NO MORE KILLING FIELDS 
NO MÁS CAMPOS DE EXTERMINIO 
Preventing deadly conflict
Prevenir los conflictos armados
David A. Hamburg
Rowman & Littlefield Publishers Inc, 2004
Nº de páginas: 365

Resumen y traducción: Rafael Bernabeu
 

COMENTARIO

En este libro se defienden de forma argumentada la democracia, el desarrollo económico y la cooperación internacional como la mejor forma de prevenir la violencia en todos sus niveles en el largo plazo y se propone que son los países desarrollados y democráticos los que pueden intervenir de forma más eficaz en la solución de conflictos en otras áreas del mundo con un desarrollo menor y con un grado mayor de violencia, bien como Estados individuales o en alianzas o mediante organizaciones internacionales como la ONU o la UE. Se puede comprender en este libro que los mecanismos que regulan las relaciones internacionales son muy complejos y que los problemas que se tratan de resolver requieren muchas perspectivas y una actitud de respeto a las personas y de comprensión de las diferentes circunstancias de cada país. Además, es evidente que la violencia y otros problemas internacionales que no se mencionan en este libro ( como el SIDA, el hambre o la pobreza) son parte de la realidad, no solo de los países subdesarrollados, sino de todos los países, de forma que no resolver o no intentar resolver estas cuestiones afecta a la posibilidad de desarrollo en el futuro en cualquier parte del mundo. La relación de este libro con la educación me parece muy clara, aunque no de forma directa – salvo en el capítulo 4 - , ya que en la educación deben afrontarse estas realidades y los problemas reales y morales que suponen, no solo mediante la transmisión del conocimiento sobre la historia o sobre el ser humano, sino también mediante el aprendizaje de las normas morales y de comportamiento que pueden ayudar a mejorar el mundo en el futuro.
INDICE

CAPITULO 1. CRECER EN UN TIEMPO DE VIOLENCIA: Múltiples perspectivas sobre la prevención

El autor propone en primer lugar que el origen de los conflictos humanos puede encontrarse (al menos en parte) en la historia evolutiva de la especie humana. Para ello, ha estudiado en el Laboratorio de Estrés y Conflicto, en la Universidad de Stanford, durante los años 70, los aspectos biológicos y comportamentales de la agresión (Biobehavioral aspects of agression, Nueva York, 1981). En estas investigaciones pudieron observar que los patrones de comportamiento de amenaza, ataque y sumisión son comunes a varios primates y son similares a algunos de los patrones agresivos que son evidentes en nuestra especie (The great apes, California, 1979). Hay también similitudes entre los contextos en los que el comportamiento de amenaza y ataque ocurre en primates no humanos y en humanos. Parece probable que la tendencia humana a reaccionar con miedo y hostilidad hacia los extraños – así como la tendencia relacionada de hacer distinciones entre “grupo propio”, “ grupo ajeno” ( in-group, out-group) – tiene raices en el pasado prehumano. Por ello, el autor considera que la especie humana ha entrado en el mundo de alta tecnología del siglo veintiuno con muchas de las tendencias de comportamiento de los humanos primitivos. Y esta es una de las consideraciones cruciales que conducen a un enfoque preventivo, ya que la evidencia evolutiva e histórica muestra que los seres humanos también tienen una profunda capacidad para formar vínculos de beneficio mutuo y para promover lazos cooperativos que se extienden más allá del contexto social más inmediato. El autor ha sido presidente de la Corporación Carnegie entre 1982 y 1997, dirigiendo la Comisión Carnegie para la Prevención de los Conflictos Armados, cuyos resultados han sido publicados en el informe: “Preventing deadly conflict, final report” Carnegie Comission Publication, December 1997.

CAPITULO 2. LAS CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y EL HOLOCAUSTO: Un poderoso estímulo para la prevención

El autor indica una serie de lecciones históricas que se pueden extraer de las circunstancias sociales, políticas y económicas que en 1930 hicieron posible el establecimiento del régimen Nazi en Alemania, lo que posteriormente desembocó en la segunda Guerra Mundial. 1. La violación de los derechos humanos en un país se asocian con un alto riesgo de violencia masiva, tanto por polarización interna, como por agresión externa. 2. Los prejuicios y el etnocentrismo son muy peligrosos, especialmente en la forma de fervor hipernacionalista u otras orientaciones fanáticas. Estas orientaciones se caracterizan por dicotomías extremas: nosotros o ellos, todos o ninguno, fieles o infieles ( a una religión). 3. El pensamiento iluso ( wishful thinking) por parte de líderes o de los ciudadanos lleva a serias equivocaciones. Las racionalizaciones elaboradas basadas en asunciones ilusas pueden extender la negación, la evitación de los problemas serios y el retraso en su afrontamiento. Posteriormente, cuando llega el momento de afrontar esos problemas los costes y los riesgos serán probablemente mucho mayores. 4. Un desafío fundamental es aprender a hacer estimaciones precisas de los líderes hiper-agresivos. Frecuentemente son paranoides, engañosos, grandilocuentes e intimidadores y se caracterizan por el odio. 5. Los dictadores, los demagogos y los fanáticos religiosos pueden jugar hábilmente con las frustraciones reales que las personas experimentan en tiempos de dificultades económicas y/o sociales severas. 6. La especie humana es susceptible del genocidio; los registros históricos lo demuestran con abundante claridad. Los límites contra ello no son suficientemente fuertes cuando un autócrata o un dictador tiene el control y la cultura ha establecido estereotipos y prejuicios étnicos. 7. Las circunstancias de extrema turbulencia, como una guerra, una revolución, un estado fallido o una crisis económica son precursores de expulsiones masivas o genocidios en el contexto de liderazgos fanáticos y de estructuras sociales autoritarias. 8. La ausencia de una oposición clara es precursora del odio y la violencia. La oposición interna y/o externa puede ser útil para prevenir los conflictos. 9. La mejor manera de prevenir un genocidio es a través de la acción internacional cooperativa para derribar, o como mínimo limitar fuertemente, un régimen genocida. 10. El miedo inducido por un agresor terrorista puede llevar a una sobreestimación de la fuerza del agresor o de las dificultades que deberán afrontarse para resolver el problema. 11. Generalmente son posibles aproximaciones alternativas a la pasividad. Es crucial considerarlas seriamente y no evitarlas en base a preferencias ideológicas, rigideces personales o pensamientos ilusos. 12. La preparación cuidadosa para los peligros serios es muy útil, especialmente por lo difícil que resulta responder bajo un estrés severo. Tener estructuras institucionalizadas, criterios de intervención, procedimientos de solución de problemas, herramientas y estrategias – todo ello contribuye a la evaluación racional, a la planificación de contingencias y a la respuesta efectiva. 13. El liderazgo es crucial. El liderazgo debe tener la habilidad de reconocer los peligros reales y tener el valor de señalarlos ( address them), no impulsivamente, sino conscientemente. Puede ser muy mejorado a través del aumento de la competencia profesional en los grupos de asesoramiento reducidos y en los escenarios institucionales en los que los líderes toman decisiones, para que puedan tener la mejor información disponible, analizarla cuidadosamente, sopesar las opciones y llegar a conclusiones para el bienestar general. 14. La cooperación internacional es crucial. Los múltiples fallos de cooperación ante un peligro grave que se produjeron en los años 30, incluso entre las democracias más importantes, señalan claramente a la necesidad de cooperación internacional. 15. Dado que los estados dictatoriales y/o fallidos son tan peligrosos por su predisposición a la violencia en masa, es vitalmente importante construir estados democráticos y competentes. Para ello, la comunidad internacional debe proporcionar recursos intelectuales, técnicos, financieros y morales para ayudar a los pueblos y a los líderes inclinados hacia la democracia en todo el mundo durante el tiempo que sea necesario.

CAPITULO 3. GOBIERNOS Y ORGANIZACIONES INTERGUBERNAMENTALES: ¿Gigantes paralizados o actores serios?

En el estudio Responsabilities of Democracies - Carnegie Comission on Preventing Deadly Conflict Discussion Paper, July 1999- de Graham Allison ( Harvard University) y Hisashi Owada ( Representante permanente de Japón en las Naciones Unidas), se considera el papel clave de las democracias establecidas en la prevención de los conflictos armados: en los últimos 50 años los actores más importantes en la prevención de los conflictos armados han sido las democracias. Este hecho refleja tanto los valores como las capacidades. Las naciones con prácticas establecidas de tolerancia y resolución no violenta de los conflictos en sus sociedades tienen mayores probabilidades de reflejar esos mismos valores en las iniciativas internacionales. Especialmente, las democracias de Norte América, Europa Occidental y Asia ( Japón e India) han sido las más capaces. Los autores de este estudio llegan a dos conclusiones fundamentales para el futuro: 1. En el siglo veintiuno, ¿ qué actores tienen mayor probabilidad de ser capaces e inclinarse a la prevención de los conflictos armados? El círculo de las democracias occidentales parece el más prometedor. No será el único actor importante para la paz, pero en conjunto tienen más probabilidades de ser efectivos que cualquier otro estado, grupo de estados u organización internacional. Los valores comunes de las democracias facilitan la coordinación de las políticas, la convergencia y la acción conjunta. Aunque todo esto no es simple ni fácil, sigue siendo una ventaja fundamental a pesar de todo. 2. Los instrumentos principales que las democracias han utilizado para prevenir los conflictos armados, y que con probabilidad continuarán utilizando en el futuro, incluyen alianzas como la OTAN o el Tratado de Seguridad Estados Unidos-Japón; instituciones regionales y globales que promueven la prosperidad a través de la cooperación y la promoción de normas internacionales, como GATT ( General Agreement on Tariffs and Trade), WTO ( World Trade Organization), IMF ( International Monetary Fund), EU (European Union); instituciones internacionales como las Naciones Unidas o la Comisión Europea.

CAPITULO 4. INSTITUCIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL: Aliados para la paz

En las últimas décadas la sociedad civil ha ampliado su participación en la prevención de los conflictos, tanto en sus propias comunidades como a nivel internacional, a través de las organizaciones no gubernamentales internacionales y locales, las instituciones científicas y educativas, las empresas, los medios de comunicación y las instituciones religiosas. EN EL CAMPO DE LA EDUCACIÓN resulta evidente la importancia de aprender a convivir en un mundo global, altamente interdependiente y en el que las culturas se mezclan de forma creciente. Para ello, es necesario reducir el etnocentrismo en la educación y aumentar el protagonismo de las instituciones educativas (junto con las científicas) en el desarrollo de la sociedad civil y situarlas en una posición de vanguardia. En todos los lugares, la educación debería extender un concepto preciso de lo que es en el presente la especie humana: una familia vasta y extensa que comparte similitudes humanas fundamentales en un planeta ecológicamente frágil. Los intercambios que se promueven entre distintos grupos a través de la educación pueden extenderse más allá de la infancia hacia relaciones entre adultos y en unidades de organización más grandes, incluyendo las relaciones internacionales. Todo el conocimiento basado en la investigación sobre los conflictos humanos, la diversidad de nuestra especie, y los caminos hacia la acomodación mutua deberían ser parte de la educación. Tal educación debe comenzar por promover el comportamiento prosocial en la primera infancia. En el contexto de un vínculo adulto-niño seguro y de modelos adultos adecuados, proporcionados bien por una familia cohesionada o por una red de apoyo social más extensa, un niño puede aprender ciertas normas sociales que conducen a la tolerancia y la ética de la ayuda mutua. Los niños pueden aprender a esperar su turno, a compartir con otros niños, a cooperar ( especialmente en el aprendizaje y en la solución de problemas), y a ayudar a otros en la vida diaria así como en tiempos de dificultad. Estas normas, aún estableciéndose sobre unas bases simples en los primeros años de vida, abren el camino hacia relaciones humanas constructivas que pueden ser significativas a lo largo de toda la vida. Su práctica procura el respeto de los otros, proporciona satisfacción y aumenta la confianza y competencia. Mucho de lo que los colegios pueden lograr es similar a lo que los padres pueden hacer – emplear prácticas de disciplina positivas, ser democráticos en sus procedimientos, enseñar la capacidad de tomar decisiones responsables, promover el aprendizaje cooperativo, y guiar a sus hijos en un comportamiento prosocial tanto en el colegio como fuera. Pueden enseñar de formas muy interesantes el hecho de la diversidad humana y de la humanidad común que compartimos. Pueden enseñar la fascinación por otras culturas, haciendo la comprensión y el respeto un atributo esencial de su mirada hacia el mundo e incluyendo la capacidad de interactuar efectivamente en la economía mundial emergente. La investigación en este campo ha demostrado que el logro académico es al menos tan alto en actividades de aprendizaje cooperativo como lo es en las clases tradicionales del tipo “lección magistral”. Al mismo tiempo, los métodos de aprendizaje cooperativo promueven relaciones personales positivas, motivación por el aprendizaje y estima personal. En 1990, el Carnegie Council on Adolescent Development´s Working Group on Life Skills Training proporcionó las bases concretas y los principio organizativos en los que tales intervenciones deberían basarse ( David A. Hamburg, ed., Great Transitions: Preparing adolescents for a new century. Carnegie Corporation of New York, 1995).

CAPITULO 5. DIPLOMACIA PREVENTIVA: Ayuda temprana mediante la empatía y la solución de problemas

La diplomacia preventiva se caracteriza por una forma de responder a los conflictos en el nivel internacional que se resume en las siguientes recomendaciones: 1. Reconocer los peligros en las fases iniciales. 2. Responder a los peligros serios rápidamente en base a decisiones cuidadosas e informadas. 3. Responder de forma conjunta entre entidades capaces de resolver problemas específicos. 4. Desarrollar un conocimiento sobre la solución de conflictos entre políticos y ciudadanos. 5. Ofrecer mediaciones de terceras partes desde el principio. 6. Formular estrategias en términos de objetivos superordinarios para las partes antagonistas, los cuales sean alcanzables solo por la cooperación. 7. Conocer las herramientas para la prevención operativa y para la prevención estructural. 8. Tener en cuenta qué organizaciones pueden utilizar mejor las herramientas disponibles. 9. En el trabajo con adversarios, tratar de crear expectativas razonables sobre la posibilidad de evitar las catástrofes y clarificar los costes de la violencia. 10. Clarificar posibilidades intermedias que ofrezcan bases razonables para el beneficio mutuo. 11. Reforzar el papel de las Naciones Unidas y de las organizaciones regionales en sus funciones preventivas. 12. Construir normas cada vez más explícitas de justicia, derechos humanos y procesos democráticos. 13. Animar a los adversarios a aplicar procesos democráticos para la solución de los conflictos en lugar de la violencia.

CAPITULO 6. DEMOCRACIA Y PREVENCIÓN: La esencia de la solución no violenta de los conflictos

Según se recoge en el libro de Robert A. Dahl, On democracy, Yale University Press, 1998, las funciones clave de una democracia son: Prevenir el gobierno de los autócratas, garantizar a los ciudadanos de un conjunto de derechos fundamentales, asegurar un amplio rango de libertades personales, ayudar a las personas a proteger sus propios intereses fundamentales, Proporcionar las máximas oportunidades posibles de que las personas vivan bajo sus propias normas y formas de entender la vida, proporcionar la máxima oportunidad de ejercitar la responsabilidad moral, promover el desarrollo humano, Proporciona un grado relativamente alto de equilibrio político, asegura que las naciones democráticas no se enfrentan entre sí, los países con gobiernos democráticos tienden a ser más prósperos que los países no gobiernos autoritarios. El papel de la democracia en el nivel internacional para la prevención de los conflictos es esencial desde todos los puntos de vista, tanto por el papel de organizaciones internacionales promovidas por países democráticos en la consolidación de la paz y la estabilidad, como las Naciones Unidas, la Unión Europea, la OSCE o la OTAN, como por la influencia de las organizaciones internacionales no gubernamentales en el desarrollo de la democracia y la vigilancia de los derechos humanos y por la experiencia de la segunda mitad del siglo veinte, por la que se comprueba cómo los regímenes totalitarios han conducido a conflictos violentos o a la desintegración de sus Estados y a la pobreza de sus sociedades.

CAPITULO 7. HACIA ESTADOS COMPETENTES, DECENTES Y PRÓSPEROS: Actualizar el desarrollo socioeconómico

Un informe del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, elaborado por Bernard Wood ( Development Dimensions of Conflict Resolution and Peace-Building, UNDP, 2001), proporciona unos principios para la cooperación al desarrollo que reflejan un consenso emergente en este campo: § Los pueblos y los países implicados en un proceso de desarrollo necesitan un derecho y una posibilidad de decidir lo más amplios posibles, dados los enormes costes que pueden tener que afrontar si su desarrollo fracasa; § La dependencia debe minimizarse, encontrando y apoyando las capacidades locales y centrando la ayuda en actividades sostenibles; § Debe mantenerse un compromiso a largo plazo y una confianza, para hacer reales las alianzas ( partnership); § Los conflictos violentos deben reducirse y mitigar sus resultados, aceptando que muchos de los mejores resultados preventivos serán graduales y difíciles de probar; § Debe trabajarse por el respeto de los derechos humanos; § Los valores y las metas del desarrollo deben ser un compromiso continuo y mantenido. § La coordinación y la coherencia con otras organizaciones debe mantenerse para trabajar contra los conflictos violentos, sobre la base de las ventajas de la colaboración y de la contratación; § Deben aumentarse la capacidad de respuesta y la flexibilidad, manteniendo una visión a largo plazo; § Las situaciones específicas del país deben ser atendidas y aprender de ellas, al mismo tiempo que deben adaptarse las lecciones extraídas y las buenas prácticas de otros sitios; § Deben promoverse políticas más orientadas hacia el desarrollo y prácticas coherentes en campos más allá de la asistencia tradicional al desarrollo ( comercio, finanzas, régimen medioambiental, lucha contra el crimen internacional, etc.), ya que esto tiene un impacto mayor sobre las prospecciones de desarrollo y construcción de la paz; § Evitar hacer promesas de ayuda que no puede proporcionarse o mantenerse. El autor de este informe indica que el desarrollo es en sí mismo un proceso de cambio y que por tanto desestabiliza. El desarrollo despierta expectativas y remarca las disparidades, a veces añadiéndose a los factores que pueden precipitar conflictos violentos. Cuando el desarrollo se estanca o recesa, las presiones suelen ser aún más intensas. Por lo tanto construir la capacidad de dirigir continuadamente la transformación, al mismo tiempo que se protegen los derechos humanos y se previenen los conflictos violentos, es actualmente entendido como un medio vital y una meta continua del desarrollo de un país. * Este tipo de cooperación al desarrollo se promueve fundamentalmente en Asia, África y Sur América.

CAPITULO 8. COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA LA PREVENCIÓN: Emergiendo de las sombras

El autor considera una perspectiva errónea de los problemas internacionales aquella que en algunas ocasiones ha tomado la comunidad internacional ( las democracias asentadas) con respecto a problemas de países o regiones lejanos a Europa o Norte América, según la cual se trataba de problemas en los que no debía intervenirse, bien porque no afectaban a los intereses de esos países o bien por creer que eran problemas “propios” de aquellos países o regiones. Actualmente, basándose en la experiencia y en las iniciativas internacionales tomadas tras la segunda Guerra Mundial, se impone un acuerdo general con respecto a esta cuestión por el que se comprende la necesidad de soluciones fundamentales y globales; normas y acuerdos internacionales que protejan los derechos humanos, basados sólidamente en instituciones democráticas con la protección de las leyes nacionales e internacionales, así como de un acceso rápido a mecanismos de solución de conflictos para afrontar las disputas existentes. Esta comprensión de los problemas internacionales prevé que la cooperación a gran escala de tipo económico facilitaría no solo la recuperación de los países tras los conflictos armados – como sucedió con las democracias occidentales después de la segunda guerra mundial -, sino también una prosperidad a largo plazo basada en la democracia que permita alcanzar la paz y la seguridad en el mayor grado posible. La segunda mitad del siglo veinte proporciona importantes motivos para la esperanza, ya que se han sucedido los declives de las tiranías, la extensión de los gobiernos democráticos, la protección de los derechos humanos, la promoción de la justicia social y del bienestar económico, aún en una escala limitada, lo que sugiere según el autor lo que “la ingenuidad, la decencia y la dedicación humanas pueden conseguir”. Solamente la prevención de la violencia de masas a gran escala representa un progreso inédito en la historia de la humanidad como especie. Las principales instituciones implicadas en la prevención y la resolución de los conflictos armados son las Naciones Unidas, las organizaciones regionales de cooperación, seguridad y desarrollo ( OSCE; Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, OAU; Organizaión de Unidad Africana, OAS; Organización de Estados Americanos), las ONGs locales e internacionales, y los Estados, tanto individualmente como en alianzas internacionales ( G-8, OTAN, OCDE, Unión Europea, FMI, Banco Mundial).

CAPITULO 9. PREVENIR EL TERRORISMO CATASTRÓFICO: Cooperación internacional, armas de destrucción masiva y desarrollo democrático

La prevención de las catástrofes provocadas por actos de terrorismo a escala internacional es un aspecto central de las relaciones internacionales de cooperación para el mantenimiento de la paz y la seguridad, tanto en las democracias occidentales como en el resto del mundo, especialmente después de los actos terroristas del 11 de Septiembre de 2001 en Estados Unidos o del 11 de Marzo de 2004 en España. Se considera que los orígenes del terrorismo a escala internacional son la desintegración de los Estados, los conflictos regionales de origen ideológico, el fanatismo religioso, la insuficiencia del control del acceso a armas nucleares en algunos países o la posibilidad del uso de armas biológicas. La prevención de este tipo de catástrofes comienza por asumir que pueden suceder en cualquier parte del mundo y que pueden ser originadas tanto por grupos terroristas como por individuos aislados. En una perspectiva a largo plazo, se considera indispensable la consolidación de las democracias emergentes, el aumento de la seguridad y el control sobre armas nucleares y del acceso de los componentes de las armas de bioterrorismo y la cooperación internacional en la información y la prevención del terrorismo por parte de los Estados democráticos consolidados.

CAPITULO 10. PERSPECTIVAS PARA LA PREVENCIÓN: Desarrollos prometedores en los dos primeros años del siglo veintiuno

En los primeros años del siglo veintiuno la prevención de los conflictos violentos en el ámbito internacional ha alcanzado un nivel de desarrollo y complejidad que el autor considera muy avanzado. Las principales instituciones implicadas en la prevención internacional son las Naciones Unidas y la Unión Europea, junto con otras organizaciones de cooperación, desarrollo y seguridad ya mencionadas. En cuanto a organizaciones originadas en la sociedad civil, la colaboración entre distintos sectores, como es el de las grandes empresas, el de los medios de comunicación o el de las ONGs, ha permitido garantizar el respeto a los derechos humanos y evitar la violencia en masa, o en los peores casos, reaccionar de forma efectiva ante el inicio de los conflictos en cualquier parte del mundo. Igualmente, el acceso a la información a través de Internet ha permitido la extensión de la cultura democrática y de los valores de respeto a la vida humana, a través de iniciativas en todas las escalas posibles, desde el ámbito local al global. En conclusión, el autor considera que el siglo veintiuno ha comenzado con la extensión de la prevención de los conflictos armados y de otras agresiones a los derechos de las personas a través de los canales de colaboración, información y acción que el desarrollo tecnológico y democrático permite en gran parte del mundo.