EDUCACIÓN EMOCIONAL Y BIENESTAR 
Rafael Bisquerra Alzina
Cisspraxis, 2002
Nº de páginas: 233

Resumen y traducción: Rafael Bernabeu
 

COMENTARIO

Este libro me parece muy completo, adecuado a las necesidades que se plantean en la educación actual, riguroso y claro. Creo que es importante reflexionar sobre la importancia de las emociones en el aprendizaje y sobre la manera de integrar esta realidad en los métodos educativos actuales. La voluntad y el deseo de aprender dependen en gran medida del estado emocional que origina el contenido y la forma de lo que va a aprender. Donde se aprende, con quién y cómo son tan importantes como qué se aprende. La inclusión del tema de las emociones en la actualidad científica psicológica en los últimos años responde a una verdadera necesidad de modificar algunos aspectos de la pedagogía, para evitar que los niños y los adolescentes lleguen a enfrentarse a las realidades de la vida adulta sin los mínimos elementos necesarios para tomar decisiones y llevar adelante sus propios proyectos vitales.
INDICE

CAPITULO 1. Hacia una educación emocional

A partir de los años noventa se ha producido un cambio en los temas fundamentales de la educación y la psicología que ha orientado muchas de las investigaciones y también la práctica educativa y clínica hacia el estudio y el conocimiento de las emociones. La educación emocional se ha revelado como una necesidad urgente en la sociedad actual, ya sea por los problemas emocionales que se detectan en niños y adultos con mucha frecuencia, ya sea por las posibilidades de crecimiento y de desarrollo que contiene el mundo de las emociones. Se ha demostrado que existe más de un tipo de inteligencia, de manera que hay una complejidad de aprendizajes entre los que el aprendizaje emocional es fundamental para el buen desarrollo del resto de conocimientos y capacidades. Desde muchos puntos de vista se hace necesaria la educación emocional, desde el ámbito de la educación, desde el de la formación continua, desde el de la clínica, en definitiva se está necesitando reorientar los objetivos de la educación desde las primeras etapas del desarrollo para que las personas puedan acceder con más facilidad a su mundo emocional y extraer los beneficios que del conocimiento de las emociones pueden derivarse, tanto en el ámbito personal, como en el educativo, en el profesional y en el social en general.

CAPITULO 2. Teorías de la emoción

Desde muy antiguo se manejan teorías sobre la emoción. Primero se desarrollaron estas teorías en el ámbito de la filosofía, junto con la literatura. En el siglo veinte la Psicología recoge estas teorías y trata de reelaborarlas de acuerdo con los postulados del método científico. Surgen en esos primeros momentos las teorías de William James, las teorías de Freud y las teorías conductistas. En la actualidad la primacía en el campo teórico de la psicología en relación con las emociones la tienen las teorías cognitivas, dentro de las cuales hay una gran variedad de modelos diferentes. Además se tienen en cuenta las teorías neuropisocológicas, que hacen referencia a la base cerebral de las emociones. En definitiva todas estas teorías recogen la inquietud por conocer y manejar el mundo de las emociones, para lo que tratan de aplicar los métodos de conocimiento más ajustados a la realidad. Las emociones se caracterizan en parte por su irracionalidad, por lo que la teorización sobre el mundo emocional conlleva siempre una dificultad añadida. La utilidad de estas teorías está en las posibilidades que ofrecen de aplicarse a la realidad de las personas y de mejorar su comprensión y su experiencia emocional.

CAPITULO 3. El marco conceptual de las emociones

La emoción es un estado complejo del organismo que predispone a una cierta respuesta o acción, es decir, la emoción es un cambio que lleva a la persona a la acción en un sentido determinado. A partir de esta definición se puede comprender que la emoción tiene una función importante en el comportamiento humano, ya que es el elemento que lo origina y que le da sentido. La falta de conocimiento emocional produce una carencia de sentido en las propias acciones y un comportamiento poco sujeto a las realidades individuales, lo que vacía de contenido la actuación personal y social. Por tanto, las emociones son un sistema que produce respuestas concretas por parte de la persona a través de su acción, de su expresión y de su comportamiento. Los estados emocionales se regulan a través de un sistema cognitivo de valoración y de ajuste de estos estados, de forma que para la persona es muy importante saber evaluar sus propias emociones y ajustarlas a las situaciones en las que tienen lugar, para adecuar su comportamiento a la realidad en la que se encuentra. Las emociones disponen a la acción, pero también contienen un elemento más interno que forma los sentimientos o estados emocionales, los cuales son más duraderos, menos espontáneos y por tanto están relacionados con la acción de forma menos directa y menos inmediata. Las emociones se desarrollan y se aprenden, como muchas otras habilidades humanas, a lo largo del proceso evolutivo durante la infancia y la adolescencia, y se siguen aprendiendo y haciendo más complejas en la vida adulta. Existen también diferencias individuales en cuanto a las emociones, ya que la personalidad de cada persona actúa como moduladora de las emociones y de los sentimientos de forma diferenciada y característica. Las emociones tienen además un componente social muy importante, tanto porque se aprenden en la relación social, como porque las acciones a las que llevan tienen consecuencias sociales. Por último, las emociones tienen una relación directa con el estado de salud de la persona, lo cual se comprueba cada vez con más claridad.

CAPITULO 4. Clasificación de las emociones

Las emociones en sí mismas carecen de distinciones, pero las personas sí saben diferenciarlas y otorgarles cualidades más o menos favorables. Además las emociones pueden organizarse de forma jerárquica, de manera que algunas de ellas se consideran básicas o principales y otras secundarias. Existen también emociones complejas, las cuales pueden ser el resultado de la combinación de varias emociones. Se han hecho algunas clasificaciones científicas de las emociones basándose en diferentes criterios. En este capítulo se clasifican las emociones siguiendo un criterio simple: se diferencia entre emociones negativas, positivas y ambiguas, y se añaden las emociones estéticas. Las emociones negativas incluyen la ira, el miedo, la ansiedad, la tristeza, la vergüenza y la aversión. Las emociones positivas incluyen la alegría, el humor, el amor y la felicidad. Las emociones ambiguas incluyen la sorpresa, la esperanza y la compasión. Finalmente las emociones estéticas son todas aquellas se provoca la contemplación de obras artísticas.

CAPITULO 5. Terapia emocional

Las emociones negativas que anteriormente se han expuesto suponen en todos los casos un desgaste o sufrimiento psicológico que en algunas circunstancias pueden llevar a una psicopatología. La frecuencia de las psicopatologías en la sociedad actual suele considerarse elevada, por lo que existen muchas formas de repuesta ante este problema. La terapia emocional es el tipo de psicoterapia dirigido a convertir en positivas las emociones negativas excesivas y a educar hacia un desarrollo emocional adecuado. Históricamente las terapias de este tipo han seguido distintos cursos, aunque sus objetivos hayan sido similares. En primer lugar hay que considerar el psicoanálisis, tanto porque es una de las primeras psicoterapias de surgen, como por la importancia que ha tenido como origen de muchas otras formas de terapia, o como referente para elaborar terapias con métodos y principios muy distintos. En segundo lugar hay que destacar la figura de Carl Rogers y las terapias humanistas que desde los años 60 y 70 han adquirido importancia. Estas terapias se basan en una concepción positiva de las capacidades humanas de generar salud y bienestar. Otras formas de terapia alternativas son la relación de ayuda de Carkhuff, el análisis transaccional, o la logoterapia de V. Frankl. En las dos últimas décadas del siglo veinte se han desarrollado, hasta llegar a ser predominantes, los enfoques cognitivos en la terapia de las emociones, de entre los que se puede destacar la psicoterapia racional-emotiva de Ellis, la terapia cognitiva de Beck, la terapia conductual cognitiva de Meichenbaum, o la terapia del cambio emocional. Todas estas terapias están destinadas a curar los daños psicológicos que las emociones negativas han podido causar a la persona y posteriormente a educar emocionalmente a la misma persona para que en el futuro las situaciones adversas y las emociones negativas que inevitablemente derivan de ellas no le causen daño.

CAPITULO 6. La inteligencia emocional

El concepto de inteligencia emocional se populariza a mediados de los años noventa a raíz de la publicación del libro del mismo título, de Daniel Goleman, aunque hay que decir que este concepto y el conjunto de la teoría a la que hace referencia ya se venía manejando desde años atrás por diversos autores. La importancia de este concepto está en que aporta una visión nueva de la inteligencia en la que las emociones adquieren un papel preponderante en el desarrollo completo de la persona, en su capacidad de vivir de forma satisfactoria y de establecer relaciones beneficiosas con su entorno. Una de las bases de la inteligencia emocional es la comprobación de la existencia en el cerebro de ciertas zonas encargadas del procesamiento inmediato de las emociones, las cuales tienen un origen primitivo y un funcionamiento aparentemente no racional pero sí inteligente. De ahí deriva una forma de inteligencia de tipo emocional e intuitivo que aporta una mayor flexibilidad y creatividad en las relaciones de la persona con su entorno. Esta capacidad implícita de las personas necesita ser descubierta y educada, como el resto de habilidades humanas. Por lo tanto, la inteligencia emocional es la capacidad para manejar de forma efectiva las emociones y generar a partir de ellas motivaciones beneficiosas para la persona. Hay muchas aplicaciones directas de la inteligencia emocional, situaciones en las que el entrenamiento de este tipo de capacidad puede resultar de ayuda, como pueden ser los problemas en el trabajo, la salud, los desórdenes en la comida, las drogas, la resistencia psicológica, o el desarrollo del optimismo.

CAPITULO 7. Emoción y motivación

Partiendo de la idea de que la emoción predispone a la acción, se puede observar que la motivación tiene una relación muy estrecha con la emoción. Podemos considerar que la motivación tiene un origen emocional, al mismo tiempo que las emociones se desarrollan cuando existe un proceso de motivación que lleva a la persona a implicarse en aquello que hace. La importancia de esta conexión entre motivación y emoción está en sus implicaciones para la práctica educativa. Se sabe que la falta de motivación es uno de los problemas principales con los que se encuentra el profesor en el aula. Esta falta de motivación se debe en parte a la falta de atención por parte de los educadores a la situación emocional del alumno en el proceso de aprendizaje. El alumno tiene una serie de necesidades emocionales que debe cubrir para poder llevar a cabo el aprendizaje, estas son: 1) seguridad, sentirse seguro, 2) reto, establecer objetivos que supongan un reto personal, 3)singularidad, sentirse único y diferenciado, 4)conexión, sentirse parte del grupo de aprendizaje, del colegio, de la familia, de los amigos, 5)crecimiento, sentirse en un proceso de mejora y crecimiento personal, 6)contribución, sentir que contribuye a algo que merece el esfuerzo que exige.

CAPITULO 8. El bienestar subjetivo

Existe una preocupación social por lo que se denomina “ser feliz”, lo cual en muchos casos no hace verdaderamente referencia a una felicidad en un sentido completo, sino más bien a otros conceptos como la diversión, el éxito social, la falta de obligaciones, etc... Frente a este concepto del bienestar que se presenta como real, en la educación se trata de construir una idea de la felicidad que sea al mismo tiempo alcanzable y satisfactoria, que sea definida en términos subjetivos, es decir, por la propia persona que busca la felicidad. Hay por lo tanto un aprendizaje social de la felicidad en el que las relaciones con las personas más cercanas son definitivas para que ésta se produzca. Las relaciones que se establecen en ámbitos más formales como son la escuela o el trabajo también necesitan ser aprendidas de manera que permitan a la persona sentirse feliz en ellas. Es evidente que muchas de las condiciones reales en las que se encuentran muchas personas en la sociedad no son fácilmente identificables con una situación de felicidad, pero sí es posible aprender a mantener un estado personal de satisfacción y felicidad a pesar de la existencia de ciertas situaciones que la dificultan. Se puede observar también que ante los problemas que causan infelicidad a gran parte de la sociedad cada persona puede comprometerse y contribuir a su solución, bien mediante sus elecciones profesionales o ejerciendo labores voluntarias, de manera que se dé una respuesta hacia el bienestar frente a los problemas que impiden un desarrollo satisfactorio de la vida de muchas personas.

CAPITULO 9. Factores de bienestar subjetivo

Se puede enumerar una serie de elementos necesarios para que la persona se sienta en una situación de bienestar. La primera de ellas es la disposición de unas condiciones de vida materiales que cumplan unos mínimos requisitos de seguridad y calidad. Es evidente que este primer requisito ya no se da en una proporción bastante amplia de las sociedades. Aunque posiblemente en nuestra sociedad si se cumple este requisito en una gran medida, no ocurre así en otras sociedades. En segundo lugar son necesarias las relaciones familiares y sociales. En tercer lugar, las relaciones amorosas y sexuales. En cuarto lugar, la satisfacción profesional. Y en quinto lugar, el disfrute del tiempo libre. Hay una condición necesaria que influye en todas las demás que es el estado de salud. Pero además existen características de personalidad que tienen una gran influencia en cómo la persona interpreta y percibe su situación, de manera que ciertas personalidades pueden tender a la infelicidad, mientras que otras pueden ser más proclives a la felicidad. En conjunto, de todos estos elementos se puede extraer un estado vital satisfactorio, o por el contrario, la ausencia de alguno de estos elementos puede llevar a la persona a sentirse insatisfecha. Hay que observar también que las condiciones perfectas o ideales de vida no se dan en la mayoría de los casos, y que la vida se desarrolla en entornos imperfectos y problemáticos en todas sus etapas, sin que por ello deje de ser posible la felicidad.

CAPITULO 10. Fluir

Este concepto tiene origen en los últimos desarrollos de la psicología de las emociones y de la personalidad en los Estados Unidos, y hace referencia a la flexibilidad y a la adaptabilidad vital de signo positivo. Se refiere a las posibilidades que tiene la personalidad humana de ser adaptativa con su entorno social y de proporcionarse condiciones de satisfacción y de facilitar las situaciones para que se orienten hacia resultados satisfactorios. La fluidez de la personalidad tiene su origen en un estado o en una disposición corporal determinada que también tiene que ver con el estado energético y de salud del cuerpo. También la fluidez está implicada en el pensamiento, el cual parte las situaciones corporales aportando racionalidad y lógica. Es precisamente en las relaciones sociales donde esta fluidez de la personalidad, del cuerpo y del pensamiento se expresan, caracterizándose por facilitar la expresión de las emociones y por la creación de vínculos afectivos significativos. Es importante también este concepto aplicado al trabajo, en donde surgen multitud de problemas que requieren de una cierta capacidad de fluidez para que puedan resolverse de forma eficaz. Finalmente, frente a los momentos difíciles de la vida, la fluidez de la personalidad es importante para evitar el estancamiento o la continuidad de los problemas por tiempo indefinido.

CAPITULO 11. La educación emocional

En este capítulo se define la educación emocional como: “Proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral. Para ello se propone el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con objeto de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social”. Los objetivos que proponen para llevar a cabo esta educación emocional son los siguientes: - Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones - Identificar las emociones de los demás - Desarrollar la habilidad de controlar las propias emociones - Prevenir los efectos perjudiciales de las emociones negativas - Desarrollar una habilidad para generar emociones positivas - Desarrollar una mayor competencia emocional - Desarrollar la habilidad de automotivarse - Adoptar una actitud positiva ante la vida Se propone también un currículum de educación emocional a desarrollar a lo largo de todo el ciclo educativo, que incluye el siguiente temario: 1. Introducción 2. Marco conceptual de las emociones 3. Clases de emociones 4. Conciencia emocional 5. Control emocional 6. Estrategias de control emocional 7. Control del estrés 8. Autoestima 9. Comunicación efectiva y afectiva 10. Relaciones interpersonales y habilidades socio-emocionales 11. Resolución de conflictos y emoción 12. Las emociones en la toma de decisiones 13. Habilidades de vida 14. Bienestar subjetivo y calidad de vida