EL MITO DE LA EDUCACION 
Judith Rich Harris
Grijalbo, Barcelona, 1999
Nº de páginas: 532

Resumen y traducción: María de la Válgoma
 

COMENTARIO

Es un curioso libro que va contra corriente de todo lo que psicólogos y consejeros h an estado asegurando desde Freud. Escrito de u na manera desenfadada y amena, con miles de curiosos datos, su gran carga de sentido común no está reñida con el rigor científico con el que trata de probar sus tesis. Creo que tiene toda la razón en lo referente a la socialización del niño y del adolescente, sobre todo de este último, donde el grupo -los pares_ tiene mucho más peso que los padres. Pero en mi opinión, su tesis es menos defendible si nos referimos a la primera infancia, en la cual la influencia de los padres en el desarrollo emocional del niño es mucho mayor. Es un libro estupendo para los padres, ya que suaviza el sentimiento de culpabilidad que hoy casi todos tienen, y es conveniente para los educadores en cuanto que señala la importancia del grupo y los efectos que la distinta configuración de grupos dentro de la escuela, puede tener. Es un libro sugerente y animoso.
INDICE

CAPITULO 1. Educación no es lo mismo que entorno.

"Herencia y entorno", o como hoy día se designan "naturaleza y educación" son los dos selementos que siempre se han considerado como esenciales en el desarrollo psicológico y emocional del niño. Lo genético frente a lo ambiental. Ellos nos han convertido en lo que somos hoy y determinarán como serán nuestros hijos el día de mañana. La autora quiere mostrar que esa creencia sobre la educación de los hijos no es más que eso, una creencia. Que es además, poco fiable, por lo que quiere sustituirla por otra. "Lo que ofrezco es un punto de vista tan poderoso como aquel al que reemplaza, una nueva manera de explicar por qué los hijos salen como salen". Lo que rich combate no es el elemento genético sino el educativo, cómo ocurre el proceso de socialización: "La socialización es el proceso por el cual un bebé salvaje se convierte en una criatura domesticada, lista para ocupar un puesto en la sociedad en la que ha sido educada", y esa socialización es algo que -según la creencia- los padres inculcan a los niños. La autora trata de desmotnar esta creencia fijándose en tres ejemplos: el de los inmigrantes, el de los niños de la clase alta inglesa (que apenas ven a sus padres ni en la infancia ni en la adolescencia) y el de la imitación de los padres, ya que la socialización es lo contrario de la imitación y los niños se socializan apartándose de lo que hacen los padres (el niño no debe fumar, ni beber, ni cruzar solo la calle, todo lo que los adultos hacen). Sostienen que lo más importante no se aprende en el hogar, y que lo que en él se aprende puede ser irrelevante fuera.

CAPITULO 2. La naturaleza (educativa) de la evidencia

La suposición tradicional sobre la crianza de los hijos -la idea de que los padres son lo más importante en el entorno de los niños, que pueden determinar en muy alto grado el modo como acaban saliendo alos hijos, es un producto de la psicología universitaria, no tiene un origen popular. Los investigadores de la socialización parte de esta idea preconcebida_ que hay buenos métodos de educación de los hijos y que los padres que los empleen tendrán mejores hijos que aquellos que los tienen malos. El objetivo es demostrar que sio hacer lo que debes obtendrás el resultado deseado, pero eso se basa en correlaciones y las correlaciones son siempre ambiguas. Pero no es razonable pensar que si sse ha sido criado por un padre mandón el hijo también lo será. Más bien ocurrirá lo contrario. Parece además que la genética tiene influencia en un 50% de cómo son o resultan los niños (Tras experimentos hechos con niños adoptivos o con mellizos criados separadmanete). Luego que los niños se parezcan a sus padres en ciertos rasgos puede ser debido a la genética. Pero además, los padres no tienen un estilo educativo fijo. El modo como se comporta un padre respecto de u n niño en particular depende de la edad del niño, de su apriencia física, de su conducta habitual, de su conducta pasada, su inteligencia y su grado de salud. Los padres confeccionan su estilo educativo a medida de cada niño. La educación no es algo que los padres les hagan a los niños, sino algo que padres e hijos hacen conjuntamente.

CAPITULO 3. Naturaleza, crianza y ninguna de las dos

En la Universidad de Minnesota lleva haciéndose desde hace tiempo un experimento con  niños gemelos que han sido criados separadmaente. El método se basa en dos  premisas fundamentales. I. Que la gene que comparte genes deberá arecerse más que la gente que no los comparte y 2. Que la gene que comparte un mismo entorno en la infancia deberá parecerse más que las que no lo comparten. Tras mucho tiempo los genetistas conductistas han llegado a la conclusión de que lal primera premisa es cierta, ya que las personas que comparten genes se parecen más que los que no los comparten, pero no la segunda, ya que las personas que crecen en un mismo hogar -p.ej. niños adoptivos- no se parecen más que los que crecen en lugares distintos. También se ha estudiado durante más de 40 años si el puesto que ocupa el niño entre los hermanos tiene alguna influencia en la personalidad, concluyendo que no tiene ningún  efecto ni en la personalidad ni en la conducta (Aunque sí se demostró que el 50% de las madres y de los padres entrevistados admitieron que preferian a u no de los hijos frente al otro. De esos padres el 87% de las madres y el 85% de los padres preferian al más joven. Y al parecer esto es así en todo el mundo). Tampoco influye que la madre trabaje fuera del hogar, ni el tipo de familia,. si es convencional o "moderna" (la formada, p.ej. por homosexuales). otro dato que tampoco es significativo: la presencia o no de hermanos aunque el niño único tiene una vida muy distinta al del que tiene hermanos.

CAPITULO 4. Mundos separados

Todos los niños tienen al menos dos entornos distingos: el hogar y el mundo de fuera del hogar, cada uno de sus propias reglas de comportamiento. Los niños tienen una extraordinaria facilidad para cambiar de u no a otro, para cambiar de personalidad. Eso se ve claramente observando el juego. Un  niño puede ser muy quisquilloso para comer en casa y comer en la guardería las cosas que en casa se niega a probar. Los niños aprender por separado como comportarse en cada contexto. Y parecen estar motivados para mantener separadas las dos vidas (por eso es muy raro que u n niño que sufre maltrato en casa lo cuente). Los niños quieren desesperadamente seres normales, y parte de esa normalidad es tener unos padres normales. Si sus padres son distintos querrán ocultárselo a sus compañeros. "Los padres pertenecen al hogar, y cuando salen de él ponen nerviosos a los niños" dice Rich. En la adolescencia tal afirmación no puede ser más cierta. Todos los padres lo sabemos.

CAPITULO 5. Otros tiempos, otros lugares

La creencia de la gente acerca de cuánto (o de si) los padres influyen en el desarrollo de sdus hijos, así como sus puntos de vista acerca de cómo son los niños y como deben ser tratados, varía en el tiempo y en el espacio. Si un niño nace en un pueblo del norte de la India lo más normal es que acabe siendo granjero y si es niña esposa de granjero. La idea de que la niñez juega u n papel importante en la vida del niño es una idea nueva y específica de nuestra época. Durante mucho tiempo se pensó que dar afecto a un niño era muy negativo para él. La investigación que se hace y las interpretaciones sobre educación son producto de nuestros puntos de vista, culturalmente condicionados, en las que se mezclan creencias y emociones. Por eso se pasa de una teoría a la contraria dependiendo del tiempo o del lugar. En los años 60 se debía dejar llorar a un niño porque si se le tomaba en brazos se convertiría en un tirano. Veinte años después eso es visto como una especie de crueldad.

CAPITULO 6. Naturaleza humana

Este capítulo comienza narrando un curioso experimento que se hizo en 1932, por el que una familia -los Kellogg- aceptaron criar a su niño, Donald de diez meses, con una chimpancé Gua, de siete y medio. Querían criarlos juntos para ver si un chimpancé criado como un niño sería capaz de desarrollar habilidades humanas. Sse trataba a los dos de igual manera. Gua comía lo mismo que Donald, se la vestía como a él -pijama, zapatitos, babero-, se lavaba los dientes y hasta aprendió a usar el orinal. Era más graciosa, más expresiva, más cariñosa y parecía aprender más rápido. Los dos se llevaban muy bien y se consolaban en sus lloros. En lo único que Donald aventajaba a Gua era en la imitación. Imitaba su compañera en casi todo -ella era la que llevaba la iniciativa- y aprendió a comunicarse en su lenguaje tanto que a los 19 meses solo podía decir tres palabras en inglés. Ahí acabó el experimento y Gua volvió al zoo. Este experimento le sirve a la autora para hacer u n recorrido por la historia de la evolución de las especies. Lo que quiere demostrar es que el sentimiento de grupo es tan importante en el hombre como en el chimpancé y que ambas especies odiamos a los extraños. El ellos y nosotros ha estado presente desde el comienzo de la evolución y sigue siendo importante hoy. El sentimiento de grupo, el ingrediente social es más importante que el familiar. "El cerebro humano -dice Rich- es, ante todo, una herramienta para tratar con el entorno social. Tratar con el entorno físico es secundario".

CAPITULO 7. Nosotros y ellos

La autora estudia aquí el sentido grupal, más que social del hombre. Empieza por ver la famosa novela de Golding El señor de las moscas, en la que un grupo de adolescentes británicos quedan abandonados a su suerte en una isla tropical tras un accidente aéreo, y en la que terminan matándose u nos a otros, para seguir con las teorías de Darwin: "Las tribus que ocupan territorios adyacentes están casi siempre en guerra entre ellas". Y sin embargo, "un salvaje arriesgará su propia vida por salvar la de otro de la misma comunicad". "Los instintos sociales nunca se extienden a todos los individuos de la misma especie, "Rich cree que nuestros cerebros están construidos para dividir a las personas o cosas en grupos. Esa categorización provoca un incremento de las diferencias entre los grupos. Dentro del grupo puede haber una diferenciación creándose subgrupos que hacen entre ellos una asimilación (p. ej., en un grupo como la escuela hay subgrupos- chicos y chicas, niños y adultos, etc.). La categorización requiere más de una categoría: se necesitan un ellos para crear un nosotros. La socialización se hace en el grupo, que es lo psicológicamente significativo. "Del grupo se extraen reglas, principios y creencias acerca de las actitudes y la conducta apropiada", dice Jhon Turner, un psicólogo social australiano al que sigue Rich en lo que ha llamado su teoría de "la socialización grupal".

CAPITULO 8. En compañía de niños

Lo que la autora defiende en este capítulo es que los niños nacieran con ciertas características. Sus genes les predisponen a desarrollar cierto tipo de personalidad. Pero el entorno puede cambiarles. No la "crianza" -el entorno que le pueden proporcionar sus padres- sino el entorno de fuera del hogar, el que comparten con sus compañeros. Durante mucho tiempo se dijo que la primera relación, la relación madre-hijo funciona como una especie de plantilla para las relaciones posteriores, "una teoría llamativa, pero equivocada", a juicio de Rich, porque la mente del niño no almacena un solo modelo de comportamiento, sino varios: uno para cada relación. Cree que a la larga la ausencia de madre -pese a sostener la improtancia de esa relación primera, básica para ela desarrollo social y cerebral del niño- no es tan negativa como la ausencia de compañeros. "Aunque una madre no puede actuar como sustituta de los compañeros, los compañeros sí que pueden actuar a veces como sustitutos de las madres". Cuenta una historia, recogida por Anna Freud, de un grupo de niños -seis niños de 3 y 4 años- que sobrevivieron a un campo de concentración nazi, y que tras morir sus distintos padres al poco de nacer, y las personas que ocasionalmente se habían hecho cargo de ellos, fueron llevados a un centro infantil en Inglaterra. Lo que les salvó fue el estar juntos y crear entre ellos lazos emocionales muy fuertes antes de los 4 años, lo que no ocurre con niños que están sus primeros 4 años en un orfanato. La socialización de un niño se da, sobre todo en su grupo de juegos. Al niño no le importa como comportarse en casa, sino en su grupo, para ser aceptado. Rich cree que lo que tiene efectos permanentes en la personalidad es como se sea considerado dentro del grupo. Si uno se siente rechazado crece la inseguridad y baja la autoestima. "Has sido juzgado por un jurado de iguales y se te ha declarado culpable. Jamás superas algo así".

CAPITULO 9. La transmisión de la cultura

La antropóloga Margaret Mead definió la cultura como "un cuerpo sistemático de comportamiento aprendido que se transmite de padres a hijos". Pero la cultura pueden transmitirse de una generación a la siguiente de distintos modos: puede transmitirse de padres a hijos por lo que aquellos premien o castiguen, por imitación de los niños a sus padres, porque imiten a todos los adultos de su comunidad, o por lo que piensa la autora: "los niños pueden imitar a otros niños, preferiblemente a aquellos que van un poco por delante de ellos en edad o en estatus social. La influencia de la sociedad adulta sería una influencia indirecta". El problema es que todos los aspectos del entorno del niño están relacionados, por lo que es imposible decir que aspectos de ese entorno es el que tiene mayor efecto. Hay que separar las influencias genéticas de las del entorno, y dentro de éstas separar unas de otras, y ver qué ocurre cuando alguna está ausente o difiere. Un ejemplo son los niños de inmigrantes, que aprenden una cultura diferente de las de sus padres, y la aprenden de sus compañeros. "Los niños de los inmigrantes  llevan la cultura de sus compañeros a sus padres, pero no suelen llevar la de sus padres al mundo de sus compañeros". Cuando la cultura de fuera de casa difiere de la de casa, vence la de fuera. También pone el ejemplo de los niños sordos. La conclusión de la autora es que "ni los métodos de crianza de los hijos, ni la imitación de los padres por culturas se transmiten de unas generaciones a otras". Tampoco la imitación de todos los adultos cuando los niños tienen una cultura diferente de la de los adultos. Rich sostiene que la socialización, el desarrollo de la personalidad y la transmisión de la cultura se producen en el grupo, a través de los compañeros. ("El objetivo de un niño no es convertirse en un adulto de éxito, del mismo modo que el objetivo de un prisionero no es convertirse en un buen guardián. El objetivo de un niño es convertirse en un niño que tenga éxito").

CAPITULO 10. Reglas de género

Mientras las ideas de los adultos acerca de hombres y mujeres y del papel que juegan ambos se han ido haciendo cada vez más igualitarias, la cultura de los niños siguen siendo igual de sexista. "Es la cosa más desagradable que he hecho en mi vida", le dijo un niño de 7 años al psicólogo que le había pedido que cambiara los pañales a una muñeca. Aunque niños y niñas no nacen iguales esas diferencias se incrementan en la primera década de vida, y eso lleva a u na abierta hostilidad entre los sexos. Esa masculinidad y esa feminidad se conforman en el entorno que comparten con sus compañeros, incluso en contra de las ideas de los padres y del comportamiento de éstos. Una mujer puede conducir un autobús, y un padre dar el biberón a su hijo, pero los niños nunca harían algo así en presencia de alguien de su grupo. Los años de mayor importancia para la socialización son los de la mitad de la infancia, de los 6 a los 12. Durante todo este tiempo los niños de nuestra sociedad pasan la mayor parte de su tiempo  con compañeros de su propio sexo. No se socializan a sí mismos como niños, sino como chicas o chicos, y así se autoclasifican. Son los propios niños y no los adultos, los que inician y mantienen la segregación sexual. Las amistades y los enamoramientos son relaciones personales, pero no se confunden con el grupo. Los grupos de chicos tienden a ser jerárquicos. Hay un líder y  no pueden demostrar debilidad. Las relaciones entre chicas son más próximas y exclusivas, aunque o necesariamente duraderas. A las chicas no les interesa mandar y prefieren cooperar. Los niños son más sexistas cuando están fuera del control de los adultos. Y lo mismo si el sexo opuesto está lejos. Las chicas no actúan de forma tan femenina si los chicos no están. Si las chicas quieren jugar con los chicos, tienen que acatar sus reglas. La mayor agresividad de los chicos está muy documentada.

CAPITULO 11. Escuelas de niños

Los profesores tienen poder y responsabilidad  porque tienen el control de un grupo entero de niños. Pueden influir en sus actitudes y conducta. Y extienden su influencia donde es posible que tenga efectos duraderos: en el mundo de fuera de casa, el mundo donde habrán de pasara su vida de adultos. Pero para los niños, en la escuela las personas más importantes son los otros niños. La grupalidad hace que a las personas les guste sobre todo su propio grupo. Hay un efecto grupal de contraste en acción. Cada grupo desarrolla diferentes normas y diferentes actitudes. Cuando los profesores dividen a los niños en buenos lectores y no tan buenos, los buenos lectores tienden a mejorar y los no tan buenos a empeorar. un profesor con verdadero talento puede impedir que la clase se divida en pequeños grupos y convertir la clase entera en un auténtico nosotros. El trabajo del profesor es más difícil cuando sus estudiantes proceden de clases socioeconómicas muy distintas. En un artículo de Science se dice que los niños que tienen mejor rendimiento en la escuela proceden de hogares en los que hay un diccionario y un ordenador. Son hogares de clase media con padres de formación universitaria. Los chicos llevan esa cultura a la escuela, adonde es aceptada porque es común. En un estudio hecho en Francia se descubrió que los niños adoptados por familias de clase media tenian un coeficiente intelectual más alto que los adoptados por familias trabajadoras. Había una diferencia de doce puntos entre los promedios de ambos grupos.

CAPITULO 12. Hacerse mayor

El niño deja la esfera de su familia inmediata cuando sale de los brazos de su madre y va a la escuela, a los tres años. El objetivo de los ritos de pubertad que hay en tantas culturas, es sacarle del grupo del juego y meterle en una nueva categoría social en la que se espera de él que asuma el trabajo y las responsabilidades de u n hombre. En nuestra sociedad eso no sucede y  hemos tenido que crear categorías en las que incluir a los chicos que han crecido pero que no son todavía adultos. Una de esas categorías es la de adolescentes. Cuando los únicos grupos de edad son niños y adultos, la hostilidad entre los grupos está oscurecida por la dependencia, por un lado y la crianza, por el otro. Pero cuando los adolescentes forman su propio grupo, la hostilidad entre los grupos de edad -adolescentes y adultos- puede aflorar. Y aflora. Esa hostilidad es más visible cuando la grupalidad es relevante, porque es el grupo el que la provoca. Han adquirido una talla adulta, pero no quieren que se les confunda con adultos. Por eso pueden teñirse media cabeza de púrpura o escuchar u na música difícilmente soportable. Si los adultos piensan que algo es horrible eso mismo lo convierte en atractivo para el adolescente. La personalidad que se adquiere entre compañeros de infancia y de adolescencia es la que nos acompañará el resto de la vida. En algún momento  entre los 17 y los 25 años el yo interior deja de cambiar, quizá porque el cerebro ya ha madurado físicamente, o quizá que al hacerse adultos no hay ya un grupo de compañeros como lo había en las edades más tempranas, o porque ya no va a experimentar penas tan duras por no adecuarse a las normas del grupo.

CAPITULO 13. Familias desestructuradas y niños problemáticos

El capítulo comienza hablando de un niño asesino de hace más de cien años, y de un artículo sobre él en el que se decía que el niño había salido así porque durante el embarazo su madre había visto muchas películas truculentas. "Antes el periodo de culpabilidad duraba nueve meses, ahora toda la vida". Rich quiere probar que el hecho  de que un niño sea problemático no se debe -o no solo- a sus padres. Dice que es una injusticia decirle a una mujer que si tiene sobrepeso la culpa es suya, y si lo tienen sus hijos también (y eso pese a que la gordura y la delgadez son más hereditarios que los rasgos de la personalidad). Estudia el caso de dos mellizas que fueron adoptadas por dos familias diferentes y  que sin embargo presentaban los mismos trastornos de personalidad. No podía deberse al entorno, por tanto, sino a los genes. Las pruebas demuestran que el entorno tiene un efecto sobre la delincuencia, pero no que el entorno relevante sea el hogar. Lo es más el barrio o el grupo. La autora critica también la afirmación que los niños educados por un solo padre -más bien madre- están peor. Si lo están, dice, si tenemos en cuenta que el divorcio supone un descenso del nivel de vida de la familia, que a veces se tiene que cambiar de casa y que en muchos casos supone renunciar a cuestiones importantes, como ir a la Universidad. Dentro de un barrio pobre, los chicos que vivían con ambos padres no salían mejor parados que quienes vivían solo con uno. Lo mismo sucede en las creencias en cuanto al divorcio. Un grupo de investigadores de la Universidad de Georgia descubrió que lo que permitía predecir la conducta desordenada de los niños no era el divorcio de los padres, sino la personalidad de los padres: aquellos padres con perturbaciones antisociales de la personalidad tenían más posibilidades de tener hijos con la misma patología, y que resulta difícil vivir con gente que tiene problemas de personalidad. Si las personas que se separan no tienen esos problemas, a la larga los niños salen bien. "Es un mito inocuo de nuestra cultura el de que los niños nacen inocentes y buenos, tablillas de cera sobre las que los padres pueden escribir. La otra cara del mito -que si los niños no salen como esperamos debe ser culpa de los padres- ya no es tan inocuo. Exoneramos a los niños solo a cambio de cargar el fardo de la culpa sobre los padres".

CAPITULO 14. Lo que pueden hacer los padres

Tras explicar el caso de dos mellizas que fueron separadas de pequeñas y criadas por distintas familias, una se convirtió en una magnífica pianista, mientras que la otra era incapaz de tocar una nota. Puesto que la diferencia no podía ser genética, tenía que ser del entorno. Y ciertamente había una madre pianista, mientras que la otra no sabía una sola nota. Pero era ésta última la madre de la niña que se convirtió en pianista... Los padres influyen a los niños en como se comportan éstos en casa. Aprenden ciertas cosas que no llevan a su grupo (la práctica religiosa es algo que hoy no se hace en el grupo, sino con los padres). Lo que no se aprende en casa es como comportarse en grupo. Sucede pocas veces, pero hay ocasiones en que la familia puede ser un grupo, y el padre puede ser su líder. Hay padres que pueden extraviar a sus hijos: los que no les permiten socializarse (les prohíben ir a ala escuela) o los que quieren convertirlos en superdotados. ¿Pueden los padres elegir los compañeros de sus hijos? Está claro que no. Impedir que vean a determinados compañeros en contraproducente, porque querrán verlos más, o los verán a sus espaldas. En casos extremos lo que se puede es cambiar de barrio o de casa, por ejemplo si el niño es objeto constante de burlas. "No creo que los niños eran mejores hoy de lo que lo eran antes de que la concepción tradicional sobre la crianza de los hijos convirtiera a los padres en unos blandengues", dice la autora, quien tras señalar todas las cosas en que los consejeros han culpabilizado a los padres -de quieres más a u no que a otro, de no estar con ellos siempre, de no dar a los hijos dos padres, de pegarlos, y hasta de que las cosas no les vaya bien a los adultos. Rich concluye: "No te preocupes por lo que digan los consejeros. Quiere a tus hijos porque sale de ti, no porque pienses que lo necesitan. Disfruta de ellos. Enséñales lo que puedas. Relájate. Cómo salgan no es, en modo alguno, un reflejo de cómo los hayas cuidado. No puedes perfeccionarlos ni echarlos a perder. No son tuyos como para hacer cualquiera de estas dos cosas: ellos pertenecen al mañana".

CAPITULO 15. Juicio a la concepción tradicional sobre la crianza de los hijos

En este capítulo la autora recopila su teoría acerca de la concepción tradicional -que como r esulte un niño depende de cómo ha sido tratado por sus padres-. Minimiza una vez más la importancia de los padres en la formación de la personalidad de los hijos. Los niños no son tan frágiles como pensamos, y deben ser fuertes porque en la vida no van a ser tratados con guantes de seda. No hay señales de que los niños sean más felices hoy de lo que lo eran dos o tres generaciones antes. Los padres se han convertido en esclavos de sus hijos, lo que ha falseado la vida familiar. Y es hora de quitarles el sentimiento de culpa. Insiste en que los padres "normales" inciden muy poco en la personalidad de los hijos, o en su bondad y que es el grupo el entorno natural del niño. Parece que solo los padres realmente malos -los que abusan de ellos o los que les abandonan totalmente son los únicos que influyen de una manera importante. Pero por lo general, es la experiencia en estos grupos lo que modifica la personalidad, lo que ocurre es que la zona del cerebro que adapta la conducta a la del grupo es menos accesible a la conciencia que la que se refiere a la relación interpersonal. Los procesos de que ha hablado este libro ocurren generalmente pro debajo del nivel de la conciencia. Grupos y relaciones interpersonales son importantes, pero de diferentes maneras. El lazo entre adres e hijos dura toda la vida, mientras que nuestros amigos de infancia han desaparecido de nuestra vida. Eso es lo que nos hace pensar que los padres han dejado una mayor huella. Y acaba con un consejo final: "Y en cuanto a lo que te vaya mal, pues ya sabes: no censures a tus padres por ello".