TEORÍA DEL APRENDIZAJE SOCIAL 
Albert Bandura
Espasa-Calpe, 0
Nº de páginas: 279

Resumen y traducción:
 

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INDICE

CAPITULO 1. Perspectiva teórica

El autor en este capítulo pretende “enmarcar” los contenidos que posteriormente se van a tratar en los distintos capítulos de la obra. Refleja de manera clara los pros y contras de lo que significa asentar una teoría y muestra diferentes supuestos que intentan explicar la conducta humana. El valor de una teoría se juzga por el poder de producir cambios psicológicos que tienen los procedimientos desarrollados a partir de ella. En este caso se trata de demostrar mediante argumentos lo más fiables y experimentados posibles, el -valor predictivo-, de identificar los determinantes de la conducta humana y los mecanismos cuya intervención son responsables de los cambios de comportamiento. Al desarrollarse y analizarse la teoría de la conducta, se llegó a la convicción de que los determinantes de la conducta residen en las fuerzas del medio; esta será la base principal sobre la que se sustente y analice la obra, que profundizará en otros temas y planteará interrogantes que intentará desvelar a partir de teorías e investigaciones realizadas.

CAPITULO 2. Orígenes de la conducta

Partiendo de la base de que las personas no están equipadas con un repertorio de conductas innatas y por ende, hay que aprenderlas, el autor destaca la relación de las influencias de la experiencia con los factores fisiológicos como supuesto. Esta presentación nos lleva al primero de los aprendizajes, referido a las consecuencias de la respuesta y del que se derivan los efectos positivos o negativos de las acciones. De estas respuestas resultan tres funciones que explican y detallan cómo se aprende a través de las consecuencias: normativa (básicamente proporcionan información), motivacional (por las consecuencias que prevén de sus respuestas), reforzante (para regular las conductas aprendidas, no crearlas). El aprendizaje por medio de modelos tiene un lugar destacado como el segundo de los aprendizajes que se muestra en la obra, ya que la mayor parte de las conductas se aprenden a través de la observación por medio del modelado. Desde la teoría del aprendizaje social se muestran los cuatro procesos que lo dirigen y componen: atención (a partir de los rasgos significativos de la conducta), retención (sobre todo de aquellas conductas que han servido de modelos en un determinado momento), reproducción motora (supone la conversión de las representaciones simbólicas en las acciones apropiadas), motivacional (según las consecuencias observadas para una mayor efectividad). “Jugando” con la -especulación- que ofrece el análisis evolutivo del modelado, se contrastan las comparativas en las que la teoría del aprendizaje social y el enfoque de Piaget (con su explicación evolutiva de la imitación) tienen puntos en común y de controversia; supone una reflexión en voz alta en la que el lector puede descubrir la evolución de la teoría desde los primeros estadios del desarrollo del niño. A raíz de estas comparativas y otras investigaciones de carácter contrastado, se puede afirmar que las personas dirigen sus acciones basándose en sus nociones previas, y no sólo en los resultados de las respuestas manifiestas, pudiendo darse fácilmente un aprendizaje observacional al margen del sujeto. Otro de los temas que a debate y reflexión se introducen en este punto es el que cuestiona el papel del reforzamiento, esto es, si actúa “hacia atrás” fortaleciendo respuestas de imitación que se han producido previamente, o si facilita el aprendizaje de una forma anticipatoria. Desde la teoría del aprendizaje social, el refuerzo se considera como un factor que facilita el proceso y no como una condición necesaria, ya que hay otros muchos factores de influencia para la persona. El estudio del modelado abstracto, va a ser otro de los puntos de interés en este capítulo como aportación destacada. Su supuesto refiere a la extracción de rasgos generales a partir de la formulación de reglas que generan conductas con características estructurales semejantes a partir del modelo. La teoría del aprendizaje social contrasta y complementa el modelo, alegando la importancia de la evolución y añadiendo otras dimensiones como la moral; de este modo, se intenta mitigar o justificar el error cometido en una conducta desde el razonamiento moral de los padres, quienes sustituyen la intervención física por controles simbólicos e internos a la par que enseñan, modelan y refuerzan diversos aspectos de los niños según su edad. Otro de los modelos que se expone es el creativo. Desde éste, los observadores combinan diversos aspectos tomados de varios modelos, constituyendo “mezclas nuevas” que difieren de sus fuentes originales. Un claro ejemplo es el de los niños, quienes tienden a extraer atributos diferentes de sus padres y hermanos llegando a pautas de conductas nuevas que se traducen en el desarrollo de nuevos estilos. No se trata únicamente de enseñar nuevos estilos de pensamiento y conducta, sino también de debilitar o reforzar algunas pautas del “modelo de referencia”, quien va a ser además, un elemento básico para la expansión de ideas y usos sociales nuevos, un pilar básico en la difusión social de la innovación a partir de la adquisición de conductas innovadoras y su adopción en la práctica.

CAPITULO 3. Determinantes antecedentes

¿Todas las acciones se producen al azar? ¿Todas las intervenciones y decisiones de las personas se llevan a cabo de un modo intuitivo e irreflexivo? ¿Medimos “el peso” de cada uno de nuestros actos? Estas son las cuestiones sobre las que el autor reflexiona con el lector en este capítulo y pretende dar respuesta de manera profunda. La primera premisa a tener en cuenta es que si las personas carecieran de -capacidades anticipatorias- se verían obligadas a “actuar a ciegas” comprobando en cada momento la ineficacia o no de su conducta (lo que pudiera entrañar un serio peligro). Esto no es así ya que se pueden prever las posibles consecuencias y cursos de acción de los diversos sucesos y regular la conducta de acuerdo a ello. Como primeros antecedentes tenemos los que producen una respuesta fisiológica y emocional y que de una u otra forma, están sometidos a los estímulos del medio. Uno de los más “cotidianos” es aquel que desde la conducta anticipatoria proporciona protección contra los peligros potenciales, activando la conducta defensiva a fin de impedir o reducir acontecimientos aversivos. Pero los antecedentes también tienen diferentes formas de expresión, así queda de manifiesto en los aprendizajes simbólico y vicario de expectativas, mientras en el primero las reacciones de los individuos tienen la base en estereotipos, en el segundo, las respuestas emocionales se aprenden a través de la observación del sujeto y el efecto que en él tiene. Como segunda premisa tenemos la que se refiere a las funciones cognoscitivas en el aprendizaje de expectativas. Se puede afirmar que puede haber una estimulación cognoscitiva de las reacciones afectivas cuya base se encuentra en la capacidad para aprender a anticipar los sucesos a partir de los estímulos predictivos y a suscitar las reacciones anticipatorias adecuadas. El grado en que la conducta anticipatoria está sujeta a control cognoscitivo depende de que se haya establecido simbólicamente o a través de la experiencia directa, aunque puede ocurrir que los estímulos del sujeto no sean controlados por éste si la experiencia pasada resultó dolorosa o dañina. Existen diferencias en la facilidad con que pueden aprenderse las diversas respuestas y contingencias del medio, y es que si el aprendizaje de las especies inferiores está sometido a fuertes restricciones biológicas, el aprendizaje humano es capaz de aprender conductas muy diversas sin necesidad de nuevos mecanismos específicos de cada clase de actividad. Todo ello no debe “llevar a engaño” puesto que existen disfunciones que limitan al sujeto y lo “confunden” en su acción, destacan: la asociación por coincidencia (correlación entre coincidentes) y la generalización inapropiada (acontecimientos asociados a conductas aversivas). Por otra parte, si se afirma que la evolución para un cambio conductual debe ligarse cada vez más a un carácter cognoscitivo, entenderemos que quien se percibe así mismo como eficaz, reduce sus miedos anticipatorios e inhibiciones y refuerza las fuerzas para alcanzar el objetivo deseado. Para ello deben tenerse presente las fuentes principales de las expectativas de eficacia y los medios por los que operan los diversos modos de influencia, esto es: los logros de ejecución, la experiencia vicaria, la persuasión verbal y la excitación emocional. Esto es así porque el sujeto no necesita en cada momento descubrir las posibles consecuencias de cada estímulo, lo hace generalmente a través de explicaciones verbales, observando en muchos casos cómo se refuerza la conducta de otros en diferentes situaciones, pudiendo deducir que las acciones de los demás tienen un valor predictivo al correlacionarse con determinadas consecuencias.

CAPITULO 4. Determinantes consecuentes

La conducta está regulada por las consecuencias de las acciones, descartando aquellas respuestas no recompensadas o que producen castigo; y es que, las consecuencias de las respuestas influyen en la conducta de forma antecedente al crear la expectativa de resultados similares en futuras ocasiones. ¿Es el reforzamiento una acción “útil” y valiosa para la modificación de conductas? ¿Qué peso y eficacia puede llegar a tener un refuerzo? ¿Puede provocar un efecto contrario al deseado? ¿Hasta qué punto puede la persona controlar las reacciones de su cuerpo y regular su conducta? El autor nos presenta estos interrogantes como base de este capítulo y comienza desde ejemplos ilustrados a explicar diferentes formas de regular los procesos corporales, destacando: el reforzamiento a modo de feed-back externo, los mecanismos de atención y las posibilidades que “ofrece” la actividad cognitiva. Hay que tener presente que los incentivos no siempre son los mismos y varían parejos a las experiencias del desarrollo, destacando como fin último la efectividad de las reacciones sociales que permite a las personas influirse unas a otras. Pero esta efectividad no es inmediata, como muchas de las actividades que las personas desarrollan, necesita de un aprendizaje para “dominarlas” y que resulten gratificantes desde las consecuencias que se producen de un modo natural. De este modo y teniendo presente el debate que suscita el efecto del refuerzo y su “medida” (forma de estructurar las contingencias del reforzamiento), se podrá diferenciar el refuerzo extrínseco del intrínseco. Mientras que en el primero las consecuencias de la conducta son externas y su relación con la conducta arbitraria, en el segundo no existe una recompensa externa aparente. El segundo bloque importante del que nos habla el autor en este capítulo hace referencia al esfuerzo vicario; nos referimos a él cuando un observador aumenta la conducta después de haber observado cómo otros individuos han sido recompensados al realizarlas. Correlativamente en el castigo vicario la observación de un comportamiento con consecuencias negativas reduce la tendencia a comportarse de forma parecida. Este esfuerzo va a depender en gran parte de la medición de sus efectos, ya sea en términos de aprendizaje o de ejecución según sea la fuerza relativa de las consecuencias experimentadas directamente y de los observadores. Una de las reflexiones a tener en cuenta y que parece del todo obvia es aquella en la que se afirma que “la persona que realiza una conducta puede encontrar diferencias para descubrir las conexiones entre sus acciones y los resultados de ellos, mientras que el sujeto observador puede concentrar su atención únicamente en descubrir las soluciones correctas”. Por otro lado, la teoría del aprendizaje social establece varios mecanismos por los que la observación de recompensas y castigos altera los pensamientos, sentimientos y las acciones de las personas, siendo las funciones más destacadas de este reforzamiento vicario: informativa, motivacional, aprendizaje emocional, valorativa y de influencia. El tercer bloque es el que refiere al autorrefuerzo. Tras todo lo dicho con anterioridad se puede afirmar que la conducta está controlada por la interacción de los factores externos con los generados por el propio individuo. La mayor parte de las conductas están bajo el control del autorreforzamiento, que es un proceso en el que los individuos mejoran y mantienen su propia conducta aplicándose así mismos recompensas si su comportamiento se ajusta a ciertas normas autodescriptivas. El autor nos explica los factores que determinan los tipos de criterios autoevaluativos que se eligen de entre las numerosas influencias de los diferentes modelos, y destaca entre otros: las diferencias de habilidades entre los modelos y observadores, el ambiente social y la inconsistencia colectiva. Por último, si tenemos en cuenta que el objetivo último del desarrollo social es transmitir normas generales de conducta que puedan servir como guía para la autorregulación en diversas actividades (al margen de unos criterios excesivamente estrictos de autoevaluación y a favor de una “correcta” autoevaluación), parece obvio que la persona se esfuerce por realizar actividades que funcionan como fuentes de autosatisfacción y rechace aquellas de consecuencias autodevaluativas.

CAPITULO 5. Control cognitivo

La mayoría de las influencias externas afectan a la conducta a través de procesos cognitivos intermedios, estos son: la imaginación, la representación de la experiencia en forma simbólica y los procesos de pensamiento. Hay que empezar afirmando que se debe tener en cuenta que las representaciones cognitivas de las consecuencias futuras funcionan normalmente como motivadoras de la conducta. En esta línea y como fuente de motivación con base cognitiva, está el establecimiento de metas y el reforzamiento autorregulado. Ambas se dan cuando el sujeto responde a su conducta evaluándola para superar las insatisfacciones que le impiden alcanzar sus metas, actuando entonces como agente activo en su propia motivación. No todas las variables son sinónimos de regularidad, hay que tener en cuenta que las contingencias ambientales pueden tener efectos distintos sobre la conducta, por un lado, las consecuencias físicamente aversivas incrementan las respuestas cuando las personas creen que estas consecuencias desagradables son índice de respuestas correctas, y por otro, las reducen si creen que se ha cometido un error. Las capacidades cognitivas superiores permiten a las personas conseguir la solución de la mayoría de los problemas en el pensamiento en lugar de la acción (así, podemos divisar la construcción de un edificio sin tener que construirlo previamente). El proceso es el siguiente: se considera la información relevante, se aplica a ella las operaciones cognitivas adecuadas y se proponen posibles soluciones; mediante la manipulación de símbolos que transmitan información relevante, uno puede llegar a comprender relaciones causales, crear nuevas formas de conocimiento, resolver problemas y deducir consecuencias, sin necesidad de llevar a cabo en la realidad ninguna actividad, de tal forma que los procesos de pensamiento se van independizando gradualmente de sus referentes concretos inmediatos. Una vez que las personas adquieren habilidades cognitivas y operaciones para procesar la información, pueden formular soluciones alternativas y evaluar las consecuencias probables a corto y largo plazo que tendrán los diferentes cursos de acción. El autor también trata como punto destacado el lenguaje, su importancia y el papel que desempeñan los modelos en el aprendizaje gramatical, así como en la adquisición de sus reglas desde el modelado lingüístico. Por último, se nos presenta el proceso de verificación como medio de autoconocimiento y de acción a partir de experiencias pasadas y hacia acciones futuras en determinadas condiciones (argumento tantas veces repetido a lo largo de la obra). La persona obtiene gran parte de su conocimiento experimentando directamente los efectos producidos por sus acciones, lo que hace comprensible que la mayor parte de las teorías sobre el desarrollo cognitivo, se centren en el cambio cognitivo producido a través del feed-back de la experiencia directa. A lo largo del desarrollo, la persona adquiere ciertas reglas de inferencia que les servirá para detectar errores en su pensamiento y comprobar la validez del razonamiento propio para en última instancia, ser capaz de generarlo.

CAPITULO 6. Determinismo recíproco

La reciprocidad es sinónimo de correspondencia o correlación, desde este concepto el autor pretende explicar en este capítulo la relación existente entre el ambiente potencial y el real, esto es, entre la influencia personal y ambiental. Este tema resulta tan complejo como impreciso en determinadas ocasiones ya que en el análisis de la influencia de una conducta sobre otra, se distinguen factores muy diversos y no sólo el ambiente en donde transcurre la acción, produciéndose cambios cognitivos que afectan a la selección y al procesamiento simbólico de las influencias posteriores. Por otra parte, se plantea en esta línea, la influencia y relación entre el determinismo y la libertad personal. Partiendo de la máxima según la cual la sociedad tiene que establecer algunos límites de conducta para crear un concepto de libertad en su grado máximo, se puede preguntar ¿Dónde se encuentran los límites de la conducta? ¿En uno mismo o en la sociedad? Y si la libertad va ligada a derechos y opiniones ¿uno no es libre en su ejercicio de la libertad en el ámbito privado? Se resuelven en parte estas cuestiones si se valida que la conducta está regulada por sus contingencias, que a la vez, se producen por la propia persona. Pero el objeto de estudio en este momento, es saber cómo cambia la conducta las influencias ambientales y quien tiene mayor peso en el control de estas dos variables (si así fuera) para intentar explicar la reciprocidad entre ambas. Por último y continuando el mismo hilo conductor, se cuestiona el control de las personas desde la manipulación psicológica y se buscan soluciones a fin de impedir los evidentes intentos de influencia. Las defensas individuales y sociales son presentadas como mecanismos eficaces en la tarea de cualquier control que se pueda ejercer sobre el sujeto y como mejor expresión de un cambio libre y consciente.