La conspiración de las lectoras 
José Antonio Marina
Anagrama, 2009
Nº de páginas: 0

Resumen y traducción: María Teresa Rodríguez de Castro
 

COMENTARIO

Este libro narra la historia de un club de mujeres que se reunían en Madrid entre 1926 y 1936. El Lyceum Club femenino, creado siguiendo la inspiración de otros clubes similares que existían en Europa, buscaba desarrollar todo tipo de iniciativas para defender los intereses de las mujeres, fomentar el espíritu colectivo, organizar obras sociales, celebrar sesiones, conferencias, cursillos, concursos, exposiciones, y fiestas públicas y privadas. Narrado a modo de historia detectivesca, los autores nos lo presentan como un ejemplo de inteligencia social, en el que un grupo de mujeres de diferente religión y distinta ideología deciden aparcar sus diferencias unidas por el afán de mejorar la situación social y jurídica de las mujeres.

En la introducción del libro, José Antonio Marina, fundador de la agencia de detectives Mermelada & White, presenta el caso del Lyceum Club Femenino, un caso que le sugirió Carmen Martín Gaite una tarde que conversaban en su jardín. Se trata de un grupo de mujeres que, en palabras de una de ellas, María Teresa León, conspiraba para “adelantar el reloj de España”. Y se habla de la primera presidenta del club, María de Maeztu.

INDICE

CAPITULO 1. El retorno de un caso olvidado

Se estudia el caso del Lyceum Club Femenino como un ejemplo de inteligencia social, de aquellos fenómenos que surgen de la interacción entre inteligencias individuales. La inteligencia aislada no basta para acceder al campo de los valores comunitarios, es decir, para crear formas de vida que se puedan compartir. La inteligencia social depende a su vez de dos factores: la calidad de las personas que intervienen y la calidad de las interacciones que se dan entre ellas. Descubrir los mecanismos de los fracasos de esta inteligencia y la manera de evitarlos resultaría la más urgente tarea del pensamiento político, filosófico y ético.

Como caso de progreso ético, tenemos el reconocimiento de la igualdad jurídica, política, social y económica de la mujer. Ha sido una revolución cultural que se ha impuesto pacíficamente. El caso español se inició con un gran retraso, experimentó un avance rápido-durante la República-, un retroceso-en la época franquista-, y un progreso al llegar la democracia. En el caso del Lyceum, se dio una rara conjunción de personalidades y de talentos que aceleran la historia. Alrededor de los años veinte alcanzó su madurez la generación tal vez más brillante de mujeres españolas de toda la historia. Fueron años en los que las mujeres se esforzaron por hacerse social y políticamente visibles, años en los que se comenzó a desmontar la “mitología femenina” acuñada por el sistema patriarcal apuntalado por el sistema religioso. La discriminación legal de la mujer era tremenda por aquellos años. Como ejemplos de esta discriminación tenemos el Código Penal de 1870 y el Código Civil de 1889.

El movimiento social de la igualdad de la mujer, como todo movimiento social, requirió de una forma de organización que unificara energías dispersas, función que en su caso cumplieron muchas organizaciones de diferentes procedencias ideológicas. El caso del Lyceum Club es particularmente interesante, porque se trataba de un grupo de mujeres procedentes de ambientes ideológicos muy diversos, que se reúnen en un ambiente de concordia. Creen que la educación y la cultura pueden resolver los conflictos sociales.


CAPITULO 2. Primer informe de María Teresa

María Teresa Rodríguez de Castro, que trabaja para la agencia de detectives, recibe el encargo de José Antonio Marina de investigar la historia de este club. La investigadora narra los orígenes del Lyceum Club Femenino de Madrid, y del primero de los clubs Lyceum, el de Londres, cuyos estatutos copia. En abril de 1926 se celebra la Asamblea Constituyente, al que acuden sus 115 socias fundadoras, presididas por María de Maeztu, y en noviembre del mismo año empieza a funcionar el club en la calle infantas número 31. Acudimos a varios periódicos y revistas de la época para introducir el club. Y nos encontramos con un curioso folletín, “las mujeres de Cogul”, publicado en la revista vanguardista “la Gaceta Literaria”, folletín que parece denunciar una curiosa conspiración femenina, dirigida por una misteriosa “náufraga de Kent”.


CAPITULO 3. La conspiración se define (extracto de grabación magnetofónica)

Este capítulo recoge una conversación entre los dos investigadores, que sirve de presentación de dos de las mujeres que formaron parte del club, Zenobia Camprubí (mujer del poeta Juan Ramón Jiménez), y María Lejárraga. El caso de María Lejárraga es particularmente interesante, ya que ella escribía las obras que luego se publicaban bajo el nombre de su marido, Gregorio Martínez Sierra, empresario teatral. Una de sus obras, “carta a las mujeres de España”, recoge un texto sobre los clubes de mujeres que, según Carmen Martín Gaite, pudo servir de detonante para la fundación del Lyceum.

También nos encontramos por primera vez con un curioso personaje llamado Lorvent, que desde la revista religiosa “Iris de Paz” ataca sin piedad al Lyceum. Lorvent considera que las madres que participan en las actividades del club descuidan sus deberes familiares y el cuidado de sus hijos, y las considera peligrosas, solicitando su hospitalización o confinamiento.


CAPITULO 4. Casticismo y cosmopolitismo

Las mujeres españolas durante siglos se habían resignado a la pasividad. Se encontraban además con que el recelo hacia la igualdad era común en todas las ideologías. Sólo algunas individualidades habían luchado por abrir una brecha en esta situación. Se recogen testimonios de la época que reflejan lo que supuso para las mujeres la fundación del Lyceum Club Femenino.

Pero el club no se dedicó exclusivamente a organizar actos culturales. Las socias del club fundaron una institución educativa y asistencial, la Casa del niño, dirigida por Consuelo Bastos, que buscaba atender a los niños necesitados y educar a sus madres.

En este capítulo se cuenta la historia de las primeras universitarias en España. La asistencia de las mujeres por primera vez a clases en la Universidad trajo consigo una serie de problemas casi de orden público. La legislación no prohibía por aquel entonces a las mujeres estudiar, pero no se pensaba que tuviesen interés en hacerlo; cuando se decidieron a ello, se encontraron con múltiples dificultades.

Se hace hincapié en el cosmopolitismo del club, en su apertura hacia el exterior, y se presenta al Instituto Internacional, una institución educativa norteamericana que buscaba colaborar en la educación de las mujeres españolas.


CAPITULO 5. Las protagonistas

En este capítulo se tratan las diferentes redes sociales que se forjaron entre muchas de nuestras protagonistas, y que facilitaron la creación y el desarrollo del club. María de Maeztu dirigía la Residencia de Señoritas, y las chicas residentes podían entrar libremente en el Lyceum. Victoria Kent y Zenobia Camprubí colaboraron en la Residencia de Señoritas. A su vez Victoria fue la primera mujer graduada en Derecho, y abogadas compañeras de Victoria fueron Clara Campoamor y Matilde Huici, también miembros del club. Zenobia era amiga de otro personaje muy interesante, Constancia de la Mora y Maura. En torno a la figura de Juan Ramón Jiménez se tejió también una red, por la amistad o admiración que le profesaban algunas, como Ernestina de Champournin o María Lejárraga. Otras socias se conocían por su participación en asociaciones como la ANME (Asociación Nacional de Mujeres Españolas), entre ellas Benita Asas e Isabel Oyarzábal; o la Cruzada de Mujeres Españolas; y la Juventud Universitaria Femenina. María Lejárraga, a su vez, ayudó a Encarnación Aragoneses a convertirse en la "Elena Fortún" escritora. Otras redes las generaron las chicas del círculo de la Generación del 27 (Ernestina de Champourcin, Concha Méndez, Maruja Mallo) y Carmen Baroja. Por último, tenemos a las vinculadas al Instituto Internacional, como Helen Phipps.


CAPITULO 6. Las vanguardistas

La poetisa y nadadora Concha Méndez, la pintora Maruja Mallo y la poetisa Ernestina de Champourcin protagonizan este capítulo. Se habla en él de las Vanguardias, del afán de transgresión y del amor por la velocidad de estas jóvenes.


CAPITULO 7. Las mujeres y los códigos civil y penal (el "club de las maridas")

La situación legal de la mujer, especialmente de la mujer casada, resultaba especialmente injusta. Junto a casos concretos como los de Zenobia Camprubí, María Teresa León o Carmen Baroja se habla en este capítulo de lo que supuso para estas mujeres el conocimiento de las leyes. Los estudios de Derecho y el descubrimiento de los códigos civil y penal llevaron a nuestras protagonistas a cuestionarse el status social y jurídico de las mujeres.


CAPITULO 8. La rebelión

José Antonio Marina hace hincapié en su hipótesis sobre la inteligencia social, recordando que el dinamismo de una movilización social para luchar contra una situación injusta se inicia con la toma de conciencia de la perversidad de la situación por parte de algunas individualidades. María Teresa Rodríguez de Castro, a su vez, pretende dar a la narración de los hechos un enfoque mítico, a modo de elegía. Reproduciendo el afán por transfigurar una realidad que no nos satisface, inmortalizamos a las personas (es la historia repetida, reproducida y vuelta a vivir lo que impide que muera alguien y lo que ese alguien representa).


CAPITULO 9. La República

La instauración de la República despertó grandes expectativas entre las mujeres españolas. Victoria Kent, que fue nombrada Directora General de Prisiones, constituyó desde el principio un símbolo de la aportación femenina a la República que comenzaba. En el capítulo se recogen también artículos de periódicos y revistas de la época que contienen testimonios de mujeres acerca de lo que representaba para ellas el nuevo régimen.


CAPITULO 10. El debate sobre el voto femenino

El 14 de julio de 1931 se inauguraron las Cortes Constituyentes republicanas, de las que formaron parte 3 mujeres: Victoria Kent, Clara Campoamor y Margarita Nelken. Entre los muchos temas a discutir, figuraba el del sufragio femenino, que dio lugar a encendidos debates. Victoria Kent y Clara Campoamor defendieron posturas enfrentadas: la primera estaba en contra del voto femenino por cuestiones pragmáticas, ya que consideraba que las mujeres, influidas por sus confesores y sus maridos, iban a votar a los partidos más conservadores, poniendo en peligro la República, de ahí que defendiese su aplazamiento; Clara Campoamor, partidaria del voto femenino, lo defendió en las Cortes, logrando al final su aprobación por 40 votos de diferencia.


CAPITULO 11. Quiebra de la inteligencia social

La quiebra de la socialidad que existía en aquel momento histórico contrasta con el empeño en crear redes sociales que impuso el Lyceum. La inteligencia social se vio afectada por dos virus, la violencia y la intransigencia. El Lyceum no pudo mantenerse ajeno a esta efervescencia política, y algunas de sus protagonistas terminaron distanciándose.


CAPITULO 12. La razón y los monstruos

Se narra en este capítulo la trágica historia de Hildegart, una niña prodigio moldeada a su antojo por una madre empeñada en convertirla en redentora de las mujeres. A los autores les parece que la terrible historia de Hildegart es una parábola sobre la España de esa época.


CAPITULO 13. La Guerra

La Guerra interrumpe las actividades del Lyceum. También paralizan sus actividades el Instituto Internacional y la Residencia de Señoritas.


CAPITULO 14. Crónica de los adioses

Tras la Guerra, muchas de nuestras protagonistas se ven obligadas a exiliarse al extranjero, mientras otras se quedan en España. Este capítulo nos cuenta el destino de varias de nuestras protagonistas: María de Maeztu, Victoria Kent, Clara Campoamor, Zenobia Camprubí, María Lejárraga, Constancia de la Mora, Elena Fortún, Isabel Oyarzábal, Ernestina de Champourcin, Concha Méndez, María Teresa León, la Condesa de Campoalange.


CAPITULO 15. Epílogo

El Lyceum deja de funcionar por la Guerra Civil. Sus locales, incautados por la Falange, se convirtieron en el Círculo Cultural Medina. El régimen franquista retomó el modelo patriarcal, y las reformas legislativas que se produjeron volvieron a implantar la legislación anterior a la República. Tuvo que llegar la Democracia para que la situación jurídica y legal de las mujeres cambiase.