La educación del talento 
José Antonio Marina
Ariel, Barcelona, 2010
Nº de páginas: 0

Resumen y traducción: María Teresa Rodríguez de Castro
 

COMENTARIO

Este libro inicia una colección de libros sobre educación, dirigidos a padres y docentes. Educar es, para el autor, la actividad fundacional de la especie humana. Estos libros tienen una finalidad práctica, ayudar a educar. El método pedagógico que se propone une la sabiduría educativa de la humanidad con los últimos descubrimientos en neurociencia o en psicología evolutiva. Los libros tienen una parte expositiva, en papel, y una ampliación científica, histórica, documental, en la red.

En este primer libro se analiza el talento, lo que el autor considera como la inteligencia triunfante. Se estudian los dos tipos de inteligencia, la denominada generadora, y la inteligencia ejecutiva.

Los capítulos de este libro se engloban bajo el nombre “campamentos base”, utilizando un símil alpinista. Incluyen una sección en la que se hace referencia a expertos en el tema tratado, otra sección titulada “fuego de campamento”, donde conversan distintos individuos, y por último otra donde se comenta lo que se está haciendo en la Universidad de Padres en relación con estos temas (“de la teoría a la práctica”).
INDICE

CAPITULO 1. Campamento base número 1: la educación del talento

El objetivo de la educación es educar el talento de los individuos y las colectividades. No educamos para obtener buenos resultados escolares, sino buenos resultados vitales fuera de la escuela. El talento es la inteligencia triunfante. La función principal de la inteligencia es dirigir bien el comportamiento, aprovechando para ello su capacidad de asimilar, elaborar y producir información. Lo que nos interesa lograr es el gran talento, que nos permite utilizar bien nuestras destrezas y capacidades para dirigir nuestra acción hacia una vida lograda. Necesitamos un talento flexible, y necesitamos fomentar talentos personales muy maduros. La Universidad de Padres aspira a convertirse en un observatorio que oriente a los educadores sobre el rumbo que toman las cosas. El objetivo de este libro es explicar cómo funciona esa inteligencia práctica, no para detenernos en el conocimiento, sino para extraer de él consecuencias educativas, para gestionar mejor nuestras propias vidas.
Nuestra inteligencia se divide en dos niveles: la inteligencia generadora, matriz de nuestra vida consciente, y la inteligencia ejecutiva, que supervisa, evalúa y dirige la acción. Cualquiera que sea el hábito que deseemos fomentar, podremos referirlo a uno de los dos niveles de inteligencia. Junto a estos dos factores, existe un tercer factor de la inteligencia, los criterios de evaluación (el sistema evaluador acepta, rechaza, bloquea el paso a la acción o actúa tras evaluar las ideas, sentimientos y deseos generados por la inteligencia generadora o computacional).

Los expertos tratados en este capítulo son Robert J. Sternberg, uno de los más reputados expertos actuales en temas de inteligencia; Howard Gardner, autor de la teoría de las “inteligencias múltiples”; y Jerome Bruner, uno de los psicólogos más creativos del siglo XX.


CAPITULO 2. Campamento base número 2: la inteligencia generadora

Las ocurrencias, las creaciones de la inteligencia generadora, son los deseos e impulsos (deseos son la conciencia de nuestras necesidades o de nuestras expectativas, y nos mueven a la acción), los sentimientos (que evalúan la situación y tienen una función adaptativa), las ideas y soluciones a los problemas, la comprensión, las enfermedades mentales.

Una gran parte de nuestra actividad es consciente. Únicamente se hacen conscientes algunos de los resultados de esa actividad. Sabemos que podemos mejorar y ampliar esas operaciones. ¿Cómo se consigue esta habilidad? Mediante el entrenamiento, que consiste en rediseñar las capacidades motoras y perceptivas de acuerdo con un programa. Es preciso recordar la siguiente estructura: progreso=habilidades innatas+ proyecto+ entrenamiento.

Hacer proyectos es una fantástica capacidad de la inteligencia que nos permite dominar de alguna manera el futuro, darle sentido. Mediante ellos, nos seducimos a nosotros mismos desde lejos. Una de las capacidades más sorprendentes de la inteligencia es la de encontrar posibilidades en la realidad, si le enseñamos a buscarlas. La educación debe basarse en esta idea creadora de la inteligencia y elaborar una pedagogía de la posibilidad. Una persona es lo que es más el conjunto de sus posibilidades.

Los expertos tratados en este capítulo son Eric Kandel, al que le ha interesado sobre todo estudiar las bases moleculares de la plasticidad del sistema nervioso central; Carol Dweck, que investiga la motivación; y Daisetz Teitaro Suzuki, introductor del budismo zen en Occidente, y que acuño el concepto “inconsciente adiestrado”.


CAPITULO 3. Campamento base número 3: la inteligencia generadora de deseos

La experiencia del deseo es una inquietud dirigida hacia un objeto o una acción que aparecen como la satisfacción posible de esa inquietud. Puede definirse como la conciencia de una necesidad o la anticipación de un premio. La tesis del autor es que los animales y los humanos nacemos con un repertorio fijo de necesidades y un repertorio programado de premios, y que cualquier educación tiene que basarse en ellos.

Se pueden aislar tres deseos básicos: el deseo de bienestar personal; el deseo de relacionarse socialmente, de formar parte de un grupo y de ser aceptado; y el deseo de ampliar las posibilidades de acción. Estos tres grandes deseos no existen en estado puro, sino que se dan modulados por la cultura. Basados en esos tres deseos básicos, experimentamos otros deseos que proceden de emociones concretas.

“Motivación” significa tener ganas de hacer algo. Se diferencia del simple deseo, porque incita a la acción. El deseo es sólo uno de los componentes de la motivación, que es el resultado de tres ingredientes: deseo+ expectativas+ facilitadores. El primer recurso pedagógico consiste en enlazar la tarea con algunos de los deseos básicos; el segundo factor de la motivación es el objetivo, el premio, la meta, que debe atraer, enlazar con el deseo. El incentivo incendia el deseo, lo dirige. Queda el tercer factor de la motivación: factores que animan a la acción o que la facilitan.

Los deseos pueden plantear problemas si son excesivos y al sujeto le resulta difícil controlarlos, o también si existe una debilidad de los deseos, el problema de la apatía. En el programa de la Universidad de Padres se ha introducido como objetivo fomentar en los niños un tono vital alegre y emprendedor. Una pedagogía de los incentivos es el único recurso que tenemos para despertar los buenos deseos dormidos. Tenemos dos herramientas educativas: la primera es reducir los obstáculos, eliminando las creencias que le bloquean y aumentando la habilidad para la tarea; la segunda es ayudar a anticipar el placer de la meta.

Los tres expertos tratados en esta capítulo son Daniel Goleman, que estudia la inteligencia emocional; Jerome Kagan, psicólogo evolutivo que ha estudiado la influencia del temperamento; y Albert Bandura, psicólogo que ha estudiado lo que llama el “sentimiento de la propia eficacia”.


CAPITULO 4. Campamento base número 4: la inteligencia generadora de sentimientos

Los sentimientos nos informan de cuál es el estado de nuestro organismo, y en especial de cómo se están comportando nuestros deseos en su choque con la realidad. Cada uno de los sentimientos impulsa a una determinada acción, es decir, despierta algún tipo de deseo de segunda generación. Cada uno de nosotros tiene su propio “estilo afectivo”, de la misma manera que tiene su propio “estilo desiderativo y emocional”, su perfil de deseos.

Los expertos suelen llamar técnicamente a los mecanismos productores de sentimientos “esquemas emocionales”. Nuestra inteligencia generadora estaría compuesta de esquemas emocionales, que son estructuras neuronales llenas de información adquirida a través de la experiencia vital. Ese esquema interpretativo de la experiencia estaría compuesto, según el autor, de cuatro elementos más o menos educables: la situación real del organismo, los deseos y proyectos, las creencias que tenemos acerca de cómo funciona el mundo y las otras personas, y las creencias que tenemos acerca de nosotros mismos y de nuestra capacidad para enfrentarnos a los problemas. El autor estudia en este capítulo el aprendizaje de tres hábitos sentimentales: la confianza en sí mismo, el optimismo y la compasión.

En este capítulo los expertos estudiados son John Gotmann, que estudia las relaciones de pareja y la educación de los sentimientos; Leslie S. Greenberg, por sus trabajos sobre el cambio emocional; Martin Seligman, que apela a una “psicología positiva” que debía elaborar una “ciencia de la prevención”; y Cristophe André, que ha escrito sobre el aprendizaje de la autoestima.


CAPITULO 5. Campamento base número 5: la inteligencia generadora de ideas

A nuestra conciencia no sólo llegan deseos y sentimientos, sino también ideas, proyectos, palabras. Hay dos tipos de discurso: el racional y el creativo, y ambos tienen la misma estructura: pensar= actividad+ redes cognitivas + operaciones de búsqueda + evaluación. La hipótesis de trabajo es que si ayudamos a nuestros hijos y alumnos a construir bien esos cuatro elementos, los resultados serán excelentes.

En cuanto a la actividad, podemos decir que hay un modo pasivo de recibir la información y un modo activo, que incluye cualquier dato dentro de operaciones de comparación, relación, interrogación, etc. Es necesaria una actitud activa para que nuestra inteligencia funcione bien.

Por lo que se refiere a las redes cognitivas, debemos hablar en primer lugar de la memoria. Cada uno de nosotros construye en su memoria una representación del mundo que sirve de intermediario con la realidad. La memoria es un gran sistema dinámico. Es la plasticidad de nuestro cerebro en acción. Es la esencia de nuestra inteligencia generadora. Todos construimos mapas de la realidad para orientarnos. En la Universidad de Padres creen que se debe fomentar en el niño y en nosotros una adecuada representación de la realidad, rica, amplia, verdadera, valiosa, llena de posibilidades.

Al hablar de las operaciones de búsqueda, debemos recordar que al razonar, inventar o resolver problemas realizamos diferentes operaciones mentales: relacionar, combinar, extrapolar, introducir variables, anticipar consecuencias, inventar modelos, inducir, deducir, son operaciones necesarias que con frecuencia realizamos automáticamente. También en ellas interviene la memoria. Los niños realizan espontáneamente muchas de esas operaciones. Pero a partir de ahí comienzan a aprender a pensar.

Queda por mencionar el criterio de la evaluación. Las ocurrencias que tenemos pueden ser óptimas, buenas, regulares, malas o detestables, y lo importante es saber elegir las mejores y saber utilizar el criterio adecuado.

Los expertos estudiados en este capítulo son Marvin Minski, por sus trabajos sobre inteligencia artificial; Aaron Beck, que forma parte de un grupo de psicólogos que ha estudiado el papel de las creencias en nuestra vida mental, y que ha elaborado una terapia cognitiva muy útil; y Mathew Lipman, el creador de la “filosofía para niños”.


CAPITULO 6. Campamento base número 6: la inteligencia ejecutiva

Aparece la libertad, que transfigura todo lo anterior. El cerebro del niño es cambiado por la cultura, que no sólo incluye contenidos, conocimientos, sentimientos, sino técnicas para dirigir el propio cerebro. El niño va a aprender a manejar hasta cierto punto su inteligencia generadora. La habilidad para controlar nuestra propia conducta es una habilidad aprendida por presión social.

Es importante que dirijamos nuestra búsqueda. Tenemos que enfrentarnos a la realidad mediante un proyecto. Podemos dirigir la percepción, seleccionando entre lo que vemos aquello que es pertinente para nuestro proyecto.
Al aparecer la inteligencia ejecutiva, cada una de nuestras facultades generadoras experimenta una transfiguración. Realizo una cosa atentamente cuando pongo al servicio de esa actividad todos los recursos mentales necesarios. Se están intentando desarrollar instrumentos pedagógicos para fomentar la activación.

El lenguaje es un poderoso canal de comunicación entre nuestra inteligencia generadora y nuestra conciencia. En el método de la Universidad de Padres, la educación del habla interior tiene una gran importancia.

La gran epopeya humana, que la educación mantiene y transmite, ha consistido en alcanzar cada vez mayor grado de libertad y de autonomía. Para conseguirlo, hemos ido perfeccionando nuestros sistemas de autocontrol. No podemos evitar que nuestra inteligencia generadora funcione a su aire, pero intentamos influir en sus mecanismos para que sus ocurrencias sean buenas. Intentamos dirigir su comportamiento inteligentemente, es decir, de acuerdo con proyectos que elegimos.

Los expertos estudiados en este capítulo son Lev Vygotsky, que acabó transformando el campo de la psicología infantil; Alexander Luria, un gran neurólogo que estudió el cerebro ejecutivo; Antonio Damasio, cuya obra es fundamental desde un punto de vista neurológico y educativo; y Elkhonon Goldberg, que estudió el cerebro ejecutivo e investigó sobre los lóbulos frontales.


CAPITULO 7. Campamento base número 7: la aparición de la voluntad

El autor descubrió con sorpresa hace un decenio que la voluntad había desaparecido de los libros de psicología y, después, de los de pedagogía y didáctica. Es partidario de una nueva voluntad: antiguamente, la voluntad era una facultad innata; para la nueva teoría, ni es una ni es innata, sino que se compondría de cuatro hábitos: inhibir el impulso, deliberar, decidir y ejecutar el proyecto.

La voluntad es un conjunto de hábitos fuertes, aprendidos, para inhibir el impulso de la motivación, movilizar recursos cognitivos, apelar a un criterio superior de evaluación, comparar, aceptar o rechazar. Es un aprendizaje de la libertad en todos los niveles. El núcleo duro de la voluntad sería el hábito de obedecer a una norma propia que funciona además como criterio de evaluación. Aquí es donde aparece la noción y el aprendizaje del deber, elemento esencial para la libertad.

Los expertos estudiados son T. Terry Brazelton, un famoso pediatra estadounidense, autor de la escala de evaluación neonatal, que ha fundado el Instituto Brazelton para el desarrollo sano de los niños; John Dewey, filósofo que ha tenido una enorme influencia sobre la escuela, y que puso un especial énfasis en la educación mediante proyectos; y los psicólogos y educadores de la “Psicología Positiva”, movimiento iniciado por Martin Seligman, que sintieron la necesidad de recuperar el concepto de “virtud” en su sentido más originario: energía para la excelencia.


CAPITULO 8. Campamento base número 8: los criterios de evaluación

La gran tarea de la inteligencia es dirigir bien el comportamiento, y para ello necesita tener unos criterios de evaluación. Una idea muy vaga es aceptada como proyecto por una persona, que comienza unas tenaces actividades de búsqueda. Al final tienen que seleccionar las que considera mejores y decidir cuándo está terminado el proyecto. Enunciarlo, mantenerlo y dar la orden de parada son tareas de la inteligencia ejecutiva.

Los recursos estudiados hacían referencia a un proyecto vago pero irrenunciable: la propia felicidad. Debemos hacer un esbozo de la felicidad que nos sirva de criterio de búsqueda. Felicidad es la armoniosa satisfacción de nuestras tres grandes necesidades: el bienestar, la vinculación social y la ampliación de posibilidades.

La educación de la inteligencia generadora y de la inteligencia ejecutiva debe estar dirigida a facilitar la realización de este doble proyecto individual y social: la felicidad subjetiva y la felicidad objetiva. Somos personas autónomas que necesitamos estar socialmente vinculadas. La educación de la libertad se prolonga así con la educación moral. Sociedades estúpidas son aquellas en que las creencias vigentes, los modos de resolver conflictos, los sistemas de evaluación y los modos de vida, disminuyen las posibilidades, el bienestar o la sociabilidad de las inteligencias individuales.

Los expertos estudiados en este capítulo son F.A. Hayek, que elaboró una genealogía de la moral, y que se interesa por la investigación de la inteligencia social; Francis Fukuyama, sociólogo estadounidense que estudió cómo los grupos humanos crean sistemas normativos espontáneos para mantener un “orden extenso”; Michael Tomasello, que ha estudiado la aparición de la inteligencia humana; e Irenäus Eibl-Eibesfeldt, que ha estudiado la necesidad de vinculación de los seres humanos. El círculo lo cerraría Kant, que creía en la realidad moralmente necesaria de un progreso moral.