos simples

Tras trabajar con “una célula por vez”, Kandel decide estudiar casos de aprendizaje y memoria en el comportamiento del animal intacto, ya que hacerlo mediante células individuales es una situación artificial que no aportaba pruebas de que el aprendizaje en el animal real produjera modificaciones en la eficacia sináptica. Amplía su equipo (I. Kupfermann, T. Carew) y elige uno de los comportamientos más simples de Aplysia: el reflejo de retracción de la branquia. Realizó una serie de experimentos en que por medio de estimulación consiguieron modificar este reflejo: bien por habituación (el reflejo se debilita a medida que se acostumbra a le estimulación) o por sensibilización (el reflejo se exagera por ir asociado a un estímulo perjudicial (una descarga en la cola), incluso si este es muy moderado). En 1985, tras 15 años de investigación, consiguieron demostrar que era posible modificar un comportamiento simple de la Aplysia mediante diversas formas de aprendizaje.
Por otro lado, Kandel logró descubrir una neurona motora concreta que controlaba un comportamiento específico. Indagando más al respecto, llegaron a la conclusión de que había ciertas células (el número se fue ampliando) que controlaban los mismos comportamientos; es decir, en todos los individuos que estudiaron, “el reflejo era producido por las mismas neuronas, que siempre establecían entre sí las mismas conexiones”. La arquitectura neural de los comportamientos de la Aplysia era extremadamente precisa. Además, el método empleado podía ser muy útil para estudiar mecanismos neurales más complejos.


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CAPITULO 14. La experiencia modifica las sinapsis

Una vez conocido que el funcionamiento, a nivel neural, de un comportamiento no varía, surge un interrogante crucial: “¿cómo puede modificarse un comportamiento controlado por un circuito neural fijo y preciso por obra de la experiencia?”. La clásica cuestión de la relación entre genes y experiencia. De qué manera la interacción entre la experiencia y los procesos genéticos y de desarrollo estructura la actividad mental. Las continuas observaciones parecían indicar que, al menos en sus formas más simples, el aprendizaje selecciona entre un repertorio de conexiones preexistentes y modifica la tenacidad de un subconjunto de ellas. La persistencia y la repetición eran fundamentales para que se produjeran los cambios.
Hay que señalar que los estudios de Kandel y su equipo recibieron numerosas críticas por su extremado reduccionismo, y que una parte de la comunidad científica se mostraba escéptica respecto a sus descubrimientos y pretensiones. No obstante, el equipo seguía progresando, llegando a conclusiones sorprendentes y ampliando sus campos de interés. Por ejemplo, se constató la superioridad de sinapsis químicas sobre las eléctricas, y que las sinapsis entre neuronas sensoriales y motoras que intervienen en el aprendizaje se modifican mucho más fácilmente que las que no lo hacen.


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CAPITULO 15. Fundamentos biológicos de la individualidad

Todas estas investigaciones requerían únicamente la intervención de la memoria a corto plazo, en la que se iba profundizando bastante. Pero nada se conocía sobre cómo esta se transformaba en memoria a largo plazo. ¿Es una consolidación de la memoria a corto plazo? ¿O ambas se encuentran ubicadas en sitios anatómicos diferentes? Era evidente que hacía falta una investigación a escala celular. Lo único que parecía claro, gracias a un descubrimiento anterior, era que la memoria a largo plazo requiere la síntesis de nuevas proteínas (Duncan).
Carew, Castelluci y Kandel comprobaron que las mismas conexiones sinápticas entre neuronas sensoriales y motoras que se alteran en la habituación y sensibilización a corto plazo, también se modifican en esos procesos a largo plazo. Los cambios sinápticos que se producen son equivalentes a los ocurridos en el comportamiento.
Avanzando en las investigaciones, se descubrió que la memoria a largo plazo no es una mera extensión de la de corto plazo; existen diferencias significativas y cambios anatómicos: los cambios en la intensidad sináptica duran más y también se modifica el número de sinapsis. O sea, que el número de sinapsis no es constante, varía con el aprendizaje. La memoria a corto plazo implica modificaciones funcionales, y la de largo plazo, estructurales. Este hallazgo traerá importantes consecuencias en la concepción del cerebro, hasta entonces considerado fijo e inmutable. Los resultados obtenidos con el estudio de Aplysia pusieron de relieve la enorme plasticidad del sistema nervioso (la capacidad de las células nerviosas para modificar la intensidad y el número de las sinapsis). Por eso, como cada ser humano se cría en un entorno diferente y vive experiencias distintas, la estructura de cada cerebro es única. El estudio de un caracol marino estaba sirviendo para sentar las bases biológicas de la individualidad humana.


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CAPITULO 16. El papel de las moléculas en la memoria de corto plazo

Llegado a este punto, nuestro científico entra de lleno en la Biología molecular, en su afán por conocer qué moléculas concretas intervienen en la memoria a corto plazo, así como el lugar exacto de la vía neural en que se localizan los cambios vinculados a esta memoria. Para ello, se concentra en el proceso de Aplysia ya estudiado (sinapsis entre la neurona sensorial que trasmite información sobre el tacto en el sifón y la neurona motora cuyos potenciales de acción causan la retracción de la branquia), a fin de averiguar cuál era el aporte de cada una de esas dos neuronas a la modificación de la fuerza sináptica.
De esta manera, profundiza sus estudios sobre neurotransmisores fundamentales como la seroronina y el glutamato y las interneuronas que los liberan. Así encuentra que hay dos tipos de circuitos neurales importantes para el comportamiento y el aprendizaje: circuitos MEDIADORES, que generan comportamiento, y circuitos MODULADORES que actúan sobre los mediadores regulando la intensidad de la sinapsis. Los primeros estarían determinados genéticamente, mientras que los segundos no participan directamente en la producción del comportamiento, sino que lo ajustan en función del aprendizaje. La serotonina es un transmisor modulador.
Continúa su estudio bioquímico sobre cómo se almacena la memoria indagando las secuencias de reacciones bioquímicas que se producen. Kandel se fija en la molécula AMP cíclico, principal regulador de las señales en las células musculares y de tejido graso. Piensa que puede intervenir también en el aprendizaje y memoria corto plazo. La naturaleza es ahorrativa, y en vez de crear nuevos elementos, otorga a los ya existentes diferentes funciones. “La evolución no necesita moléculas nuevas”.
En la década de 1980, la biología molecular y la neurociencia se fusionan; Kandel decide estudiar los genes.


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CAPITULO 17. Memoria a largo plazo

El autor se encuentra ante uno de los principales misterios a que todavía se enfrentaba la biología molecular de la memoria: ¿cómo se transforman los recuerdos de corto plazo en recuerdos duraderos? Kandel sospecha que podrían influir los genes, y dedica este capítulo a realizar un repaso exhaustivo a la historia de la genética.


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CAPITULO 18. Los genes de la memoria

Consciente de la suma relevancia que adquirían los avances en biología molecular, Kandel se vuelca por completo en su aplicación al estudio de la memoria.
Una circunstancia decisiva fue su traslado en 1974 a la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Columbia, donde además funda, en el marco del Instituto Médico Howard Hughes de Columbia, un grupo de investigación consagrado a la cognición molecular.
En su anterior análisis de la memoria a corto plazo con Aplysia había empleado una única célula sensorial o motora de la que podía registrar señales durante algunas horas con el animal intacto. Pero para el estudio de la memoria a largo plazo este proceso debía prolongarse varios días. Era necesario cultivar células sensoriales y motoras, lo cual solo puede hacerse con células del sistema nervioso de animales jóvenes. Kandel dio con un médico que había conseguido criar Aplysia en laboratorio, desde el estado embrionario hasta la adultez. Gracias a estos cultivos pudo comenzar a experimentar con una única neurona sensorial y una única neurona motora, y ver qué proteínas intervienen en la memoria a largo plazo.
En esta misma época, salió a la luz un estudio sobre los mecanismos regulatorios de la síntesis de proteína (Jacob y Monod), que permitió desentrañar la maquinaria molecular que regula los genes. Se mostró que es posible regular (activar y desactivar) los genes. Casi todos los genes del genoma están presentes en cada célula. Pero, si todos los cromosomas del organismo están en el núcleo de la célula, ¿por qué los genes no funcionan de manera idéntica en todas las células del cuerpo? Porque en cada tipo de célula solo están activados o expresados algunos genes, los demás están desactivados o reprimidos. Los genes se activan y desactivan según sea necesario para el funcionamiento óptimo de la célula. Ciertos tipos de genes se expresan en determinados momentos y otros se activan y desactivan en respuesta a señales internas del cuerpo o externas del medio ambiente. Entonces, ¿qué tipo de señales regulan la actividad de los genes? ¿Cómo se activan y desactivan? Por medio de otros genes. Numerosos experimentos se centraron en esta línea de investigación.
El descubrimiento de que la función de los genes puede regularse en función de necesidades impuestas por el medio, utilizando como señales moléculas externas o internas, ayudó a traducir la cuestión del paso de la memoria de corto a largo plazo en términos moleculares.


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CAPITULO 19. Diálogo entre los genes y las sinapsis

El imparable avance de la genética parecía implicar que los genes son los dueños absolutos de nuestro destino. En realidad sirven al medio ambiente; están guiados por sus acontecimientos. Un estímulo ambiental, como la descarga en la cola de un animal, activa interneuronas moduladoras que liberan serotonina. Con lo que se desencadena un proceso de reacciones bioquímicas que acaba por producir la expresión de genes que modifica la función y la estructura de la célula.
El modelo de Jacob y Monod sobre regulación génica se podría aplicar al proceso de almacenamiento de la memoria.
Los experimentos con Aplysia confirmaban la importancia para el aprendizaje –y para la memoria a largo plazo- de la práctica y la repetición. “Combinando el estudio del comportamiento con la neurociencia celular en una primera etapa y luego con la biología molecular, pudimos sentar colectivamente los fundamentos de una biología molecular de los procesos mentales elementales”.
Kandel relata las investigaciones llevadas a cabo en este intenso periodo, y su papel en la comprensión de la memoria. Quizá el más importante sea el descubrimiento de un mecanismo similar al del prión (cuya principal característica sería la capacidad de autoperpetuarse), del que se podrían extraer tres principios válidos no sólo para Aplysia, sino para el almacenamiento de la memoria en todos los animales, incluyendo al ser humano:
1. para que la memoria a largo plazo se ponga en acción, es necesaria la activación de varios genes.
2. hay limitaciones biológicas respecto a las experiencias que se almacenan en la memoria; la gente no recuerda todo lo que le sucede. Estos procesos están regulados a nivel genético. No obstante, “el hecho de que el gen deba activarse para que se forme la memoria a largo plazo indica con toda evidencia que los genes no determinan el comportamiento en forma exclusiva, sino que responden, ellos también, a la estimulación del ambiente, por ejemplo, del aprendizaje”.
3. el desarrollo y mantenimiento de nuevas terminales sinápticas hace que la memoria persista.

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CAPITULO 20. Retorno a la memoria compleja

Hasta ahora, Kandel y sus diferentes colaboradores habían llevado a cabo importantes avances en cuanto a la biología de la memoria implícita, responsable de actividades perceptivas y motoras que no ejercemos conscientemente. Pero, al principio, lo que Kandel deseaba, y lo que llevó sus pasos hasta la neurobiología, era explicarse la memoria compleja, la que, conscientemente, evoca objetos, personas o paisajes y que se puede expresar mediante palabras o imágenes. Desde luego, se trata de algo mucho más complejo que los reflejos condicionados de Aplysia. Depende de circuitos neurales del hipocampo y del lóbulo temporal medial, y se puede almacenar en varios lugares. La memoria explícita es propia de cada individuo. Es, además, un proceso activo, creativo, en el que el recuerdo se reelabora cada vez que se evoca. Ahora bien, ¿cuáles son los procesos biológicos que posibilitan todo esto? Fue en 1989 cuando nuestro protagonista, a la edad de 60 años, retomó el estudio del hipocampo y de este tipo de memoria. Para este momento, se habían realizado numeroso experimentos que habían aportado cuantiosa información que Kandel podía aprovechar. Resultó determinante el esclarecimiento del receptor NMDA y su potenciación a largo plazo, porque su funcionamiento es como si detectara coincidencias. Es decir, que se había logrado explicar un proceso molecular y celular que podía ser responsable del proceso de ASOCIACIÓN, clave del aprendizaje.


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CAPITULO 21. En las sinapsis también residen nuestros recuerdos más caros

Los nuevos descubrimientos sobre el hipocampo (las células de lugar, el receptor NMDA y la potenciación de largo plazo), ampliaron el campo de la neurociencia, a la par que suscitaban nuevas corrientes de incógnitas, como por ejemplo, la relación entre la potenciación a largo plazo y la memoria espacial, sobre los que se realizaron numerosos estudios. Por su parte, Kandel pensó que la genética sería una buena manera de abordar estas cuestiones, y volvió a la carga. En esta ocasión, decidió usar ratones modificados genéticamente –uno de los avances científicos más importantes de aquella época-, cuya ventaja a nivel experimental, aparte de que se crían con rapidez, es que presentan un cerebro anatómicamente similar al humano.
La memoria espacial de los ratones, al igual que la implícita de Aplysia, tiene dos componentes: una memoria a corto plazo (que no necesita la síntesis de ninguna proteína), y memoria a largo plazo (que sí la necesita). Kandel pretendía averiguar si el almacenamiento de la memoria explícita también implicaba mecanismos sinápticos y moleculares específicos. Cuando trabajaba con Aplysia, descubrió que existía un gen “supresor de la memoria”, producido por la proteína CREB-2. Cuando la expresión de este gen era suprimida, el reforzamiento se afianzaba y el número de sinapsis vinculadas a la facilitación de largo plazo aumentaba. Tras una serie de experimentos con los ratones, encontró que bloqueando este mismo gen y otros similares, mejoraba la potenciación de largo plazo en el hipocampo y la memoria espacial. Junto con S. Siegelbaum, crió expresamente ratones con ese gen ausente, y resultaron tener una memoria espacial superior. De modo que, gracias a sus previos hallazgos en un organismo tan simple (y sin cerebro) como el caracol marino, pudo dar el salto al cerebro de los mamíferos, demostrando que “todos los animales comparten mecanismos moleculares cruciales para la memoria”.


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CAPITULO 22. Imagen cerebral del mundo externo

Poco a poco, Kandel retoma sus originarios intereses suscitados por el Psicoanálisis, relativos a procesos psicológicos complejos. En concreto, se inclina hacia la representación cerebral del espacio en ratones; el hipocampo.
Si previamente había contado con los aportes del conductismo, pasa ahora a fijarse en la Psicología Cognitiva, disciplina que estaba ganado peso. Uno de sus puntos fuertes era su idea de la existencia de un mapa cognitivo que organiza la percepción y la experiencia, dotándolos de sentido. Sin embargo estas imágenes mentales eran inaccesibles a la Psicología; si querían estudiarlas de manera directa debían aunar sus esfuerzos con los biólogos. Comienza así a perfilarse un nuevo método: la neurociencia cognitiva. Se unía el estudio de los procesos cerebrales con el de los mentales.
Una de sus herramientas de trabajo era el estudio electrofisiológico de la representación sensorial, que reveló dos principios básicos acerca de los mapas sensoriales:
1. en seres humanos y monos, cada parte del cuerpo está representada sistemáticamente en la corteza.
2. los mapas sensoriales no son réplicas exactas, sino que cada región está representada en proporción a su importancia para la percepción (por ejemplo, las yemas de los dedos poseen una superficie mucho mayor que la correspondiente a la espalda).
Interesantes descubrimientos surgieron de aplicar enfoques biológicos a esta teoría cognitiva, como los procesos de descomposición y reestructuración, de los que no somos conscientes, y que intervienen en la percepción de un estímulo. O que, en el caso de la visión, existen células especializadas que sólo captan determinados ángulos o posiciones de los objetos. Ello parece indicar que la corteza cerebral está organizada en compartimentos o módulos funcionales. Y es que “la sensación es una abstracción del mundo real, no su réplica” (Mountcastle). La percepción implica el uso combinado de varias de esas regiones.
La gran pregunta es que si todas las señales perceptivas han de converger en un punto para ser interpretadas y comprendidas, ¿dónde está este punto? El asombro viene de que “no existe ninguna región cortical individual a la que pasen en forma exclusiva su información las restantes regiones corticales”. En otras palabras ¿cómo se interpreta el cerebro a sí mismo?


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CAPITULO 23. ¡Es necesario prestar atención!

Como se ha visto, el conocimiento del espacio es fundamental para el comportamiento, pero también muy problemático porque, a diferencia de otros sentidos, no hay un órgano sensorial especializado. Entonces, ¿cómo se representa el espacio en el cerebro? Este interrogante alude a una operación cognitiva fundamental: el problema de la integración, del que ya se ha tratado. El cerebro representa la información espacial en muchas regiones y de muchas maneras diferentes, dependiendo de su finalidad.
La representación espacial se produce –en mamíferos- mediante mapas cognitivos, en los que intervienen el hipocampo y las “células de lugar”. El primero en advertir esto fue J. O´Keefe mediante experimentos con ratas. Consideraba que el mapa cognitivo era una representación interna del espacio que el animal utiliza para deambular. Aportó pruebas genéticas de que este mapa se relacionaba directamente con la memoria espacial. Esta presenta notables diferencias con la memoria implícita, especialmente porque exige una atención selectiva.
Para abordar la conexión de la actividad neural y la memoria explícita, había que detenerse en la atención. Es un elemento decisivo para la unidad de la experiencia consciente y desempeña un papel en la percepción, la acción y la memoria. A nivel molecular, se trata de un proceso modulador relacionado con la dopamina. Kandel analiza, pues, los mecanismos de atención del cerebro. Cita a William James, que postula la existencia de dos tipos de memoria (voluntaria e involuntaria), y da cuenta de sus experimentos con ratones y Aplysia.

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CAPITULO 24. Una pildorita roja

En la década de los 90, Kandel fundó su propia empresa farmacológica siguiendo la tendencia de la época. A fin de contextualizar al lector, Kandel hace una presentación de esta industria.
La primera empresa de biotecnología, Genetech, aparece a finales de los 70. Gracias al aporte de la genética emergente, consiguieron sintetizar insulina y hormona del crecimiento, con ayuda de técnicas de clonación y ADN recombinante. Tiempo después, pudieron dar el salto a medicamentos destinados a las perturbaciones neurológicas y psiquiátricas.
Al principio, a la mayoría de la comunidad científica no le interesaba (incluso se oponía) a colaborar con la industria. Pensaban que la ciencia no tiene que ver con la industria, y que trabajar para una empresa les quitaría tiempo de investigación. Sin embargo, tras un breve período, fueron muchos los biólogos, sobre todo moleculares, que aceptaron cargos en empresas de biotecnología. Kandel no fue una excepción, y junto con R. Axel fue reclutado para fundar una nueva empresa centrada en el cerebro y, más concretamente, en los receptores de serotonina. Se dedicaron a clonar receptores de serotonina y de dopamina, ver cómo funcionaban y diseñar compuestos químicos para controlarlos.
Años después, en 1996, Kandel creó su propia compañía: Memory Pharmaceuticals. Como indica su nombre, se dedicó esencialmente a tratar problemas de pérdida de memoria, y se asentaba sobre la idea de que “el estudio de la memoria se transformaría en una ciencia aplicada y que, en algún momento, la creciente comprensión de los mecanismos funcionales de la memoria permitiría tratar perturbaciones cognitivas”. La más importante de ellas fue el Alzheimer. En los ensayos con ratones se podían revertir los deterioros seniles de la memoria.
Los logros y descubrimientos que se estaban realizando eran de suma importancia, pero a la vez muy peligrosos: la genética, las clonaciones, la modificación del cerebro… Por ejemplo, por qué no aplicar los medicamentos potenciadotes de la memoria a los estudiantes. ¿Es conveniente mejorar la memoria de gente joven y sana? Se desencadenó entonces una avalancha de cuestiones éticas, presentes aun en nuestros días. Para lidiar con estos temas tan espinosos surge la bioética. El debate está abierto.


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CAPITULO 25. De ratones, hombres y de enfermedades mentales

El estudio en ratones perturbaciones de la memoria vinculadas a la edad reavivó el interés de Kandel en las perturbaciones mentales. Tradicionalmente, las enfermedades que afectaban “a la cabeza”, se dividían en neurológicas y psiquiátricas, y recibían distinto tratamiento. Pero en realidad, todos los procesos mentales son biológicos; dependen de moléculas orgánicas y procesos celulares.
Rastrear las causas de una enfermedad mental es mucho más difícil que ubicar una lesión estructural en el cerebro. Las enfermedades psiquiátricas son perturbaciones de las funciones mentales superiores (en especial del pensamiento y la emoción), de las que hasta ese momento se sabía relativamente poco: las diversas formas de ansiedad y estados depresivos implican a la emoción, mientras que la esquizofrenia afecta al pensamiento. Por otra parte, todas ellas tienen un gran componente genético, pero este no es determinante, ya que surge de la interacción con el ambiente.
Kandel diseña experimentos con ratones en los que estudia, por un lado, emociones negativas como la ansiedad y el temor, y por otro, lo contrario, la seguridad aprendida que entraña emociones positivas.
En definitiva, lo que atrae a Kandel es la posibilidad de que, avanzando en la biología molecular se puedan llegar a comprender la cognición y las emociones, paya ayudar a mejorar la seguridad y autoestima de las personas. Es cierto que existen fármacos que actúan a estos niveles, pero tienen efectos colaterales indeseables. Quizá habría que dar una oportunidad a terapias enfocadas a incrementar la actividad de los circuitos neurales más eficaces para el tratamiento de la ansiedad, por ejemplo.


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CAPITULO 26. Una nueva forma de tratar las enfermedades mentales

Kandel decide enfrentar otros problemas psiquiátricos más complejos: la esquizofrenia y la depresión. En ambos casos comienza por exponer en qué consiste cada enfermedad, relatando los síntomas, una breve historia y estadísticas. En el primero de los casos se producen tres tipos de síntomas: positivos, negativos y cognitivos, siendo estos últimos los más difíciles de manejar. Además, resulta muy difícil reproducir modelos en ratones para experimentar. Aun así, diseña una estrategia en la que reproduce un modelo de comportamiento clave de un importante síntoma cognitivo: el deterioro de la memoria trabajo. Esta depende del córtex prefrontal, sobre el que existe cuantiosa información. Por supuesto, la pregunta de Kandel va a ser ¿qué sustento molecular tiene el defecto de la memoria de trabajo en el córtex prefrontal? En esta línea comienza a trabajar con ratones modificados genéticamente, ya que esto permite descomponer el cuadro de la enfermedad en componentes moleculares más simples y fáciles de analizar.
En cuanto a la depresión, parece que se debe a una menor disponibilidad de serotonina o norepinefrina, o bien de ambas. Kandel la aborda de un modo similar al anterior. Lo que quiere resaltar es el hecho de que la biología molecular está en condiciones de hacer grandes aportes a la psiquiatría y a la neurología. En este último campo, como se ha visto, la colaboración es ya bastante sólida. No sucede lo mismo con la psiquiatría, que se muestra, en general, muy reticente a las aportaciones biológicas, fenómeno que Kandel se esfuerza por erradicar con sus investigaciones. Los estudios genéticos y neurobiológicos y sus aplicaciones pueden ayudar tanto a verificar hipótesis sobre el origen y desarrollo de estas enfermedades como a aumentar nuestra capacidad de diagnosticarlas y, en la medida de lo posible, tratarlas. Si la de de los 90 fue la Década del Cerebro, la primera del s XXI “sería” la de la Terapéutica Cerebral.


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CAPITULO 27. La biología y el renacimiento del pensamiento psicoanalítico

A lo largo de este libro se ha contemplado la inestable relación de Kandel con el Psicoanálisis. Ese capítulo recoge reflexiones personales sobre este interés, que a pesar de los altibajos, nunca ha desaparecido. Su entusiasmo inicial sufrió una serie de decepciones que lo fueron apartando de él. Kandel siempre ha intentado responder a grandes cuestiones psicoanalíticas sobre la mente de una manera empírica y científica, enfoque que la mayoría de psicoanalistas rechaza. A Kandel le fascina la matizada concepción psicoanalista de la mente, pero no aprueba su desdén hacia la ciencia. El está convencido de que las cuestiones a que se enfrenta el psicoanálisis pueden estudiarse a nivel biológico, ampliando así sus fronteras.
Haciendo un breve recorrido por su historia, sí que reconoce los aportes del Psicoanálisis, que fue utilizado en sus inicios para tratar las denominadas neurosis (fobias, obsesiones, histeria, ansiedad, etc.). Observa que su principal problema es que se centraba excesivamente en la psicoterapia, y esta tiene el gran inconveniente de ser totalmente subjetiva. La protección de la intimidad del paciente hace que el tratamiento y la observación estén solo en manos del terapeuta, lo que resulta muy poco científico. Se necesita un enfoque biológico de la psicoterapia.
Gran admirador de Freud, el fundador de esta disciplina, Kandel hace notar que él sí tenía, en sus inicios, pretensiones científicas: “intentó elaborar un método neural del comportamiento pero, debido a la inmadurez de la ciencia del cerebro en ese entonces, abandonó el modelo biológico sustituyéndolo por otro que descansaba en el relato verbal de experiencias subjetivas”. Kandel está convencido de que si Freud hubiese vivido en su época, sin duda se habría dedicado, como él, a la nueva ciencia de la mente.
El capítulo concluye con un reconocimiento a una serie de psicoanalistas, encabezados por A. Beck, que tratan de imprimir un giro empírico al Psicoanálisis. Merecen una mención especial las nuevas terapias conductistas, que apoyan la necesaria unión con la biología, ya que los cambios conseguidos por estas terapias se mantienen, lo cual indica que, al igual que sucede con el aprendizaje, producen cambios estructurales en el cerebro. Luego las psicoterapias tienen un correlato físico.


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CAPITULO 28. La conciencia

El inconsciente, caballo de batalla del Psicoanálisis, hace presente el misterio inefable de la conciencia, uno de los mayores secretos de la filosofía, la psicología y, actualmente, la ciencia. Siempre ha suscitado posiciones encontradas: el reconocimiento de que nunca podremos explicarlo frente a los tímidos intentos por, al menos, intentarlo. Sin duda, Kandel se posiciona junto a estos últimos.
Se trata de una cuestión apasionante a la que se dedican numerosos científicos actuales. Crick, uno de los padres de la genética, consagró sus últimos años a ella. Pensó que este problema se subdividía en dos: el de la unidad y el de la subjetividad. El primero de ellos admite una serie de respuestas aceptables, pero el gran enigma es cómo la actividad neuronal origina la experiencia subjetiva. Poco antes de morir, Crick aventuró que esta podía hallarse en el CLAUSTRO o ANTEMURO, una delgada capa de materia gris ubicada por debajo del córtex. Funcionaría como “un director de orquesta”, integrando y atendiendo a varios impulsos a la vez, pero se sabe muy poco acerca de él.
Kandel termina explicando una serie de estudios, experimentos e investigaciones realizadas por él mismo y otros célebres científicos (Edelman, Libet, Ramachandran, Gazzaniga) relativas a importantes cuestiones relacionadas con la conciencia, como las emociones y el libre albedrío. Todas ellas abren un panorama emocionante e infinito que mantendrá la tensión y la curiosidad que mantienen viva a la ciencia.

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CAPITULO 29. Redescubriendo Viena vía Estocolmo

Finalmente, Kandel relata su experiencia al recibir en el año 2000, junto con Arvid Carlsson y Paul Greengard, el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones sobre la transmisión de señales en el sistema nervioso.
Resulta muy interesante, pues el autor da cuenta de todos los detalles relativos a la ceremonia y a los días previos y posteriores.
Por otra parte, se detiene en su ambigua relación con su ciudad natal, Viena, y las circunstancias que le obligaron a marcharse de allí. Afirma que la actitud del país sobre su relación con el nazismo siempre ha sido de silencio y exculpación, al contrario que la de Alemania, que se hizo cargo de su pasado. Kandel acabó por tomar parte activa en la recuperación de la memoria histórica de la comunidad judía de Viena y en su estado actual, organizando simposios, debates y encuentros varios sobre este tema.


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CAPITULO 30. Aprendizaje a partir de la memoria: perspectivas

El autor concluye su obra con una mirada al futuro de la ciencia. Habla con fervor de la carrera científica, por la que siente un profundo respeto y pasión, y dedica palabras cautivadoras para expresar su amor por la investigación, que ponen de manifiesto su afán incansable por conocer. Y en su opinión, en este sentido deberían converger las disciplinas científicas y humanísticas. Kandel se pone a sí mismo como ejemplo: fueron la Historia y la Literatura quienes le llevaron al Psicoanálisis y, este, a la Neurobiología. Por eso, siempre ha reconocido el enorme beneficio de su formación psiquiátrica sobre su carrera científica, ya que el interés en esta disciplina le brindó la mayoría de preguntas y retos que vertebraron esta.
¿Cuál será el rumbo de la nueva ciencia de la mente?, se pregunta en las páginas finales. “Sin duda, los aportes celulares y moleculares seguirán aportando información útil, pero no pueden por sí mismos revelar los secretos de las representaciones internas en los circuitos neurales ni las interacciones entre circuitos (…) A fin de elaborar un enfoque que nos permita relacionar los sistemas neurales con funciones cognitivas complejas, tendremos que superar el nivel del circuito neural individual y determinar cómo se combinan en una representación coherente los perfiles de actividad de distintos circuitos neurales”. Ante tales consideraciones, el científico plasma tres tendencias que podría tener la ciencia en los próximos años y que él seguiría si volviese a empezar su carrera:
1. Cómo se desarrolla el procesamiento inconsciente de la información sensorial y cómo actúa la atención para guiar los mecanismos cerebrales que estabilizan la memoria.
2. La relación entre los procesos conscientes e inconscientes en los seres humanos.
3. Vincular la labor de la biología de la mente con el de la sociología (el campo de su esposa) para promover una “sociobiología molecular realista”.
Los dos primeros puntos manifiestan que la sombra de Freud y del Psicoanálisis siempre rodearán los trabajos de Kandel.
Kandel insiste en su convicción de que las fronteras entre ciencias humanas y biológicas deben abolirse y aunar esfuerzos por explicar el mayor misterio de la naturaleza: nosotros mismos. Su testimonio da cuenta de hasta qué punto este principio marcó su vida y su obra.